‘Seinfeld’, la comedia que cambió el humor para siempre

‘Seinfeld’, la comedia que cambió el humor para siempre

Esta serie, protagonizada por Jerry Seinfeld, supuso un antes y un después para las ‘sitcoms’.

Elenco de ‘Seinfeld’

De izquierda a derecha, Michael Richards (Kramer), Julia Louis-Dreyfus (Elaine), Larry David (George) y Jerry Seinfeld.

Foto:

Cortesía NBC

Por: Nicolás Artusi - La Nación (Argentina) - GDA
15 de septiembre 2018 , 10:28 p.m.

En la esquina más famosa del mundo, los enormes anuncios de neón mostraban esa noche a dos tipos, uno flaco y dientudo y otro gordito y calvo, discutiendo sobre la conveniencia de abrocharse el segundo botón de la camisa. Era el jueves 14 de mayo de 1998 y las pantallas emitían el último episodio de ‘Seinfeld’. Las personas ahí eran miles y en todo el país eran más de 80 millones, la tercera parte de la población de Estados Unidos.

De aquello se cumplen ya 20 años: el final del programa que clausuró el género de la llamada comedia de situación o ‘sitcom’.

En 180 episodios, ‘Seinfeld’ se ocupó de los dilemas frente a las lavadoras rebeldes, de la tiranía de un fanático de la sopa o del sadismo de los recepcionistas de los restaurantes. La experiencia humana no es grandiosa, sino miserable. Esta serie se convirtió en fuente de inspiración y revolucionó para siempre el humor televisivo, que abandonó el ‘sketch’ con remate y abrazó el monólogo cínico.

“Como monologuista, Jerry Seinfeld –su protagonista y creador– abrió un nuevo camino y, como serie, ‘Seinfeld’ cerró para siempre un camino –dice el comediante argentino Sebastián Wainraich–. El chiste de que era una serie sobre la nada, pero que en realidad era sobre todo es inigualable. Detrás de esa capa de risa estábamos viendo la vida en la gran ciudad: la soledad, la dificultad de relacionarnos con otras personas, el aislamiento, la neurosis y hasta los problemas sociológicos”.

En escasos 23 minutos, cada episodio de ‘Seinfeld’ es un tesoro filosófico que examina la vida con alevosía y humor (sus nueve temporadas están disponibles en el servicio Amazon Prime).

Después de ‘Seinfeld’, los nuevos antihéroes fueron casi normales. Con el primer episodio de la serie, estrenado el 5 de julio de 1989, ingresó el tipo común a la televisión, un espacio que hasta entonces estaba dedicado a los agentes secretos y los exsoldados con ansias de venganza. Con escasa visión de futuro, los ejecutivos de la NBC dijeron que ‘Seinfeld’ era “demasiado judío” y le auguraron un fracaso seguro. Sin embargo, con sus pequeños logros y enormes inseguridades, el tipo común conquistó el ‘prime time’, inspiró a una infinita legión de nuevos comediantes, hizo de la cháchara inútil una reflexión socrática y hasta bautizó un estilo en la moda que se volvió muy popular gracias a los vaqueros celestes y las zapatillas blancas de Jerry: el ‘normcore’ o antiestilo.

En el libro ‘Seinfeldia’, uno de los tantísimos estudios culturales dedicados a analizar la comedia televisiva, la crítica Jennifer Keishin Armstrong recuerda que la idea original de la serie era simplemente “mostrar a dos tipos hablando” sobre las cosas cotidianas de la vida. En su opinión, esa clase de arte (la conversación) permite comparar a Seinfeld con dramaturgos como Samuel Beckett y Harold Pinter, que hicieron del diálogo una disciplina elevada.

Criado en la era electrónica, Jerry llevó sus dilemas a la televisión, donde los debates existencialistas se convirtieron en comedia (o en pequeñas tragedias). Según Keishin, es posible comparar a Jerry con Sócrates y a George con el hombre sin virtudes de Aristóteles, así como se puede analizar a Kramer según la angustiosa visión existencialista de Kierkegaard. El egoísmo, la mezquindad y el ensimismamiento no están solo en las tragedias griegas: aparecen también cuando uno debe presentar la declaración de renta y a la contadora la internan en un psiquiátrico.

El tipo común conquistó el ‘prime time’, inspiró a una infinita legión de nuevos comediantes, hizo de la cháchara inútil una reflexión socrática y hasta bautizó un estilo en la moda

Una vida examinada

Una fría noche de 1988, Jerry y su amigo Larry David quedan para comer en un mercadito coreano del Upper East Side de Manhattan. Los dos salen de presentar sus monólogos en clubes de comedia y Jerry necesita el consejo de un amigo ante la propuesta de protagonizar su propia serie. Enseguida empiezan a divagar: “¿Por qué la gelatina coreana tiene forma de gelatina y no, quizá, de espuma o de aerosol?”, pregunta Jerry, y Larry responde: “Esa es la clase de discusión que no se ve en televisión”. En sintonía con toda la filosofía occidental, desde los presocráticos hasta hoy, lo valioso de Seinfeld no sería tanto que tenga las respuestas como que sepa hacer las preguntas.

“¿El Jerry de la ficción es igual al Jerry real?”, se cuestiona el filósofo William Irwin en el libro ‘Seinfeld and Philosophy: A Book About Everything and Nothing’. “La respuesta fácil es que no: uno es el personaje de la TV y otro es la persona real”, se contesta. Pero los dos son tan parecidos que es posible confundirlos.

