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Antonio Caballero: 'Soy muy realista. Mi pesimismo parte de la realidad'
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Murió Antonio Caballero, gran rebelde del periodismo colombianoMurió Antonio Caballero, gran rebelde del periodismo colombiano.
Antonio Caballero en BOCAS

Juan Pablo Gutiérrez

Antonio Caballero: 'Soy muy realista. Mi pesimismo parte de la realidad'

Antonio Caballero amó las corridas de toros y fue un pesimista sin remedio. Habló con BOCAS en 2012.

La siguiente entrevista se publicó originalmente en 2012 en la Revista BOCAS.

Desde hace tres años Antonio Caballero vive en un apartamento en el barrio El Retiro, de Bogotá. Es un primer piso con vista a un amplio jardín plantado de árboles que la Secretaría de Ambiente del Distrito está empeñada en talar. En las paredes sólo cuelgan cuadros de Luis Caballero, su hermano, y encima del escritorio, las sillas y las mesas hay libros, revistas, más libros, otras revistas. Los dos únicos rasgos de modernidad son un televisor de pantalla plana que solo usa para mirar noticieros porque, confiesa con una sonrisa, “nunca encuentro los canales de animales”. 

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El otro testimonio de que el siglo XXI ya llegó a su hogar es un computador portátil de color blanco que utiliza para transcribir y luego enviar su columna previamente mecanografiada a un periódico español que no acepta el original despachado por fax. Todos sus textos los redacta en una pequeña máquina de escribir mecánica azul verdosa que domina el centro de su escritorio.

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Resulta apenas natural que Antonio Caballero se haya dedicado a la escritura y a la caricatura. Hijo del escritor Eduardo Caballero Calderón, y sobrino de Lucas Caballero, uno de los más importantes humoristas de la historia de Colombia; hermano del reconocido pintor Luis Caballero y de Beatriz, también escritora.

Ese entorno familiar resume los pilares de su obra. Pluma precisa y punzante, corrosivo sentido del humor, y un trazo que no sólo expresa en la caricatura sino también en otra de sus habilidades mucho menos conocida: la de retratista. A eso se agrega la gran cantidad de temas que lo apasionan. No solo la política y la actualidad. También la historia, el arte, la poesía, la literatura, las corridas de toros… Y de todo y de mil cosas más ha escrito, opinado, incluso ha pontificado. En diarios y revistas colombianas como El Tiempo, El Espectador, Cambio16 Colombia, Semana; en medios de otros países como The Economist, Cambio16, Diario16.

En 1974 fue uno de los miembros fundadores de la mítica revista de izquierda Alternativa, a la que lo invitó a participar Gabriel García Márquez, y que circuló hasta mediados de 1980, cuando se resolvió la crisis de la toma de la Embajada de República Dominicana en Bogotá. Como caricaturista realizó los Cartones, que se publicaron en el diario El Tiempo entre 1966 y 1973, cuyos dos principales personajes eran un hombrecillo sospechosamente parecido a Carlos Lleras Restrepo, y una mujer solterona; en la revista Alternativa publicó Macondo, cuyos protagonistas eran los principales personajes políticos durante los mandatos de Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay, y El señor agente.

Caballero, que nació en 1945, ha logrado mantener un saludable estatus de independencia que se plasma en sus columnas, sus reportajes y sus caricaturas. Ha vivido y trabajado en varios países; Grecia, Italia, Gran Bretaña (donde aprovechó el grueso timbre de su voz y su gran facilidad de expresión para ser locutor del servicio latinoamericano de la BBC de Londres), Francia y España. De este país le gusta casi todo. La comida, el clima, la gente y los toros, tema que domina y del cual escribe regularmente en diversos medios y sobre el que ha escrito varios libros.

Cursó algunos semestres de Derecho en Bogotá, y en París se pasó a Ciencia Política. Es autor de la novela Sin remedio, publicada en 1984, y que él mismo califica como “una novela sobre lo difícil que es escribir poesía”. También escribió Isabel en invierno (1989), un libro infantil del cual hizo los textos y las ilustraciones.

