La mesa ibérica de Gastrobar Vitapas

La mesa ibérica de Gastrobar Vitapas

La tradición española en tapas, paellas y una selección de vinos es la propuesta del lugar.

Gastrobar Vitapas

Gastrobar Vitapas tiene como protagonista en su carta de fuertes diferentes versiones de paella española. 

Foto:

Héctor Fabio Zamora. EL TIEMPO

Por: Cultura
06 de febrero 2020 , 04:59 p.m.

Hubo un restaurante de tradición española en Bogotá llamado Las Cuatro Estaciones, alcanzó a tener varios puntos y por años fue sinónimo de paella. En él siempre estuvo Herminio Giménez, más anfitrión que chef, pero siempre pendiente de que la carta de sus restaurantes –que han sido varios– reflejara la cocina de la tierra que dejó en el 78 para mudarse a Colombia.

Ahora que Las Cuatro Estaciones es una etapa superada, y después de un par de años de receso –viaje a España de por medio–, Giménez volvió para abrir Gastrobar Vitapas, justo al lado del consulado español, en la zona de la 93, en Bogotá.

Gastrobar porque así se les llama a los restaurantes pequeños, de buena comida y cava en general. “En algún momento había pensado en retirarme –dice Giménez–, pero de pronto dije: ‘Voy a montar un lugar que no sea enorme, porque es difícil de manejar’, así que pensé en esos sitios y un equipo pequeño, de 9 personas”.

En Gastrobar Vitapas caben unas 44 personas. Su nombre también hace referencia a los pilares de la carta: es Vitapas porque su oferta se centra en vinos, tapas y paella (aunque tiene un menú de entradas, platos fuertes y postres).

Su carta de tapas contempla preparaciones que van desde los 26.000 pesos en adelante. Desde calamares a la romana hasta el jamón de bellota Joselito, de 98.000 pesos (80 gramos). Hay huevos estrellados con txistorra, mejillones en escabeche, pulpo a la gallega y un plato de “entremeses Vitapas” que reúne varios: la tortilla, el queso manchego, el chorizo dulce, el chorizo frito picante y el lomo embuchado, por 48.000 pesos.

El otro menú tiene las paellas, fideuás y arroz caldoso, entre otros platos fuertes y postres.

Giménez no cree en las fusiones. Así que todo el menú transmite la idea de clásicos españoles sin arandelas ni espumas, y en eso evoca sus propuestas anteriores. Pero el anfitrión de Gastrobar Vitapas resalta que la diferencia la marcan elaboraciones como su burrata con peras caramelizadas y frutos secos, o la misma forma de servir la paella. 

Antes solía servirla en una sartén más pequeña y abultada de arroz, ahora se ajusta más a la presentación española, una superficie más amplia apenas cubierta de una capita de arroz, que se pega más a la olla y tiene más crocancia, con los demás ingredientes que la acompañan según sea vegetariana, de mar, de carnes o mixta, entre otras.

Ofrece además arroz caldoso, estofado marinero y canelones a la catalana, que –aunque italianos– son plato obligado en la fiesta de San Esteban en Cataluña. También estrenó su versión del codillo de cerdo y, en los postres, unas fresas a la pimienta rosa, inspiradas en el crêpe suzette francés. 

Una vida en restaurantes
Gastrobar Vitapas

Herminio Giménez, fundador de Gastrobar Vitapas.

Foto:

Héctor Fabio Zamora. EL TIEMPO

Herminio Giménez llegó al país en 1978. Primero se radicó en Medellín. A los 28 años, era comerciante y su especialidad eran los perfumes. Pero una vez en Colombia, la vida lo llevó a abrir restaurantes.

Son muchas las anécdotas que cuenta sobre esa época. Por ejemplo, que su primer restaurante se llamó inicialmente Cerebro 1, evocando una discoteca de moda en esa época en Madrid. Y eran más las burlas que los comensales.

Entendió que el nombre no ayudaba y lo rebautizó como El Catalán. Solo entonces empezó a llegar clientela.

Giménez se precia de haber sido de los primeros en poner una botella de vino en las mesas, en una época en la que pocos consumían o profundizaban en esta bebida. En Medellín llegó a abrir dos sitios más: La Barra del Catalán y el primero de los que llevaron el nombre de Las Cuatro Estaciones.

Ya en los 90 se mudó a Bogotá, trajo la oferta de este último y fue creciendo.
Ahora, con Gastrobar Vitapas, Giménez no busca reinventar nada. “La comida ya toda está inventada”, dice. Pero sí quiere compartir con los clientes su gusto por la comida y, sobre todo, por los vinos, los que selecciona con el cuidado de quien siente verdadero amor por disfrutar de esta bebida, sin pasarse de tragos.

REDACCIÓN DE CULTURA@CulturaET

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