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¿Qué tanto sabe de los 'poderes' del arrechón? Aquí le contamos
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La tradición del viche, un patrimonio de Pacífico colombiano en el hacer y el cantarLa tradición del viche, un patrimonio de Pacífico colombiano en el hacer y el cantar.
La maestra vichera Lucía Solís fue una de las primeras en registrar su marca de viche.

Archivo particular

¿Qué tanto sabe de los 'poderes' del arrechón? Aquí le contamos

Su encanto va más allá de su sabor. Su historia es ancestral y espiritual. Y también cura el alma.

La olla para destilar viche que tiene don Antonio Bolaños en su casa tiene la altura de un niño de 8 años. Está puesta sobre unos ladrillos. La llama que sale debajo es suficientemente fuerte para que hierva. A través de un tubo, las gotas van cayendo a un tarro.

El precioso destilado transparente que sale de la olla hace parte fundamental de las tradiciones de las comunidades del Pacífico colombiano.

Don Antonio tiene unos 60 años, es mulato, aprendió a hacer viche desde niño y esa olla madre ocupa un espacio estelar en su casa en el corregimiento de Triana, muy cerca de Buenaventura.

Triana es pequeño, con casas organizadas y sencillas. Se accede desde la carretera al mar que viene de Buga en un viaje de unas tres horas. Un puente metálico, con un toque nostálgico, sirve para cruzar el río Dagua, que corre al mar cristalino y rápido.

Luego de unos 50 pasos se llega a la casa de don Antonio, que tiene una gran piscina que se surte del agua que baja de la montaña. La olla está puesta a unos pasos de una entrada abierta y es el centro de la reunión. Hay vicheros y parteras, gestores, una ministra (la de Cultura), amigos, vecinos y conocidos de todos, porque en Triana y en el Pacífico las relaciones son de familias extendidas.

El viche es la bebida oficial del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez.

Foto:

Juan Pablo Rueda, EL TIEMPO

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Los vicheros -hombres y mujeres- son maestros de una bebida tradicional que, dicen algunos, existe hace más de 300 años, desde que los hombres y mujeres traídos de Africa y convertidos en esclavos, llegaron a la zona con todas sus tradiciones y conocimientos que acá -con altas dosis de ingenio- adaptaron al entorno y a los elementos este sector de Colombia que tiene mar, ríos y selva, donde llueve fuerte y sin pausa, que comprende 83.170 km², el 7 por ciento del territorio nacional y cuatro departamentos: Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Aquí nació el viche.

Esta bebida, toma o destilado, tiene protección desde el pasado 16 de septiembre del Congreso de la República, que "reconoce, impulsa y protege, tanto al viche como a sus derivados, como bebidas ancestrales, artesanales, tradicionales y patrimonio colectivo de las comunidades negras afrocolombianas de la costa del Pacífico colombiano".

La olla para destilar. Está en la casa de don Antonio Bolaños, en Triana, cerca de Buenaventura.

Foto:

Lisa Palomino

Eso, en palabras sencillas, es lo mismo que sucede con el tequila mexicano, la champaña francesa o en un drama extraterritorial con el pisco entre Chile y Perú. Son bebidas que son protegidas desde su preparación y procesos, y que también incluyen el lugar donde se preparan.

Llegar a esta ley fue un trabajo largo que las comunidades del Pacífico empezaron a promover desde hace algunos años, cuando una empresa denominada Viche del Pacífico S.A.S. hizo el registro de marca de esta bebida ancestral, con el argumento de que su preparación se hacía en condiciones precarias y quería arrebatarles la bebida a sus guardianes originales.

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No lo determina solo como un licor, sino como una bebida que trae consigo la historia, la cultura y los saberes de la medicina afrocolombiana

Cuando las comunidades se enteraron hicieron una gran red de llamadas y de mensajes de ws (para hablar con los que están en lugares en los que la cobertura es de mala calidad) e hicieron todo su trabajo de valoración y apropiación del viche. Varios de los senadores de los cuatro departamentos, así como sus gobernadores, apoyaron presentar el proyecto al Congreso, "que no lo determina solo como un licor, sino como una bebida que trae consigo la historia, la cultura y los saberes de la medicina afrocolombiana", como dice la ministra de Cultura, Angélica Mayolo.

