10 años de los ‘loquitos’ que le cambiaron la cara al vino chileno

10 años de los ‘loquitos’ que le cambiaron la cara al vino chileno

Varios miembros del Movi estuvieron en Bogotá haciendo una MoviNight para mostrar sus vinos.

Movi

El Movimiento de Viñateros Independientes de Chile (Movi).

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

Por: Víctor Manuel Vargas Silva
23 de noviembre 2019 , 10:40 p.m.

El Movimiento de Viñateros Independientes de Chile, más conocido como el Movi, está cumpliendo 10 años de existencia. No parece gran cosa, y menos en el mundo del vino, donde 10 años no es, literalmente, nada. Pero el mérito de esta agrupación de pequeños productores, o como a ellos les gusta definirse, ‘productores de vinos a escala humana’, es enorme. Hay un antes y un después en el mundo del vino chileno gracias a ellos, y no es exagerado decir que en su corta pero muy interesante historia han ayudado a cambiar la imagen del vino chileno a nivel internacional de una forma realmente importante.

“La idea surgió a partir de la frustración de darnos cuenta que en Chile ser un pequeño productor era mucho más difícil que en otras partes del planeta vitivinícola. Chile tiene de lejos el tamaño de bodega promedio más grande del mundo y tanto la cultura como la industria del vino giraban en torno a eso, no había espacio para los pequeños. Hicimos un par de llamadas y juntamos a doce productores que estaban más o menos en la misma situación y ahí empezó todo”, cuenta Sven Bruchfeld, enólogo y dueño de la viña Polkura, y uno de los socios fundadores de Movi.

“Fue una noche de invierno –recuerda Bruchfeld–, llovía, nos juntamos en un restaurante de Santiago, corrieron muchos litros de vino y todo fluyó extraordinariamente bien, tanto, que al final ya teníamos hasta el nombre del grupo e iniciamos de inmediato los trámites para registrarlo”.

Así nació Movi y rápidamente empezó a llamar la atención. Hasta ese momento, y salvo muy contadas excepciones, Chile era conocido básicamente por ser un productor de vinos ‘BBB’: buenos, bonitos y, sobre todo, baratos. Vinos ‘commodity’, que brillaban más por su relación precio-calidad que por ser vinos singulares, interesantes o de alto nivel. Por eso, cuando surge el Movi es como si apareciera un oasis en medio de un desierto donde todo era muy plano, muy parejo, muy parecido. Y pasó lo que tenía que pasar: los grandes críticos de vinos se interesaron en este otro Chile y empezaron a escribir sobre esta nueva movida. Una historia por demás apasionante: de rescate de cepas olvidadas, de mezclas para nada convencionales, de terruños singulares, de viñedos centenarios, de estilos enológicos nuevos y no pocas veces osados, en fin, toda una revolución para lo que hasta ese momento se creía que era el vino chileno.

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Pero eso trajo problemas. Pilar Miranda, de Garage Wine Co., otra de las 34 viñas que hoy integran el Movi, cuenta: “Quebramos muchos conductos regulares, teníamos contacto directo con la prensa internacional, con los críticos, que siempre había sido una cosa muy canalizada. Y eso, por fuera de los conductos regulares, del ‘statu quo’ establecido, causó resquemor”. Comenzaron a llamarlos irresponsables, loquitos, anarquistas y hasta talibanes, porque para no pocos sectores de la gran industria del vino chileno estaban “confundiendo” al consumidor con propuestas no sostenibles a gran escala y, por tanto, jugando con una identidad exportadora que había costado mucho trabajo construir.

Afortunadamente, el tiempo decantó las cosas, y hoy todos ven a Movi como lo que es: algo que suma, no que resta, “un aporte a la riqueza y diversidad de la viticultura chilena que hizo mucho más atractiva la imagen de Chile a nivel internacional”, resume Miranda.

El Movi es un aporte a la riqueza y diversidad de la viticultura chilena que hizo mucho más atractiva la imagen de Chile a nivel internacional

Importantes aportes

En apenas 10 años, Movi ha hecho importantes aportes: el primero y más relevante es que refrescó e hizo mucho más sexy la imagen del vino chileno a nivel externo; segundo, abrió un camino para los productores pequeños animando a muchos a lanzar proyectos interesantes. En palabras de Bruchfeld: “Hace 10 años yo podía decir que había probado prácticamente todos los vinos de Chile, y hoy eso es prácticamente imposible, por la gran cantidad de proyectos nuevos que han surgido. Hoy es imposible seguir el ritmo de este torrente y yo creo que eso es maravilloso para Chile”.

Jean-Charles Villard, de Villard Wines, añade un tercer aporte: “La gran industria del vino chileno abrió los ojos y empezaron a crear sus propios proyectos de escala pequeña, de vinos singulares, de gran personalidad y alta calidad, como es el proyecto Tara, de Ventisquero, o Terroir Hunter, de Undurraga. Y esos proyectos de las grandes viñas ayudan mucho a la difusión de la diversidad y riqueza que hay en el mapa vitivinícola chileno”.

Y un cuarto aporte ha sido, innegablemente, que Movi le ha ayudado a Chile a sacudirse un poco de la etiqueta de vinos ‘BBB’ y acercarse a conceptos más atractivos –y rentables– como singularidad, diversidad y calidad. Un anhelo en el que pequeños y grandes productores confluyen sin discusión alguna.

¿El secreto de su éxito? El trabajo asociativo, entender que juntos son muchos, y separados no son nada. Y una doctrina fundamental: “Nos aseguramos de que el proyecto y la persona que entre al grupo tenga claro que viene a aportar más que a sacar”, dice Bruchfeld. La cuestión clave, añade Miranda, “no es qué me puede aportar el Movi a mí, sino qué le puedo aportar yo al Movi”. “Por eso –continúa Bruchfeld–, en la MoviNight de Bogotá, ninguno de los que vinimos estaba promoviendo sus propios vinos, sino presentando y explicando los vinos de los 34 miembros como si fueran los propios. Así trabajamos y creo que esta ha sido la fórmula del éxito”.

¿Retos para el futuro? Muchos. Pero el principal está claro: “Todavía Movi, y la gente que hace vinos tipo Movi somos muy de nicho, de prensa especializada, de conocedores. No somos muy conocidos por el gran público, y aquí tenemos un gran trabajo por hacer”, dice Alvin Miranda, enólogo y propietario de BoWines. A lo que Pilar Miranda añade: “Es un trabajo de largo plazo no solo para Movi, sino para toda la industria. Será un trabajo duro cambiar la percepción que muchos consumidores a nivel mundial tienen del vino chileno, pero creemos que hay calidad y producto con qué salir adelante en esto”.

–¿Qué les gustaría estar festejando para los 20 años de Movi?

“Un Movi Wine Bar en Santiago y que Movi La Tienda (venta por internet) se expandiera a otros países”, dice Villard con entusiasmo. “Que Movi haya ayudado a potenciar y fortalecer la cultura y las estructuras del vino en Chile”, opina Alvin Miranda. “Consolidarnos a nivel nacional e internacional como un aporte a la idea de Chile como sinónimo de vino de calidad”, dice Pilar Miranda. “Que Chile entre a las grandes ligas del vino a nivel mundial, a la élite”, remata Bruchfeld. Ganas y buenos vinos es lo que sobra en este gran grupo de viñateros.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de la Edición Domingo de EL TIEMPO

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