Confesiones de una mamá que entró a la universidad a sus 36 años

Confesiones de una mamá que entró a la universidad a sus 36 años

Cuando quedé en embarazo me enfrenté al mundo sola, ahora estoy a meses de graduarme.

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Diana Ravelo / EL TIEMPO

Por: Alexandra*
18 de noviembre 2019 , 05:31 p.m.

¿Quién dice que después de 14 años de haber terminado el bachillerato uno no puede ir a la universidad? A mis 36, y pese los obstáculos, me metí en la travesía de volver a retomar ese sueño que para muchos en este país es un lujo: el estudio. Con este escrito quiero confesar lo que hay detrás de mi historia, esas luchas diarias del colombiano de a pie que todos vivimos, pero no por eso solemos reflexionar ante ellas, y los obstáculos a los que uno se enfrenta siendo madre soltera joven o mamá con más de treinta años buscando su lugar en el mercado laboral en un país como el nuestro. 

​Puede que esta historia no lo suene desconocida, pues es la de varios que, como yo, les ha tocado aprender a sortear la vida. Más de una vez, pensando en el orden de mis prioridades y gastos, creí que sería muy difícil lograr ir a la universidad. Siempre estaba primero la alimentación, el arriendo, el transporte, el estudio de mi hija... Cuando uno no tiene una vida llena de lujos, se enfoca en el día a día y se deja ahogar por las responsabilidades, ese era mi caso.

Quedé en embarazo a los 18 años y me enfrenté al mundo sola. La responsabilidad de un hijo, sumado a todos los gastos económicos y el cuidado que te exige un bebé, hizo que mis prioridades cambiaran, mis anhelos de ser profesional pasaron a un segundo plano y enterré ese sueño por mucho tiempo. 

Aprendí a sobrevivir, no por mí sino por ella. Trabajé como mesera en un bar nocturno, archivadora en una empresa, encuestadora puerta a puerta, estilista en un salón de belleza,  impulsadora de productos en almacenes de cadena y empleada del servicio. Fue ahí que, la que era mi jefa, me dieron el mejor consejo de la vida:.

- "Alexita, si tú quieres una mejor calidad de vida, el estudio es tu salida. Las cosas no llegan del cielo. Si te lo propones, lo vas a lograr. Nunca es tarde", fue la frase que doña Janeth me dijo y que hizo que algo empezara a cambiar dentro de mí.

No tengo el secreto del éxito, aún me enfrento a la realidad en la que vivo y la vida no ha sido nada fácil, pero sé que estoy del otro lado porque logré cambiar el chip para pensar a largo plazo.

Si tú quieres una mejor calidad de vida, el estudio es tu salida. Las cosas no llegan del cielo

Aunque estudiar en una universidad debería ser la regla y no la excepción que se narra como un milagro, quiero recordarle a los lectores que no hay comienzo pequeño, que el trabajo siempre será honra y más cuando de su fruto logras tus metas y las de tu familia.

Cada sacrificio que se hace en el hoy va a dar a futuro un resultado mejor, lo que va a leer a continuación es fruto de ello. A punta de esfuerzo, estudio y ganas resulté becada y estoy por terminar mi carrera virtual como Ingeniería Industrial en el Politécnico Grancolombiano. ¿Cree que es tarde para estudiar o que porque no nació en cuna de oro jamás logrará tener una carrera profesional? Espero que el compartir algo de mi vida lo anime a no dejar de creer, al fin y al cabo eso es gratis. 

La mamá de los 'mil' y un trabajos 

A los 19 años no tienes muchas opciones de trabajo si no tienes una palanca o alguien que te recomiende, así que mi única opción fue entrar a trabajar en una bar en la noche. Me fue tan bien, que el dueño del lugar me ofreció ayudarle en el día en uno de sus negocios en San Andresito. Para esa época ya tenía a mi hija, ella acababa de cumplir un año. 

Era mamá las 24 horas del día, desde donde me tocara; de lunes a jueves, vendedora de ropa (entre 9:00 a.m - 6:00 p.m.) , y los viernes, sábados y domingos salía corriendo del centro a eso de las cinco para hacer los turnos en la taberna (de 6:00 p.m. - 4:00 a-m.). Durante esas horas mi abuela Lucrecia me ayudaba a cuidar de la bebé.

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Archivo particular

Allí tuve ese primer golpe con la realidad, dejé de ser la adolescente inocente en muchas cosas a enfrentarme a que los clientes en medio de los tragos propusieran cosas horribles o que me hicieran uno que otro mal comentario. Llegaba a la madrugada a bañarme para quitarme el olor que me dejaba ese lugar y poder amantar a mi niña. Luego de unas pocas horas de sueño,  salía a seguir con la jornada. 

Allí tuve ese primer golpe con la realidad, dejé de ser la adolescente inocente en muchas cosas a enfrentarme a que los clientes en medio de los tragos te propusieran cosas horribles

Para eso del 2004 tomo la decisión de buscar otro trabajo, duré tres meses de archivadora y luego salió la oportunidad de ser encuestadora en la calle. Nadie se imagina lo duro que es este trabajo, sobretodo en los barrios de estrato alto, porque las personas -cuando las abordas para que te ayuden 10 o 15 minutos para responder un par de preguntas- reaccionan en algunas ocasiones de manera muy grosera o hasta te echan a la policía. En esas se me fue año y medio. 

