Telecaribe estrena ‘Hermano menor’, un ‘reality’ con indígenas

Telecaribe estrena ‘Hermano menor’, un ‘reality’ con indígenas

Este 25 de junio empieza esta sorprendente producción hecha en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Hermano menor tiene 14 concursantes, siete hombres y siete mujeres de los departamentos de la costa.

Hermano menor tiene 14 concursantes, siete hombres y siete mujeres de los departamentos de la costa.

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Telecaribe

Por: Olga Lucía Martínez Ante
24 de junio 2019 , 10:00 p.m.

Miguel Mendoza estaba preocupado. “Nos demoraremos por ahí unas seis horas viendo los capítulos”, les dijo a los indígenas arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Pensó que era mucho tiempo.

“Es poco –le respondieron ellos–, porque nosotros nos pasamos toda la noche conversando, analizando qué es lo mejor para tomar una buena decisión. Eso no es nada para las noches que pasamos reflexionando”.

Entonces, Mendoza, director de 'Hermano menor', el 'reality' de Telecaribe de comienza este 25 de junio e irá de lunes a jueves a las 9 p. m. por el canal regional, les mostró el trabajo que grabaron en esta zona de Colombia donde conviven las comunidades indígenas kogui, arhuacos, wiwas y kankuamos, que tiene 17.000 kilómetros cuadrados, que es parque nacional natural y reserva de la biósfera desde 1979 según declaratoria de la Unesco.

Mientras veían los programas, Mendoza pudo observar las caras de sorpresa de los arhuacos y su percepción al mirarse en televisión y teniendo una imagen de su propio territorio desde los drones que utilizaron para la grabación.

Este es casi el final de la historia, porque todo empezó hace varios meses, cuando Juan Manuel Buelvas, gerente de Telecaribe, decidió hacer un 'reality' con comunidades indígenas. “Eso era como lo general y dio la casualidad que Lee Morales, la productora, y yo, habíamos trabajado en la inauguración de los Juegos Bolivarianos y allí conocimos a José Raúl Torres, delegado del pueblo arhuaco, que estuvo pendiente de cómo se contaba la historia de las comunidades de la sierra en la ceremonia”, sigue Mendoza.

Así que Morales y Mendoza buscaron a Torres y en la primera charla, esta vez con el mamo Camilo, este les dijo que sí, pero que todo se haría desde el punto de vista de ellos como comunidad que habita la sierra.

Fueron más de 50 personas de producción las que llegaron a Gúnmaku, una de las poblaciones donde se realizaron las grabaciones, así como los 14 concursantes, siete hombres y siete mujeres, dos de cada uno de los departamentos de la costa Caribe.

El objetivo: que los concursantes tuvieran un ascenso espiritual, los ganadores serían los que lograran lo anterior. Y desde el principio estuvo claro, cuenta Morales, que “no se trataba de exponerlo ni de sacar lo peor de ellos”.

La madre tierra estuvo de acuerdo y todo el equipo llegó y se entregó al trabajo. “Nos dimos cuenta de que era una especie de llamado, una misión. Claro, estaba el trabajo como dice la profesión y la estructura, pero acatamos todo lo que nos decían los arhuacos y muchas veces en contra de nosotros mismos. Por ejemplo, en las decisiones de a quién se eliminaba, y hubo ocasiones en las que no nos pareció, pero ellos decidían y estábamos en su casa, y uno acoge las reglas del dueño del lugar”, comenta Mendoza.

Pero hoy, agrega, se dan cuenta de que tenían razón: “Quienes se fueron primero no tenían tanta fuerza espritual, así de claro”, asegura Mendoza.

Los día iban pasando y ese equipo gigante que “por lo general siempre tiene discusiones, en el que alguien se enferma, en el que a uno no le gusta el chocolate, fue tocado por los arhuacos. Yo pienso que de algún modo hubo una transformación de vida”, asegura.

Fue tan importante este encuentro, que Giselle Lacouture, la presentadora, también tiene historias para contar. Y una de ellas es que será la madrina de bautizo de la hija de uno de los mamos.