(También: El regreso a librerías de la pluma histórica de Antonio Caballero)

Sus columnas han sido recopiladas en los libros 15 años de mal agüero y No es por aguar la fiesta. Patadas de ahorcado, por su parte, es una entrevista en profundidad que le hizo el periodista y también taurófilo Juan Carlos Iragorri. Sobre toros escribió Toros, toreros y público (1992), Los siete pilares de un torero (2003) y Torero en el sillón (2010). Reflexioné-Monos, por su parte, es una antología de sus caricaturas hasta 1986. Según Gabriel García Márquez, Caballero ha sido “el más bendito entre las mujeres, como lo fue por su expresión bien calculada de huérfano afligido”. Casado y separado dos veces, Caballero es el padre de Isabel, que sigue sus pasos como periodista.

En sus escritos ridiculizó a presidentes, papas, ministros y a todo el que se le pasaba por delante.

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Juan Pablo Gutiérrez

¿De dónde viene su gusto por la escritura?

Mi gusto por escribir me nació de leer. En el colegio yo escribía redacciones y parodias de Tarzán.

(Además: La entrevista BOCAS con Rodrigo García Barcha, el hijo de Gabo)

¿En el Gimnasio Moderno?

No, en el colegio Ramiro de Maestro, en Madrid.

¿Cuánto tiempo estuvo en España de niño?

De muy niño viví un año y luego viví entre los siete y los once años. Eran los tiempos de Franco y de Rojas Pinilla en Colombia.

¿Fue un exilio político?

No, en realidad no. Como Rojas Pinilla cerró El Tiempo, papá se quedó sin trabajo y por eso viajó a España. Pero esa es la historia de papá. Entonces, como le decía, de esas lecturas nació mi gusto por la escritura. Y como yo veía que papá escribía día y noche no me parecía que escribir fuera una rareza.

Me parece que los antitaurinos, ante todo, son de una gran ignorancia. Están criticando algo que no han visto nunca, que no conocen

¿Y su pasión por el dibujo, la caricatura?

También me nació desde niño. En eso competíamos mi hermano Luis y yo. Además nos odiábamos a muerte. Yo dibujaba mejor, la verdad, y eso fue así hasta los 13 o 14 años, cuando él se lo tomó verdaderamente en serio y se convirtió en un gran pintor. Yo nunca pude aprender a manejar los pinceles. Yo soy muy torpe de manos. Empezamos a tener buenas relaciones en la adolescencia, cuando dejamos de vivir juntos. Cuando yo me quedé a vivir en París, adonde llegamos porque a papá lo nombraron embajador en la Unesco, a partir de allí mis relaciones con Luis fueron muy buenas, hasta su muerte, porque ya no vivíamos juntos y ya éramos adultos.

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Su afición por los toros también es uno de sus rasgos más sobresalientes. ¿Por qué le gustan tanto?

Yo defiendo los toros porque me parecen un arte completo. Además de muchas cosas. Los toros son una ceremonia, un rito, un sacrificio. Es el único sacrificio que queda, al menos en Occidente. Pero los defiendo fundamentalmente porque son un arte. Probablemente no lo eran en su origen pero desde hace 100 años, desde la aparición de Juan Belmonte, se convirtieron en un arte. No se puede hacer de ninguna otra manera lo que se hace con el juego de los toros. Y no es simplemente un juego.

¿Qué piensa usted de los argumentos de quienes quieren prohibir las corridas?

Me parece que los antitaurinos, ante todo, son de una gran ignorancia. Están criticando algo que no han visto nunca, que no conocen. Simplemente porque han oído que se mata un animal, de ahí concluyen que se tortura a un animal, lo cual es completamente falso.

