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'Si no cooperamos, no tenemos futuro como especie': Diana Uribe
Diana Uribe y su hija, Alejandra Espinosa.

Diana Uribe y su hija, Alejandra Espinosa, presentaron su libro 'Revoluciones' el pasado 15 de diciembre.

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Álvaro Argüello

'Si no cooperamos, no tenemos futuro como especie': Diana Uribe

La historiadora, y su hija, Alejandra Espinosa, hablaron con EL TIEMPO sobre el libro Revoluciones.

Un libro, acompañado de una página web con audios, mapas, lista de canciones en Spotify, además de CD, es la última creación de Diana Uribe y su hija Alejandra Espinosa.

El 15 de diciembre fue la presentación oficial de su obra Revoluciones, un trabajo conjunto en el que los textos de Alejandra y la voz de Diana viajan por las grandes transformaciones que ha tenido la historia de la humanidad.

¿Por qué hacer un libro sobre las revoluciones?

Hay algo que toda la vida me ha llamado la atención y es saber cómo es posible, qué hace, qué produce que un pueblo llegue a un punto tal de no retorno que decida colectivamente desafiar el destino y enfrentar lo que sea con tal de no seguir viviendo lo que estaba viviendo hasta ese momento.

Siempre me han llamado la atención las revoluciones, primero por las transformaciones en las ideas, porque el mundo nunca es el mismo después de que pasan.

Como dice William Ospina, hay revoluciones que estallan y otras que ocurren, entonces aquí vamos a contar las que estallan, pero también las que ocurren, como la revolución científica, la revolución digital, la revolución de las exploraciones.

(Lea también: Entrevista con Juan Guillermo Cuadrado, el futbolista colombiano del año para EL TIEMPO)

¿Cuál ha sido la más importante en la historia de la humanidad?

La revolución digital es, tal vez, la más trascendental de las que estamos viviendo porque con la pandemia se globaliza a una velocidad que quizá hubiera tomado muchos más años.

Es muy importante, también, la descolonización africana, porque nos lleva a cuestionar el pensamiento del colonialismo y la dominación de un pueblo sobre otros como algo que se haya podido aceptar durante tanto tiempo. Entonces, para América Latina, donde tenemos un proceso de independencia pero aún no un proceso de descolonización, los africanos tienen mucho que enseñarnos.

La más importante es la de la agricultura, la primera y que todavía estamos viviendo, pero la industrial es muy importante también porque es la que hace posible el mundo de hoy. Resulta que ese modelo de extraer todos los recursos de la naturaleza hasta agotarlos, por un lado posibilitó el mundo que conocemos, pero, por el otro, lo tiene al borde de un calentamiento global que pone en peligro toda la especie.

Para América Latina, donde tenemos un proceso de independencia pero aún no un proceso de descolonización, los africanos tienen mucho que enseñarnos

Ustedes hablan de una paradoja y dicen que las revoluciones terminan creando, a veces, el mundo que querían destruir...

Las revoluciones, en el proceso de hacerse, generan toda una gran cantidad de nuevas y maravillosas ideas, no todas las cuales van a llegar a triunfar. En la Revolución francesa ya se había empezado a plantear el voto de la mujer; en la Revolución americana, también, pero ya cuando se consolidan, esos experimentos no llegan a ser parte de lo que esas revoluciones querían, entonces toca hacer otra para eso.

Insisten en que la historia no es un proceso evolutivo lineal...

Una revolución que es tremendamente progresista en otro momento se vuelve un factor de atraso. Por ejemplo, todo lo de los derechos humanos: en un momento dado parecía que habíamos llegado a comprenderlo, pero después viene la Segunda Guerra Mundial y retrocede todo lo que habíamos hecho al respecto y tocó inventárselo otra vez.

La historia no avanza como un camino despejado que va hacia adelante. Aquí mismo lo hemos visto con la paz, lo difícil que ha sido sacar algo que ya considerábamos que estaba para adelante.

¿Por qué si la cooperación nos volvió capaces de ser lo que somos como especie, hoy tenemos tantos problemas para cooperar?

