¡Hola !, Tu correo ha sido verficado. Ahora puedes elegir los Boletines que quieras recibir con la mejor información.

Bienvenido , has creado tu cuenta en EL TIEMPO. Conoce y personaliza tu perfil.

Hola Clementine el correo baxulaft@gmai.com no ha sido verificado. VERIFICAR CORREO

icon_alerta_verificacion

El correo electrónico de verificación se enviará a

Revisa tu bandeja de entrada y si no, en tu carpeta de correo no deseado.

SI, ENVIAR

Ya tienes una cuenta vinculada a EL TIEMPO, por favor inicia sesión con ella y no te pierdas de todos los beneficios que tenemos para tí.

Gastronomía

El 'Héroe del pan' en Estados Unidos es un colombiano

Manolo Betancur, al frente de Manolo's Latin Bakery, en Charlotte (Estados Unidos):

Manolo Betancur, al frente de Manolo's Latin Bakery, en Charlotte (Estados Unidos):

Foto:Juan Ossa

El paisa Manolo Betancur ha hecho de la panadería una forma de transformación social.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Ser un ‘héroe del pan’, para el colombiano Manolo Betancur, va más allá de amasar y hornear. Pasó por crear un concepto de panadería latina en Charlotte, Carolina del Norte (Estados Unidos), hecha por inmigrantes que emplea y cuyas vidas lo conmueven.
También tuvo que ver con idear una torta que busca convertir en insignia de la ciudad, estudiar los secretos del postre de tres leches para innovar. Y, sobre todo,  trabajar con un sentido social que lo llevó a donar tortas gigantes a una organización que les celebraba el cumpleaños a los mendigos o a entregar más de 100 frazadas en plena pandemia a los desposeídos, cuando se avecinaba una nevada inclemente.

El éxito me trajo problemas en el matrimonio y me divorcié en el 2014, otro guarapazo fuerte

Manolo’s Latin Bakery es en Charlotte un símbolo de la lucha de los inmigrantes, como lo es Manuel José Betancur Montoya, nacido en Carmen de Viboral (Antioquia), en 1976.
Antes de llegar al pan, Betancur fue oficial de la armada, todo un logro para una persona nacida en el seno de una familia que él mismo describe como de “clase media baja”. Navegó, pero también vivió lo más triste de la guerra en un batallón contraguerrilla en Ovejas (Sucre). No pudo con eso y decidió migrar a Estados Unidos.
Se fue con 900 dólares, dos pantalones y los zapatos que tenía puestos. Llegó primero a Miami, luego pasó a estudiar Lenguas Modernas, en Tennessee.
Desde su llegada a Estados Unidos fue lavaplatos, bodeguero, jardinero, asistente de cocina. En el 2005 se mudó a Charlotte, donde empezó en la panadería que después sería suya. Alternaba con labores sociales, con campesinos inmigrantes, fue voluntario como profesor de inglés. Un error de información lo tuvo a punto de la deportación. Pero su labor comunitaria hizo que el juez que iba a devolverlo en el 2007 le diera la ciudadanía estadounidense.
Ya estaba en la panadería que fundaron sus suegros. “Nos iba bien, abrimos tres sedes más –recuerda–, pero en el 2008 llegó la recesión y tuvimos que cerrarlas. Íbamos para abajo y recordé a los inmigrantes en la montaña, así que saqué las sillas del carro y metí cajas de pan y me fui, no por autopistas sino por carreteras pequeñas, a vender pan en cafeterías, restaurantes y fincas”. Fue la salvación de un negocio que hoy se distribuye en 100 puntos de venta entre Carolina del Norte y Virginia.
En el 2009, el nacimiento de su hijo mayor, Emmanuel, lo impulsó a comprarles el negocio de pan mexicano a sus suegros. “Descubrí que México es una de las grandes culturas de pan en el mundo, tienen 60 tipos de panes, que consumen todo el día, compran en cantidad, no reclaman, no piden ñapa”, dice.
La empresa volvió a crecer. “El éxito me trajo problemas en el matrimonio y me divorcié en el 2014, otro guarapazo fuerte”.
Era hora de pasar de panadería mexicana a latina. Metió panes colombianos, salvadoreños, hondureños, cubanos y más, hasta empanadas chilenas y argentinas. “Y cambié la línea de postres –dice–. Decidí reinventar el tres leches. En busca del mercado gringo, desarrollé una receta mía, me metí con la gente de producción y a ese pan húmedo le meto sabores y rellenos: tres leches de arequipe, de chocolate, de maracuyá y guayaba con queso. Fue un boom”.

