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Historia de Brayan Fernández: de casi jugar en Europa a ser mensajero
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Brayan Fernández

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Historia de Brayan Fernández: de casi jugar en Europa a ser mensajero

Su esposa, Margarita Guerra, cuenta cómo superaron la adversidad y con amor salieron adelante.

Era el año 2014 cuando Margarita Guerra conoció a su actual esposo, Brayan Alexis Fernández. Ella recuerda que la primera vez que lo vio, de inmediato, le llamó la atención, pero nunca imaginó los duros momentos que les tenía preparado el destino. ¿Quién piensa en lo malo cuando se está enamorando?

En ese entonces, Brayan tenía 22 años, era un destacado futbolista del club Leones, de Itagüí (Antioquia), y estaba adelantando los trámites para incursionar en el fútbol europeo. ¡Un buen partido, diría uno que otro!.

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Ella no se quedaba atrás. También estaba en la flor de la juventud, como se dice coloquialmente, y era ejecutiva en una de las empresas más grandes del Grupo Empresarial Antioqueño.

En su primera cita hubo magia y, desde entonces, nunca más se separaron. Pero serían los obstáculos de la vida los que afianzarían su relación.

El día que todo cambió 

Era el principio del 2014 y el romance iba ‘viento en popa’. No solo compartían tiempo juntos, sino también sueños e ilusiones. Sin embargo, un día se consumó una noticia que lo cambió todo.

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En la justicia normal uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario, en los casos de doping uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario

“Estábamos muy unidos y llevábamos un noviazgo muy tranquilo hasta lo del dopaje”, recuerda Margarita.

Se refiere a una sanción de dos años que le impuso la Dimayor a Brayan tras dar positivo en un control antidopaje. El examen, y su posterior resultado, se lo habían hecho finalizando el 2013, después de un partido. La sanción llegó en marzo del 2014.

A pesar de ser goleador en Leones, el club lo despidió al día siguiente de conocerse la penalidad, según Margarita. No le dieron mayores explicaciones a Brayan, solo sabían que habían encontrado octopamina en su organismo.

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En 2014, Brayan Fernández era el goleador de Leones.

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“Él quedó muy desprotegido. Para mí fue muy duro verlo así porque él ya tenía un precontrato para Europa, para Bulgaria. Y de un segundo a otro quedó sin nada (…) No tenía dinero, no tenía absolutamente ningún recurso”, relató la mujer.

Le cerraron muchas puertas y no faltaron los señalamientos, pero Margarita siempre estuvo ahí.

“Decidí ayudarlo, porque Brayan siempre me repetía que nunca había tomado nada, ni una pastilla. Me decía que era muy extraño que le saliera dopaje cuando todo el año le habían hecho pruebas y le habían salido negativas. Incluso, después de la prueba que salió positiva le hicieron otra y también salió negativa”, aseguró.

En ese momento llevaban ocho meses de relación y juntos iniciaron una batalla legal para demostrar la inocencia de Brayan.

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'La bella y el mensajero'

Sin poder jugar fútbol, que era lo que sabía hacer, Brayan necesitaba encontrar la forma de sobrevivir y pagar los abogados para su defensa ante la Dimayor

“Yo lo vi muy decidido a luchar por su inocencia y a salir adelante. Le pregunté qué sabía hacer y, como solo sabía jugar fútbol, le compré una moto y le organicé una hoja de vida casi perfecta, entonces lo contrataron como mensajero”, relató Margarita.

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Ya no era novia de un goleador, ahora salía con un mensajero que pasaba sus días levantándose muy temprano para llegar a su trabajo: entregar paquetes de seis de la mañana a una de la tarde. Un hombre que trabajaba bajo el sol ardiente o la tempestiva lluvia para obtener un salario mínimo.

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Siempre he creído en él. Fue un voto de confianza a ciegas por la clase de hombre que es

Pero ella no lo veía así, todo lo contrario. Margarita contemplaba a la persona detrás del uniforme blanco y rojo con cintas reflectivas, "un guerrero que seguía con la frente en alto", pero, sobre todo, veía a un ser humano bondadoso, sincero y optimista, con ganas de comerse el mundo.

“Vi que era una persona muy fuerte y muy dedicada. Yo dije: ‘si en la adversidad él es capaz de salir adelante con la mejor actitud, eso es lo que uno necesita, un hombre verraco y de buenas intenciones’. Ahí lo empecé a admirar mucho y ahí mi amor se afianzó”, recordó.

Familiares les regalaron una estadía, dos días, en una hostería de Antioquia para su luna de miel.

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Habían pasado 2 años (ya era 2016) y estaban endeudados: demostrar la inocencia de Brayan resultó ser difícil y costoso, en primer lugar porque nadie sabía nada de la octopamina y, en segundo, porque la investigación toxicológica y el trabajo de los abogados era costoso.

“Todo era así: millones y millones, y saque y saque dinero. Realmente Brayan no tenía de dónde, entonces, como yo tenía más vida financiera, pues yo fui la que se endeudó en el banco”, contó Margarita.

