Mi Viejo se mudó con sus anécdotas de la vida nacional a La Macarena

Mi Viejo se mudó con sus anécdotas de la vida nacional a La Macarena

Después de 21 años en el sitio que lo vio nacer, este restaurante comienza una nueva etapa

Restaurante Mi Viejo

La nueva barra del restaurante Mi Viejo, en La Macarena.

Foto:

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

Por: LILIANA MARTÍNEZ POLO
23 de diciembre 2019 , 10:09 a.m.

Antes de abrir Mi Viejo, el restaurante de parrilla argentina que se identificaba con un esbozo de la imagen de Gardel, en La Candelaria, el argentino Carlos Gutiérrez importaba alfajores. Y había tenido tiempo para sorprenderse de la idea que el público colombiano tenía de las carnes en los años 90.

Al llegar a Bogotá, le dijeron que la mejor carne la vendían en Chía. Hasta allá se fue y encontró las famas de bandera roja en la puerta y el tronco y el hacha a la vista. “Se creía que la mejor carne era la del animal sacrificado –dice–. Pero es al revés”.

Así, decidió traer carne argentina. Y la necesidad de un sitio donde mostrarla, para presentar las ventajas de la carne madurada y los puntos de cocción, lo llevó a abrir Mi Viejo en 1998.

Gutiérrez dice haber visto la transformación de la cultura gastronómica bogotana. Fueron 21 años en La Candelaria (aunque tuvo otras sucursales ya cerradas, una en el Park Way y otra en el norte). Acaba de mudarse a La Macarena con todos sus recuerdos, incluidas fotografías de personalidades de la vida nacional, artículos de prensa y una significativa bandera tricolor. Porque Mi Viejo tiene la connotación de historia y un significado para el público que lo asocia con el poder.

Esa última relación no estaba en sus cálculos cuando abrió a mitad de camino entre la Casa de Moneda y la plaza de Bolívar. Pero le quedaban tan cerca el Congreso, el Palacio de Justicia, la Alcaldía, los ministerios y el Banco de la República que se convirtió en el punto de reunión de los poderosos.

Gutiérrez habla primero de la evolución del comensal bogotano: “Al comienzo –relata– hacíamos un plato del día que incluía una copa de vino. Nadie aceptaba la copa de vino. Preferían jugo o cerveza. Hoy preguntan: ‘¿Qué malbec tenés?’. Y preguntan por los términos de la carne. Al comienzo solo la pedían bien asada. Hasta que le dije a Jimmy (Ochoa) –uno de sus empleados, que lleva en el lugar ‘toda la vida’–: ‘En esta parrilla solo se asa hasta tres cuartos’ ”.

Ahora hay quien pide carne en término azul, “de esa en la que tenés que calentar más el plato que la carne”.

La mudanza
Restaurante Mi Viejo

Carlos Gutiérrez, al frente del restaurante Mi Viejo, una parrilla argentina que fundó en 1998, en La Candelaria.

Foto:

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

“Dejamos La Candelaria porque la obra del Teatro Colón afectó mucho –dice Gutiérrez–. Así que vimos este espacio en La Macarena, que antes era de dos locales, y lo remodelamos. Le damos un revolcón a Mi Viejo, tenemos parrilla ampliada y una barra más grande, para que quienes vienen solos disfruten estar allí. Y tenemos la ventaja de que podemos abrir de noche. En el otro lado no funcionaba porque a cierta hora por esa cuadra no transitaba la gente”.

Pero la carne de Mi Viejo y sus sabores clásicos de parrilla argentina, con cuatro acompañamientos básicos (ensalada, papa frita, puré o papa chips), siguen dando la pelea casi intactos.

De vez en cuando meten algún plato, dice el fundador, pero su parrilla, sin mucho adorno, sigue atrayendo al público. “Al comienzo yo era el parrillero, después formé a un chico al lado mío y comencé a separarme de la parrilla”. Tal como los meseros que lo acompañan, su parrillero, Fernando Gil, lleva 20 años en Mi Viejo.

