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Voluntario cuenta qué se siente que prueben vacuna de covid-19 en él
Joan Pons Laplana

Joan Pons Laplana, un español, de 45 años, es voluntario para la vacuna que está desarrollando la Universidad de Oxford.

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Voluntario cuenta qué se siente que prueben vacuna de covid-19 en él

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Cuenta que uno de los requisitos para participar en las pruebas es que siga con su vida normal.

Todos los seres humanos tienen sueños, deseos, objetivos de vida. Eso es lo que mueve sus días, los alienta, les da razones para seguir adelante.

Si bien puede haber similitudes entre individuos, cada persona tiene sus motivaciones puntuales, pero el caótico 2020 ha creado una ilusión global, casi que unánime: encontrar la vacuna para el nuevo coronavirus, la pandemia que modificó, y de qué manera, la normalidad de los seres humanos.

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Joan Pons Laplana, un español, de 45 años, es uno de los miles que está trabajando para convertir ese anhelo en una realidad. Es voluntario para la posible vacuna que está creando la Universidad de Oxford (una de las más adelantadas) y sueña con detener el virus.

“Sin voluntarios no hay vacuna y sin vacuna no hay normalidad”, le dijo Pons a EL TIEMPO.

La llegada del virus

Nació en Barcelona (Cataluña), en 1975. De Enfermería se graduó en 1997, a sus 22 años.

Le fue difícil emplearse en su carrera y, para sobrevivir, empezó a trabajar como repartidor de pizza en su ciudad natal. 

Cansado de no encontrar algo en lo que pudiera servir como quería, decidió no darse más largas y perseguir lo que deseaba: en el 2000, con 25 años, se mudó a Inglaterra.

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El nuevo milenio le abrió las puertas a Pons para ser el enfermero que siempre deseó ser. Se instaló en la ciudad de Sheffield y consiguió trabajo en el Teaching Hospital.

En ese lugar pasó por la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y por urgencias. Después, se especializó en Gestión de Enfermería, “para dar mejor servicio y mejor calidad de vida, con tecnología, a los pacientes”, y llegó a puestos directivos del Hospital.

“Una de las cosas más importantes que he hecho durante mis años de carrera fue ayudar a bajar los índices de mortalidad por sepsis, por lo que recibí, en el 2018, el premio a Mejor enfermero en el Reino Unido, siendo el único extranjero en lograrlo”, comentó.

Su vida era tranquila, trabajaba en lo que le gustaba y vivía el día a día, sin prisas. No obstante, en marzo del 2020, todo cambió. Ante él, se presentó uno de los retos más duros que ha tenido que enfrentar a nivel profesional: el SARS-CoV-2 (el nombre oficial del nuevo coronavirus).

“Con el coronavirus tuvimos que reestructurar el funcionamiento del Hospital para absorber la demanda. Por ejemplo, cancelamos operaciones no urgentes y triplicamos los ventiladores en nuestra UCI. Pero como los ventiladores no iban a funcionar solos, me bajé de mi escritorio, me puse el uniforme y, desde finales de marzo, volví al ruedo para enfrentar al virus”.

Estos meses no han sido fáciles para él, “ni para mis compañeros sanitarios, ni para nadie, la verdad”. Ha vivido episodios de ansiedad, por ir a trabajar sin saber qué va a pasar y por ver, a diario, “el horror del virus llevándose a mis pacientes”. 

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Por eso, y para que la pandemia “no se siga robando la vida de las personas”, decidió ser voluntario para la posible vacuna de Oxford.

La frustración y el odio por el virus fueron mis razones para participar. No quiero pasar más tiempo sin ver a mis padres, no quiero que mis hijos malgasten su juventud, no quiero que el mundo pierda la vida y el amor”, señaló.

El ser voluntario

En abril, la Universidad de Oxford comenzó a trabajar en las fases 1 y 2 con su prototipo de vacuna. Finalizando ese mismo mes, se obtuvieron los primeros resultados y la institución recibió luz verde para continuar con su desarrollo.

El 100% de los voluntarios hemos dado una respuesta inmunitaria excelente y doble protección: anticuerpos y células T, que son asistidas y matan al virus muy rápido

La fase 3 consistía en hacer las primeras pruebas en voluntarios y requerían de personal sanitario para ello, por lo que se envió un correo electrónico a todos los hospitales del Reino Unido preguntando quiénes querían participar.

“Los requisitos eran claros: estar expuestos al virus, pero no haberse contagiado con él (por lo que ya se habrían desarrollado anticuerpos), no tener enfermedades crónicas, no estar medicado, no tener problemas físicos y ser mayor de 18 años y menor de 65. Cumplía con todas, así que acepté”, contó Pons.

El lunes 1 de junio le realizaron pruebas médicas y físicas para comprobar que cumplía con las exigencias. El miércoles 3, los resultados avalaron su postulación. El viernes 5, le dieron la vacuna.

Tras un mes, el pasado 6 de julio, le realizaron exámenes: había producido anticuerpos.

El 100% de los voluntarios hemos dado una respuesta inmunitaria excelente y doble protección: anticuerpos y células T, que son asistidas y matan al virus muy rápido. Estas últimas son muy efectivas para encontrarlo y se les conoce como ‘células asesinas’”, manifestó.

