Steven Spielberg conversa con James Cameron de su amor por el cine

Steven Spielberg conversa con James Cameron de su amor por el cine

Los realizadores más grandes de la cinematografía contemporánea hablaron de ciencia ficción.

Steven Spielberg y James Cameron

James Cameron (izquierda)  logró que Steven Spielberg le contará detalles de su infancia, de su padre y de algunas de sus películas.

Foto:

Foto Cortesía AMC

Por: Cultura
14 de julio 2018 , 09:33 p.m.

James Cameron, el artífice de películas como ‘Avatar’, ‘Terminator’ y ‘Titanic’ –que le mereció tres premios Óscar–, asumió el papel de entrevistador, mientras que el entrevistado fue Steven Spielberg, considerado una leyenda de la pantalla grande por producciones como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T., el extraterrestre y Ready Player One (estrenada este año), y también ganador de tres estatuillas de la Academia.

Ambos tejieron una charla amena y con visos de nostalgia, acerca de aquellos monstruos, sueños y experiencias que despertaron una pasión y un talento que luego Spielberg llevó a su cinematografía.

La entrevista hace parte de ‘Historia de la ciencia ficción, por James Cameron’, una serie documental que explora los misterios de este género cinematográfico y literario con sus protagonistas, tanto al frente como detrás de las cámaras.

La producción (que se emite los martes a las 9 de la noche por el canal de TV paga AMC) contó también con la participación de George Lucas (creador de la saga de La guerra de las galaxias) y Ridley Scott (el director de 'Alien: el octavo pasajero'), así como de los actores Arnold Schwarzenegger ('Terminator', 'El vengador del futuro') y Will Smith ('Día de la independencia', 'Yo, Robot'), por mencionar solo algunos.

James Cameron decidió reencontrarse con el género que lo inspiró a convertirse en director de cine. Los resultados de su búsqueda son la serie de AMC y un libro homónimo, publicado por Insight Editions en Estados Unidos. A continuación, algunos apartes de su diálogo con Steven Spielberg.

La mayoría de los cineastas de mi edad (Cameron cumplirá 64 el mes próximo) e incluso dirían que eres el tipo que siempre estuvo un paso adelante, que los dejó boquiabiertos e hizo que quisieran rodar películas. Creaste una visión del cine que no existía antes…

Bueno, siempre hay alguien que va delante de todos nosotros: George Pal, Stanley Kubrick, Willis O’Brien...

Creo que lo que incentivó mi imaginación cuando era un niño fue simplemente el miedo. Necesitaba hacer algo para protegerme de todo aquello a lo que le temía, que cuando oscurecía era casi todo. A principios de los años 50, mis padres pensaban que la televisión era la peor influencia para cualquier niño. Solo podía ver programas de espectáculos, pero nunca vi 'Dragnet', 'M Squad' ni ninguna de esas series de detectives que eran geniales en esa época.

¿Nunca te aterraron los monos voladores de ‘El mago de Oz’?

Estaba aterrorizado por eso y por el incendio forestal en Bambi. Eso podría haberme asustado más que el demonio que sale de la montaña en la película animada Fantasía. Como estaba tan ávido de estos contenidos, debido al pensamiento que tenían mis padres, comencé a imaginar mis propios programas. Si no podía ver televisión, entonces soñaría con algo que disfrutara.

¿Entonces rodaste cortometrajes?

Sí. Bueno, mucho antes de eso empecé a soñar. Hice muchos bocetos. Solía esbozar imágenes aterradoras. Siempre tenía que ver con un lápiz, un trozo de papel y, después, una cámara de ocho milímetros.

El bien no inspira el mal; bueno, en realidad propaga un bien mayor. Y eso, pienso, es lo que hace la mejor ciencia ficción

Asustaste a todos con ‘Tiburón’ y después te ocupaste de los alienígenas, que no siempre se pueden considerar monstruos. Con tu película ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’ lograste una visión alternativa de esos seres de otros mundos...

Creo que todo comenzó con la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. La primera influencia real fueron los japoneses. La película Godzilla (1954), por ejemplo, exploró una especie de miedo cultural y nacional. A partir de ese momento, todo lo que salía de la bahía de Tokio o cualquier cosa que apareciera en el cielo nocturno era agresivo, hostil (...). A mí eso me encantaba.

Vi todas las películas de serie B (bajo presupuesto) de terror. Vi todas las de horror de Allied Artists; filmes de la productora Hammer. Todo. Pero no pude encontrar a un alienígena decente que me hiciera sentir el deseo de conocerlo mejor. Todos querían destruir a la raza humana.

Siempre los vencimos. Era nuestra manera de decir que la inteligencia humana y el coraje superaban a los monstruos creados por la ciencia. Era una forma de mantener a raya al coco de una guerra nuclear...

Exactamente, era vencer cualquier amenaza. Se puede equiparar el final de la mayoría de las películas de ciencia ficción de los 50 con las producciones de la Segunda Guerra Mundial o las de John Wayne de los años 40 y 50.

