Empatía, el secreto contra las violencias

Empatía, el secreto contra las violencias

Expertos dicen que esto es un instrumento indispensable en el desarrollo de la sociedad.

10 puntos claves para tener un ambiente seguro

Las campañas contra el ‘bullying’ fueron el primer paso. El siguiente es enseñar la empatía en toda la sociedad. 

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Archivo particular

Por: Gloria Helena Rey
15 de septiembre 2020 , 11:32 p. m.

La empatía es mucho más que identificarse con los gustos y preferencias del otro o de ponerse en sus zapatos para comprenderlo.

"Sin empatía no hay sociedad humanizada, respetuosa, igualitaria y sensibilizada posible”, dice a EL TIEMPO Jordi Ferrús Batiste, doctor en antropología social y docente en la Universidad Miguel Hernández de Elche, en España.

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En antropología social y cultural la empatía es, por ejemplo, “la reacción lógica a la irresponsabilidad y a la insolidaridad de buena parte de la población frente a las medidas gubernamentales para afrontar la actual pandemia. Es la capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona para poder comprenderla e interactuar con ella, lo que nos permite descubrir nuestros propios condicionantes y contradicciones culturales”, precisa.

La empatía es “intentar entender al otro, lo que significa destruir los clichés que lo rodean, sin negar ni borrar su alteridad” o su condición de ser diferente, decía Umberto Eco.

La empatía es, además, semilla de paz y Mahatma Gandhi estaba convencido de que “las tres cuartas partes de las miserias y los malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

La empatía es hoy también un recurso clave en la psicología, educación y fundamental para “prevenir y tratar la violencia”, dos caras de la misma moneda, según el psicólogo español Luis Moya Albiol, docente de la Universidad de Valencia, España.

Las tres cuartas partes de las miserias y los malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios

El investigador, que dirige un equipo sobre neurociencia social, ha demostrado en sus estudios que las zonas cerebrales implicadas en la empatía y la violencia son muy similares y afirmado que el avance de los trabajos que realiza podría abrir nuevos caminos en la prevención y tratamiento de la conducta violenta de criminales y delincuentes.

“Estamos aún lejos de intervenir en el cerebro de un psicópata, que carece de empatía emocional, pero no en el del resto de los violentos”, afirma Moya, también autor de La empatía. Entenderla para entender a los demás.

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En la ‘nueva realidad’

Además, la empatía es “importantísima en esa ‘nueva realidad’ que deja la pandemia, pues a partir de ahora, y más que nunca, se deben entender las particularidades y las realidades de las personas para que podamos salir adelante como sociedad en medio de los grandes retos que enfrentamos”, le dice a EL TIEMPO la psicóloga colombiana Tatiana R. Vidal, asesora de transición laboral.

“En el mundo actual se volvió muy relevante ser empático en nuestra cotidianidad y, por eso, no me sorprende que las personas la confundan con un valor y respondan que si la cultivamos nos convertiremos en mejores seres humanos”.

“Si somos jefes, por ejemplo, es preciso entender la realidad de nuestros subordinados que trabajan desde sus casas. No es lo mismo hacerlo con hijos muy pequeños que vivir solo. Comprender que la productividad para algunos será mejor en las mañanas, para otros en las tardes y la de unos cuantos en la noche. Si somos padres, tenemos que entender a los hijos que llevan meses estudiando virtualmente, sin socializar, ponernos en su lugar y buscarles alternativas para suplir esa carencia”, afirma.

Pero aún falta mucho por trabajar, según la revista Forbes, pues 60 % de los líderes, en sondeos, consideran ser empáticos con sus equipos, pero solo el 24 % lo son y la brecha debe disminuirse pues, tras la pandemia, se borró la línea entre lo personal y lo laboral.

Por otro lado, “como consumidores, tenemos que esforzarnos en valorar los esfuerzos que hacen los comerciantes para comercializar sus productos y, como ciudadanos, tratar de hacerlo con las decisiones que toman los dirigentes para enfrentar la situación. En cada uno de los roles de la vida actual es necesaria la empatía”, insiste la psicóloga.

