El legado de Abdón Espinosa Valderrama, exdirector de EL TIEMPO

El legado de Abdón Espinosa Valderrama, exdirector de EL TIEMPO

Aunque fue hombre de Estado ante todo vivió y murió en olor de periodismo.

Abdón Espinosa Valderrama

Abdón Espinoa en su despacho privado de Bogotá.

Foto:

Claudia Rubio/EL TIEMPO

Por: Leopoldo Villar Borda
21 de octubre 2018 , 09:30 p.m.

Abdón Espinosa Valderrama, fallecido el sábado pasado en Bogotá, fue el último superviviente de una historia política y periodística anterior a los celulares, internet y demás adelantos que cambiaron el mundo y que hoy hacen de EL TIEMPO un periódico muy distinto de aquel al que él ingresó como subdirector en 1948. El diario funcionaba en un edificio de cuatro pisos en la avenida Jiménez, arriba de la carrera 7.ª de Bogotá, en la que el propietario y director, Eduardo Santos, llamó “la mejor esquina del país”.

Espinosa llevaba la política y el periodismo en la sangre. Nació en Bucaramanga el 4 de noviembre de 1921, en un entorno netamente político. Su padre era un destacado dirigente liberal de Santander. En su casa se hospedaban los presidentes y altos jefes del Partido Liberal cuando visitaban Bucaramanga y allí Espinosa tuvo su primer contacto con Eduardo Santos.

En un escrito autobiográfico relató que había escuchado de niño, de los labios de Santos, la narración del periplo que este hizo por Santander en 1908 para visitar en Curití la tumba de su padre, Francisco Santos Galvis. Un periplo que marcó la vida y el carácter del futuro presidente porque vio la desolación y ruina que había dejado la guerra de los Mil Días y reafirmó su aversión a la violencia, que después infundió a sus colaboradores en EL TIEMPO y que desde entonces Espinosa imprimió en su mente.

El ambiente político que se respiraba en el hogar llevó a Abdón y a su hermano Augusto, dos años mayor que él, a interesarse desde temprano por la vida pública. Augusto llegó a ser candidato a la presidencia de la República. Abdón también fue político y ocupó cargos de elección popular: fue representante a la Cámara por Santander en 1960 y concejal de Bogotá en 1974. Pero su principal inclinación fue el periodismo, y su vida se confundió con la de este diario.

Abdón Espinosa Valderrama

Durante el homenaje como miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua con sus cinco hijos: Abdón Eduardo, Andrés, Marta Isabel, Olga y Sergio Espinosa Fenwarth.

Foto:

Abel Cárdenas/EL TIEMPO

Una vida en EL TIEMPO

Cuando Espinosa ingresó a EL TIEMPO, Roberto García-Peña era el director y Fabio Restrepo, el gerente. Tras la muerte de Restrepo, en 1949, García-Peña y Espinosa se convirtieron en el binomio que ejercía la máxima autoridad en el periódico por delegación del propietario: el primero en el aspecto periodístico y el segundo, en el administrativo. Los acompañaba como jefe de redacción Enrique Santos Castillo, al cual se unió después Hernando, su hermano menor, para compartir el mismo cargo.

Espinosa tenía 27 años y había hecho “sus primeros pinitos” en la política como secretario privado del presidente Alberto Lleras Camargo durante su primera administración, entre 1945 y 1946, cuando ocurrió el episodio que lo unió a EL TIEMPO. Un día, cuando caminaba por la carrera 7.ª, vio que a su lado se detenía el Packard negro del expresidente Santos y que el dueño del periódico lo invitaba a subir al vehículo. Después, él mismo relató así el hecho en este diario:
“ ‘Abdoncito, ¿quieres ser el subdirector de EL TIEMPO?’, me propuso de una. Yo, de inmediato, le respondí: ‘Ayer’ ”.

Era el sábado 15 de mayo de 1948. Desde ese día, Espinosa comenzó a escribir artículos editoriales. Después sería director encargado en varias ocasiones, gerente general y uno de los columnistas más leídos y de mayor permanencia en las páginas del diario, para el cual escribió hasta pocos días antes de su muerte.

Espinosa cursó la primaria en Bucaramanga, hizo el bachillerato en el Colegio Mayor del Rosario y estudió Derecho en la Universidad Nacional. Graduado en 1943, regresó a su ciudad natal y ocupó los cargos de secretario de Hacienda, secretario de Gobierno y gobernador encargado de Santander. Después volvió a Bogotá e ingresó a la alta política por la puerta grande, al ser llamado a trabajar en Palacio por el presidente Lleras Camargo.

La amistad personal y política con Lleras se fortaleció al concluir la primera presidencia de este último, cuando se unió a él en la empresa periodística de la revista Semana, fundada en septiembre de 1946. Lleras era el director y Espinosa, el gerente. Benjamín Villegas Robledo, gerente de la Litografía Colombia, aportó 25.000 pesos. El primer número apareció el 28 de octubre de 1946 y tuvo un éxito inmediato. La experiencia duró hasta marzo de 1947, cuando Lleras fue elegido director de la Unión Panamericana y se trasladó a Washington. Espinosa ingresó entonces como funcionario al Ministerio de Hacienda, donde lo sorprendió el 9 de abril de 1948, lo mismo que a Lleras, quien asistía en Bogotá a la Novena Conferencia Panamericana, en la que se creó la OEA y él fue nombrado su primer Secretario General.

