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El oscuro mundo de la gente que se ofrece para que la torturen
Casos de terror que han pasado en Colombia durante Halloween

Se busca que "cada invitado sea desafiado mental y físicamente hasta que llegue a su punto de ruptura personal".

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El oscuro mundo de la gente que se ofrece para que la torturen

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Este tipo de experiencias buscan llevar al límite físico y mental a quienes participan.

En los parques de diversiones pocos lugares producen más atención que las casas ‘embrujadas’: un espacio especialmente diseñado para simular la experiencia de estar en una historia de terror.

Para hacerlo se diseñan espacios temáticos ambientados con actores cuyo trabajo es uno solo: dar miedo a los asistentes sin tener contacto físico.

No contentos con esa limitación, algunos amantes del horror se ven atraídos por una inmersión violenta en la que el participante vive en carne propia el papel de la víctima de una historia de supervivencia.

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Justamente eso ofrecen las casas de horror extremas, una moda que ha cobrado fuerza en los últimos años en algunas partes de Estados Unidos.

¿De qué se trata?

Entre las pocas que ofrecen este tipo de ‘divertimento’, la empresa más conocida es McKamey Manor que traduce el Señorío o Mansión de McKamey. Actualmente está ubicada en Summertown, una comunidad en Tennessee (Estados Unidos).

El lugar busca que “cada invitado sea desafiado mental y físicamente hasta que llegue a su punto de ruptura personal”, se lee en su página web.

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Desde 1986, Russ McKamey, el dueño, ha ofrecido experiencias que buscan llevar al límite mental a quienes se ofrecen a participar.

Sin embargo, esta idea empezó a concretarse apenas a principios de siglo. Desde entonces, miles de personas buscan participar cada año, según han relatado varios medios estadounidenses, como ‘The Washington Post’.

Los elegidos son retados a pasar 10 horas en el sitio, tiempo durante el cual quedan a disposición de verdugos hasta no aguantar más

Para visitar McKamey Manor (que en realidad es un recorrido móvil por varias locaciones) hay que cumplir varios requisitos, como firmar un documento de más de 40 páginas, llevar un certificado médico y tener un seguro de salud.

Solo se elige a uno o dos ‘afortunados’ por sesión, a quienes se les pide pagar con una bolsa de comida para perros. McKamey promete 20.000 dólares a quien logre cumplir el reto, pero nadie ha sido capaz de hacerlo.

(Si usa la aplicación vea aquí una imagen de la impactante experiencia de McKamey).

Los elegidos son retados a pasar 10 horas en el sitio, pero pueden parar cuando quieran. 

Cada ‘reto’ se planea teniendo como referencia una investigación previa de los miedos y fobias de cada seleccionado, ha explicado en diversas ocasiones McKamey.

Todo el proceso es grabado y, a veces, algunas partes se editan y se suben a internet. Más allá de promocionar el servicio, el dueño le contó a ‘The Washington Post’ que lo hace para tener un soporte de qué ocurre con cada visitante, pues no son pocos quienes se arrepienten.

La polémica

Tanto McKamey como otros de los precursores de las casas de terror extremas explican que sus ‘servicios’ se basan en trucos psicológicos.

Así, por ejemplo, a un participante se le pueden vendar los ojos y decirle que lo están pinchando con agujas cuando en realidad esos artefactos nunca tocan el cuerpo.

(Si nos lee desde la app vea fotos de los participantes en los tours aquí).

Puedo hacerle creer a las personas todo lo que quiero que crean”, dijo en octubre de 2019 McKamey.

El aparente recelo del hombre al hablar sobre sus técnicas y las denuncias de algunos participantes llevaron a que en octubre de 2019 se abriera una petición en Change.org para clausurar el sitio.

Un año después la causa sigue recolectando firmas: ya van 166.000 de una meta de 200.000.

Frankie Towery, el postulante de la petición, argumentó que lo que hace McKamey es una fachada para esconder una auténtica “cámara de tortura”.

“Hay informes de que usan agujas para inyectar drogas a las personas o las obligan a ingerir píldoras para forzar también las alucinaciones”, escribió Towery.

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“Russ (McKamey), repetidamente, dice que todo es un truco, ¿entonces por qué la gente se va con huesos fracturados, trauma mental y cubierta de moretones acompañados de hinchazón facial?", añadió.

Una participante aseguró que la siguieron torturando incluso cuando pidió que pararan

Las acusaciones de Towery se basan en denuncias hechas en medios de comunicación y redes sociales por personas que aseguran haber vivido la ‘experiencia McKamey’.

Un testimonio muy sonado fue el de Amy Milligan, quien, en 2015, le contó a ‘The San Diego Union-Tribune’ que fue sometida a situaciones más peligrosas de las que creyó que estaban permitidas cuando firmó el consentimiento de 40 páginas.

Si bien McKamey dice que los participantes pueden parar cuando así lo deseen, la mujer relató que su cabeza fue sumergida en agua repetidas veces, incluso después de que ella les pidiera que pararan porque temía morir.

Russ se defendió con el video en el que Amy ofrecía una entrevista después del procedimiento, un archivo protocolario en el que los ‘supervivientes’ suelen recomendar no ir a McKenzie Manor.

De hecho, uno de los requisitos para ingresar es ver un documental en el que anteriores asistentes son entrevistados luego de ‘terminar el juego’.

¿Entonces por qué la gente sigue aplicando?

La respuesta podría estar en el estudio de la ciencia ficción.

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Experiencias como McKenzi Manor se describen a sí mismas como desafíos de “horror de supervivencia”, un término acuñado para definir un tipo de videojuegos cuyo objetivo es mantener al personaje vivo.

También puede definir un subgénero cinematográfico que narra historias de personas o grupos que lidian con situaciones ‘de vida o muerte’, como secuestros o ataques de criaturas paranormales. Tal es el caso de películas como '¡Huye!' (2018), ‘Un lugar en silencio’ (2018) y ‘Bird Box: a ciegas’ (2018).

Al respecto, en la página especializada ‘Psychology Today’ se explica que “un buen 'survival horror' quiere que sufras la disonancia cognitiva de, por un lado, querer huir desesperadamente y llamar a tu mamá y, por el otro, enfrentar tus miedos y mirar hacia esos rincones oscuros y sombríos”.

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