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Gastronomía

El elogio de la gula / El condimentario

Margarita Bernal.

Margarita Bernal.

Foto:Tomada de elcondimentariodemargarita.com

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Confieso que he pecado, me he dejado llevar por la tentaciones de la carne, del pollo, del pescado, de diversas y suculentas viandas, postres y licores; en otras palabras, he cometido gula, soy una glotona insaciable cuando de comida se trata. Quienes me conocen saben de mi amor incondicional por los alimentos, y obviamente por aquellos que disfrutan de este placer tanto como yo.
“Aquellos que padecen una indigestión o una borrachera no saben lo que es comer ni lo que es beber”, decía el célebre gastrónomo Anthelme Brillat-Savarín, y tengo claro que se refería a los excesos, los cuales, como bien sabemos, son malos en todo sentido, pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, en especial cuando la tentación de una cucharada adicional de postre o un bocado de más del plato favorito es incontrolable. Los golosos pecadillos de los que hago mención son aquellos que se hacen disfrutando, saboreando y seduciendo al paladar, se asoman y llegan motivados por un antojo. Hambre y gula no son platos de la misma mesa; con el primero solo se busca satisfacer una necesidad física o llenarse hasta atragantarse engullendo cualquier cosa, lo primero que aparezca sin pensar, mientras que con la gula se trata del placer de comer lo que a uno le gusta y hace feliz; está más relacionada con los sentidos y, por supuesto, con las debilidades y caprichos en materia gastronómica. Permitirse la licencia de saciar las ganas con sabores que emocionan y producen alegría en cuerpo y espíritu. Comer y beber por gusto, porque está tan sabroso que da lástima dejarlo o porque las papilas gustativas exigen un poco más de ese manjar.
Curiosamente, con el paso del tiempo los patrones de belleza han cambiado, y por esta misma razón lo han hecho los límites con los que se habla de la gula. Si echamos unos años para atrás, la mujer ideal, por hablar de un género en particular, era repuestica, con curvas y abundante de carnes; sin ir muy lejos, recordemos a la gran diva de todos los tiempos, Marilyn Monroe, sexi, curvilínea y rolliza, quien seguramente tenía unos hábitos alimenticios diferentes a los establecidos en los estándares de hoy, donde la obsesión por la salud, la delgadez y la cuenta de calorías hacen que en esta época la gula sea medida de otra manera. ¿Cuál de las dos puede ser más feliz? Juzguen ustedes.
De postre: Selva Nevada, deliciosos helados artesanales de frutas e ingredientes cosechados de manera sostenible respetando y valorando la diversidad natural y cultural colombiana, todo un pecado. www.selvanevada.co
MARGARITA BERNAL
Especial para EL TIEMPO
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