La moda masculina, una cosa de mujeres

La moda masculina, una cosa de mujeres

Una nueva generación de diseñadoras gana terreno en un espacio antes dominado por creadores hombres.

La moda masculina, una cosa de mujeres

La última colección de Astrid Andersen (en el centro), durante la London Fashion Week, rompió con las barreras de lo masculino y lo femenino.

Foto:

AFP

Por: Juan Luis Salinas T.
19 de agosto 2018 , 12:41 a.m.

A comienzos de junio, después de presentar sus diseños en la Semana de la Moda Masculina de Londres, Lou Dalton repitió una frase que se ha vuelto habitual en sus entrevistas: “No estoy interesada en hacer ropa para mujeres”. La frase la pronunció en el backstage de su desfile primavera-verano 2019.

La prensa estaba encantada con sus creaciones más cercanas a la moral unisex que la rigidez que debería haber tenido el guardarropa del ‘hombre de campo’, que era su inspiración.

Lou Dalton es una de las creadoras más exitosas de la nueva escena británica. Tiene 40 años y comenzó su carrera a los 16, cuando dejó la secundaria para trabajar con un sastre. Luego se matriculó en el Royal College of Art y se especializó en moda masculina. Ha trabajado con marcas italianas y japonesas, y en 2009 presentó su primera colección de su propia marca en la Semana de la Moda londinense. En casi una década de trayectoria ha desarrollado colecciones para los almacenes de Londres Liberty y para la marca estadounidense Opening Ceremony.

Su única incursión con la moda femenina, confesó en una entrevista para el portal web Business of Fashion (BoF), fue un fracaso. Le pidieron que adaptara las camisas de su colección a siluetas y tallas para mujer. Aceptó, pero descubrió que en el proceso había perdido su sello personal. No volvió a intentarlo. “Siempre he tenido claro que soy una diseñadora de moda masculina; es lo que sé y lo hago muy bien. Sería una injusticia con la ropa de mujer si lo intentara”, dijo.

Lo de Lou Dalton es una rotunda resistencia a seguir el camino tradicional de las mujeres que diseñan para mujeres. Un espacio que, por otro lado, tampoco ha sido su potestad, porque históricamente las casas de modas y las marcas femeninas han sido jurisdicción exclusiva de los hombres.

Una proclama

Que una mujer haga ropa masculina es una proclama y una especie de acometida para hacerse espacio en un segmento tradicionalmente dominado por sastres: la lógica de hombres vistiendo a hombres. Aunque siempre han existido creadoras que se atrevieron a desarrollar propuestas para hombres –como Jil Sander, Vivianne Westwood y la japonesa Rei Kawakubo, que manejaban colecciones para ambos segmentos–, en las últimas décadas varias mujeres solo se han centrado en la creación de moda masculina. No es extraño: forma parte del proceso de una sociedad que cada vez más cuestiona las nociones que dividen lo masculino de lo femenino y en la que además los hombres están aumentando su importancia como consumidores de moda de lujo.

Donatella Versace, quien juega con límites de lo femenino y masculino desde que asumió el legado de su hermano hace dos décadas, declaró hace unos meses en la revista Vogue: “Las líneas entre lo que se debe poner o no un hombre o una mujer son cada vez más difusas. Los jóvenes se divierten jugando con su imagen para expresarse, y con razón”.

Las pasarelas son un reflejo de esto y es natural que cada vez existan más diseñadoras abriéndose espacio en las colecciones masculinas.

La moda británica es pródiga en ejemplos. En la pasarela londinense presenta sus colecciones la diseñadora danesa Astrid Andersen, quien desafía la estética fashion masculina con la reinvención de prendas urbano-deportivas. En sus desfiles se pueden ver hombres que llevan buzos de algodón con capuchas, adornados con lentejuelas, sudaderas tipo basquetbolista con encajes o kimonos brillantes con pantalones de jogging. Entre sus clientes hay figuras de la música como Drake y A$ap Rocky. Pero si hay una figura que se destaca es la diseñadora Grace Wales Bonner, quien, con sus colecciones, presenta una visión crítica y antropológica del vestuario. En 2016 apareció en la lista de la revista Forbes como una de las jóvenes europeas más influyentes menores de 30 años. Inspirada por su origen birracial (es hija de jamaicano e inglesa), su lujosa sastrería explora la identidad y sexualidad del hombre afrodescendiente.

El principal rasgo de su propuesta son trajes ajustados que, si bien han sido presentados por la prensa como ‘agender’ (sin género), están construidos en torno a la silueta masculina.

Diseñadora ‘antisistema’

Un camino similar es el que escogió la diseñadora de origen jamaicano Martine Rose, quien es responsable de colecciones que revierten los símbolos de la masculinidad. Considerada ‘radical’ o ‘antisistema’ (llegó a crear una colección compuesta por un solo look), hoy tiene más de 70 puntos de venta en todo el mundo y es consultora para la línea masculina de la firma Balenciaga.

En Nueva York la etiqueta Bode hoy es una de las revelaciones de la moda para hombre. Su creadora, Emily Adams Bode, reutiliza telas antiguas (desde colchas victorianas hasta sacos y ropa de cama) que transforma en chaquetas, pantalones y camisas. En una entrevista para Vogue.com, aseguró que lo que la atrajo de la moda masculina es “la atemporalidad de las siluetas; se asocian menos a un período o a una tendencia concreta”. Adams explica que busca desarrollar ropa que resista el paso del tiempo. “En mí es innato este interés. Siempre me he fijado en lo que se compraban mi padre y mis novios. Observaba esa obsesión por la mera función”.

Otra creadora emblemática es la francesa Véronique Nichanian, quien desde hace 27 años está a cargo de la división masculina de Hermès. Formada en la École de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, posee una de las carreras más longevas en el cambiante mundo de la moda. Su fórmula, comentaba en marzo del año pasado al diario El País, es crear moda alejada de las tendencias.

No seguir lo que dicta la calle ni tampoco inspirarse en movimientos artísticos. Sobre la fusión entre el armario masculino y femenino, Nichanian dice: “Las mujeres siempre han intentado robar prendas del hombre. Lo nuevo es que suceda al revés. Estoy abierta a esa idea. Pero creo que cada marca debe tener su propio estilo y no cambiar según lo hagan las tendencias”.

JUAN LUIS SALINAS T
EL MERCURIO (CHILE)

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