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Para Pons si la cuarentena en Reino Unido hubiera empezada a inicios de marzo, la historia sería diferente.

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En los dos últimos meses, su vida ha seguido normal y él se siente como un “atleta olímpico”: se la pasa en controles, en tomas de temperatura, llena un diario electrónico (en el que debe consignar si tiene síntomas, como tos, malestar general, pérdida de olfato o dolor muscular), se hace una prueba del coronavirus una vez a la semana (siempre negativa) y exámenes físicos y de sangre una vez al mes.

Si en algunas de esas pruebas diera positivo, tendría que reportarlo de inmediato a Oxford, ir a un hospital, ponerse en cuarentena y comprobar si esta vacuna es tan buena como parece.

“Lo que buscan que nos infectemos para ver cómo ataca al virus. Ya se demostró que es segura, que genera anticuerpos y falta ver si es efectiva”, afirmó.

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¿Qué sigue?

La siguiente fase para Oxford es probar el prototipo de vacuna en personas de grupos de riesgo, “que son quienes la necesitan más”.

“Están reclutando mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas. En total, contando todas las etapas, seremos 10.260 voluntarios en Reino Unido”, agregó.

También se están haciendo pruebas en Brasil y en Sudáfrica, “donde están participando 6.000 y 3.000 personas, respectivamente”.

Según Pons, “todo va bien hasta el momento” y, entre finales de agosto y principios de septiembre, se tendría todo listo para presentar la documentación a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Si se recibe el ‘ok’ de la entidad, ya se podría sacar producción finalizando septiembre”.

Hemos bajado la guardia y no es momento para relajarnos. Las cuarentenas han servido, pero no hay que confiarse

Su confianza por el trabajo que está haciendo Oxford es muy grande y también reconoce el esfuerzo que se está haciendo, por otros lados, por encontrar una cura lo más rápido posible”.

Espero que para Navidad ya la podamos tener y empezar el 2021 sin riesgo. Que el próximo año sea el de los abrazos, el de salir a la calle sin problemas, el de volver a ser sociables, el de hacer lo que queramos. Espero que esta situación se quede en el 2020 y que no venga con nosotros al 2021”.

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Apoyos y críticas

A nivel personal, su voluntariado con la vacuna le trajo algunos inconvenientes. Sus tres hijos se preocuparon y su esposa no lo tomó muy bien.

“No quería que lo hiciera, pero yo soy una persona altruista, me encanta ayudar y por eso se enamoró de mí”, dijo.

Le preguntó qué era lo peor que le podía pasar y él, muy sincero, le respondió que podría sufrir un choque anafiláctico (“como una reacción alérgica”) y morir.

Joan Pons Laplana

Joan Pons Laplana junto a su esposa.

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“No me habló en tres días, no era optimista y se asustó. La entendí, pero sabía que nada iba a pasar: no conozco a nadie que no se muere por ponerse una vacuna. Eso sí, me quedó claro que debo consultar con ella la próxima vez antes de tomar una decisión así”, reconoció entre risas.

Sus padres también se asustaron, pero ahora “mi mamá hasta ha hecho un club de fans mío y se la pasa en Google buscando qué sale sobre mí. Mi papá está muy orgulloso”.

En cuanto a su lado político, Pons no oculta la molestia que siente contra mandatarios como Donald Trump (presidente de Estados Unidos), Jair Bolsonaro (presidente de Brasil) y, por supuesto, Boris Johnson (primer ministro del Reino Unido).

“El gobierno inglés no tomó la pandemia en serio. El primer caso se registró a finales de enero, pero solo hasta finales de marzo se decretó cuarentena. Johnson decía que si alguien se moría era para el bien de la mayoría, hasta que le tocó a él. Fue producto de su estupidez y casi se muere”, valoró.

Para él, si el aislamiento se decretaba a principios de marzo, “habríamos salvado a la mitad de las personas que han fallecido hasta ahora (más de 46.000 hasta el 3 de agosto). Johnson lo hizo muy mal, fue muy incompetente. Si yo gestionara mis proyectos como él, ya estaría en la calle”.

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Otras vacunas

Actualmente hay 24 vacunas candidatas en alguna fase de ensayos con humanos (entre ellas Oxford) y unas 150 que están en alguna fase de desarrollo preclínico, lo que la OMS considera positivo si se tiene en cuenta que la tasa de éxito de una vacuna es del 10%.

Aunque Pons es positivo y cree que la vacuna podría estar lista para producción en septiembre la OMS, a través de su la jefa del área científica, Soumya Swaminathan, ha explicado que los resultados preliminares de las vacunas deberán ser confirmados, lo que puede requerir hasta seis meses.

Teniendo en cuenta esto, este voluntario hizo un llamado a no confiarse: a no dejar de usar tapabocas, a mantener los dos metros o más de distancia, a lavarse las manos y a usar antibacterial.

“Hemos bajado la guardia y no es momento para relajarnos. Las cuarentenas han servido, pero no hay que confiarse. Que la gente tenga consciencia y hasta que la vacuna no esté, no salgamos a la calle”, concluyó.

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CAMILO HERNÁNDEZ M.
Tendencias EL TIEMPO
En Twitter: @CamHerM

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