'En mi familia, la 'normal' es mi hermana, que estudió idiomas'

'En mi familia, la 'normal' es mi hermana, que estudió idiomas'

La actriz Verónica Orozco se mueve en todos los frentes. Hoy es Diana Manrique en 'Verdad oculta'.

Verónica Orozco es hija del actor Luis Fernando Orozco, fallecido hace poco, y dice que el arte siempre ha sido fundamental en su vida

Verónica Orozco es hija del actor Luis Fernando Orozco, fallecido hace poco, y dice que el arte siempre ha sido fundamental en su vida

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Hernán Puentes

Por: Olga Lucía Martínez Ante
26 de julio 2020 , 09:15 p.m.

A los 13 años, la existencialista Verónica Orozco –como se definía en ese momento– estaba buscando su lugar en la vida, “algo que me diera luz. Y llegó un salvavidas, porque a veces estaba perdida”, cuenta. Fue 'Oki doki', un programa infantil y juvenil dirigido por Toni Navia, “que me enseñó lo que necesitaba saber de este medio, que no es solo aprender a actuar, sino a comportarme, que hay momentos arriba y momentos abajo, que a veces hay trabajo y otras, no”, sigue.

“Pero, lo más importante, me enseñó a tener un centro, que no es solo ser artista exitoso, sino que esto es de pasión, disciplina, amor y entrega, sin dejarse llevar por tantas cosas de afuera”.

Fue más aprendizaje en su vida, pues en una casa con un papá actor reconocido (Luis Fernando Orozco), Verónica Orozco –hermana de la también actriz Ana María Orozco– aprendió desde niña del oficio.

Por eso trabaja a diario para seguir siendo una de las mejores del país, parte de la generación intermedia del cine, el teatro y la televisión, pero con un valor agregado: pedía, desde niña, ser artista. 

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Ha hecho grandes papeles, entre ellos los protagónicos de 'La lectora', 'Isabel me la veló', 'A corazón abierto', 'Bloque de Búsqueda', 'La Gloria de Lucho', y ahora está en 'Verdad oculta', que se emite de lunes a viernes a las 10 p. m. por RCN, donde es la coronel Diana Manrique.

Basada en el libro 'Una verdad oscura', de Germán Castro Caycedo, esta versión de televisión con libretos de Verónica Triana y su equipo cuenta la historia de cómo comandos de la Policía capturaron, en años recientes, a 1.605 integrantes de la banda del Golfo.

La serie mantiene la tensión del trabajo policial y presenta el personaje de Diana Manrique, la líder de la operación.

¿Quién es Diana Manrique?

Un personaje que me dio mucha alegría tener después de tres intensas semanas de 'casting'. Y me emocioné tanto, porque uno como actriz busca no repetirse, salirse del lugar cómodo, y este papel fue un gran desafío.

Es una mujer de mucho carácter, con voz de mando, pero con unos conflictos internos muy profundos. Tiene inteligencia, sagacidad, intuición. No solo es su fachada fuerte, es una mujer con una gran fuerza interna, en un mundo de hombres, que puede organizar un equipo y cumplir con la misión que le encomiendan.

Se ve muy bien con su pareja en la serie, Rodrigo Candamil

Sí, hubo una magia muy fuerte, nosotros nunca habíamos sido pareja en la actuación ni teníamos una relación estrecha, pero desde el 'casting' hubo algo determinante que logra que estos personajes se vean así. Cada uno tiene una historia muy fuerte, sienten admiración mutua, son muy solitarios aunque Diana sea casada. Fue maravilloso compañero y es un gran actor.

¿Habló con muchas policías para el personaje?

Sí, son mujeres muy entregadas a la institución y que hacen un trabajo poco común. Pude ponerme un poco en su piel cuando me contaban que se iban a hacer trabajos durante largo tiempo, exponiendo sus vidas. En ellas hay una gran contradicción, como en muchas otras, y ayudó mucho hablar para ratificar, además, que estamos divididas porque debemos ser buenas mamás, esposas, amas de casa y profesionales.

Pero, como mi personaje no existía en realidad, también hablé con muchos hombres que se mueven en distintos roles. Hubo una buena combinación de historias para inspirarme.

Desde muy pequeña acompañaba a mi papá a sus ensayos en el Teatro Popular de Bogotá, que eran hasta la 1 o 2 de la mañana. Me pusieron un sofá en la tramoya, y ahí dormía

¿Qué piensa de las producciones que cuentan este tipo de historias?

A mí me fascina Germán Castro Caycedo, cómo cuenta las historias, pero no deja de ser doloroso porque son reales y nos confirman que la guerra no ha parado.

¿En qué momento de su vida quiso ser actriz?