“Si abrís el menú, verás muchos platos. Lo que ocurre es que tenemos bife de chorizo y medio bife de chorizo, punta de anca y media punta, lomo y medio lomo. Y los tenemos nacional y argentino”, aclara.

También recuerda la idea muy colombiana de que en materia de carne argentina había que pedir churrasco. “No es un corte, es un genérico –explica–; para nosotros, un trozo de carne a la parrilla es un churrasco. Tenemos otros nombres: llamamos bife de chorizo a lo que en Colombia es una chata. Se llama así, porque si ves la posta de chata, le verás un gordo por encima y cuando lo pones en la parrilla, se contrae y le da una forma curva, de chorizo. Hay una parte de la chata que llamamos bife angosto. Y hay un gordo por dentro que es como un ojito, por eso: ojo de bife”. 

Restaurante Mi Viejo

El tratamiento de las carnes, sin adornos, pero con buen sabor, es una de las fortalezas del restaurante Mi Viejo.

Foto:

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

Escenario del poder

La bandera de Colombia es el símbolo de lo que ha sido la relación de Mi Viejo y el poder. La historia data del 2001. El presidente Andrés Pastrana era asiduo a Mi Viejo. Gutiérrez se había admirado de su amabilidad. En una de las charlas de Pastrana en el lugar con Camilo Gómez, el argentino se metió y le dijo: “¿Sabe qué, presidente?, quiero tener una bandera de Colombia, una que me diga algo, porque para tener cualquiera bajo unas calles y la compro”.

Fue Gómez quien respondió: “Se la tengo”. Días después llegó la bandera en una moto de la Presidencia. “Es esta, desgarrada pero tiene un cuento: fue la última bandera de Colombia que ondeó en el batallón Cazadores cuando comenzaron las conversaciones de paz de Pastrana”.

En una hipérbole, dice Gutiérrez, que podría contar 50 millones de anécdotas como esa. “Un día le dije a Juan Fernando Velasco, el congresista del Cauca: ‘No entiendo algo: soy extranjero, tengo mi cédula de extranjería, un restaurante, doy trabajo, pago impuestos y a la hora de votar no existo’. Al tiempo volvió y me dijo que estaba trabajando en eso. Más tarde llegó con la ley que les da a los extranjeros con más de cinco años de residencia el derecho al voto, hasta alcalde”.

Aquí sabíamos primero cuándo iban a cambiar a los ministros, sabíamos quién iba a ser el procurador y el contralor, pero no lo podíamos decir. Lo que pasa es que aquí se escucha, pero no se repite.


Una copia enmarcada de dicha ley, con dedicatoria y todo, cuelga de las paredes del nuevo Mi Viejo. Dice Gutiérrez que el “plan Muisca de la Dian se cocinó allí” y el comunicado del Gobierno cuando tuvo que darle al país la noticia de la muerte de Consuelo Araújo Noguera, ‘la Cacica’, se redactó en sus mesas.

Empleados suyos, incondicionales desde el comienzo, confirman los hechos: “En estos 21 años han pasado tantas cosas –dice Éver Mejía, un vallenato que hace parte de la familia que es Mi Viejo–. Aquí sabíamos primero cuándo iban a cambiar a los ministros, sabíamos quién iba a ser el procurador y el contralor, pero no lo podíamos decir. Lo que pasa es que aquí se escucha, pero no se repite”.

“¿Qué habría pasado –bromea el argentino– si hubiéramos puesto micrófonos?”.

Dónde y cuándo

Calle 26C n.°4-42.
Abierto en el 2019 (excepto el 25 de diciembre) hasta el 30 de diciembre.
El 24 de diciembre atiende hasta las 5 p. m.
Del 7 de enero en adelante, atenderá en el horario habitual de de 12 m. a 10 p. m.

Liliana Martínez Polo
Redacción de Cultura
lilang@eltiempo.com

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.