‘El vino es una bebida mágica, saludable y une a las personas’

‘El vino es una bebida mágica, saludable y une a las personas’

Charla con José Moro, uno los viñateros más emblemáticos de Ribera del Duero.

José Moro

El productor y su hermano Javier, en uno de sus viñedos de la variedad Tinto Fino, con la que hacen sus vinos.

Foto:

Cortesia Bodega Emilio Moro

Por: Víctor Manuel Vargas Silva
14 de marzo 2020 , 09:45 p.m.

Tercera generación de una familia de viñateros, uno de los más reconocidos productores de Ribera del Duero y, sobre todo, un gran enamorado del vino. Así es José Moro, el hombre que lleva hoy las riendas de Emilio Moro, una bodega española que en 1989 comenzó a embotellar vinos con su propia marca, hoy los exporta a 70 países y a mediados del año pasado hizo su relanzamiento oficial en Colombia, de la mano de Dislicores.

José Moro es un hombre inquieto, apasionado con lo que hace. De hecho, en el 2019 se convirtió en el primer productor de vinos en entrar en la lista de los 100 empresarios líderes en innovación de 'Forbes' España, por un proyecto de alta tecnología que le permite controlar sus viñedos y bodegas en tiempo real, gracias a sensores conectados a internet satelital, para aplicar soluciones inmediatas en pro de la sostenibilidad y la calidad. Y no contento con eso, también lleva agua potable a escuelas y poblados humildes de varios de los países a los que exporta, Colombia entre ellos. EL TIEMPO conversó con él durante una reciente visita que hizo a Cartagena.

Hace poco lanzó un libro en el que cuenta la historia de su familia y de su bodega. ¿Qué quiere transmitir con la frase que usó en el título: ‘Si lo sabes escuchar, el vino te habla’? 

Es una frase de mi padre. Y creo que a los vinos hay que escucharlos, oír lo que tienen para contarnos, que es mucho. También es una actitud ante la vida. El vino es el mejor catalizador de relaciones humanas, y sin importar el momento de tu vida que estés viviendo, el vino siempre te va a acompañar, y de forma positiva.

¿Qué le aburre en un vino?

Nada. Primero porque para mí hay vinos buenos y muy buenos; y segundo, porque para mí el vino es una bebida mágica, saludable, cultural, una bebida que une. El vino más humilde en el momento preciso nos puede dar enorme felicidad.

¿Y qué le causa extrema emoción en un vino?

Que tenga alma. Y un vino con alma es aquel que expresa de dónde viene, su tipo de suelo, su clima, su geografía, su gente… Un vino que muestra su carácter.

¿Sigue Ribera un poco anclada en esos vinos robustos y corpulentos, de mucha fruta madura, que la hicieron famosa, pero que hoy están un poco pasados de moda?

No veo las cosas así. Hay que ver los vinos que hacía yo con mi padre hace años, esos vinos sí que eran robustos, había que coger tenedor y cuchillo para cortarlos… Pero en estos 35 años el vino ha evolucionado mucho. La innovación, las nuevas tecnologías, el mayor conocimiento del ‘terroir’ y de absolutamente todo, más una lectura atenta al gusto del consumidor, hacen que esos vinos robustos y rústicos de antaño se hayan convertido hoy en sutiles, en elegantes y complejos. Pero además, en unos vinos que evolucionan en botella de forma espectacular y mostrando esa típica mineralidad, la auténtica alma de Ribera del Duero.

¿Ve bien a la ‘marca’ Ribera del Duero en estos momentos?

Ribera del Duero, afortunadamente, siempre ha tenido una aureola de calidad, se han hecho cosas importantes y se siguen haciendo cosas importantes. Y si miramos el precio de la uva o las cifras de exportación, podemos afirmar que es una zona que sigue en alza. Tal vez tengamos que mejorar un poco nuestra comunicación, para dar a conocer mejor la gran zona que tenemos. Pero desde mi percepción, lo importante es que tenemos vinos de cada vez más calidad.

¿Qué otra región de España lo seduce?