Pero a los toros les clavan banderillas, los chuzan desde un caballo, los torturan…

Eso no es tortura. Naturalmente se le hace daño al animal. Pero es una pelea. Se trata de un combate entre el toro y los hombres, porque son varios toreros. Y, de acuerdo, el toro está condenado de antemano. No se trata de una pelea de igual a igual. El objeto de los toros no es hacerle daño a un animal aunque el final inevitable sea la muerte del toro. El objeto de los toros es hacer un juego artístico, insisto, aunque eso no resulta siempre, como no resultan siempre las obras de arte musicales o pictóricas, o los partidos de fútbol. De cada cien toros que se lidian uno sale bueno.

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¿Esa afición por los toros no le ha quitado adeptos entre sus lectores?

Cuando yo escribo sobre toros normalmente recibo muchos más insultos que cuando escribo sobre cualquier otro tema. Pero vuelvo a lo mismo. Son insultos de personas que no saben de lo que se está hablando. Cuando se discute la prohibición de los toros, cuando el alcalde Petro dice que se debe organizar la plaza en torno al amor y en torno a la vida y no a la muerte y esas cosas de Petro, entonces todo el mundo comienza a decir que en Cataluña se prohibieron los toros por razones de civilización y progreso. Cuando es todo lo contrario. Se prohibieron los toros en Cataluña por el nacionalismo catalán, que es lo más reaccionario que existe, y lo que quisieron es diferenciarse del resto de España porque ellos pretenden ser catalanes. Dicen que los toros son una imposición de los castellanos, lo que también es falso. Las fiestas de toros existen en Cataluña desde mucho antes de la unificación de España. Es más, las fiestas de toros continúan en Cataluña, pero solo las típicamente catalanas, que se llaman bous al carrer, o sea, carreras de toros. Sueltan a los toros por los pueblos con una pelota encendida en cada cuerno y los persiguen y los pinchan. Eso es mucho más bárbaro que una corrida.

Caballero fue hijo del escritor Eduardo Caballero C., y sobrino de Lucas Caballero, uno de los más importantes humoristas del país; hermano del pintor Luis Caballero y de Beatriz, también escritora.

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Juan Pablo Gutiérrez

Hay un 'boom', que es un 'boom' de edición, se edita a mucha gente. Pero también la mayor parte de lo que se publica es basura

A usted le gustaba de niño la poesía, nos contaba. ¿Le siguió gustando de adulto?

Sí, me gusta mucho la poesía y de niño leía fundamentalmente poesía, mucho más que narrativa. Leía el Romancero Español y la poesía española del Siglo de Oro, siendo bastante niño, a los ocho o nueve años. Me sabía muchísimas cosas de memoria. Tal vez me interesa más la poesía que cualquier otra forma de literatura.

¿Y usted ha intentado hacer poesía, además del poema que forma parte de su novela Sin remedio?

He hecho a veces poemas de circunstancia y normalmente en chiste. Parodias y cosas por el estilo. Salvo ese poema largo de la novela Sin remedio, que yo creo que es un poema hecho en serio, no he hecho otro en serio.

¿Qué escritores lo han marcado?

Escritores que me hayan influido, la poesía del Romancero Español. También San Juan de la Cruz, que es el más grande poeta, no sólo de la lengua española. La profundidad de San Juan de la Cruz no la encuentro en otros poetas. Claro que otros idiomas no los manejo con la misma profundidad del español pero yo puedo leer perfectamente en otros idiomas [risas].

¿Y que hayan influido en su manera de escribir?

Desde un punto de vista práctico, el autor que más influencia ha tenido sobre mí es Henry de Montherland. Yo aprendí de Montherland que uno podía escribir como le diera la gana. Que no había reglas.

De todas maneras en sus textos uno ve siempre su firma, su estilo.

Claro, yo tengo mi propio estilo. Pero lo que me enseñó Montherland no fue a cambiar de estilo sino a cambiar de tono. Pasar del humor a lo analítico, de lo analítico a lo lírico… Raymond Quennaud escribió un librito maravilloso, fascinante, que se llama Ejercicios de estilo, en el que escribe lo mismo 50 veces en 50 párrafos distintos.

