La historia de la vida y la muerte del ‘último aventurero’

La historia de la vida y la muerte del ‘último aventurero’

Peter Beard, fotógrafo de vida salvaje y de moda, murió a los 82 años perdido en la naturaleza.

Peter Beard

Peter Beard nació en la ciudad de Nueva York en 1938; a los 17 años viajó a África, donde se enamoró de la naturaleza y pasó gran parte de su vida tomando fotos.

Foto:

GETTY IMAGES

Por: Simón Granja Matias - Redacción Domingo
24 de mayo 2020 , 07:13 a.m.

Más de 75 agentes de policía y bomberos, amigos y vecinos, ayudados por perros, drones y helicópteros, participaron en la búsqueda de Peter Beard. Fueron 19 días de búsqueda por el parque estatal de Camp Hero, en cuyo límite se encuentra la propiedad de la familia Beard –en la costa sur del extremo este de Long Island, en el estado de Nueva York–. No fue hasta el pasado 20 de abril cuando la policía local informó en un comunicado que “los restos de un hombre anciano coincidentes con la descripción física y del atuendo del señor Beard habían sido localizados en una zona de denso bosque”.

Su familia informó en un comunicado de su fallecimiento, pero resumió la vida del fotógrafo en pocas palabras: “Murió donde vivió: en la naturaleza”.

Su esposa, Nejma Beard, lo vio por última vez el 31 de marzo dando un paseo en la tarde en los alrededores de su mansión. Aunque el aventurero había perfeccionado sus habilidades de supervivencia en la naturaleza durante décadas, ya no era el explorador del pasado, atrevido y físicamente robusto. Tenía 82 años, incapacitado por la demencia, y caminaba lentamente.

En su juventud, la desaparición repentina de Beard no habría sido tratada con tanta alarma. Era un hombre apuesto y privilegiado, fanático frecuente de bares y clubes y quien sin ningún pudor no evitaba hablar sobre su uso de drogas recreativas. Sus compañeros en los círculos artísticos y sociales en sus años de juventud y máximo esplendor incluyeron a Francis Bacon, Andy Warhol y Truman Capote, así como a Jacqueline Kennedy Onassis y su hermana Lee Rad-ziwill, con quien tuvo una historia de amor, según retrató The New York Times.

Una vida que vivió para dejar un legado casi que premonitorio. Su obra más importante, o por lo menos más conocida, está plasmada en el “triste” libro The End of the Game (publicado en 1963 y reeditado por última vez por la casa alemana Taschen en 2008), compuesto por textos y fotografías en las que documentó no solo el romance que tuvo con África, y cómo era muy apreciado por los colonialistas occidentales por sus sabanas abiertas, sino también la tragedia de la vida silvestre en peligro, en particular del elefante.

Un libro además casi que premonitorio de nuestra destrucción como especie: “El juego incluye a ambos, el cazador y el cazado; es el deporte y el trofeo. El juego está matando al juego. Hace solo 50 años, el hombre tenía que protegerse de las bestias; hoy son éstas las que deben ser protegidas por el hombre”, escribió en el prólogo.

Peter Beard elefante

En la segunda reedición de su famoso libro ‘The End of the Game’ retrató la muerte de miles de elefantes en África.

Foto:

CHRISTIE’S

En el mejor perfil que se ha escrito sobre él, por lo menos en español, del diario español El País, la periodista Lola Huete Machado le preguntó por el cambio climático en el año 2008 en su estudio de trabajo en la Costa Azul, en Francia: “¿Cambio climático? No es el clima el que está mal. Nosotros somos el clima. ¿Programas para proteger a los animales? Pero si somos nosotros el peligro. Depredadores. Eso éramos. Eso somos. En vez de los jardineros del edén, las máquinas cortacésped”, dijo.

De una selva a la otra

Peter Beard nació en la ciudad de Nueva York en 1938. Una obsesión de la infancia por la naturaleza floreció durante los veranos que pasó en Tuxedo Park con su abuela, quien le regaló su primera cámara, una Voightländer. “Tomar fotografías se convirtió en una extensión natural de la forma como ya conservaba sus recuerdos en diarios meticulosamente elaborados”, dice su biografía.