Nuevamente en el rebusque terminé atendiendo unas cabinas telefónicas durante seis meses, luego vendí ropa a crédito y en el 2007 me enamoré y conocí a mi actual pareja. Con él descubrí lo que era el amor de verdad, entendí que por más distintas y diferentes que parezcan las personas, si se quiere, se puede construir un hogar.

Sin buscarlo, mi lucha por salir adelante pasó a ser una batalla compartida. Él llegó a regalarme estabilidad, pasé a ser impulsadora y a trabajar en una empresa de cosméticos en donde me gané un curso de estética y belleza. Eso, de alguna manera empezó a revivir el sueño de estudiar.   

Mamá becada

Al tener una especialidad en colorimetría empiezo a dar capacitaciones en salones de de belleza  haciendo muestras de producto,  los horarios eran tan extensos que empecé a enfermarme de la espalda por el peso de las maletas. En ese momento me diagnosticaron hernias discales y al pedir que me bajaran la carga de producto en el morral, me despidieron. 

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Logré entrar a un salón de belleza en el norte de seis de la mañana a nueve de la noche, como vivía lejos tenía que salir de casa a eso de las cuatro y treinta de la mañana y mi espalda empezó a empeorar. 

Tuve que dejar de trabajar un tiempo y vender almuerzos y postres desde casa, hasta que me operaron y retomé mi labor en los salones de belleza. Allí conocí a la mamá de una mujer que estaba buscando una empleada doméstica para su hija, pagaban tan bien que me fui sin pensarlo.

Al tiempo, me presente en varias ocasiones al Sena, pero no lograba quedar. Aunque pasaba los exámenes, no aceptaban porque decían que la prioridad eran personas más jóvenes o en estado de vulnerabilidad, además de que solo tenían 60 cupos para más de mil personas. 

Estaba triste, frustrada y sin esperanzas, hasta el día en que mi jefe me dio el consejo que me cambió la vida, me exhortó a dejar de perder el tiempo con convocatorias  y me convenció de que intentara con un pregrado de una vez. Empecé a investigar, todo era muy costoso, era imposible con mis gastos y sueldo.

Una prima me dijo que en la universidad donde ella estudiaba, el Politécnico Grancolombiano, dictaban pregrados virtuales, parecía una gran idea, pues me permitiría estudiar y trabajar. Fui, me explicaron el proceso, traté de ahorrar y me arriegué, le pedí la plata del primer semestre a un tío.

Inicié en julio del 2015, me di cuenta que si quería seguir estudiando debía esforzarme y lograr que me becaran, pues la situación económica era incierta, me quedé sin trabajo y nos acababan de robar casi todo lo que teníamos.

me di cuenta que si quería seguir estudiando debía esforzarme y lograr que me becaran,

Con mucho esfuerzo y dedicación logré obtener muy buenas notas, me postulé a las becas y logré una del 50 % en tercer semestre. Desde ese momento, me mantengo con un promedio mínimo de 4,8, resultado que hizo que la universidad en el 2017 me invitara a Panamá y este año a México como parte de la iniciativa 'Embajadores por excelencia' (un proyecto que nació en el Polítécnico Grancolombiano para premiar a los estudiantes con mejores promedios, otorgándoles un viaje con todos los gastos pagos para desarrollar nuevas habilidades profesionales).

Es maravilloso cuando te llaman y te dicen que te ganaste un viaje totalmente gratis por ser #diferencer, un término que usan en la universidad para hablar de quienes marcamos la diferencia en la comunidad con nuestras acciones. Fue un sueño hecho realidad.

Aunque mi rol de universitaria ha sido alternado con el de mamá, esposa y hasta paciente a espera de una cirugía, pues desde hace dos años me encuentro incapacitada por un accidente laboral que me enfermó de mi rodilla y limitó mi movilidad, puedo decir con orgullo que se puede hacer eso al tiempo y mucho más. Que el ser madre o tener una pareja no debería limitarnos como mujeres a olvidarnos de lo que anhelamos.

De hecho, estoy a poco tiempo de graduarme y aunque mi historia no ha sido precisamente color rosa, he entendido que lo mejor es uno hacerse la vida amable y, a pesar de las cosas, seguir soñando.

Ahora veo hacia atrás y aún parece extraño saber que a pocos años de los 40 logré sacar adelante una carrera becada en medio de un montón de inconvenientes.  Pero sin duda, más que un diploma, el mejor premio es ver que lo lograste tú solo y esa sensación que te deja el que tu hija, familia y amigos te miren con admiración y te digan que te lo mereces, eso no tiene precio.

ALEXANDRA*
FUTURA INGENIERA, MADRE Y ESPOSA

*Este texto contó con la edición y escritura periodística de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, @DianaRavelo, periodista de ELTIEMPO.COM. Enviada especial a México por invitación del Politécnico Grancolombiano

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