De pagar 12 años de prisión a actuar en películas junto con Will Smith

De pagar 12 años de prisión a actuar en películas junto con Will Smith

El colombiano Gueber Ariza cuenta cómo hizo para superarse y salir adelante.

Gueber Ariza

Gueber ha participado en más de 40 producciones como actor y doble de riesgo.

Foto:

Archivo particular

Por: Camilo Hernández M.
11 de diciembre 2019 , 03:45 p.m.

Tenía una deuda con la sociedad y la pagó. Pero es consciente de su pasado, de los líos que tuvo con la justicia, y por eso, dijo, se la ha pasado los últimos 18 años trabajando para ayudar a los demás, para demostrar que se alejó del mundo delictivo y para cumplir sus sueños.

Gueber Raúl Ariza Guerrero pagó una condena de 12 años de cárcel, por secuestro extorsivo, y salió de prisión dispuesto a dedicarse a sus dos pasiones: la familia y la actuación.

Hasta el momento, contó, lo ha conseguido. Por un lado, ha fortalecido el amor y la relación con su esposa y sus tres hijas. Por el otro, ha figurado en más de 40 producciones, entre las que se destaca ‘Proyecto Géminis’, la película de Will Smith que se filmó en Cartagena.

“El demonio al que pertenecí no logra salírseme. Nunca lo he negado, pero ahora no tengo tiempo para congraciarme con él: cuando aparece le digo ‘hoy estoy ocupado, mejor mañana”, aseguró Gueber, de 57 años.

Gueber Ariza

Gueber Ariza (de camiseta negra de mangas a la der.), durante el rodaje de la película 'Proyecto Géminis', con Will Smith.

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El delito

Nació en La Guajira, el 10 de marzo de 1962, siendo el tercero de 8 hermanos. Sus padres, en el afán de garantizar la educación de sus hijos, se trasladaron a Cartagena.

Allí, Gueber creció con la idea de ser profesional. Su intención era estudiar odontología en la Universidad de Cartagena. No obstante, un suceso le cambió la vida.

En 1979, una tía, “quien se había casado con un hombre millonario”, le pidió a su madre que se lo prestara para educarlo, mientras ella tenía a su propio hijo, y la mujer accedió a la propuesta de su hermana. Él tenía 17 años y la vida le cambió.“Pasé de tener un hogar a vivir en una mansión sin figura paterna: mi tío político era narcotraficante, tenía negocios ilícitos”.

Gueber Ariza

Gueber Ariza, actor y doble de riesgo profesional.

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Archivo particular


Vivía en constante libertad, con mucho dinero, en medio de la opulencia. Cambió la odontología por la administración hotelera, “pues ellos tenían un hotel y me ilusionaron con que yo lo manejaría”, pero no presentaba parciales y perdía semestres.

“Mi tía me decía, por ejemplo, que en vez de hacer los exámenes me fuera con ella a Aruba a comprar ropa. Me pusieron todo de papaya, facilito”.

Con 24 años cumplidos, decidió meterse en el mundo del narcotráfico: tenía la facilidad y los contactos. Compró armas, transportó droga y se llenó los bolsillos con entre 30 y 40 mil dólares.

Cuando sus papás vieron su nueva vida lloraron, pero no le importó. Su padre le dijo que había escogido el mal camino y que sufriría en la vida y “tenía razón, y a mí me tocó pagar las consecuencias”.

Mi tío político era narcotraficante, tenía negocios ilícitos

La cárcel

Su labor dentro de la organización delictiva era la de cobrador y en uno de esos cobros todo se salió de control.

Ocurrió en octubre de 1989. Gueber retuvo a una persona, pero la Policía fue alertada y hubo un enfrentamiento. Él fue capturado y el individuo que había retenido lo señaló de secuestro.

Seis meses después, ya en 1990 y teniendo en cuenta su prontuario, fue condenado a 20 años por secuestro extorsivo. Estuvo un año en la Cárcel Distrital de Valledupar y luego fue trasladado a la Penitenciaria Nacional de Cúcuta.

“La experiencia en la cárcel fue fuerte. Allá existen reglas y leyes que son diferentes a las de la sociedad. La sociedad es permisiva, la cárcel es rígida y quienes mandan allá son malos".
Las personas con quienes trabajaba lo abandonaron, pensaron que lo matarían por su labor de cobrador, “pero se equivocaron: me ilusioné con el amor de una niña, de 19 años y estudiante de bacteriología, quien me acompañó durante todo mi proceso”.

Esa mujer es Lina Patricia Morales, amiga de una de sus hermanas, con quien se casó en 1990 (estando él preso), la madre de sus tres hijas y “la luz de mi camino”.

Fue por Lina y por su deseo de tener un hogar que se fortaleció y sobrevivió en la prisión. Y le hizo una promesa a Dios: si le daba la libertad, no volvería a hacer daño.

