¡Espejo mentiroso! Así logré salir de la anorexia y la bulimia

¡Espejo mentiroso! Así logré salir de la anorexia y la bulimia

La periodista María Alejandra González revela cómo libró, y ganó, una dura batalla contra sí misma.

#CómoSalíDe

María Alejandra González es comunicadora social, emprendedora y presentadora.

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María Alejandra González

30 de julio 2018 , 11:23 p.m.

Que las mujeres tienen que ser delgadas, que preferiblemente deben ser altas, que siempre necesitan de un 'look' elaborado y que día noche no puede faltar un maquillaje impecable... Sin darme cuenta caí en la trampa de creer que si cumplía con ese aparente prototipo de perfección iba a cumplir mis sueños de estar en televisión nacional.

Mi nombre es María Alejandra González, soy comunicadora social y, después de librar una difícil batalla contra la bulimia y la anorexia durante mi juventud, actualmente puedo decir que mi recuperación fue un milagro.

Aunque ya han pasado los años, he decidido compartir mi historia en #CómoSalíDe para recordar los peligros de dejarse envolver por esos falsos ideales de belleza que de manera silenciosa acaba con vidas y familias.

¿La mujer perfecta?
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Crecí amando los medios de comunicación, entre cámaras y micrófonos.

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María Alejandra González

Nací en Cali, una ciudad que amo y que, como dice la famosa canción del Grupo Niche, cada vez que lo nombro “se vienen a mi mente bellos recuerdos, infancia alegre que yo nunca olvidaré”.

Desde que tenía tres años una grabadora y un micrófono eran mis mejores amigos. Mi persona favorita en el mundo era mi abuelo, pues él con sus finas canas y gran sabiduría me enseñaba la comunicación desde un mundo empírico pero sustentado.

Crecí en medio de programas de radio para niños y con los juegos tradicionales de ‘Tín-Tín, corre, corre’, ‘Policías y Ladrones’ y ‘Escondite’, esos que seguro varios de los lectores recuerdan.

Con el paso del tiempo me fui enamorando del arte, ingresé a estudiar actuación y poco a poco me sumergí en un mundo en el cual jamás me había imaginado estar. Pasaba los días rodeada de modelos reconocidas e inmersa en espacios donde la figura era tan importante como la marca de maquillaje que se usaba.

A mis 14 años empecé a actuar para un canal regional y meses después ya estaba presentado varios programas televisivos. Era un sueño inocente, pero con él llegaron los anhelos de tener un cuerpo perfecto, ese que aún nos venden en varios medios de comunicación.

Comía y sentía que era el peor daño que le estaba haciendo a mi cuerpo, por eso empecé a devolverla a escondidas, me veía en el espejo y me sentía terrible

Me encontraba estudiando en el colegio, la carga era demasiado pesada para una niña que hasta ahora estaba llegando a los 15 años. Sin embargo, en mi cabeza solo pensaba en convertirme en la mujer ‘perfecta’, esa que es ’90-60-90’. 

“Mami estoy de afán” o “En el colegio como algo”, todos los días encontraba la excusa perfecta para salirme con la ‘mia’ y no desayunar en casa.

De un momento a otro la comida se volvió en mi peor enemiga y en mis intentos de sobreponerme a ella me volví una experta en dietas de esas que uno encontraba en Internet.

Hice la dieta de la piña, luego la del atún, la del limón y luego ahorraba el dinero que me daban mis padres para comer en el recreo para comprar unas pastas que eran famosas entre mi círculo cercano porque cerraban por completo el apetito.

No se puede decir que fue por descuido de mis padres, pues ellos y mi hermano siempre han sido como mis mejores amigos, siempre se preocuparon por mí y estaban pendientes de todo.

Sé que puede sonar ridículo y extraño que una joven con tanto amor se dejara llevar por este tipo de  cosas, pero no me di cuenta en qué momento todo se salió de control.

Pasó un año y las dietas no fueron suficientes, la comida era un arrepentimiento diario. Comía y sentía que era el peor daño que le estaba haciendo a mi cuerpo. Por eso empecé a devolverla a escondidas, me veía en el espejo y me sentía terrible.

Las ojeras empezaron a aparecer, el pelo a caerse, mi comportamiento no era el mismo, quería siempre estar sola; mis padres preocupados se acercaban, pero con una sonrisa y amor les decía que estaban locos, que yo estaba muy bien y que si me encontraba mal yo les haría saber.

Era como si para mí todo fuera perfecto, excepto esos 'kilos de más’ que me imaginaba. Pues aunque los pantalones se caían y las camisetas me quedaban holgadas, yo cada vez quería más.  Esto fue como una droga.

Espejito, espejito ¿estoy bonita?... ¡Mentiroso!
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El sueño que por poco me cuesta la vida no era más que un espejismo y por eso decidí dedicarme a la comunicación organizacional.

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María Alejandra González

El peso bajó y la bulimia desaparecieron, pero con eso llegó la enfermedad que partió en dos mi vida: la anorexia.  Toqué fondo, estuve hospitalizada mes y medio en un psiquiátrico y la batalla se dificultaba día tras día. 

Los médicos me advertían que por siempre viviría con una marca, que mi vida se resumiría en levantarme de constantes recaídas. Fue ahí donde tomé la decisión, hasta ese momento, más importante de mi vida: entender que fui hecha con amor, que estoy en este mundo porque tengo un propósito especial, que mis decisiones tienen consecuencias y que en mis fuerzas nada podía hacer.

Puede que para algunos suene religioso, pero luego de agotar las soluciones humanamente posibles, en mí desespero, decidí refugiarme en el experto en dolores, flaquezas e imposibles, al que sin dudarlo jamás me dejaría recaer: Dios.

Los médicos me advertían que por siempre viviría con una marca, que mi vida se resumiría en levantarme de constantes recaídas

Mi recuperación fue un milagro, según los médicos en mes y medio avancé lo que una persona con mi enfermedad avanza en 8 meses. Gracias a eso ahora sé que las personas que me quieren me aceptan como soy, que para llegar a ser alguien en la vida sólo se necesita tener seguridad, voluntad y fe.

Años después logré alcanzar mi sueño de estar en la televisión nacional, pero me di cuenta que no quería ser famosa, que no quería vivir en medio de cámaras y con unos horarios exigentes.  El sueño que por poco me cuesta la vida no era más que un espejismo y por eso decidí dedicarme a la comunicación organizacional, a trabajar para los medios de comunicación desde otro punto, a ser feliz y a amarme como soy rodeada de mi familia, amigos y mi adorado esposo.

Para quienes están luchando la misma batalla
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Esta foto es junto a mi abuelo, una de las personas que marcó mi vida para siempre.

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María Alejandra González

No permitan que su gran valor y el verdadero sentido de su vida vayan cambiando sin darse cuenta en medio de una sociedad que se ha visto marcada por prototipos de mujeres postizas.

No es justo que sus sentimientos, sueños e ideales se encaminen tras el sueño de “otras”. Lo físico se cae, se arruga y se daña con el paso del tiempo, pero el corazón de alguien que se ama, aunque a veces sienta que está partido en pedazos, tiene la capacidad de hacerse fuerte, renovarse y reflejar belleza en la medida que descubre que es un diseño único.

MARÍA ALEJANDRA GONZÁLEZ

*Este texto contó con la edición, construcción periodística e investigación de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, @DianaRavelo, periodista de ELTIEMPO.COM.

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