'Tentar a los niños' / El caldero de Sancho

'Tentar a los niños' / El caldero de Sancho 

La columna del crítico gastronómico acerca de como cultivar el paladar de los niños.

Padre e hijo

El juego es clave para que los niños puedan aprender buenos hábitos de comida y ejercicio.

Foto:

123rf

Por: SANCHO
14 de marzo 2019 , 10:37 p.m.

“Para el niño, una hamburguesa y unas papas fritas, por favor” (y de paso le ponemos la tableta para que se entretenga y nos deje hablar a los adultos).

“¿No hay hamburguesas? ¡Entonces unos nuggets!” (Eso es lo que le gusta. Lo tengo muy claro: al fin y al cabo llevo varios años decidiendo por él).

Sí, en los restaurantes (y en la vida) solemos decidir por los niños. Y, lo que es peor, solemos pensar que son tontos –cuando en realidad son mucho más inteligentes que nosotros–, que solo les gustan dos o tres platos, dos o tres sabores que la industria de la comida chatarra diseñó para ellos y, más que para ellos, para los padres temerosos y facilistas que son incapaces de ampliar el repertorio de posibilidades de sus hijos.

Si se atrevieran –antes de bloquearles casi del todo el sentido del gusto... y de paso el del olfato–, se sorprenderían. Al fin y al cabo, la curiosidad es una condición inherente a la niñez... la misma curiosidad que es punto de partida del conocimiento y aliada por excelencia de la sabiduría.

¿Sabían, por ejemplo, que a los niños les fascina –les suele fascinar– el sushi? Hagan la prueba. Y de vez en cuando conviertan en juego la experiencia de comer en casa o ir a un restaurante. Preparen o pidan, por ejemplo, un arroz estilo oriental y propónganles hacer la lista de todos los ingredientes que lleva, incluidos el agua y la sal.

Tiéntenlos con el picante: ¿qué tanto pueden resistir de un plato que lleva rocoto o wasabi?, ¿cuál les parece más fuerte?, ¿qué diferencias encuentran entre uno y otro?
Preséntenles a través de la cocina parte fundamental de la cultura de un pueblo.
Vayan a un restaurante de una nacionalidad definida, pidan algunos de los platos emblemáticos de ese país, llévenlos al centro de la mesa y compártanlos. Previa o simultáneamente pueden leer brevemente sobre esa tradición gastronómica y enriquecer la experiencia.

Permítanles decir que algo no les gusta o que definitivamente no van a comer cierto plato... pero después de haber probado un bocado. Aunque sea un bocado.
Dejemos de ser cómodos (e ignorantes) al suponer que los niños tienen el gusto tan limitado como nuestra imaginación. Dejemos de ser irresponsables alimentando a los niños con la comida menos saludable del planeta.

SANCHO
CRÍTICO GASTRONÓMICO
elcalderodesancho@yahoo.com.co​

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