Se trataba de la destrucción atómica y el comunismo mezclados, y eso tenía que ser vencido...

Sí. La Amenaza Roja era el enojado planeta rojo. Marte de repente se convirtió en un enemigo y no en una maravilla.

Mi padre (Arnold Spielberg) fue quien me mostró el cosmos. Construyó un telescopio reflectante de dos pulgadas con un cilindro de cartón de esos en los que enrollabas alfombras. Con eso vi las lunas de Júpiter –fue lo primero que mi padre señaló– y los anillos de Saturno. Tenía 6 o 7 años cuando todo esto pasó.

¿Pasaste mucho tiempo mirando el cielo?

Sí. El primer título de E.T., el extraterrestre fue Mira el cielo, inspirado un poco en la película The Thing From Another World (1951). Cuando me fijaba en el cielo, mi papá decía que, si no se trataba de un misil de la Unión Soviética, solo algo bueno podía provenir de ese espacio más allá de nuestra influencia gravitacional.

Tu padre era algo así como un visionario...

Sí. Todavía lee (tiene 101 años) muchos libros de bolsillo y las llamadas Amazing Stories (historias asombrosas), y en ocasiones yo los leía con él.

Siento que una de las cosas más importantes como cineasta es no perder esa parte de la fantasía infantil

Autores como Isaac Asimov o Robert Heinlein publicaban sus escritos en esos magacines...

Lo hacían, y muchos eran optimistas. No siempre estaban calculando nuestra perdición. Estaban hallando caminos para abrir nuestra imaginación y hacernos soñar, y lograr que contribuyéramos a un bien mayor. Eso me hizo pensar que si alguna vez llegaba a tener la oportunidad de hacer una película de ciencia ficción me gustaría que esos seres (extraterrestres) llegaran a la Tierra en son de paz.

Y eso fue exactamente lo que hiciste (...). Hay una historia acerca de una lluvia de meteoritos que viste con tu padre, ¿verdad?

Sí, claro. Fueron las Leónidas. Él siempre me lo recordó porque yo era muy pequeño cuando la vimos (...). Vivíamos en Camden, Nueva Jersey, y yo tenía alrededor de 5 años. Él me levantó en la mitad de la noche y me llevó a un montículo en algún lugar, donde había cientos de personas recostadas sobre mantas.

Esa escena la recreaste en ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’...

Claro que sí. Puse la escena en la película. En la historia con mi papá, nos tendimos con su mochila del ejército y miramos hacia el cielo. Cada 30 segundos, más o menos, había un brillante destello de luz que cruzaba el cielo y luego daba paso a algo que se dividía en pedazos.

En la escena hay una sola luz que se divide en múltiples luces y pasa cerca de todos...

En 'Encuentros cercanos del tercer tipo', sí. Uno no quiere despojarse de ese tipo de experiencias que lo marcaron en la juventud. Siento que una de las cosas más importantes como cineasta es no perder esa parte de la fantasía infantil. Esto implica luchar contra el impulso natural de cinismo con el que después tomamos todo.

Has hecho dos películas increíbles e influyentes sobre esa idea del contacto extraterrestre: ‘Encuentros cercanos del tercer tipo y ‘E.T., el extraterrestre’, que es como un ‘Encuentros cercanos... 2’.

Estoy de acuerdo. Por eso inicialmente llevé el guion a los estudios de Columbia (que financiaron Encuentros cercanos del tercer tipo). Sentí que se los debía. Me dije: “No voy a ir corriendo a Universal (la competencia) con un guion de alienígenas”. Pero cuando Columbia no quiso hacerlo, entonces Universal lo tuvo.

‘E.T., el extraterrestre’ fue una historia diferente, estaba enfocada en la familia y los niños...

Nunca fue una película sobre un extraterrestre. Estaba destinada a ser una historia sobre mi madre y mi padre divorciándose y la experiencia que lleva a dividir una familia. Yo ya estaba trabajando en esa idea antes de hacer 'Encuentros cercanos del tercer tipo', que incluye una escena en la que un alienígena sale de una nave nodriza y hace una señal con la mano. Ahí todo encajó y dije: “¡Espera un segundo! ¿Qué pasa si ese extraterrestre vuelve a la nave o, incluso, si es abandonado en la Tierra?”... ¿Qué pasaría si el hijo de un divorcio, con un gran vacío emocional, sintiera algo de alivio con un mejor amigo extraterrestre?

Todo eso gira en torno a una idea de una fuerza infinitamente superior y de la bondad...

Sí. Una civilización infinitamente superior que aparece para encontrar lo mejor en ti. El bien no inspira el mal; bueno, en realidad propaga un bien mayor. Y eso, pienso, es lo que hace la mejor ciencia ficción.

CULTURA*
* Entrevista cedida a EL TIEMPO por el canal de televisión paga AMC.

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