Una revolución blanca se cocina en el corazón del vino tinto español

Una revolución blanca se cocina en el corazón del vino tinto español

Rioja no suele brillar por sus vinos blancos, pero eso está cambiando. Entrevista con Gonzalo Antón.

Gonzalo Antón

Gonzalo Antón, cabeza del grupo español Artevino.

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Grupo Artevino

Por: Víctor Manuel Vargas Silva
29 de junio 2019 , 11:55 p.m.

Hace tres años y medio, más exactamente en diciembre del 2015, se produjo una auténtica fiebre global por probar un vino de Ribera del Duero hecho con un 90 por ciento de tempranillo, un 10 por ciento de cabernet sauvignon y 12 meses en barricas de roble francés de segundo y tercer uso. Su nombre: Pruno. ¿La razón? Robert Parker lo designó en aquel entonces como el mejor vino relación calidad-precio del mundo. Lo bonito: la gente que lo hace no se volvió loca y lo sigue vendiendo al mismo precio de aquel entonces: 11 euros la botella (en España).

Gonzalo Antón es la cabeza del grupo que dio vida a Pruno, Artevino, en unos terrenos que antes eran de la mítica Vega Sicilia. Hace poco estuvo en Colombia promocionando sus vinos, entre ellos un rosado de garnachas viejas muy seco y seductor que viene etiquetado con el nombre de Izadi Larrosa, una bodega de Rioja que no necesita presentación.

EL TIEMPO conversó con Lalo Antón (como se lo conoce en España) sobre la ‘prunomanía’, sus nuevos proyectos y la gran revolución de vinos blancos que se está cocinando en Rioja, hasta ahora la gran patria chica de los tintos españoles, pero que ahora sueña con ser la Borgoña de España, es decir, ser tan famosa por sus tintos como por sus blancos.

¿Ya pasó la ‘prunomanía’?

Sigue muy viva. Como hemos hecho el esfuerzo de no subir el precio y de mantener la calidad, sigue estando de moda, especialmente entre la gente joven de España.

¿Y cómo sobreviven a esto, la demanda debe ser brutal?

Pruno nació porque nos enamoramos de una finca al lado de Vega Sicilia, en la famosa milla de oro de Ribera del Duero, que se llama Villacreces. Hicimos una inversión brutal, y la verdad es que perdimos mucho dinero desde el año 2003, cuando la adquirimos. Pero mantuvimos el modelo de negocio que creíamos que podía funcionar: un buen vino a un precio razonable. Hasta que funcionó. Cuando salió la noticia de la elección del vino por parte de Robert Parker se vendió toda la producción en 24 horas. Y ahí nació un gran cruce de caminos para nosotros: aumento de producción o aumento de precios. Pero decidimos mantenernos fieles a nuestra filosofía de una buena relación calidad-precio. Y lo que hicimos fue adquirir otras 90 hectáreas de Vega Sicilia, con el mismo tipo de suelo, trabajado todo en cultivo orgánico, para ampliar el modelo original de Pruno. Es así como estamos sobreviviendo a la ‘prunomanía’.

Esta filosofía de precios no es usual en el mundo del vino. ¿Cuál es su discurso en esto?

Es parte de nuestra forma de ser y nos sentimos cómodos trabajando así. Y la gente ya nos conoce por eso. Es nuestro camino y nuestro sello de identidad.

¿Cuál es el vino más transgresor que hace Artevino hoy?

El rosado de Izadi Larrosa fue muy transgresor hace unos cinco años: usar garnachas viejas para hacer un rosado pálido y seco, sin azúcar residual y con muy buena acidez, fue sin duda algo pionero. Igual que Pruno, fue arriesgado y transgresor, y por eso triunfó. Nuestro nuevo gran reto es desarrollar las variedades blancas en Rioja, estamos trabajando fuerte en ello y creemos que eso va a ser algo realmente transgresor. Vamos tras una nueva frontera para los blancos de Rioja y estoy convencido de que esos vinos van a dar un gran golpe en la mesa.

¿Y con qué variedades se está cocinando esta revolución blanca en Rioja?

Viura y malvasía es lo clásico, pero también hay tempranillo blanco, garnacha blanca, maturana blanca y turruntés, que no es el argentino, y las variedades foráneas autorizadas por el Consejo Regulador: sauvignon blanc, chardonnay y verdejo. Así como Borgoña (Francia) hace blancos y tintos de gran calidad, Rioja quiere empezar a apostar también por los blancos, pues los tintos ya los tiene. Y hay que recordar que en el pasado Rioja fue más de blancos que de tintos.

¿Esos blancos de Rioja en los cuales están trabajando van a ser como los blancos del pasado, es decir, con un paso importante por barrica?

Los visualizo con poca barrica. La barricas se han usado siempre en Rioja porque la variedad mayoritaria, que es la viura, tiene carencias importantes en el plano aromático, pero buena acidez, lo cual hace que aguanten bien el paso del tiempo y la barrica misma, y desarrollen unos cuerpos interesantes. Pero ahora que empezamos a poner sobre la mesa variedades como la garnacha blanca, la maturana blanca o el tempranillo blanco ya no hace tanta falta esa herramienta de la madera: van a ser vinos más frutales y seguramente criados sobre lías. Estoy convencido de que la madera no jugará un papel determinante en esta nueva etapa de blancos en Rioja.