Mayolo, la joven ministra de Cultura de Colombia, es una invitada de lujo a este encuentro para volorar el viche. No solo por su investidura, sino porque ella realmente es parte de esta tradición; nació en Buenaventura y conoce los secretos del destilado.

Está vestida de manera sencilla. Las mujeres mayores la acogen como a una hija más. Todos los que están en la casa de don Antonio también se sienten bienvenidos. Todo el pueblo parece estar adentro. Hay botellas de viche por todo lado. O de biche, porque se puede escribir de las dos maneras.

La ministra está en Triana para ratificar que a través de la entidad la ley "beneficie a todas las comunidades, protegiendo además su propiedad intelectual". Porque, claro, hay personas que tienen miedo de que haya especulaciones con la bebida.

La maestra vichera Gloria Amparo Arboleda Muñoz tiene 60 años, usa turbante y vestido de colores, y tiene una voz fuerte que genera respeto, cuenta que el día del último debate, "no solo yo bailé de alegría, también bailaron los huesos de mis ancestros: mi mamá, mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela. Pero ahora, por una ley, que no se vaya a volver 'caña' para todo el mundo. Esto tiene su ancestralidad, su ritualidad y debe seguir así. Que un campesino tenga una hectárea de tierra y consiga otra, está bien. Ahí puede sembrar la caña para el viche y vivir con sus chivos, sus gallinas, su brisa, su agua. Pero, repito, esto es amor, es historia, es legado, es formación".

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Maestra vichera Gloria Amparo Arboleda Muñoz.

Foto:

Lisa Palomiino

La ley, agrega la sabedora, le gusta. Se la leyó completa y dice que si se cumple, todos podrán beneficiarse. "Hay algo: el viche siempre ha estado entre nosotros, lo conocemos, sabemos para qué sirve, cómo usarlo. Eso debe seguir así", afirma.

La materia prima del viche

Hay algo: el viche siempre ha estado entre nosotros, lo conocemos, sabemos para qué sirve, cómo usarlo. Eso debe seguir así

Para hacer el viche, primero hay que moler la caña, que no es la misma que cultivan los ingenios azucareros para producir azúcar y otros derivados en la región intermedia del Valle del Cauca, entre las cordilleras Central y Occidental.

"Esa se vuelve plaga y daña la tierra porque acá llueve mucho. La nuestra, que es de la zona, antiguamente 'los amos' la usaban como cepillo de dientes, por ser suave. Se la iban comiendo y se limpiaban", dice la vichera Gloria Amparo.

Es una caña que se corta especialmente en luna creciente, se recoge cada seis meses y es conocida como caña de miel. Don Antonio muestra ese primer proceso en un trapiche que está al pie de la carrilera por la que alguna vez pasó el tren.

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Mientras muele hay cantos y la ministra Mayolo ayuda en el proceso, que no le queda grande. "Es parte de su cotidianidad", cuenta otro vichero, José Luis Muñoz, que la conoce desde niña y la cargó cuando era bebé.

El viche tiene varios derivados. El viche como tal, transparente, que sirve para "envicharse", como dicen en el Pacífico. Pero realmente es una bebida que traspasa la vida, que puede acompañar desde el nacimiento hasta la muerte, hace parte de la fiesta, de los cantos al Niño Dios y de los chigualos (los velorios de niños), y también de la última despedida de los adultos.

Los maestros vicheros muchas veces deben internarse en la selva, sentir cuáles son las hierbas necesarias, oírse para preparar la toma con su sabiduría y luego entregarla

Está el viche curao, que tiene hierbas y plantas que se cultivan en la región, como jengibre, pipilongo, manzanilla, hierbabuena, entre muchas otras. "Sirve para curar o proteger de enfermedades, para purgarse o para concebir, para el asma o ahogo, el cerebro, la mordedura de culebra, alacrán y otros animales venenosos, para el mal de ojo de los niños, para calentar el cuerpo, el dolor de espalda...", dicen sus sabedores.

