Un ‘macho ibérico’ en la era del #MeToo

Un ‘macho ibérico’ en la era del #MeToo

Javier Bardem, actor español, reflexiona sobre lo que implica trabajar con su pareja y el #MeToo.

Javier Bardem

Javier Ángel Encinas Bardem, más conocido como Javier Bardem, proviene de una familia de actores. En el 2007 ganó el Óscar a mejor actor de reparto.

Foto:

AFP

Por: Ernesto Garratt Viñes - El Mercurio (Chile) - GDA
22 de diciembre 2018 , 10:35 p.m.

Hasta hace poco, antes de sus actuales 49 años, Javier Bardem no sabía manejar un carro. Sin licencia de conducción, la estrella que por excelencia ha representado el papel del ‘macho ibérico’ en el cine español, nunca había aprendido a arrancar el motor, meter primera y acelerar un vehículo. Así, el masculino galán de muchos de los filmes del célebre cineasta Bigas Luna –como ‘Huevos de oro’ y ‘Jamón jamón’– debió someterse a la burlesca humillación de su profesor, quien le espetó en la cara su falta de conocimientos:

“¿De verdad no sabe manejar?”, preguntó el maestro de conducción al actor español ganador del Óscar a mejor actor secundario por su rol de villano sanguinario en ‘Sin lugar para los débiles’, de los hermanos Coen.

Entonces, Bardem, en vez de fijar fríamente la vista sobre su interlocutor y dejarlo helado, como hace justamente en esa película, dejó escapar una risotada ante la situación. El intérprete recuerda la anécdota porque, cuenta, aprender a conducir fue uno de los requerimientos que le hizo el director iraní ganador del Oscar, Asghar Farhadi –‘Una separación’ y ‘El viajante’–, para rodar en España ‘Todos lo saben’, drama que inauguró el pasado Festival de Cannes y que pasó recientemente por Colombia.

En el filme, Bardem es un hombre dedicado a la producción de vino en un campo en las afueras de Madrid, y su rutina cambia cuando aparece en escena un viejo amor de juventud: Penélope Cruz, quien regresa desde Argentina a España junto a sus hijos para una boda.

Es la octava vez que Bardem trabaja en el cine con la también ganadora del Óscar, y la tercera desde que están casados. Y en Todos lo saben su papel resulta clave, porque debe contener al personaje de Penélope Cruz cuando ella, en la trama, se entera de que su hija adolescente ha sido secuestrada.

El actor gira la cabeza mientras ríe y recuerda una escena de la película que no dependía solo del talento de los actores involucrados, sino, sobre todo, de su recién aprendida capacidad para conducir. Con él al volante, cuenta, debía desarrollar un diálogo crucial, mientras evitaba confundirse entre el acelerador y el embrague.

–Con cuatro actores dentro de un carro, se trataba de una situación muy difícil y dramática. El éxito de la escena derivaba casi por completo de cómo yo conducía. A eso es lo que llamo yo tensión pura.

¿De verdad no sabe manejar?, preguntó el maestro de conducción al actor español ganador del Óscar a mejor actor secundario por su rol de villano sanguinario en ‘Sin lugar para los débiles’

***

La pregunta que está tratando de contestar Bardem es cómo él, siendo español –y, más allá de eso, un actor de películas sobre el machismo español–, puede escaparse de las trampas del machismo. El actor inclina la cabeza antes de responder. Su cabellera despeinada y marrón corona una expresión pensativa que cambia cuando dice un nombre:

–Juan Diego.

Bardem explica que Juan Diego, su colega, mentor y especie de Al Pacino español de 75 años, le dijo hace un tiempo algo que aún retumba en su cabeza. Durante una premiación, recuerda que lanzó la siguiente frase: “Tengo que seguir aprendiendo a ver lo inapropiado del machismo en mi interior”.

Juan Diego, un actor comprometido con las causas sociales y un feminista antes del feminismo, según declara Bardem, fue uno de los factores que le ha hecho darse cuenta de los micro y macromachismos que llevan los hombres dentro de sí, aunque renieguen de ellos y no los quieran consigo.

–Hemos sido educados y hemos crecido en una comunidad, en un ambiente cultural y no solo en España, sino en general, muy machista. La desigualdad de hombres y mujeres, la desigualdad en los salarios... Tampoco somos iguales en los derechos. Y esto sucedió por muchos años, por muchas décadas, dice.

–Ahora, eso ha cambiado y ha cambiado para quedarse, no es una moda –sigue–. Y pienso que eso es grandioso. Las nuevas generaciones, como la de mis hijos, han aprendido a ver el mundo con diferentes ojos. Y eso significa una vida en igualdad, con igualdad de mirada y, en general, en cuanto a la raza, en relación a tendencias sexuales, en todo... No esforzándose en ser igual, sino realmente iguales.

Luego habla de su madre, la actriz Pilar Bardem, artista que, según él, dio el contexto necesario para que el primer español en ganar un Óscar al mejor intérprete valorara atributos como la igualdad de género y el respeto a la diferencia.

–Yo fui criado por esta mujer que es muy fuerte, que posee un temperamento fuerte, que tuvo que trabajar. Sin embargo, al mismo tiempo, ella es tan sutil y dulce. Ella me enseñó que las mujeres y los hombres debían compartir de manera común, sin hacer separaciones. Gracias a Dios, fui criado así.