“Yo llegué en luna llena y la niña nació en luna llena. Ahí debe estar la conexión porque fui la primera sorprendida cuando el mamo me pidió que fuéramos compadres”, asegura.

La exreina del Carnaval de Barranquilla afirma que en 'Hermano menor' afianzó su propósito de vida. “Yo siempre he sido ambientalista, conectada con la naturaleza y con muchos deseos de ayudar a la madre tierra, y en este proyecto ratifiqué que es una madre que nos habla. Ahora mismo estoy en un trabajo musical y audiovisual que mostrará el conocimiento que ellos tienen”, dice.

Y agrega: “Nosotros creemos saberlo todo y no es cierto. Los indígenas son un conectador, su tradición oral es tan fuerte, que lo saben todo. Ellos hacen parte activa y respetuosa de la naturaleza, y aprendí a oír la brisa, que nos cuenta sobre los pájaros; al agua, que nos dice cosas con el sonido de las piedras, eso es saber escuchar”.

Morales, por su parte, dijo que lo que más aprendió está relacionado con el manejo del tiempo. “Cuando llegamos a una de las lugares de grabación tuvimos que esperar alrededor de siete horas para iniciar actividades, porque los mamos estaban haciendo un trabajo para que nosotros pudiéramos grabar allí”.

Nosotros creemos saberlo todo y no es cierto. Los indígenas son un conectador, su tradición oral es tan fuerte, que lo saben todo

Siete horas, en un rodaje de este tipo, es mucho tiempo. “Pero entendimos no solo que era necesario esperar, sino que esta parada hizo que reposáramos como equipo, que pudiéramos hablar de lo que habíamos hecho, que reflexionáramos sobre lo que íbamos a enfrentar. Hoy lo tengo claro: si no hubiéramos tenido ese tiempo, no entenderíamos para qué fuimos allí. Es el reto más grande que he tenido en mi carrera”, dijo.

Mientras, Mendoza, que llevó a su hijo de 22 años a la grabación, pudo ver cómo el joven aprendía. “Sin saber que era mi hijo, José Raúl se sentaba con él todas las tardes a hablar y una de sus preguntas fue que cuántas pulgadas tenía su computador. 17, le respondió mi hijo, a lo que el representante arhuaco le manifestó: ‘¿Tú crees que el mundo cabe ahí?’”

Eso terminó siendo una gran enseñanza para el joven Mendoza quien aprendió, además, que siempre debe contestarle a su papá el teléfono cuando lo llama, así sea muy tarde, porque es la única hora que su trabajo le permite comunicarse.

Allá, en ese territorio, al que sus indígenas llama el Corazón del mundo, los 10 capítulos que hicieron pasaron a un segundo plano, así como los afanes. “En esa zona no entra el teléfono, no hay redes sociales, y no nos importó, convivimos con ellos, con su bondad, con su sencillez, con su mensaje de estar para servir, y dormimos con la comunidad”, dice Mendoza.

Los concursantes, por decisión de la comunidad, no debían ser pareja, ni tener una relación cercana, “como máximo, amigos no fraternales. Ese fue el truco para que buscaran el equilibrio enfrentando la selva, los animales”, dice.

José Raúl Torres, indígena arhuaco de 39 años, cuenta que el objetivo fue “enseñarles qué es nuestro pueblo, qué hacemos. Nosotros siempre hemos existido y quisimos ser guías para que entiendan nuestra forma de ver la vida. Somos un pueblo milenario que no está en contra del desarrollo, pero tenemos que garantizar que el medio ambiente se conserve para garantizar la vida. Debemos cuidar el agua, porque es la vena”.

Torres sabe ahora que tiene nuevos amigos, entre los concursantes y el equipo técnico, “personas que se reencontraron sin importar de dónde llegaron”, asegura.

Mendoza dice que 'Hermano menor' no tuvo ganadores ni perdedores. Si no logras tu objetivo, emprendes un camino más largo para regresar”. Y los hermanos mayores de la sierra estarán esperando a todo el que necesite ese regreso.  

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura
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