Hay curaos que se preparan con hasta 45 plantas, dependiendo de la necesidad o la enfermedad.

Sergio Cuero, coordinador del Plan Especial de Salvaguardia Paisaje Cultural Vichero, que busca que la bebida sea patrimonio nacional y también de la su protección a través de diferentes proyectos, manifiesta que saber qué plantas poner en una preparación es un conocimiento que tiene un gran valor.

"Los maestros vicheros muchas veces deben internarse en la selva, sentir cuáles son las hierbas necesarias, oírse para preparar la toma con su sabiduría y luego entregarla. Eso exige tiempo y pensamiento".

También están el arrechón que, se dice, ofrece beneficios para las vías respiratorias y el cerebro; la tomaseca para las mujeres embarazadas; el viche de pipilongo del que se afirma que tiene propiedades anticancerígenas, y el viche de naidí, hecho a partir del acial que, según las comunidades afro e indígenas del Amazonas, regenera los músculos y es considerado un elixir para no envejecer.

Las casas vicheras

El viche de José Luis Muñoz, otro invitado a la casa de don Antonio, es muy especial. Su curao tiene un ligero sabor a canela. Es más suave que el de la maestra Gloria Amparo, pero ambos son deliciosos. Y los demás que pasan de mano en mano, servidos en pequeños mates y en copitas, también son especiales. Unos más fuertes que otros, pero todos con el sabor de la ancestralidad.

Cada casa vichera (y a lo largo del Pacífico son muchas), tiene su sabor, su valor y su estilo de presentación, con etiquetas muy bonitas y coloridas que muestran a la cabeza de la dinastía que prepara las tomas o las hierbas que lleva. Hay nombres como Sabia Comadre, Zaperoco y El Yolandazo, entre otros.

En muchas casas se empaca en canecas de plástico, pero también están los que prefieren la botella de vidrio para una mejor conservación. Y los que guardan su botella con hierbas y la están 'alimentando' de buen viche, pueden tener la seguridad de que las plantas al interior no se mueren, siguen con su color verde natural.

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Mientras siguen cayendo las gotas de viche, Milady Garcés Arboleda, una morena fuerte y decidida, actual presidenta de la Cámara de Comercio de Buenaventura, cuenta que, a pesar de sus estudios y los cargos que ha desempeñado, incluso en instituciones internacionales, su mamá, la maestra Gloria Amparo, le dice que todavía no está lista para recibir todos los saberes de esta bebida.

Hay todo un saber asociado que va desde la empatía con el territorio, con las fases de la luna para cortar la caña, con todo

Ella no se enoja. Lo entiende. "Uno debe tener la virtud. Tu ancestro te mira para ver si está la magia y la disposición. Hay todo un saber asociado que va desde la empatía con el territorio, con las fases de la luna para cortar la caña, con todo. Y si mi mamá dice que me falta, me falta", afirma con una sonrisa que le llega hasta sus bellos ojos negros, que también son acogedores.

Es agradecida con el viche. "Soy hija partiada (nació con el apoyo de una partera). Lo primero que llegó a mi boca al nacer fue una gota de viche. Gracias a él pude estudiar y hace parte de como vivo la vida".

Y en eso, agrega Cuero, tiene razón: "No es cualquiera el que prepara el curao con conocimiento. Debe ser una persona buena y sabia, que siempre piense en el bien de los demás, en mejorarlo de sus males".

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La preparación del viche es un trabajo en equipo: los que muelen, los que montan la olla, los que lo ponen a fermentar y están pendientes, los que ayudan a poner el destilado en las botellas. Ya el curao es otra cosa: los maestros sabedores lo tienen con hierbas distintos tiempos, dependiendo de la necesidad de la cura.

En este trabajo de preparación "ayudan hasta los que no hacen nada y solo pasan a probar cómo está quedando, dando su opinión con certeza", se oye a lo lejos, mientras suena una carcajada general.