Ser actriz y la música fueron mis sueños desde niña. Desde muy pequeña acompañaba a mi papá a sus ensayos en el Teatro Popular de Bogotá, que eran hasta la 1 o 2 de la mañana. Me pusieron un sofá en la tramoya, y ahí dormía. Recuerdo especialmente una obra: 'La muerte es una comedia'. Me impactaba ver cómo los actores se salían de la piel y eran otras personas. Yo le pedía al cielo dedicarme a la actuación. 

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Hábleme un poco de su papá, que fue uno de los grandes de la TV

Hace poco encontré su licencia de actor. Él hizo un gran recorrido, como muchos de su generación que se formaron en academia, fueron estudiosos y vivieron un momento en el que se respetaba la profesión, en el que había regalías, tan necesarias para los actores, pero eso se acabó durante mucho tiempo.

En esta época, además, he releído libros que él me regaló, de Chejov, entre otros. Él me los dio cuando yo tenía 17 años y me empezó la pasión por textos de artistas y directores, con ellos aprendí lo que sé porque he sido muy empírica. Y en el proceso de releerlos, me confirmo que no me equivoqué.

Pero hace poco ustedes lograron de nuevo unión y garantías.

Sí, y estamos todos en el mismo barco porque sabemos qué significa entregar la vida a un trabajo artístico y tener una voz para la gente y el público. Luchar por respeto y condiciones dignas de trabajo es fundamental.

Uno quiere hacer todos los personajes, pero al final no todos son para uno y hay que entenderlo

Usted y Ana María tienen una hermana que no se dedicó a la actuación. ¿Es cierto?

Sí, se llama Juliana, y mi papá decía que era la única normal. Es más, la presentaba así: “Te presento a mi hija, la normal”. Es la que más talento tiene, es una humorista innata, siempre nos hace reír con sus apuntes e inteligencia. Estudió idiomas y vive en Europa.

¿Usted le ha dicho no a algún personaje?

Sí, a algunos. Me guío por la intuición, y eso me lo enseñó mi hermana Ana María: que la intuición era clave. Uno quiere hacer todos los personajes, pero al final no todos son para uno y hay que entenderlo.

Uno de sus grandes personajes fue el de Gloria, en 'La Gloria de Lucho'. ¿Cómo logró transmitir a esa mujer, vital en la vida de este personaje basado en Luis Eduardo Díaz?

Lo construimos de manera coral con Enrique Carriazzo, el protagonista. Antes de empezar el rodaje nos reuníamos para armar lo que sería la relación. Eso es lo fascinante de trabajar en una producción con buenos actores, porque crear y armar dependen mucho de quién está a tu lado. Estábamos muy claros en los personajes y en su estructura, fue una gozadera total.

¿Qué le gusta de las actrices de su generación?

Que hay mucha pasión, muchas ganas, disciplina y respeto por el oficio. Estamos enamoradas de lo que hacemos. 

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Hablemos del teatro ya usted como actriz. ¿Cómo empezó?

Haciendo 'La siempreviva', de Miguel Torres, en el Teatro El Local. Llegué como el reemplazo de una actriz y disfruté cada presentación en el patio de esa casa donde se hacía.

Sin duda es una pasión latente, heredada. A los 8 años vi 'El paso', de La Candelaria, con mi papá, y nos la repetimos tanto que casi la memoricé.

Pero ya cuando llegué sentí miedo. Y aprendí que hay que presentarse para cinco personas o para una sala llena, ahí está la magia; aunque, claro, es mejor que se abra el telón y haya lleno.

He aprendido con grandes: Alfonso Ortiz, Alberto Valdiri, Carmenza Gómez, que es mi madre intelectual y una de mis mejores amigas...

Luego, en el Teatro Nacional, hice una audición frente a Fanny Mikey y Jorge Alí Triana para 'Feliz nuevo siglo, doctor Freud'. Estaba muy nerviosa, al final me llamaron para decirme que yo era la elegida, pero que el personaje tenía un desnudo completo. Casi me muero, pero los dos me dijeron que en el escenario uno siempre está desnudo, y acepté.

¿Qué es lo que más ha extrañado en estos días que vivimos?

El teatro, desde el olor a café, reclamar las boletas, los murmullos de la gente, el tercer timbre...

A veces me levanto y me siento rara, me gusta la alegría, ser positiva, pensar positivo, sacar lo bueno de cada situación. He sorteado esta ola siendo creativa, compongo canciones, escribo así sea tres hojas al día.

¿Y su hija Violeta?

Tiene 8 años y le gusta jugar, y yo como mamá pienso que el juego es muy importante, incluso por encima del estudio. Eso nos conecta, porque mi arte es un juego serio también. A ella le gusta bailar, lo hace de manera muy particular, será una gran bailarina. Pero que sea lo que quiera, yo la acompañaré en su pasión.

¿Qué planes tiene para el futuro?

No es momento para planear, pero tengo ganas de volver a trabajar, no veo la hora de regresar al set, soy amiguera, me encanta la gente, conversar, extraño ese contacto.

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