A propósito de estilo, de tono, cómo califica usted esa tendencia actual a ponerle nombres políticamente correctos a las cosas. Por ejemplo, eso de que los sordos ya no son sordos, sino personas en estado y situación de discapacidad auditiva…

Detesto lo políticamente correcto del lenguaje. Esas palabras tergiversan la realidad. Al hablar o escribir así el lenguaje se convierte en un arma que distorsiona la realidad.

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¿Qué opina usted de la poesía colombiana?

Para empezar, como es natural, hay muchísima basura. La mayor parte de la poesía que se ha hecho en Colombia es basura, como la que se pretende hacer en el mundo. Ahí sí que cabría hacer una comparación con lo que sucede en los toros. Casi todo es malo. Pero en Colombia ha habido, en mi opinión, tres grandes poetas. Silva, por supuesto; León de Greiff y Gómez Jattin. Anteriores a Silva, de los versificadores del siglo XIX la verdad es que ninguno me convence. Pero siempre, ocasionalmente, todos tienen algún acierto. Pombo, por ejemplo. Hasta Juan de Castellanos, en Las elegías de varones ilustres, tiene ocasionalmente aciertos poéticos.

¿Y de la narrativa?

Hay un boom, que es un boom de edición, se edita a mucha gente. Pero también la mayor parte de lo que se publica es basura.

¿Destaca a algún novelista colombiano?

Fernando Vallejo me parece un gran escritor. Como me parece un gran escritor uno que tendría la misma edad pero que está muerto que es Andrés Caicedo.

Entonces usted no es de los que lo menosprecian por, dicen, escribir para adolescentes.

No. Es un gran escritor. Obvio que escribió cosas para adolescentes y él mismo era un adolescente. Otro que escribe prodigiosamente bien es Tomás González. Lo que pasa es que son tan aburridos los personajes de Tomás González… En mi opinión Primero estaba el mar, su primera novela, es la mejor, precisamente porque no es sobre personajes aburridísimos, como un tío que ordeña, un tío que viaja, otro tío al que secuestran.

En América Latina siempre ha habido una confusión muy grande entre la izquierda y la derecha

¿Tiene en mente escribir otra novela?

Yo llevo muchos años escribiendo unos ocho cuentos. Están a medio escribir pero no sé si los termine, entre otras porque soy muy perezoso. Sin remedio me tomó muchos años, pero yo sabía que la iba a terminar porque tenía toda la vida por delante. No sentía ninguna urgencia. Ahora tengo menos vida por delante pero también a veces me dan ganas de escribir una novela porque tengo una idea.

Han pasado casi treinta años desde que publicó Sin remedio

Yo no creo que uno deba escribir por escribir y sacar una novela cada año o un libro de poemas cada año. Normalmente todos los escritores escriben demasiado.

¿Qué le gusta del arte colombiano?

Más que pintores, me gustan ciertos momentos de algunos pintores colombianos. Por ejemplo, de Obregón me gustan bastante sus cuadros de los años sesenta. De Botero me gustan sus cuadros del principio, la época de los brochazos gruesos, y no me gusta absolutamente nada de lo que está haciendo ahora, estas cosas de las cárceles de Abu Grabi, de las matanzas de Pablo Escobar, todo eso me parece espantosamente malo. Me gusta mucho Beatriz González. Mi hermano también, aunque volvemos a lo mismo, me gustan ciertas épocas y otras no me interesan. Claro que cuando uno hace listas se le queda mucha gente por fuera. Seguramente si me hiciera esta misma pregunta otro día, le respondería con otros nombres.

¿Qué opinión le merece el arte conceptual?

En general no me gusta nada. Aunque algunas cosas sí. Joseph Beuys tiene unos aciertos extraordinarios. Pero me parece que es ajeno a la estética. Viene mucho más del contenido ideológico, o ni siquiera ideológico, del contenido verbal que del resultado estético de la obra.

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Caballero fue un gran fanático de los toros. Sobre ese tema escribió Toros, toreros y público (1992), Los siete pilares de un torero (2003) y Torero en el sillón (2010).

