Un fogón que no se apaga / El Condimentario

Un fogón que no se apaga / El Condimentario

Alejandro Cuéllar fue uno de los más queridos chefs de la industria.

Margarita Bernal.

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Margarita Bernal

Por: Margarita Bernal
23 de noviembre 2019 , 10:45 p.m.

Para Alejandro: “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, una vida bien usada produce una dulce muerte”. Leonardo da Vinci.

La muerte de un cocinero es muy especial, ya que nunca queda en el olvido. Como todo artista, su memoria perdura en la obra que crea para nosotros, los demás mortales. El artista tiene la capacidad de permanecer y estar vigente a pesar de su ausencia. Y en el caso de Alejandro Cuéllar, es una suerte que podamos recordarlo en cada palabra y bocado de los platos y sabores creados en su restaurante, huerta y ‘catering’. Un cocinero no se despide para siempre. La comida como la música evoca recuerdos, momentos y personas. Por si no sabían, también fue un pianista virtuoso: ¡maridaje perfecto!

Llevo días buscando respuestas a su repentina y prematura partida. Entendí que debo pensar en su vida y lo que él significó para mí, para su familia, amigos y para la gastronomía colombiana. Intenté entonces identificar una palabra que lo definiera en vida: ingenio, pasión, artista, talento, carisma, inteligencia, curioso, inquieto, ‘nerd’, incansable, incondicional... Aún no la encuentro.

Alejandro es –me cuesta hablar en pasado– un hombre muy especial, de gran sensibilidad. Creció rodeado de naturaleza, arte, música, cocina, comida, fiesta y amigos. Todo marcó su personalidad, carácter y talento. ¿Un cocinero nace o se hace? Esta profesión requiere tanta pasión que no tengo duda de que se nace con ella, y con la experiencia y formación se aprende. Cuéllar nació cocinero y él se retó a buscar el espacio que lo hacía vibrar. Encontró refugio en la huerta Santa Beatriz (homenaje a Tita, su madre), las flores y hierbas comestibles y la estética impecable. Creía además que la cocina era un espacio para la reflexión, el diálogo y la unión. Tal vez por esto era uno de los más queridos chefs de la industria. Muestra de esto son las cariñosas manifestaciones por su pronta partida.

Un chico decente en todo el sentido de la palabra, un caballero. Su respeto por los clientes, empleados, amigos y profesión dejan huella imborrable. Adoraba figurar. Recuerdo que me pidió consejo sobre su presencia en medios. Yo le dije una frase que aprendí de un querido amigo: “Crear y no creer”. Construir y jamás comerse el cuento. Y Cuéllar no se lo comió, se dedicó a seguir estudiando y crear con un gran compromiso por el país, los territorios, los ingredientes y la paz.

Dejó esta vida terrenal, en su ley, haciendo lo que lo hacía feliz: viajando, cocinando, amando, enseñando la gastronomía colombiana, cultivando amigos por el mundo y aprendiendo. Quiero creer que durante sus 34 años de vida estuvo rodeado del mismo amor que generosamente compartió. Hasta pronto, Alejo, quedas en mi memoria y tus platos, en mi paladar.

Buen viaje máquina.

De Postre: Canasto Pícnic Bistró. Imperdible la coliflor chorreada.
Calle 88 n.º 13A-51.
www.elcondimentario.com

MARGARITA BERNAL
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