Esa situación propició algunos comentarios incómodos: ¿cómo era posible que ella, siendo una profesional y toda una ejecutiva, ayudara a Brayan con los ojos cerrados?

“Al principio la gente me decía: ‘¿en serio le estás ayudando y te estás endeudando por él?‘, pero él fue muy juicioso en todo. O sea, él se ganaba un mínimo, pero todo, prácticamente, me lo entregaba para aportar a la deuda. Yo sentí mucho orgullo por él”, confiesa Margarita con la mayor satisfacción.

Así que se casaron por lo civil en 2016. No hubo ‘bombos ni platillos’, solo dos personas que se amaban y que decidieron jurarse estar el uno para el otro en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Algo que sin necesidad de jueces ni testigos ya venían haciendo desde un buen tiempo atrás.

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Trabajo duro 

Por esa época, su vida juntos se resumía en trabajar y buscar la forma de demostrar que la penalidad de Brayan había sido injusta.

Margarita siempre creyó en él y se mantuvo firme no solo se apropió de los gastos, también dedicó su tiempo libre a investigar sobre octopamina y derecho deportivo. Tenía claro que la sanción no era un problema solo de Brayan, era un tema que debían resolver juntos.

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Por las noches cuando llegábamos a la casa nos poníamos a revisar el caso

“El verle toda esa entereza también me ánimo a ayudarlo y me puse las pilas con ese caso, a aprender mucho de derecho deportivo, de dopaje, de cómo se llevaban los procesos y logramos sacarlo adelante”.

Gracias a una investigación que pagaron descubrieron que “la octopamina la producían algunos alimentos como chocolates, cítricos, naranja amarga y tomates. Además, también la producía el cuerpo, o sea es una sustancia como la dopamina y la adrenalina, pero a él le salió en una cantidad baja”, explicó Margarita.

Una vez conocieron esa información, buscaron abogados que representaran su caso ante la Dimayor. Incluso, llegaron a instancias mayores: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), órgano internacional, con sede en Suiza, que resuelve disputas en torno al deporte.

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Durante año y medio, Brayan trabajó como mensajero.

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Aunque demostraron que la octopamina no contribuye al rendimiento deportivo, Brayan tuvo que cumplir la inhabilitación que le fue impuesta, por vencimiento de términos. Según la Dimayor, el futbolista no se defendió cuando debió hacerlo.

Fue por eso que trabajó por un año y medio como mensajero. Pero como tenía claro que algún día volvería a jugar como profesional, entrenaba con Acolfutpro hasta las cuatro de la tarde y, en la noche, estudiaba un técnico en administración de empresas, de seis de la tarde a diez de la noche.

“Ha sido una persona con una tenacidad impresionante, él sabía que era casi imposible volver al fútbol porque ya todo mundo se lo había dicho. Incluso, porque debutar en la A con 25 es casi imposible, pero él lo logró”, recuerda orgullosa.

A pesar de que fue una época difícil, no les faltó el amor ni la esperanza y cada que podían, compartían uno que otro plan juntos.

“Honestamente no habían muchas actividades para hacer por la imposibilidad económica, pero siempre hacíamos cosas como comer un helado o algo barato por la calle”, contó Margarita.

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El arcoíris al final de la tormenta

Para la pareja aquella época fue una gran lección de humildad, especialmente para Brayan, pues, entre otras cosas, le incomodaba un poco que fuera Margarita la responsable de las cuentas.

Margarita está muy orgullosa de su esposo y continúa apoyándolo en todas sus decisiones.

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“A él sí le daba pena, pero siempre me dijo que algún día las cosas iban a cambiar. Incluso, cuando nos casamos, me dijo que no lo fuera a subestimar porque él podía conmigo. Entonces la actitud de él siempre fue demasiado ambiciosa, demasiado fuerte, nunca lo vi derrotado”, aseguró.

Gracias a esa constancia, las cosas poco a poco, fueron mejorando. Meses antes de terminar la inhabilidad lo volvieron a llamar de Leones y empezó a entrenar, pero finalmente firmó contrato con Cortuluá y, en 2017, volvió a las canchas.

Actualmente Brayan juega en el Atlético Bucaramanga y sigue felizmente casado con Margarita. Juntos lograron encontrar las respuestas que necesitaban y, aunque legalmente no lo hicieron, sí consideran que demostraron su inocencia.

Aunque aún siguen pagando deudas, hoy en día agradecen "esa prueba que Dios puso en nuestras vidas, porque no solo nos unió, sino que también nos hizo más fuertes, humildes y felices".

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“Tenemos una relación estable porque Dios ha estado presente. Siempre nos hemos enfocado en construir hasta viejitos y en pensar en cómo actuaría Jesús, esa ha sido como la clave de todo. No vivimos pensando en lujos, sino solamente en crecer como pareja y en futuro como familia”, concluyó Margarita.(Esta nota se publicó originalmente el 20 de Abril de 2021)

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