A los 17 años realizó un viaje a África que cambió su vida; con Quentin Keynes, el explorador y bisnieto de Charles Darwin, trabajó en una película que documentaba la vida silvestre exótica, incluidos los rinocerontes blancos y negros de Zululand.
Tiempo después Beard ingresó a Yale como estudiante de medicina, y en una clase sobre dinámica de población formó su hipótesis duradera de que los humanos son, de hecho, la enfermedad principal del planeta. Y a partir de ahí cambió su enfoque al arte y comenzó a estudiar con Vincent Scully, Joseph Albers y Richard Lindner. El insaciable deseo de Beard de explorar lo atrajo de regreso a África, y en lugar de completar su tesis de último año en la escuela envió por correo sus diarios desde Kenia.

Peter Beard Warhol

Además de las fotos de naturaleza, retrató a personalidades del arte como su amigo Andy Warhol.

Foto:

CHRISTIE’S

En los años 60, Beard recibió una dispensa especial del presidente Kenyatta para comprar Hog Ranch, en Kenia, con el mandato de filmar, fotografiar, escribir y documentar la flora, la fauna y los pueblos locales. Trabajó en el Parque Nacional de Tsavo, documentando el desequilibrio entre la gente, la tierra y los animales para su libro The End of the Game. En la segunda edición de The End of the Game (1977), Beard documentó una muerte masiva de la población en Tsavo de 35.000 elefantes y 5.000 rinocerontes cuando los animales sucumbieron por el hambre, el estrés y enfermedades.

Más allá de lo natural

“Peter era un romántico, un idealista al principio; esto ha cambiado con el tiempo. Su mensaje de hace 40 años era oscuro, dramático, y nadie le hizo caso, pero ha resultado acertado. Ahora es una moda entre las celebridades preocuparse por el medio ambiente”, escribió Paul Theroux en el prólogo de la reedición de The End of the Game. Y en la entrevista con El País, el fotógrafo Beard dijo: “La gente cree que yo soy conservacionista. Y no. Lo que soy es un escéptico”.

En los años posteriores al libro, Beard se hizo famoso por embellecer sus impresiones fotográficas con tinta y sangre, ya fuera humana (suya) o animal (se la daba un carnicero), produciendo superficies complejas, crípticas y de varias capas. También era conocido por los diarios idiosincrásicos y generosos que había guardado desde que era niño, profusos conjuntos de palabras, imágenes y objetos encontrados, como piedras, plumas, boletos de tren y recortes de uñas de los pies, y por los recortes de diarios en revistas con los que armaba grandes collages, señala The New York Times.

La primera exposición de Beard se inauguró en la Blum Helman Gallery, en Nueva York, en 1975, seguida de una exposición individual de 1977 en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. Desde ese entonces expuso sus obras internacionalmente. Pero una en particular estuvo marcada por un hecho que evidencia la aventurera vida del artista. En 1996, la exposición retrospectiva de Beard en el Centro Nacional de la Fotografía, en París, se abrió cuando el artista se recuperó de ser pisoteado y atravesado en la pierna por el colmillo de un elefante.

Una elefanta lo había embestido en la frontera entre Kenia y Tanzania, y de aquel hecho, que estuvo a punto de costarle la vida, le quedaron en el cuerpo siete clavos de titanio y 28 tornillos.

Beard “parecía poseer la infatigabilidad de media docena de hombres, y hasta la vejez se deleitaba rutinariamente hasta el amanecer; sus escapadas se volvieron difíciles para los columnistas de chismes de todo el mundo”, escribió Margalit Fox, antigua escritora sénior de obituarios de The New York Times, en el obituario del fotógrafo.

“Peter Beard, caballero, socialité, artista, fotógrafo, Lotario, profeta, playboy y fanático de las drogas recreativas, es el último de los aventureros”, dijo The Observer.

Simón Granja Matias 
Redacción Domingo @simongrma

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