‘Jinetes del paraíso’, el retrato del Llano más vivo

‘Jinetes del paraíso’, el retrato del Llano más vivo

El documental, que cuenta con la voz del Cholo Valderrama, recoge la vida de los jinetes llaneros.

Jinetes del paraíso

El documental 'Jinetes del Paraíso' está disponible en la plataforma Mowies.

Foto:

Cortesía

Por: Simón Granja Matias
21 de junio 2020 , 12:55 a.m.

Cuando el cuatro, los capachos y el arpa cogen el ritmo veloz del galope de cientos de caballos y de fondo se escucha un canto de vaquería, la imagen que aparece es una sabana eterna, libre y hermosa con un sol de los venados alumbrando las alas rosadas de los aracuros. Los caballos se alebrestan, se muerden, se levantan en dos patas y se patean, salvajes, para mostrar su fuerza ante la caballada mientras los hombres descalzos miran con calma el transcurrir de la vida en la sabana, en los Llanos orientales.

Esa imagen parece que no se le va de los ojos a Talía Osorio después de grabar durante años el transcurrir de la vida en esta región de Colombia. Ella dice que la realidad se ve más linda a través de una cámara, pero, sin duda, se ve más linda a través de una cámara mientras monta un caballo por la sabana llanera. El resultado de su experiencia es el documental 'Jinetes del paraíso', en el que el famoso cantante llanero Cholo Valderrama es el hilo conductor de una historia enternecedora en medio de lo salvaje que es la vida llanera, donde el amor triunfa a pesar de los años, donde el respeto a la vida es amar a un caballo y la esencia del transcurrir del tiempo es mirar un atardecer.

Si algo de esa imagen se quiere quedar en su retina y ese sonido en su tímpano, desde el pasado jueves el documental está en la plataforma Mowies. Además, Procolombia le otorgó al documental la distinción de Marca País por ser un producto que muestra lo mejor de Colombia ante el mundo.

(Lea también: 'Sumercé': las luchas campesinas por salvar los páramos)

EL TIEMPO conversó con Talía Osorio, a quien la vida le cambió después de grabar este documental. La película continúa porque ella está embarazada al tiempo que su yegua, la diferencia de un mes será la que quede entre su hijo y el potro que a él le entregará.

¿Por qué los Llanos?

Yo era una mujer absolutamente urbana. Estudiaba Antropología, pero nunca había ido al Llano y Francisca Reyes, una amiga de la universidad que es coproductora de la película, me invitó a un hato. Es de los pocos que quedan con más o menos unas 40.000 hectáreas, que es como Suiza de grande. Fui allá y me encontré con un mundo que no sabía que existía en Colombia, donde había caballos salvajes, venados, chigüiros, hombres montando a caballo...

¿Cómo fue el acercamiento con el Cholo?

Él es un 'rockstar' muy sencillo. Los llaneros son gente que sabe mucho, pero que no lo está diciendo sino que dejan que uno lo descubra. Cuando llegué a Yopal, el Cholo fue la primera persona que vi... no sé por qué, pero quedamos en la misma silla y me puse a hablar con él sin saber quién era. Un día le dije que quería hacerle un corto. Empezamos a tener mucha admiración el uno por el otro por el trabajo que cada uno hace. Terminamos haciendo este largometraje y siendo amigos.

Yo creo que si uno se cae del caballo en mitad de la sabana, se pierde y se muere porque hay muchos animales y los pastos son más altos que uno

Y es que el Llano no se puede contar sin su música…

Es una tierra que habla a través de sus cantos de vaquería y del joropo, que es como mil caballos corriendo. Pero si yo solo ponía joropo, tampoco funcionaba. Cuando descubrí al Cholo fue que el documental terminó de coger forma. Me demoré en entender que una tierra no se puede contar solo a través de fauna o solo de las historias de su gente, sino que necesita música.

¿Qué le dijo él de la película?

Cuando él vio la película y le pregunté qué tal le había parecido, se puso a llorar y yo entendí que ambos habíamos honrado al Llano. No había más que decirnos.

Una parte conmovedora es el matrimonio de estos dos llaneros que ya son mayores...

Estábamos en un pueblo que se llama Carrizales grabando un concurso de coleo cuando llegó un muchacho y nos dijo que el papá y la mamá se iban a casar pasado mañana. No teníamos previsto esa historia en la grabación ni en el guion, pero creo que es una de las partes más importantes de la película.

(Además: Vea el documental 'Porro hecho en Colombia', de Adriana Lucía)

Jinetes del paraíso

Procolombia le otorgó a Jinetes del Paraíso la distinción de Marca País por mostrar lo mejor de Colombia. Foto. Cortesía.

Foto:

Cortesía.

¿Cómo fue grabar montando en caballo todo el tiempo?

Yo honestamente habría montado caballo en algún paseo a Villa de Leyva como 30 minutos (risas). Sin embargo, uno cree que sabe montar. La primera vez, vi que todos se descalzaron y pensé que también debía hacerlo. Hay pastos que tienen espinas y eso se mete entre los dedos y te cortan hasta que sangras. Me salían lágrimas, pero como nadie se quejaba yo tampoco.

Difícil…

En el Llano nadie te explica cómo se hace, te toca es aprender viendo y viviendo. Pasó un tiempo hasta que entendí cómo tenía que coger la rienda, cómo me sostenía, a soltar el cuerpo, dejarme llevar por el caballo. No es que me haya vuelto una jinete, pero puedo montar a caballo y galopar. Hay unas imágenes de unos 200 caballos herreros que están sueltos, teníamos que ir a capturarlos y se encierran en un cuerpo de jinetes y eso es a toda velocidad. Si uno se queda, pues se queda y usted verá...

(Le puede interesar: Cimarrón, los llaneros del joropo universal)

¿Cómo así “usted verá”?

Yo creo que si uno se cae del caballo en mitad de la sabana, se pierde y se muere porque hay muchos animales y los pastos son más altos que uno. Me parece gravísimo. Hay momentos en los que corría, pero no porque sea buena jinete, sino para sobrevivir (risas).

El Llano, su paisaje, su gente, su fauna son coplas…

El Cholo dijo: “Si el cielo es un paraíso, tendrá que tener un Llano”... Él tenía ese otro lenguaje. Y es que el Llano se presta mucho para eso porque si yo te pongo a que andes una sabana infinita en un caballo solo, pues se te tienen que ocurrir versos y poemas porque qué más haces (risas). Es un ambiente que permite jugar con los paisajes, la gente, permite llegar a la poesía en la imagen. Ellos son nuestros 'cowboys'. Yo antes pensaba que el Llano se iba a acabar porque llegó el petróleo, el arroz, la violencia, pero me dijeron una vez que el “Llano ha criado muchos toros y vamos a ver este cómo sale”. A raíz de eso decidimos hacer un documental que celebre la vida del llanero y la ponga en presente, no con nostalgia... Estamos diciendo, el Llano está muy vivo.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

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