Una carta al amigo que llega

Una carta al amigo que llega

El Nuncio Apostólico, monseñor Luis M. Montemayor, le da la bienvenida al nuevo arzobispo de Bogotá.

Monseñor Enrique Sarmiento Angulo y el Nuncio Apostólico, monseñor Luis Mariano Montemayor.

Monseñor Enrique Sarmiento Angulo y el Nuncio Apostólico, monseñor Luis Mariano Montemayor, durante una de sus charlas para el colectivo Dialogantes.

Foto:

Alejandro López-Conde

Por: Cultura
13 de junio 2020 , 09:28 a.m.

“Monseñor Luis José: los últimos, los excluidos, los desplazados, los alejados, los indiferentes, los no creyentes, en suma, todo el espectro de lo que el papa Francisco llama las “periferias existenciales”, son encomendados preferencialmente a su corazón de pastor. En favor de ellos, en esta ciudad capital, pero con una proyección nacional, usted es llamado a ser instrumento generoso y fraterno de reconciliación, para contribuir a cerrar tantas heridas, muy profundas, que se reflejan en las desigualdades, en los odios de clase y de partido, en el dolor inmenso de las víctimas de toda violencia”.

Este párrafo profundo fue leído el pasado jueves por el Nuncio Apostólico, monseñor Luis Mariano Montemayor, en el discurso de posesión del nuevo arzobispo de Bogotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio.

Fue una bienvenida más con sabor a carta que a discurso, que se publicará completa en el blog Paz y desarrollo de ELTIEMPO.COM de este 14 de junio.

Se trata, además, de un documento sentido. En los dos años que lleva en Colombia, monseñor Montemayor, argentino de nacimiento, ha ido conociendo en su forma y en su fondo no solo la ciudad que es la capital del país, sino a la nación misma, desde sus entrañas y desde oír a los más necesitados.

De ahí que le pida a monseñor Rueda “establecer una relación respetuosa con todas esas realidades ciudadanas tan diferenciadas, así como desarrollar una colaboración generosa en favor del bien común de los habitantes, conservando la propia identidad. Ese es uno de los grandes retos para la vida pastoral y la acción evangelizadora de la Iglesia católica en Bogotá”.

Desde su conocimiento, le habló de la vitalidad de la ciudad, de sus universidades y que cada vez es más cosmopolita, pero también con más miseria y necesidades, más aún en estos días del covid-19.

No dejó por fuera a los venezolanos que dejaron su país y hoy, por la emergencia, están a la deriva y buscando regresar, ni la violencia intrafamiliar. También, le encomendó a los jóvenes y sus necesidades.

El documento completo este 14 de junio en http://blogs.eltiempo.com/pazydesarrollo/

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