La vida después de ‘The Truman Show’

La vida después de ‘The Truman Show’

Hace 20 años se estrenó la cinta protagonizada por Jim Carrey que profetizó el fin de la privacidad.

‘The Truman Show’

‘The Truman Show’ fue un éxito en taquilla: recaudó 265 millones de dólares en todo el mundo. Hoy es una película de culto.

Foto:

Cortesía Paramount Pictures

Por: María Fernanda Mugica - La Nación (Argentina) - GDA
06 de octubre 2018 , 11:07 p.m.

Veinte años después de su estreno, en junio de 1998, ‘The Truman Show’ sigue siendo valorada como una gran película y admirada como oráculo. Su legado incluye la consagración dramática de Jim Carrey, la predicción del auge de los ‘reality shows’ y del fin de la privacidad.

Desde que Carrey se puso en la piel de Truman, un hombre que ignoraba que su vida era una puesta en escena que estaba siendo filmada y emitida por televisión, los ‘reality shows’ coparon la TV, presentando una realidad manipulada para convertirse en espectáculo.

La privacidad se fue devaluando a medida que estos ‘shows’ se convertían en un fenómeno exitosísimo y terminó de destruirse como concepto con la aparición de las redes sociales en las que, voluntariamente, millones de personas exponen sus cuerpos, a sus hijos y a sus mascotas. Ficciones como las que narra la serie ‘Black Mirror’ de Netflix se ocupan ahora de pensar y advertir sobre el futuro que nos espera, tal como lo hizo ‘The Truman Show’.

Cuando el director Peter Weir leyó el guion de Andrew Niccol le pareció una maravillosa ficción especulativa, con inspiración en ‘The Twilight Zone’, aquella serie de antología de fines de los 50 que compilaba relatos fantásticos. Pero tenía sus dudas respecto de llevarla al cine. “Me preocupaba su credibilidad. No había suficientes precedentes”, explicó a la revista ‘Newsweek’ el director australiano, conocido por ‘La sociedad de los poetas muertos’. Weir consultó con varios amigos sobre el guion, y todos opinaban que la premisa era demasiado imaginativa.

Sin embargo, el proyecto siguió en marcha. El realizador decidió crear para ‘The Truman Show’ un ambiente que reflejaba el ideal de la vida en los suburbios norteamericanos de los 50, pero adaptado a la época. El personaje viviría en Seahaven, una isla donde todo es prolijo, ordenado y no existe la pobreza. Un pequeño mundo contenido en un set construido dentro de un enorme domo ubicado en el corazón de Hollywood, con una luna que esconde la cabina de control presidida por el creador del programa, Christoff (Ed Harris).

El elegido para interpretar a Truman fue Jim Carrey, quien hasta entonces se había dedicado con exclusividad a comedias alocadas como ‘La máscara’ y ‘Ace Ventura’. Su interpretación le permitió demostrar la vulnerabilidad y sensibilidad que se escondían detrás de sus muecas y le abrió las puertas para actuar en otro tipo de películas.

Tras su estreno, ‘The Truman Show’ recaudó casi 265 millones de dólares en la taquilla internacional, recibió tres nominaciones al Óscar y se convirtió en un fenómeno de la cultura popular. La idea de un programa que mostrara el día a día de un hombre que ni sospechaba que vivía dentro de una ‘realidad controlada’ aún parecía imposible, pero quienes vieron la película empezaron a comentar, ante ciertas situaciones, que lo que les sucedía parecía armado, “como ‘The Truman Show’ ”. Años después, esta sensación se convertiría en patología y el psiquiatra Joel Gold le pondría el nombre ‘Truman Show delusion’. Gold atendió el caso de un hombre que creía que el atentado al World Trade Center, en septiembre de 2001, había sido simulado para el ‘reality’ que él protagonizaba y tuvo que viajar a Nueva York para ver con sus propios ojos las consecuencias del hecho.

La ‘telerrealidad’

El concepto de ‘reality show’ todavía no se había popularizado cuando la película de Weir llegó a los cines, aunque la televisión ya había coqueteado con la idea de contar la realidad como si fuese una ficción, y sugería que la audiencia disfrutaba con el morbo que produce el drama real.

En 1973 se estrenó ‘An American Family’, un ciclo experimental de la televisión pública de Estados Unidos (PBS) que presentaba la cotidianidad de una familia norteamericana. El productor Craig Gilbert utilizó el estilo del ‘cinéma verité’, corriente del cine documental basada en la grabación de situaciones y diálogos sin intervención del realizador para adentrarse en la vida de los Loud. La idea del productor era mostrar a una típica familia de la época, pero en el camino se encontró con un melodrama que no esperaba: el matrimonio Loud, que había cumplido su 21.° aniversario, se desintegró; el patriarca enfrentó una crisis en su negocio, y el mayor de los cinco hijos contó frente a las cámaras que era gay, en una época en la que la homosexualidad aún era un tema tabú.