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La empatía es, por lo tanto, importantísima en la vida de las sociedades, pero Colombia ocupa el lugar 40 entre 63 países, según el mayor estudio de alcance mundial realizado hasta hoy entre más de 10.400 personas por las Universidades de Michigan, Chicago e Indiana.

Ecuador resultó ser el país más empático de América Latina, seguido por Perú y Costa Rica, respectivamente, a los que se sumaron Arabia Saudita, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos y completaron Corea del Sur, Estados Unidos, Taiwán y Kuwait.
Entre los países menos empáticos del mundo figuran Lituania, Venezuela, Estonia, Polonia y Bulgaria, es decir, sociedades con bajos niveles de colectivismo, solidaridad, amabilidad, responsabilidad, autoestima, emotividad, bienestar y una menor disposición hacia lo social, según el estudio.

Empatía

Psicólogos aconsejan mostrarles a los niños ejemplos de empatía desde temprana edad.

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Como ciudadanos debemos tratar de hacerlo con las decisiones que toman los dirigentes para enfrentar la situación

Contra el ‘bullying’

Actualmente, en algunos colegios se está aplicando el desarrollo de la empatía para prevenir el acoso o bullying, pues ya pasamos la etapa de detectarlo o de combatirlo. Ahora es preciso extinguirlo.

“La empatía es hoy el gran antídoto contra el bullying y por eso los profesores trabajan duro para desarrollar esta habilidad en los alumnos, aunque los padres deben ayudar y enseñar a los hijos a ponerse en el lugar de sus compañeros”, afirma la psicóloga R. Vidal.

Educar en la empatía, un libro del investigador Moya publicado este año, aborda cómo hacerlo, pues, con la pandemia, el acoso salió de las aulas e infectó celulares y computadores de los niños que son víctimas del acoso escolar.

Más de cien educadores de preescolar de cuatro centros localizados en varias ciudades del estado de Puebla, en México, realizaron un estudio sobre la promoción de la empatía en las aulas de clase y llegaron a la conclusión de que ayuda a “los docentes a mejorar las relaciones con sus alumnos en el aula y previene situaciones de acoso y violencia escolar desde edades tempranas”.

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Los menores acosadores son, por lo general, niños que necesitan ayuda en varios aspectos de su vida y, por eso, hay que atenderlos primero desde lo psicológico y educarlos después, junto con las nuevas generaciones, en la empatía, que “debía figurar en la hoja de vida de los maestros, que tienen en sus manos una de las encomiendas más importantes para el desarrollo de las sociedades”, afirma Moya.

La empatía también se está empleando como una herramienta fundamental en la antropología.

Esta recurre a ella para establecer una relación de confianza entre el investigador y los informantes en un proceso de investigación etnográfica de campo, que es la que estudia a las personas y culturas a través de sus prácticas en determinados grupos sociales.

“La importancia de la empatía para el trabajo de campo antropológico se verificó en la década de los 20, del siglo pasado, a partir de las investigaciones etnográficas del británico de origen polaco Bronislaw Malinowski (1884-1942) en las islas Trobriand, al descubrir el método de la observación participante.

A partir de él, otros antropólogos, como los norteamericanos Margaret Mead (1901-1978), Ruth Benedict (1887-1948) y el propio Franz Boas, maestro de la antropología cultural norteamericana, y prácticamente toda la profesión antropológica occidental, consideraron necesaria la empatía para realizar el trabajo de campo etnográfico”, explica Ferrús Batiste.

¿Qué es?

En términos generales, la empatía es una habilidad, natural o aprendida, que poseen algunos individuos de comunicarse con los demás y, podría decirse que en una mínima parte, es natural, pero en la mayoría de los casos se aprende, según expertos.

“Podría ser, también, una cualidad y una fortaleza, pero si no se controla, puede convertirse en una debilidad, pues si alguien es en extremo empático y puede entender a todas las personas y situaciones, tendrá dificultades para posicionarse y tomar decisiones”, explica la psicóloga R. Vidal.