El Bierzo. Esos blancos me han enamorado. Yo no era un gran bebedor de blancos hace ocho o diez años. El albariño o el verdejo no me seducían, pero conocí algún godello y me enamoré de la variedad, porque tienen lo que para mí son las dos principales características que debe tener un vino blanco: frescura y untuosidad (esto último gracias a crianzas sobre lías). Y las posibilidades de juego en el Bierzo son enormes: distintos suelos, altitudes, orientaciones, y con distintas mineralidades... Por eso nos hemos instalado allí y ya producimos dos vinos: La Revelía y El Zarzal. El Bierzo es una zona que está llamada a triunfar.

Ribera del Duero, afortunadamente, siempre ha tenido una aureola de calidad, se han hecho cosas importantes y se siguen haciendo cosas importantes

¿Se le pasa por la cabeza producir en otro lado?

No sé si me va a ocurrir eso, pero de momento mi pasión, mi entrega y mi entusiasmo están en el Bierzo.

¿Comparte la idea de que se está viviendo una revolución de blancos en España?

Sin duda. Nunca los blancos españoles han tenido el prestigio de los tintos. Creo que en este terreno los franceses y los italianos, que son nuestros grandes competidores, nos han sacado muchos kilómetros de ventaja. Borgoña, por ejemplo, tiene unos vinos blancos que te hacen hablar con Dios, literalmente. Y en España, hasta ahora, las variedades que podrían dar algo similar estaban olvidadas en zonas muy pequeñitas. Pero ahora comienzan a florecer y puede pasar algo muy interesante, sin duda. Los blancos de toda esa zona de Valdeorras y de la Ribera Sacra van a ser de más en más vinos impresionantes, y cada vez más demandados.

¿Si tuviera que hacer una invitación a probar sus vinos, en qué enfatizaría, cuál sería la promesa para ese enófilo que se lance a descorchar una de sus botellas?

Emilio Moro son vinos con alma, vinos de viñedos con raíces muy profundas, que sacan el auténtico ser del terruño, son vinos con un proceso muy cuidado, que les llena de matices y elegancia. Es un vino que no te hace quedar indiferente. Un vino que entra con mucha armonía y con mucho respeto en tu boca, y que es amable, aunque siempre está reivindicando sus taninos, su potencia y su estructura, porque es un vino que no quiere pasar desapercibido, que no quiere ser uno más, que quiere quedarse en tu memoria, que quiere agradar. Eso es un Emilio Moro. Solo dos cosas: una buena copa y siempre a temperatura, que para mí son 14 grados.

¿Qué opina de que el vino sea hoy tan absurdamente caro en Colombia?

Me da mucha tristeza. Que se cargue de esa manera, con unos aranceles y unos impuestos, a una bebida tan noble y saludable como el vino, cuando la tendencia es hacia lo orgánico, lo natural, y cuando el vino ha demostrado largamente que tiene decenas de beneficios para la salud si se bebe con moderación. Es algo muy injusto. Yo cuando pido una botella de mis vinos en un restaurante en Colombia, y veo el precio, me pregunto: ‘¿cómo es posible que podamos vender siquiera una botella con estos precios?’. Una botella Emilio Moro en un restaurante de Cartagena puede costar 80 o 90 euros, y esa misma botella la tengo por 25 o 30 euros en un restaurante de España. Es increíble. Sé que se está dando una lucha para arreglar esta absurda situación, que además perjudica al turismo, porque la gente que viene de fuera se da cuenta y se molesta. Así que espero por el bien del vino y de la cultura del vino, pero también por Colombia y su turismo, que esto se solucione pronto. El vino es un producto alimentario, es sano, antioxidante, y como ya he dicho: es el mejor catalizador de relaciones humanas.

Un productor socialmente comprometido

Para José Moro, la fórmula del éxito se basa en cuatro pilares: tradición, pasión, innovación y responsabilidad social. Y esta última la desarrolla con ‘El vino ayuda al agua’, una campaña de la Fundación Emilio Moro (2008) que ha llevado agua potable a decenas de escuelas y poblados de países a los que exportan vinos y donde el vital líquido o no llegaba o no era potable. Solo en México esta iniciativa ha beneficiado a 26.000 niños. Y en Colombia, ya ayudó a los pobladores de Guajirita, en Córdoba. “En noviembre -cuenta Moro- estuve allí y fue muy impresionante oír a los niños contar que desde que tienen agua potable ya no se enferman y pueden ir de forma regular a la escuela. Si empresas y personas ayudáramos más a los demás, seguramente habría menos injusticias en el mundo y seríamos más felices”.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de la Edición Domingo de EL TIEMPO

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