Caña de miel en el trapiche.

Foto:

Lisa Palomino

El viche y la fertilidad

Desde que tenía 8 años, la maestra vichera Yolanda Asprilla, con ahora más de 70, hace viche. De voz recia y también con un traje de colores, cuenta que aprendió de su abuela, en el trapiche de la finca familiar.

"Con esas botellas que yo preparo han nacido muchos muchachitos", cuenta con orgullo.

Pero a veces a la gente le parece muy caro. Lo que pasa es que no entiende que uno tiene la sabiduría sobre las hierbas que necesita para su mal

Para tener niños, para que las parejas puedan procrear, una botella de viche curao puede costar entre 500.000 y 600.000 pesos, dependiendo del caso y de la conversación que la maestra tenga con cada uno de los esposos.

"Pero a veces a la gente le parece muy caro. Lo que pasa es que no entiende que uno tiene la sabiduría sobre las hierbas que necesita para su mal".

Agrega, sin pretensiones, que en varias ocasiones les ha dado preparaciones más económicas, destinadas a matar los parásitos, "y con eso han tenido para que la mujer quede en embarazo".

También recuerda el día en que tocó la puerta de su casa en Triana una enfermera evangélica buscando lo que ella "daba" para quedar en embarazo. "Y le llegó su muchachito".

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Cuero, que es administrador de empresas e hijo de vicheros, dice que aún hay muchos habitantes del Pacífico que tienen su botella de curao al lado de la cama, "y, al despertarse, antes de cualquier cosa, se toman una copita para arrancar el día curaos de males. Estamos en un lugar en el que muchas veces llegar a los centros de salud es muy difícil, hay que sacar a la gente de las veredas a pie o por río, y el primer auxilio que estas personas tienen es una toma de viche".

Los enemigos del viche

No todo son historias alegres. El viche, al ser un licor preparado por fuera de las normas establecidas, ha sido perseguido desde hace muchos años.

De hecho, su llegada a Cali al Petronio Álvarez, donde no se toma otra cosa que viche y sus derivados, era un problema para los maestros vicheros, hasta que, con el tiempo, se fue haciendo una especie de corredor para que se permitiera su paso y no faltara en los días del festival.

Gota a gota va cayendo el viche.

Foto:

Lisa Palomiino

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Otra maestra, Gloria Amparo, cuenta que una de sus tías, por estar corriendo para esconder su viche cuando la perseguía un inspector en una zona cercana a Buenaventura, se cayó y quedó coja.

Cuero dice que todo lo que se haga en el Pacífico colombiano está relacionado con este destilado. "Prima la hermandad, las familias extendidas, la solidaridad. Cuando hay un muerto en una casa, antes de que este llegue en su ataúd para el velorio, vecinos y amigos organizan el espacio y ahí hay viche siempre".

También está en lugares apartados donde no hay ni sacerdote ni iglesia y las mujeres entonan alabaos para levantar el alma del muerto, para que deje este mundo tranquilo y vaya al encuentro con sus ancestros.

Los partos de la tomaseca

La tomaseca es otra de las bebidas ancestrales del Pacífico colombiano. Y no tiene licor.

La maestra Rosmilda Quiñones sabe traer niños al mundo. Partera de oficio y corazón, y es una de las fundadoras de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa).

A la embarazada no se le da viche, sino tomaseca, que lleva 25 plantas, entre curativas, aromáticas y alimenticias

Ya perdió la cuenta de cuántos partos ha asistido. "Yo llevaba muy bien los números, pero en una huelga de médicos que hubo me tocó irme para un centro de salud y ahí me embolaté. En todo caso, son muchos", dice con una humildad que sobrecoge y con unos ojos que miran muy al fondo, que son los mismos con los que analiza a las embarazadas que la buscan para que las asista.

"A la embarazada no se le da viche, sino tomaseca, que lleva 25 plantas, entre curativas, aromáticas y alimenticias. En la dieta de los 40 días también se toma, es un tratamiento para que quede sana y fortalezca sus órganos reproductivos".