¿Qué están preparando exactamente?

Ya tenemos una garnacha blanca con Izadi Larrosa. La llevamos a la más reciente Prowein (Alemania) y causó gran impresión. Pero vienen más cosas. Primero vamos a sacar una línea de distintas garnachas blancas con Larrosa. Después tenemos una mezcla con seis variedades blancas, de las cuales una parte está fermentada en huevos de cemento y otras las tenemos en tinajas de madera, una sumatoria de factores que le van a dar a ese vino una complejidad brutal. Y luego está Chocolate, porque el chocolate también puede ser blanco: un vino limitado, que viene de una de las parcelas de blancos más emblemática que tenemos, y que es una mezcla de distintas variedades, de distintos procesos y de distintas cosechas. Vamos a recuperar una categoría que está un poco olvidada y denostada en Rioja y que se llama CVC, ‘coupage’ de varias cosechas, lo cual nos va a permitir un juego muy interesante.

Así como Borgoña (Francia) hace blancos y tintos de gran calidad, Rioja quiere empezar a apostar también por los blancos, pues los tintos ya los tiene

España ha sido tradicionalmente de tintos, ¿qué explica esta súbita pasión por los blancos?

Así es. De hecho, el 75 % de lo que se consumía en España eran vinos tintos. Pero la tendencia a nivel mundial es clara: hoy el 55 % de lo que se consume son vinos blancos. Y en España también están cambiando los hábitos de consumo, en parte por los tipos de comida, que ya no son tan pesadas, y también influye el cambio climático, lo cual ha producido una suerte de resurrección de un montón de variedades que estaban medio olvidadas. El albariño de Galicia es solo uno de los muchos ejemplos. El blanco está subiendo y en Rioja va a haber una revolución de vinos blancos enorme, con variedades autóctonas que se han recuperado; porque si bien Rioja sigue reinando, tiene que reaccionar rápido, porque esta fiebre por los blancos ya le está quitando cuota de mercado.

¿Esta revolución de los blancos tiene algo que ver con la gente joven, que busca vinos más livianos, más acordes con su día a día?

Si, en parte importante. La gente joven busca vinos menos complejos y más livianos, sobre todo cuando están entrando al mundo del vino, lo cual es de agradecer. Y me gusta ver cómo la gente joven está consumiendo vino aquí en Colombia, me gusta que no tengan ningún miedo en tener que saber de vinos para disfrutar del vino. Porque esto en España, en un momento dado, le hizo mucho daño al mundo del vino: nos volvimos demasiado técnicos, hablamos un idioma que nos distanció del consumidor y tuvimos una generación perdida, porque la batalla nos la ganó la cerveza. Pero ahora estamos en una nueva estrategia para acercarnos más a los jóvenes

¿Y cuáles son los pilares de esa nueva estrategia para acercarse a los jóvenes?

Hay varios. Uno de ellos es crear experiencias alrededor del vino. Con cosas más simples y cotidianas para la gente. Aquí en Bogotá, por ejemplo, montamos algo en torno a las flores, porque los dos vinos que ofrecíamos en esa cata tenían notas florales muy evidentes y eso le ayuda a la gente identificar no sólo aromas, sino lo cercano que es el vino a su realidad cotidiana. Y también hemos hecho cosas parecidas con gastronomía. Es como cuando vas a comprar un automóvil: no vas preguntando cuantos caballos de fuerza tiene o detalles técnicos para especialistas, vas buscando profundizar en esa empatía inicial que te hizo fijarte en ese automóvil. Así que ya no vamos hablar más datos técnicos, vamos a concentrarnos más en las experiencias. Ya después, si este el mundo del vino te pica, irás hilando más fino y profundizando cada vez más. Pero ese primer contacto hay que ponerlo fácil, divertido y convivial, como es el vino.

La tendencia a nivel mundial es clara: hoy el 55 % lo que se consume son vinos blancos. Y en España también están cambiando los hábitos de consumo

‘Lo que pasa hoy en materia de impuestos al vino en Colombia es un grave error’

“Gravar como se está gravando al vino en Colombia es algo que yo no he visto en ningún otro país del mundo. No puede ser que se pague más en impuestos que el propio costo del vino. Desde fuera, y con todo respeto, creo que es un grave error. Primero, porque Colombia está viviendo un momento de apertura muy importante, donde la oferta gastronómica -por cierto muy buena- juega un papel fundamental para quienes los visitan. Pero esa oferta queda coja sin una buena propuesta de vinos que la acompañe. Gastronomía y vino son un matrimonio natural e indisoluble, y tratar de romper ese matrimonio vía impuestos no tiene sentido. Y segundo, considero que también es un error es pensar que el vino es algo elitista. No lo es, nunca lo ha sido. El vino es cultura, nos habla de historia, climas, geografías, tradiciones… y enriquece nuestras vidas”.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de Domingo
En Twitter: @vicvar2

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