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La empatía puede ser emocional (afectiva) o cognitiva y no implica necesariamente una motivación de ayuda hacia el otro. No obstante, algunos investigadores admiten que podría ser la base de la solidaridad.

La empatía emocional se refiere a la capacidad que tienen algunas personas de experimentar los estados emocionales de otras, y la cognitiva, la de conocer e interpretar el estado mental de los demás, incluyendo su imaginación.

Ejercer la empatía resulta fácil para algunos y, aunque exige esfuerzo extra, en otros puede aprenderse. El “cerebro empático” entiende con mayor facilidad los sentimientos, las emociones y los pensamientos de otras personas y, por lo general, las mujeres son más empáticas que los hombres, pero eso no es una regla estricta, según especialistas.

Esa habilidad depende de la educación recibida, de las experiencias y aprendizaje de vida de cada persona, aunque así mismo influyen factores biológicos, entre ellos la disposición y conformación de las estructuras cerebrales, la acción de algunos neurotransmisores, la estimulación hormonal y, posiblemente, la carga genética.

En un estudio sobre la empatía desde la educación y la evolución, la doctora Marina F. Fernández, de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Córdoba, afirma que “si bien ‘está en nuestros genes’ todo lo necesario para ser empáticos, la empatía no es del todo natural y que, como se interpreta hoy, tiene algo de adquirida y de construida”.

El término empatía lo utilizó por primera vez el psicólogo norteamericano Edward Bradford Titchener, fundador del estructuralismo, en los años 20 de siglo pasado, para describir la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona.

Podría ser, también, una cualidad y una fortaleza, pero si no se controla, puede convertirse en una debilidad

Desde el último siglo se han desarrollado múltiples estudios sobre el tema en varios campos.

Porque se aprende, es indispensable enseñarla

“El que algunas personas confundan la empatía con un valor se explica porque es la base de la solidaridad. Si alguien es empático, es mucho más fácil que sea solidario y que actúe, por lo tanto, en beneficio del otro. Es importante aclarar que la empatía por sí sola no tiene efecto, es decir, ponerme en el lugar del otro y entenderlo es importante, pero si no se actúa, la empatía es inútil”, explica la psicóloga Tatiana R. Vidal.

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La empatía sí se puede aprender, pero, como en la mayoría de las habilidades, mientras más pronto, mejor. “Es indispensable enseñarla en los niños. Durante nuestra vida podemos seguirla desarrollando, pero es muy importante tener esa base inicial”, dice la psicóloga R. Vidal, que recomienda para desarrollar la empatía:

1. Escucha activa: las personas, por lo general, oímos, pero no escuchamos al otro. Cuando alguien nos habla, muchas veces pensamos en lo que le vamos a responder o cómo nos afecta lo que el otro nos está diciendo, etc. La invitación es, por lo tanto, a escuchar de verdad, concentrarse en lo que realmente nos dice.

2. Hablar con las personas, en lo posible, verbalmente, cara a cara, personal o virtualmente, pues sus gestos o tono de voz nos dan mucha información tanto a nivel consciente como inconsciente, lo que nos facilita ser más empáticos, eliminando significativamente nuestras suposiciones o interpretaciones.

3. Respirar profundo o el famoso contar hasta 10: muchas veces queremos contestar de manera inmediata e impulsiva a la otra persona, pero si queremos ser más empáticos, sería recomendable hacer una pausa o simplemente dejar la respuesta para otro momento, cuando podamos ver la situación en frío y, por lo tanto, desde otra perspectiva que nos permita entenderla mejor y, por ende, a la otra persona.

4. No tomar las situaciones de manera personal: tener muy presente que las personas no actúan o hacen algo para ‘perjudicarme’. Si se parte de esa idea, será mucho más fácil entender el comportamiento de los demás y, por lo tanto, sus situaciones.

El expresidente Barack Obama lo tenía muy claro: aprender la empatía es comenzar a cultivar la paz, que empieza cuando nos ponemos en la piel del otro y tratamos de ver a través de sus ojos. “Así es como comienza la paz, y depende de nosotros que eso ocurra”. Fin.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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