Su hija, Liceth Quiñones, de 33 años, con pinta de modelo y el pelo alborotado, dice que desde los 6 años acompaña a su mamá y hace 13 ya atendió un parto sola como partera oficial.

Está en el oficio desde tan niña porque "en mi cama se atendían los partos, a cualquier hora de la noche me tenía que levantar para dejarle el espacio a la embarazada. Yo observaba y no decía nada, me concentraba en lo que estaba pasando, aprendía. Fue la manera de conocer el oficio".

A los 13 años y porque su mamá no estaba en la casa, tuvo que atender un parto de un seismesino. "Fue una situación de emergencia, yo aún no estaba facultada, pero tenía la destreza y la comunidad me ayudó mucho. A la mamá y al bebé lo tuvimos que llevar al hospital y todo salió bien".

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Traer un niño al mundo es una gran experiencia y "da mucha luz. El dolor que se siente -tiene un hijo de 13 años- es transitorio. Queda esa satisfacción porque viene alguien a preservar el territorio".

Además de la habilidad, hay una característica que debe tener toda partera: una cocina organizada. "Porque ahí está la magia. Es el espacio donde se desarrolla la medicina tradicional alrededor de las plantas medicinales".

Y mientras en Triana se muestran todos los derivados del viche, en el Café Pacifico, en Buenaventura, se habla de ellos alrededor de la comida que prepara Saúl Monard Díaz-Granados, hijo del puerto, de padre del eje cafetero y madre samaria, mostrando como esta 'capital' del Pacífico se formó gracias a la llegada de nacionales y extranjeros.

Su restaurante es un lugar exquisito donde puede ir a comer si se hace reserva y hay que tocar una puerta de madera gigante para entrar.

La casa es antigua y el salitre, que no perdona, se nota en la pared del fondo del comedor principal. Monard la quiere así, para recordar que el mar Pacífico es el dueño y señor de ese territorio.

Rosmilda Quiñones, partera, perdió la cuenta del número de niños que ha ayudado a nacer. 

Foto:

Lisa Palomino

Ahí está la magia. Es el espacio donde se desarrolla la medicina tradicional alrededor de las plantas medicinales

Su restaurante nació hace 12 años. Después de dar vueltas por Venezuela, Europa y Estados Unidos, un día volvió a hacer 'patria' en su tierra. En su trabajo lo acompañan 10 personas (la mayoría desplazadas y mujeres cabeza de hogar) y su mamá.

Su experiencia se llama 'Uramba cocina viva', "y promueve los valores culinarios, la estética y la cultura pluriétnica de los territorios colectivos y ancestrales del Pacífico colombiano".

Es alta cocina, en la que resaltan los frutos de ese mar que tiene a unas cuantas cuadras, y donde además las bebidas tradicionales sirven como acompañamiento a cada plato que se prepara.

Cada paso tiene una toma relacionada con el viche que viene de una familia vichera de la zona ribereña de Cajambre, en Buenaventura, también hay un salón especial para esta bebida, que parece un reflejo del lugar en el que Melquiades, de Cien años de soledad, escribió sus pergaminos luego de curar a los habitantes de Macondo con un bebedizo.

Arrechón, pipilongo… los viches son presentados por Monard con la sabiduría de un sommelier. Los vende en empaques de lujo y habla de la necesidad de una economía solidaria en un lugar donde esa palabra es imprescindible para la supervivencia, y la realidad económica y de seguridad es otra.

El viche y su magia terminan. Los 'envichados' del fin de semana deben volver y subir la cordillera Occidental. Pesa devolverse, pero hay tiempo para un último viche.

Envicharse o embicharse es un plan para los que quieran sentir en su boca, como dice la sommelier Laura Hernández, sus notas salinas, sus aromas cítricos, sus recuerdos de miel y el atisbo ahumado del fuego de la leña, pero también para sentir el poder y la sabiduría de las comunidades del Pacífico. Es una bebida que cura el cuerpo y el alma. Y es absolutamente nuestra.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
CULTURA
EL TIEMPO

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