Abdón Espinosa Valderrama

En sus épocas de director de este periódico, escribiendo los editoriales en su inseparable máquina.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Momentos difíciles

El ingreso a EL TIEMPO, en medio de las ruinas del ‘Bogotazo’, le abrió a Espinosa un mundo en el que tuvo triunfos y satisfacciones, pero también momentos muy difíciles. El primero fue el incendio del 6 de septiembre de 1952, cuando el periódico fue atacado por fanáticos conservadores protegidos por la Policía y reducido a cenizas. Espinosa enfrentó la emergencia como director encargado porque García-Peña estaba en el exterior. Eran los años de la Violencia y EL TIEMPO, por ser el principal medio liberal del país, era un blanco predilecto de los adversarios políticos.
El día del incendio se había realizado en Bogotá el entierro de cinco agentes de la Policía asesinados por bandoleros en Rovira (Tolima). Al concluir el acto, el grueso de los asistentes, portando banderas azules y profiriendo gritos contra los liberales, se dirigió al centro y puso fuego al edificio del periódico, mientras se perpetraban atropellos semejantes contra la Casa Liberal en el parque Santander, las instalaciones de El Espectador y las residencias de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo. En talleres prestados se editó el periódico 48 horas después, y Espinosa escribió en el editorial: “Sobre las instalaciones carbonizadas se alza, engrandecido, el patrimonio moral”.

El segundo momento crítico ocurrió el 3 de agosto de 1955, cuando EL TIEMPO fue ocupado por la Policía y la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla suspendió su publicación. La Oficina de Información y Propaganda del Estado, una dependencia de la Presidencia de la República creada por Rojas Pinilla para ejercer la censura de prensa, dictó la resolución que oficializó el cierre de EL TIEMPO cinco días después de la clausura forzada por la ocupación policial. Eduardo Santos salió en defensa del periódico y se solidarizó con los redactores y empleados en un opúsculo circulado ampliamente en la América Latina, en el cual destacó entre sus colaboradores a su hermano Enrique Santos (Calibán), Fabio Restrepo, Roberto García-Peña y Abdón Espinosa Valderrama.

Abdón Espinosa Valderrama

Con Roberto García-Peña y Hernando Santos Castillo, exdirectores de EL TIEMPO, en compañía del expresidente Alberto Lleras Camargo.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

De ‘Intermedio’ a ‘Espuma’

El 21 de febrero de 1956 EL TIEMPO fue reemplazado por Intermedio, editado bajo la dirección de Calibán y la gerencia de Espinosa en una edificación improvisada en la calle 12 con la carrera 18 de Bogotá. El nuevo diario mantuvo el formato del primero y funcionó durante quince meses. No tuvo una vida fácil, pues hasta la calle 12 llegaba el largo brazo de la censura, establecida desde 1949 bajo la presidencia de Mariano Ospina Pérez y nunca levantada por sus sucesores, Laureano Gómez y Rojas Pinilla. En la primera página aparecía la advertencia: “Esta edición se publica bajo censura oficial”. En la redacción se libraba una batalla diaria para que las noticias políticas no fueran suprimidas. Hasta que el 8 de junio de 1957, un mes después de la caída de Rojas Pinilla, reapareció EL TIEMPO.

Durante el lapso del cierre Espinosa mostró su habilidad como gerente al asegurar los insumos necesarios para producir el nuevo diario. También puso en marcha la construcción de su nueva sede en la carrera 7.ª con avenida Jiménez, inaugurada en 1961 para celebrar los cincuenta años del diario. Su vinculación a las directivas del periódico se extendió hasta 1966, cuando el presidente Carlos Lleras Restrepo lo nombró ministro de Hacienda, cargo que ocupó durante los cuatro años del mandato. En el ministerio, Espinosa tuvo un papel destacado en un episodio que hizo historia. Junto con el presidente Lleras Restrepo fue protagonista del pulso que el Gobierno sostuvo con el Fondo Monetario Internacional al resistirse a la exigencia de decretar una devaluación masiva del peso. El impasse se dirimió favorablemente para el país con la promulgación del estatuto cambiario de 1967, que estableció por primera vez la devaluación gradual y regulada.

En septiembre de 1970, tras su primer paso por el gabinete ministerial, Espinosa empezó a escribir en EL TIEMPO su columna ‘Espuma de los acontecimientos’, que solo se interrumpió dos veces en 48 años: durante los nueve meses en los que ocupó de nuevo el Ministerio de Hacienda en el gobierno de Alfonso López Michelsen, y en los tres años en los que desempeñó la embajada en España, nombrado por el presidente Julio César Turbay. Espinosa era un lector infatigable y un escritor prolífico. Además de sus columnas y otros trabajos periodísticos, produjo una abundante literatura de carácter económico. Escribía en su oficina y en su casa de la calle 85 de Bogotá, que no quiso abandonar aunque aquella se vio rodeada por grandes moles de cemento y ladrillo producidas por la fiebre edificadora. No salió de ella ni siquiera tras la muerte de su esposa, Irma Fenwarth, en 2008. Su vocación literaria y su pasión por la historia fueron reconocidas al ser elegido miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua y miembro correspondiente de la Academia de Historia de Santander. También fue presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas. Sus figuraciones en el Gobierno y en la política corrieron parejas con su acción periodística como administrador y escritor. Fue hombre de Estado, como ministro y congresista, entre otros, ejecutivo, académico e historiador, pero, ante todo, vivió y murió en olor de periodismo.

LEOPOLDO VILLAR BORDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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