Foto:

Juan Pablo Gutiérrez

A ratos parece más periodismo. Es el resultado de una investigación, se hace una denuncia…

Sí, es periodismo. Pero también es una cosa mucho más de índole sicoanalítica y sociológica que artística, tal como yo entiendo el sentido y la función del arte. Yo no creo que el arte sea para hacer crítica social. Nunca he juzgado el arte por el contenido, ni siquiera el arte en que el contenido cuenta, como toda la pintura renacentista, cuyo contenido es fundamental. Yo tengo una mirada mucho más superficial, una mirada de la forma. Ese famoso cuadro de Goya de los fusilamientos hace una denuncia. Pero ese es un añadido a los valores artísticos y pictóricos del cuadro. Que muestre la crueldad del ocupante francés con el buen pueblo de Madrid me parece muy bien, pero no es para eso que se hizo.

Dejemos de lado el arte y la literatura. ¿Cuándo comenzó usted a tener conciencia política y a asumir una posición al respecto?

Primero, a raíz de la revolución cubana de 1959. Y más adelante cuando empecé a escribir en los periódicos. En El Tiempo publiqué en 1968 un artículo sobre la dictadura franquista y las elecciones universitarias en España. En mayo de aquel año yo estaba en París, y desde los meses anteriores no se hablaba sino de política. Yo estaba en la universidad y las discusiones eran permanentemente entre los de izquierda y los de derecha. Y sobre todo entre los distintos grupos de la izquierda.

¿Todavía tiene sentido hablar en términos de izquierda y derecha?

En América Latina siempre ha habido una confusión muy grande entre la izquierda y la derecha. El régimen cubano se supone que es revolucionario comunista. Pero los revolucionarios comunistas son de derecha. El autoritarismo y la dictadura, así sea la dictadura del proletariado, que es la dictadura del Partido, o sea, la dictadura de los cabecillas del partido, en mi opinión es la derecha. No creo que todo el que se llama a sí mismo de izquierda sea de izquierda. Por ejemplo yo no considero que las guerrillas colombianas de las Farc o el Eln sean de izquierda. Utilizan métodos de derecha. Ya no tienen prácticamente objetivos políticos salvo en el poder local para controlar el tráfico de drogas y el tráfico de secuestrados, que es lo que las ha corrompido más profundamente. La extrema izquierda y la extrema derecha coinciden en muchas cosas y eso no es ninguna novedad. Pero yo creo que sí existen los conceptos de izquierda y derecha, y que son vigentes hoy en día para entender la realidad.

¿Cómo inició usted su trayectoria como columnista?

Yo escribía columnas en Alternativa y luego en El Espectador. Yo he hecho de todo en periodismo escrito, y lo he hecho simultáneamente. He hecho columnas a la vez que he hecho reportería o he sido enviado especial, así como crítica literaria o de arte. Pero siempre he mantenido una columna o varias columnas en varios sitios. Entre otras cosas en varios sitios para no depender de un solo patrón.

¿Alguna vez ha tenido problemas con los medios? ¿Lo han censurado?

No, no he tenido problemas con ningún medio, pero justamente eso se lo atribuyo en parte a que no dependo de ninguno en particular.

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¿Cómo hace usted para encontrar ángulos diferentes en temas de los que escriben también otros analistas y columnistas?

Felipe López dice que lo que pasa con mis columnas es que empiezo siempre por decir que el problema es otro. Yo creo que es eso, que yo comienzo así porque suele suceder que el problema es otro. Todo eso viene fundamentalmente de que yo soy un caricaturista. Tengo una visión caricaturesca de las cosas. No lo digo peyorativamente. Al contrario. La caricatura lo que hace es simplificar la visión de las cosas, sintetizarla.

Si pudiera viajar al pasado, ¿a cuál época le gustaría irse a vivir?