En 1992, la señal MTV estrenó ‘The Real World’, una serie inspirada en ‘An American Family’, en la que un grupo de jóvenes que no se conocen entre sí convivían en una casa durante varios meses, y varias cámaras capturaban lo que sucedía entre ellos. Y un año antes de que ‘The Truman Show’ llegara a los cines se estrenó en la televisión holandesa ‘Gran Hermano’, que tomaba la premisa general de ‘The Real World’ pero exponiendo a los participantes a las cámaras las 24 horas. El formato se expandió a más de 50 países.

‘The Truman Show’ no inventó los ‘reality shows’, pero sí predijo su auge y advirtió sobre algunos de sus peligros. La fascinación del público por acceder a cada detalle de la intimidad de una persona se haría manifiesta en la década siguiente, un interés voyeur que se agigantó con la aparición de las redes sociales. A partir de la llegada de Facebook, seguida por Twitter, YouTube, Instagram y otras, las personas comenzaron a mostrar sus vidas a desconocidos. Para muchos se trata de un intento desesperado por alcanzar la fama. No están lejos de parecerse a Meryl, la esposa de Truman, interpretada por la gran Laura Linney, una mujer que renuncia a su libertad para ser parte del programa más exitoso del mundo.

Otra de las acciones de Meryl se convirtió en algo corriente tanto en la TV como en las redes sociales: la publicidad no tradicional. En una escena, la esposa de Truman intenta dar fin a una discusión seria ofreciéndole una taza de Mococoa “hecha con granos naturales de cacao de las laderas altas del monte Nicaragua, sin edulcorantes artificiales”. A Truman ese comportamiento le resulta extraño, y le pregunta a quién le está hablando. La respuesta, que queda sin pronunciarse, es a los televidentes y potenciales consumidores.

Esa forma de vender un producto, simulando utilizarlo y disfrutarlo, era una novedad cuando se estrenó la película. Hoy, la televisión la tiene completamente incorporada. Y también las figuras de Instagram, YouTube o Snapchat: personas con millones de seguidores convierten sus ‘posteos’ en una vidriera en la que desfilan ropa, productos de belleza o bebidas siempre que la marca les pague. Ahí es donde reside el negocio de las redes sociales, que cuentan entre sus estrellas a muchas surgidas de los propios ‘reality shows’. Ni el guionista ni el director del filme podían adivinar que veinte años después, la familia Kardashian, por ejemplo, construiría un imperio basado en su vida cotidiana y cimentado sobre la filtración de un video sexual de una de las hijas, Kim, que luego fue editado y vendido con su bendición a cambio de regalías.

A diferencia de quienes renuncian a su privacidad en el intento de hacerse famosos, Truman es una víctima de la megalomanía de Christoff: un bebé adquirido por una empresa para ser criado ante los ojos del mundo, convertirse en un producto de entretenimiento y generar ganancias. La advertencia de ‘The Truman Show’ sobre la falta de ética de hacer pública la intimidad de una persona que no sabe que está siendo filmada resuena en nuestra época, cuando cualquiera puede filmar a otro con su teléfono celular y publicarlo en internet.

Con una vuelta de tuerca de una oscuridad apabullante, el episodio ‘White Bear’ de ‘Black Mirror’ retoma esta advertencia, pero la adapta a estos tiempos. La serie británica de antología se centra en las repercusiones que la tecnología de consumo masivo tiene en la vida actual. El espejo negro del título se refiere a la pantalla del teléfono, la computadora, la tableta o el televisor que nos devuelve nuestra imagen envuelta en la oscuridad. Charlie Brooker, creador, productor y guionista de todos los episodios, cita a la película de Weir como una influencia directa sobre la serie.

‘White Bear’ comienza con una mujer que despierta en una casa y no recuerda quién es ni dónde está. Cuando sale, se encuentra con un hombre armado que la empieza a perseguir a los tiros mientras grupos de personas filman lo que sucede con sus teléfonos y nadie responde a sus pedidos de ayuda. Pronto, la mujer se encuentra con una joven que le ayuda a escapar y le explica que una extraña señal que invadió las pantallas convirtió a las personas en sádicos capaces de cualquier crimen o en espectadores pasivos. Mientras tanto, la mujer tiene algunos recuerdos aislados y guarda la foto de una niña que, todo parece indicar que es su hija.

Finalmente se revela que la mujer es la protagonista de un ‘reality show’ que pretende hacer justicia a través de un esquema de tortura. La mujer fue cómplice de su novio en el secuestro y asesinato de una niña, la de la foto que pensaba que era su hija. Mientras el hombre le prendía fuego, ella filmó todo y no hizo nada para ayudarla. Su castigo es vivir todos los días esta puesta en escena en el Parque de Justicia White Bear, llamado así por el osito blanco que era el favorito de la niña asesinada.

Cuando se estrenó el filme de Weir, lo que se planteaba parecía una exageración, una distopía que mostraba un mundo en el cual una empresa podía comprar a una persona y ofrecerla como entretenimiento. Pero esto terminó siendo una profecía. El episodio de ‘Black Mirror’ también parece descabellado, pero ¿es realmente imposible que algo así suceda?

MARÍA FERNANDA MUGICA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @LANACION

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