Gueber Ariza

Gueber, junto a su esposa, Lina (centro) y sus tres hijas.

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Así las cosas, se hizo cargo de la alimentación, siendo el jefe de 10 reclusos más y cocinando para 1.000.

También se dedicó a trabajar en temas sociales, educativos y deportivos. Hizo, por ejemplo, olimpiadas carcelarias, en las que guerrilleros, paramilitares y hombres de la delincuencia común jugaban fútbol, y lideró obras de teatro.

“Me veían hacer el bien y eso chocaba por mi pasado: decían que me hacía el bueno para salir vivo y hacer el mal”.

Por su buen comportamiento, su pena de 20 años se redujo a 12 y en junio del 2001 salió de la cárcel.

La resurrección

Lo primero que hizo fue trasladarse a la ciudad de Bucaramanga. No quería regresar a la región Caribe, no quería encontrarse con su pasado. No obstante, su esposa estaba en Valledupar y tenía que ir por ella y por las dos hijas que tenían.

En su proceso de ‘rescate familiar’, alternó entre las capitales de Santander y Cesar. Trabajó en temas comerciales y de ventas, y estudió educación física, a distancia, en la Universidad de Pamplona (Norte de Santander).

“Pero tenía mis sueños: yo quería ser actor profesional de cine y televisión. Para eso, necesitaba venirme a vivir a Bogotá”.

En el 2008, le hizo la propuesta a su esposa, quien le respondió que viajara primero él, se instalara y ahí sí se movilizaba ella. “Era lo justo, después de tanto tiempo que me esperó”. Un año después, en el 2009, la familia se volvió a unir, esta vez en la capital colombiana.

Gueber Ariza

Gueber (izq.), durante una de las muchas escenas de riesgo que ha grabado en su carrera.

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La primera meta que se puso Gueber fue la de trabajar como entrenador personal. Aunque sus antecedentes podrían ser un inconveniente, se llenó de seguridad, se presentó a una de las cadenas de gimnasio más importantes del país y obtuvo una vacante (2009-2010).

“Debía presentar mi pasado judicial, pero por un cambio en la persona que recibía los papeles nunca me lo recibieron. Igual yo decidí contarle a mi jefe y me apoyó. Ahora, somos amigos”.

Tras un año laborando, dio el paso para cumplir su anhelo de ser actor. Acudió a RTI, averiguó quien era el director de riesgo de la productora y se fue a buscarlo.

“Duré todo un día esperándolo. Cuando por fin llegó, le dije que era un actor la vida real, que sabía hacer persecuciones, sicaritos. Me preguntó por qué y le respondí que porque lo había hecho en la vida real y quería que supiera la verdad”.

Le resaltó la sinceridad, le dio una oportunidad y le hizo un casting. Ahora, todo hace parte de la historia…

Entre el 2010 y el 2019, Gueber ha participado, como doble de riesgo o como actor, en más de 40 producciones, entre ellas 10 películas.

Estuvo en ‘Proyecto Géminis’, con Will Smith, en ‘Sala de urgencias’, ‘Tiro de gracia’, ‘Tarde lo conocí’, ‘Narcos’, ‘Siempre bruja’, ‘Distrito salvaje’, ‘Triple frontera’, ‘Milla 22’ (con Mark Wahlberg), y ‘Loving Pablo’ (con Penélope Cruz y Javier Bardem), entre otras.

Le hice una promesa a Dios: si me daba la libertad, no volvería a hacer daño

Su labor actoral la alterna con su trabajo en Casa Libertad, un proyecto que se encuentra en Bogotá y Medellín y que busca ayudar a los pospenados (quienes quedan libres tras cumplir condena).

En Bogotá, puntualmente, el programa es apoyado por la Alcaldía y ha logrado ubicar a 120 exconvictos en diferentes trabajos.

“Yo lo que hago es acompañamiento: visita domiciliaria, acompañamiento en el trabajo, voy a la cárcel distrital para prepararlos, para decirles hay oportunidades, que pueden conseguir cosas importantes”, explicó Gueber.

Contó que si bien la reintegración a la sociedad es muy difícil, en su caso personal fue fácil: “Cuando tuve la ilusión de mi familia, de cumplir mis sueños, me enfoqué en no vivir la cárcel y no aprendí del dialecto, del juego, de la droga, del trago”.

También entendió que quería trabajar por su esposa y por sus hijas, Gueyli, Elayne y Margarita, de 28, 21 y 9 años, respectivamente, y aprovechar el tiempo con ellas.

Hay que proyectarse, que los años pasen, que la cárcel quede como un pasado. Si se vive y se atormenta por haber estado en prisión y sale pensando que lo van a despreciar, el que sufre es uno”.

Su siguiente gran sueño es trabajar desde el Ministerio de Educación.

Camilo Hernández M.
Subeditor ELTIEMPO.COM
Tendencias
En Twitter: @CamHerM

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