De una torta envinada a una insignia de North Carolina

Colombia está presente en su trabajo de muchas maneras. A Betancur le costó años que su mamá soltara la receta de la torta envinada familiar. “Esa torta que sentimos tan colombiana tiene historia desde el Imperio romano, Julio César la comía. De ahí pasó a Inglaterra. Al continente llegó por Argentina y se expandió hasta llegar a la familia. En Carolina había insignias como Krispy Kreme o Pepsi-Cola. Y me propuse hacer algo que creciera en la panadería y fuera un símbolo”.
Carolina del Norte tiene un licor artesanal local, conocido como moonshine –porque en tiempos de la prohibición lo hacían a la luz de la luna–. Betancur decidió cambiar el vino de la receta materna por este licor y usar frutos locales. “Así, la torta envinada se convirtió hace tres años en la torta moonshine de Carolina”. Admite que no vende a montones porque es cara: pesa dos libras y vale 100 dólares.
(Le puede interesar: El feo a la FAO / El Condimentario).

El valor de una torta de cumpleaños

Betancur fue creando una filosofía: “Mi negocio no gira alrededor del dinero, el dinero es una herramienta de trabajo. Gira alrededor del cambio social, por eso me volví un luchador de los derechos de los inmigrantes”.

Sobrevivir a Trump fue difícil, pero siguió la pandemia

Hace 8 años supo de Raise You Up, la organización que les celebraba los cumpleaños a los mendigos. “Les pregunté dónde compraban las tortas. Dijeron que no compraban. ‘¿Un cumpleaños sin torta? Yo se las regalo’, dije. Al venir por ellas, creían que serían pequeñas, pero les entregué una charola para 100, de casi 200 dólares”.
Tiempo después, en un momento difícil de la empresa, alcanzó a pensar en suspender esta donación. “Pero se me acercó una señora y me dijo: ‘Usted ayer salvó una vida”. Un día atrás, le contó, el cumpleañero había llorado al confesar que nunca le celebraban nada, sacó una pistola que puso al lado de la torta y dijo que por eso había pensado en suicidarse ese día. “Al oírlo –relata Manolo– dije: ‘Ni pensar en quitarla’. Llevamos ocho años repartiéndolas”.

El reconocimiento como 'Héroe del pan'

Betancur no invierte en publicidad en medios grandes. Prefiere darle dinero a una iglesia, una fundación o una familia necesitada. “Sobrevivir a Trump fue difícil, pero siguió la pandemia. Nos cancelaron tortas de celebración, cocinábamos para escuelas y las cerraron. Pero empezaron a pedirnos en línea. Y nosotros, a trabajar con iglesias. Hicimos un contrato con el chef José Andrés y llegamos a cocinar mil comidas diarias. Empecé el Cake Project, que ningún niño en pandemia se quedara sin torta de cumpleaños, repartimos 5.000”.
Esa labor, más la de las mantas térmicas que gestionó mientras superaba su propio contagio de covid, llevó a que lo eligieran como el gran ganador de los premios World Bread Hero USA 2021, es el ‘Héroe del pan’.
“Estamos en un país de 400 millones de habitantes –dice–. Hay miles de panaderías, grandes, bonitas, gringas, alemanas, francesas, y nosotros, vendiendo pan de queso, empanadas y bollitos, somos una panadería de esquina en comparación. Pero nos eligió una organización internacional, en consenso con la organización de panaderos de Estados Unidos, por nuestro compromiso. La panadería es símbolo de esperanza para la comunidad inmigrante”.
Liliana Martínez Polo
Redacción de Cultura
LILIANA MARTÍNEZ POLO
icono el tiempo

DESCARGA LA APP EL TIEMPO

Personaliza, descubre e informate.

Nuestro mundo

COlombiaInternacional
BOGOTÁMedellínCALIBARRANQUILLAMÁS CIUDADES
LATINOAMÉRICAVENEZUELAEEUU Y CANADÁEUROPAÁFRICAMEDIO ORIENTEASIAOTRAS REGIONES
horóscopo

Horóscopo

Encuentra acá todos los signos del zodiaco. Tenemos para ti consejos de amor, finanzas y muchas cosas más.

Crucigrama

Crucigrama

Pon a prueba tus conocimientos con el crucigrama de EL TIEMPO