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Pero nada hace sospechar que el joven Bardem fue criado bajo esos valores si uno saca conclusiones mirando sus primeros papeles. Por ejemplo, bajo la realización de Bigas Luna, con quien interpretó el prototipo del macho ibérico, abrutado, celoso, hasta violento y sin la menor consideración hacia las mujeres.

–Nunca me he arrepentido de ninguna película -dice Bardem cuando se saca a colación esa imagen de machista en ‘Jamón, jamón’, la historia de un torero, interpretado por él, que es contratado para seducir a una mujer sin dinero (Penélope Cruz) que ha quedado embarazada de un millonario. La idea es separar a la joven pareja, pero el torero no cuenta con que se acaba enamorando de su objetivo.

–Es una gran película sobre la sociedad de mi país natal, donde el machismo todavía tiene relevancia en términos políticos y en cuanto a su discurso social. Esos hombres que muestra la cinta aún caminan a lo largo de mi país y en cualquier otro punto de la maldita superficie de la Tierra. Y esos son los tipos frente a los que hay que decir ‘ya es suficiente’. Por eso, no me arrepiento de esas películas, me siento muy orgulloso, de hecho. El cine es un espejo para reflejar imágenes, y el actor debe dejar la vanidad de lado para poner su cuerpo y su voz para hacer personajes que puede que ni siquiera respetes, como en mi caso el personaje de Pablo Escobar en ‘Loving Pablo’. Yo hago su personaje no porque me guste la persona, sino porque me interesa hacer su personaje para que ojalá alguien que lo vea diga: “Yo no quiero tomar ese camino”.

¿Qué recuerdos tiene de ‘Jamón, jamón’, su primer filme con Penélope Cruz?

Lo recuerdo como uno de esos regalos que te da la vida, porque Bigas Luna fue como un mentor o incluso más que un mentor: fue como un padre para mí y para Penélope. Él nos dio ese regalo que sirvió para esculpir nuestro futuro. En esa época, yo tenía 21 años y fue mi primer gran papel en una película. Yo ya estaba conectado con ese mundo, porque mi madre era actriz, mis abuelos eran actores, pero fue una experiencia tan increíble que me hizo decir ‘yo quiero dedicarme a esto’. Y ahora me siento bendecido de estar aquí hablando de este tema, porque estoy trabajando de esto, del cine.

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Después de completar varios filmes rodados junto a Penélope Cruz, surge la inquietud de cómo es actuar junto a ella. Él responde que es muy parecido a mentir perfectamente frente a alguien que se conoce tan bien como a la madre de tus hijos.

–Es extraño, desafiante y varias cosas al mismo tiempo, porque sabes que no le puedes mentir a esa persona, que no es lo mismo con otros actores que no conoces. Es desafiante, porque al mismo tiempo es una prueba para la persona que amas. Y eso es muy importante. Creo que el desafío es limpiar todas tus expectativas en tu actuación: tú sabes quién soy, sabes lo que hago, así que no tengo que probarte nada. Y, cuando logras hacer eso, es grandioso; un alivio no tener que probarle nada a nadie.

Pero, además, siempre está la mirada del director, del autor, el jefe del proyecto que está por encima de todo. En el caso del director de ‘Todos lo saben’, Asghar Farhadi, Bardem solo tiene palabras de admiración hacia él.

–Es increíble para alguien que viene de otra cultura como Irán, con otra lengua como el farsi. Yo aprendí un poco de farsi con él.

Hablando de machismo y la nueva era del #MeToo, Bardem también tiene palabras para Woody Allen, con quien rodó ‘Vicky Cristina Barcelona’. El realizador neoyorquino, puesto en el banquillo de los artistas cuestionados por supuestos abusos, es tema principal en un año en que actores como Timothée Chalamet (‘Llámame por tu nombre’) ha dicho públicamente que está arrepentido de haber trabajado bajo las órdenes del autor de Manhattan, debido a las acusaciones de abuso contra su hija adoptiva, Dylan Farrow.

Es extraño, desafiante y varias cosas al mismo tiempo, porque sabes que no le puedes mentir a esa persona, que no es lo mismo con otros actores que no conoces

–Repetiré lo que he dicho porque es lo que deseo compartir y que se escriba sobre esto –dice Bardem–. Yo estuve filmando ‘Vicky Cristina Barcelona’ y la situación legal de Allen era la misma que tiene hoy. Él fue declarado inocente por dos diferentes estados, así que nada de eso cambió. El movimiento #MeToo ha crecido gracias a Dios, pero en relación con los juicios, hay que llevar las pruebas si quieren reabrir el caso contra Woody Allen. Ahora, si un tribunal le declara culpable, yo sería el primero en no trabajar con él de nuevo. Pero hoy está en el mismo estado judicial que hace once años. Nada ha cambiado, excepto el enjuiciamiento de los medios, pero hay que probarlo.

Claro, preciso y al grano, el actor español termina la conversación sin pelos en la lengua: “Como ya dije, el movimiento social llegó para quedarse y si nadie prestaba atención a esos asuntos, hoy todos deben hacerlo y ha habido una sacudida de piso. Ahora tenemos que encontrar el término medio: traer pruebas, evidencias, y que así la gente culpable vaya a la cárcel. Pero hubo un momento en que por todas partes se encontraban seis, siete u ocho nombres en los diarios. Pero la sospecha no constituye culpabilidad, hay que probarlo. No es justo si no hacemos eso y nos quedamos en silencio”.

ERNESTO GARRATT VIÑES
EL MERCURIO (Chile) - GDA@ElMercurio_cl

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