En los esquemas económicos en los que hemos vivido, se habla de la competencia y del que llegue primero a la meta. Inclusive se ha reinterpretado la historia a partir de una errónea idea de Darwin de que el más fuerte es el que sobrevive, cuando resulta que el que sobrevive es el que más se adapta a la naturaleza. Pero es a partir de la cooperación como se crearon las colectividades humanas. De no cooperar, se habrían extinguido.

Hoy por hoy, si no aprendemos a cooperar no tenemos futuro como especie. La cooperación tiene que ser algo que introyectemos como un valor universal, porque los problemas son de especie. Hay que entender la cooperación como un recurso de supervivencia, y se vuelve una misión ética y estratégica de la especie.

Les dan mucha importancia a las desmitificaciones...

Cuestionamos paradigmas. Por ejemplo, la historia que nos cuentan de las exploraciones es una historia exclusivamente europea, como si los europeos un día se hubieran puesto tan lúcidos que fueran a conquistar la Tierra y la hubieran recorrido toda, y resulta que la riqueza estaba en otras partes, en la Ruta de la Seda, en América. Ellos lo que tenían era una gran carencia y fue la búsqueda para solucionar esas necesidades la que los llevó a encontrar las especias y no la superioridad europea per se.

La Revolución Industrial pareciera que fue un fenómeno puramente europeo, pero resulta que el mundo produce las materias primas que Inglaterra va a procesar y en esa medida es una revolución global. La Revolución Industrial es la medida que van a tomar de lo que significa desarrollo, pero con el calentamiento global puede jugar en nuestra contra y los demás saberes antiguos pueden ser la respuesta para salvarnos de la debacle en la que estamos.

¿Qué tipo de revolución se necesita para cambiar los males que vienen de otras anteriores?

El libro termina hablando de la revolución por hacer, y es una tentativa de lo que tendríamos que hacer para cambiar el rumbo. Las revoluciones no son un hecho del pasado ya consolidado y terminado, sino que son una dinámica humana que es capaz de transformar las cosas cuando es importante y hay que hacerlo. Nosotros sabemos que hay que hacer un nuevo trato con el planeta, porque explotarlo hasta que se acabe no sirve.

Nosotros sabemos que hay que hacer un nuevo trato con el planeta, porque explotarlo hasta que se acabe no sirve

Hay una gran cantidad de personas que están cambiando su modelo de vida y que lo están decidiendo mucho más rápido a partir de la pandemia, y eso se va a ver porque hay un espíritu de cambio que viene mucho más desde la base que desde la dirigencia. ¿Cuánto tiempo se demoraron en evitar las guerras nucleares? Cumbre tras cumbre, se iban tomando el pelo con eso y un día se cayó el muro de Berlín, y en la cumbre de Reikiavik desmontaron el arsenal nuclear de la Unión Soviética; entonces, a veces pasan cosas de un momento a otro que uno no se imagina.

Pero ¿qué tanto nos va a cambiar la pandemia?

Yo no soy adivina, pero yo sí creo que generó unos procesos de reflexión que de otra manera no hubiéramos tenido. La experiencia de estar en una introspección tan terrible como fue el confinamiento, de tener que evaluar todo lo que es la vida, preguntarnos cómo se va a generar el alimento si todos estamos confinados es una especie de conciencia de las fuentes de la vida.

Entonces, ahí hay un semillero de pensamiento y de posibilidades, y las revoluciones se hacen de los semilleros de pensamiento. Las revoluciones son ideas en movimiento y pensamientos profundos que se articulan para cambiar momentos de la historia.

¿Colombia necesita una revolución?

Necesitamos hacer un pacto con la vida porque es a partir de una fractura profunda como hemos sufrido estos procesos permanentes de depredación que se repiten. Y hay que hacer un pacto con el agua, con los ríos, con el mundo indígena, el afro, con el campesino. Reconocernos en nuestra propia valía como territorio para cambiar la manera como convivimos, y eso también es completamente revolucionario. Hay que hacer algo para que nuestro pasado no sea nuestro futuro. Y es desde la vida desde donde hay que hacer una revolución acá.