Eso depende de la edad. Si fuera niño, le diría que a los tiempos de Tom Sawyer y Huckelberry Finn. A los 20 años, la Grecia prehomérica. A los 60 me gustaría ser un cardenal del Renacimiento. Y a los 80, esta época, por los avances de la medicina.

¿Ha perdido amigos por algo que haya escrito o dibujado?

Yo no he tenido muchos amigos. Tengo pocos muy cercanos. Aunque esté en desacuerdo muchas veces con ellos, yo nunca he peleado con un amigo por algo que yo haya escrito.

A usted lo acusan de ser muy pesimista, que sólo ve el lado malo de las cosas.

Soy muy realista. Mi pesimismo parte de la realidad. Yo veo que las cosas no andan bien, ni en Colombia ni en el mundo. Lo estamos viendo con esta crisis económica típica del capitalismo, como dijo Lenin, aunque esta probablemente va a desembocar en una guerra. Soy pesimista porque he visto en el curso de mi vida la destrucción física de Colombia. La destrucción de los bosques, la destrucción de los ríos, no queda un solo río limpio. Yo no creo que se pueda pescar ya en ningún río. Montar en avión en Colombia es deprimente y eso sigue así. Los proyectos mineros de la locomotora del gobierno Santos me parecen insensatos. Terribles. Y también los petroleros. Están destruyéndolo todo a cambio de ganancias a muy corto plazo y ni siquiera de muchas ganancias porque —eso ya se ha denunciado 20 veces— las regalías son insignificantes.

La herencia de Uribe es que todo se puede hacer como le dé a uno la gana, que nada tiene consecuencias

Pero al menos, dicen los optimistas, esa es una buena señal porque los inversionistas “creen en nosotros”.

Eso de que los extranjeros crean en nosotros siempre me ha parecido contraproducente. Cada vez que los extranjeros creen en nosotros se llevan todo.

(Además: El salto de la 'Bichota')

¿Cómo le ha ido con Juan Manuel Santos?


A mí me sorprendió Santos, fundamentalmente con su proyecto de restitución de tierras y reparación a las víctimas. Pero hasta cierto punto yo también estoy de acuerdo con Uribe cuando dice que este es un gobierno de anuncios. La mayor parte de las cosas buenas, sorprendentemente buenas que ha hecho Santos, hasta ahora son anuncios. Y hay otras cosas que sí me parece que eran las previsibles y que no me gustan, como el manejo neoliberal de la economía. Santos es un neoliberal convencido. Él es un partidario convencido del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que a mí me parece nefasto. Y me parece contradictoria la política de devolución de tierras a los campesinos con el resto de la política agraria de Santos, que consiste en favorecer a los grandes empresarios y agroindustriales. Sucede un poco como en el cuento de Juan Rulfo Nos han dado la tierra, de El llano en llamas. A los campesinos les dan la tierra pero es un desierto sin agua. Y ellos se quejan: “Licenciado, aquí no hay agua”, y les responden: “Dígalo por escrito”.

¿Cuál es el legado que dejó Álvaro Uribe?

Yo creo que en primer lugar Uribe multiplicó la corrupción de manera desaforada. Este país había sido bastante corrupto. Pero con los ocho años de Uribe creo que ya no queda nada que no esté corrompido en el país. Por cuenta de esos ocho años de cinismo y de todo vale, como decía Mockus (que no es un personaje que me guste pero que tiene razón en muchas cosas), la herencia de Uribe es que todo se puede hacer como le dé a uno la gana, que nada tiene consecuencias. Aunque bueno… está empezando a tenerlas para sus ministros. Vamos a ver qué pasa con ellos. Y con él.

Apertura de la entrevista de Antonio Caballero en la edición impresa de Revista BOCAS, publicada en febrero de 2012.

Foto:

Revista BOCAS

* * * 

Gracias por leernos.

Le invitamos a leer otra de nuestra entrevistas: "No voy a ser candidato": Tomás Uribe.

POR: EDUARDO ARIAS
FOTOS: JUAN PABLO GUTIÉRREZ
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 5. FEBRERO 2012

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