Hay que hacer algo para que nuestro pasado no sea nuestro futuro. Y es desde la vida desde donde hay que hacer una revolución acá

¿Cómo ha sido el trabajo madre-hija?

Yo viví y crecí en el siglo XX, y en el siglo XX las revoluciones lo eran todo. La posición que tuvieras frente a cada una de esas revoluciones determinaba quién eras tú, y eso fue una cosa en la que vertiginosamente se clasificó a la gente durante toda la Guerra Fría; era un mundo absoluto por el cual la gente se agarraba de las mechas; una generación después, eso ya no tiene importancia.

Ese fue el primer diálogo intergeneracional que yo tengo con mi hija. Y la revolución digital nos pone en lugares muy distintos. Entonces, revisar la historia de muchos capítulos de mi vida, de muchas de las cosas que he querido o pensado a la luz del pensamiento de mi hija, que es de otra generación, ha sido una de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras de trabajar con ella.

(Además: Desigualdad y autoritarismo en los tiempos del covid-19)

Proteger el medioambiente, una revolución urgente

Alejandra Espinosa, hija de Diana Uribe y quien redactó los textos del libro Revoluciones –además de las obras Contracultura y Brújula para un mundo contemporáneo–, habla sobre la importancia de reconocer que las transformaciones son posibles, especialmente para salvar el mundo de los efectos del cambio climático.

¿Cuál fue la revolución más difícil de contar?

Hay varias. La revolución del Neolítico fue muy difícil porque toca cambiar la manera como pensamos y como nos concebimos. Tenemos una idea de que la humanidad empezó hace 10.000 años y que antes éramos cavernícolas; fue superinteresante ver que no era así, que nosotros como humanos tenemos las mismas capacidades cognitivas y hemos evolucionado a como somos desde hace 300.000 años.

Ustedes intentan hacer muchas reivindicaciones...

Si la academia nos enseña algo, es a que la cuestionemos. La idea era entender las revoluciones como discursos hegemónicos que instauran una nueva realidad, pero que no significan que esa sea la realidad. Cuando sucede la revolución del Neolítico, hay que decir que no dejamos de existir como cazadores recolectores, todavía existimos de esa manera en África, en el Amazonas. El capítulo de las descolonizaciones de África nos ayuda a entender todas las otras maneras de existir de la humanidad como válidas, como mejores incluso, por ejemplo, en su relación con el medioambiente.

Hablan de la revolución por hacer, y es muy inspiradora, pero cuando vemos lo que hacen muchos países frente al cambio climático parece que vamos en el camino incorrecto...

Queríamos terminar con algo propositivo. La mayoría de las revoluciones se vuelven ortodoxias. Se hace una revolución para cambiar un estado de las cosas, pero la revolución instaura un nuevo estado de las cosas que no necesariamente va a ser mejor.

Entonces quisimos replantearnos cómo estamos haciendo las revoluciones y al mismo tiempo hablar de un tema ridículamente apremiante que es el cambio climático. No queremos ser fatalistas: si uno llega al fatalismo termina en la inacción, y lo bonito de las revoluciones es que todas confían en que tenemos la capacidad de cambiar al mundo y que es necesario poder hacerlo.

Precisamente, este libro demuestra que muchas personas cambiaron cosas que querían cambiar, muchas para bien y muchas para mal, pero que sí tenemos esa capacidad de transformar.

Este libro es diferente porque está acompañado de una página web...

Es un libro transmedia. Tiene mapas, texto, audio, recomendados, página web. Mi madre siempre apoya que sea muy accesible a todo el mundo; para ella, los CD todavía tienen un valor para muchas personas que realmente no tienen acceso a internet, o no tienen celular inteligente o no saben cómo manejarlo. Entonces tiene los CD, y lo nuevo es la página web.

¿Cómo es trabajar con su mamá?

Tenemos muchos valores compartidos, entonces es muy fácil, hay muchas cosas que no hay que debatir porque partimos de un mismo principio. Pero, al mismo tiempo, yo también la puedo contradecir, tenemos un diálogo muy directo; para mí, ella no es Diana Uribe, ella es mi mamá.

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VALENTINA OBANDO JARAMILLO
REDACCIÓN IMPRESO

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