“Toda la discusión sobre ficción y realidad con Jerry nos conduce a la relación de ficción y realidad en las obras de Platón”, escribe Irwin. Se sabe que muchas de las obras del filósofo griego están inspiradas en las enseñanzas de su maestro, Sócrates, que no dejó nada escrito, y esto es el que se conoce como el problema socrático: ¿cómo saber si los escritos de Platón son transcripciones veraces del pensamiento de Sócrates o si están contaminados por sus propias opiniones del mundo? Según Irwin, “Sócrates nos dijo que ‘la cosa más grandiosa en la vida del hombre es pasarse el día discutiendo la excelencia humana y otros temas de los que me habrán oído hablar, examinándome a mí mismo y a otras personas’ ”. En su ‘Apología’, Sócrates concluye: “Una vida no examinada no merece ser vivida”.

En lo concreto, ¿hasta dónde es digno que se someta un hombre con tal de recibir una ración de la sopa más deliciosa de la ciudad? ¿Cuáles son los límites de la dignidad? ¿Y del orgullo? “Jerry podría no tener el mismo ímpetu hacia el pensamiento que tuvo Sócrates, pero hay similitudes entre los papeles que ambos desempeñan en sus comunidades –dice Irwin–. Jerry, como Sócrates, provoca a sus amigos y a su audiencia al traer a la mente temas sobre los que ellos no habrían pensado demasiado”.

Para Sócrates, también las preguntas son más importantes que las respuestas. Y el humor de Jerry a menudo toma la forma de preguntas en una búsqueda cómica de la esencia de las cosas. Igual que Sócrates, Jerry también usa la ironía y la dialéctica para comunicarse con los demás, abusando del sarcasmo hasta volverse tan insidioso como su madre cada vez que le pregunta si tiene novia.

“El personaje de Jerry tiene una vida examinada, pero eso no significa que tenga una vida ejemplar –concluye Irwin–. Al principio de la serie, Jerry parecía ser ‘el normal’ del grupo. Pero a medida que la serie avanzó, aparecieron las flaquezas. Él es neurótico, inconstante y obsesivamente pulcro. Puede tener algún código moral primitivo, pero está totalmente absorbido por él mismo. Como Sócrates, no está más conectado con los otros que consigo mismo”. Después de nueve años de mostrarnos el rostro más individualista de la vida en la ciudad, en el último episodio Jerry termina preso por negarse a ayudar a la víctima de un robo. Absorto ante sus propios problemas, Jerry es egoísta y la imagen que nos ofrece al final es la de él mismo repitiendo sus rutinas cómicas frente a los demás presos, siempre en búsqueda de la admiración ajena.

Igual que Sócrates, Jerry también usa la ironía y la dialéctica para comunicarse con los demás, abusando del sarcasmo hasta volverse tan insidioso como su madre cada vez que le pregunta si tiene novia

La divina comedia

“El ‘stand up’ de los bares existe desde mucho antes que él, pero Jerry fue como David Copperfield para la magia”, comenta el comediante y mago Agustín Aristarán, más conocido como Radagast. Más que ningún otro, Seinfeld revolucionó la comedia de escenario, que saltó de los sótanos a la televisión internacional (en las primeras temporadas, cada episodio empezaba y terminaba con un pequeño monólogo de Jerry frente al público de un ‘café–concert’). ¿Cuánto se le debe a Seinfeld que el ‘stand up’ hoy tenga teatros propios, canales de televisión, especiales para Netflix y escuelitas donde enseñan a hacer humor a partir del “no sabes lo que me pasó”?

La de ‘Seinfeld’ es una fábula urbana que tiene lugar durante el renacimiento de Nueva York, cuando la capital del mundo dejó de ser un centro de contracultura. En pleno mandato de tolerancia cero, el alcalde Rudolph Giuliani modeló una ciudad que fue perdiendo sus negocios de barrio y sus centros comunales, reemplazados por cadenas minoristas y torres de lujo.

Esa es la Nueva York de mayo del 98. Casi transformada en una Dubái con inviernos crudos, la Manhattan de ‘Seinfeld’ es una ciudad rendida a los intereses inmobiliarios, donde conseguir un apartamento para alquilar es tema de discusión para una temporada completa y en la que el egoísmo se impone donde debería haber buena voluntad entre vecinos. Pero Jerry parece blindado ante la realidad: no hay demasiadas referencias políticas, históricas o económicas, porque el tipo común nunca se cruza con los mejores próceres ni los peores villanos.

Aquella noche del jueves 14 de mayo de 1998, el David Copperfield de la comedia ingresó en el mágico mundo de los récords: rechazó la oferta inaudita de cinco millones de dólares por capítulo a cambio de una temporada más y el suyo fue el primer programa de televisión de la historia en vender un minuto de publicidad por un millón de dólares (hasta entonces, solo la final del Super Bowl alcanzaba esa cifra). Se dice que Jerry, tan hastiado como cualquier otro multimillonario ocioso, tenía una colección invaluable de 50 autos antiguos; algunos de ellos son los que conduce en ‘Comedians in Cars Getting Coffee’, la serie que puede verse en Netflix en la que Jerry lleva a comediantes a comprar un café y, en el tránsito de un lugar a otro, conversan sobre la vida.

En el minuto final y en la esquina más famosa del mundo, la carcajada explosiva muta en desconsuelo. Todos sentimos lo mismo: el duelo prematuro ante la ausencia. En el 2009, 11 años después de la despedida, se reunieron para la serie ‘Curb Your Enthusiasm’, de Larry David, el cocreador de ‘Seinfeld’, pero el regreso dejó el sabor amargo de lo cínico: los cuatro comediantes se interpretaban a ellos mismos, no a sus personajes.

Volver sería algo “patético y desesperado”, repite Jerry desde entonces. Si un antropólogo del futuro quisiera estudiar cómo era la vida en una gran ciudad a fines del siglo XX, debería mirar todos los capítulos de ‘Seinfeld’: aún sin saber demasiado de nada, en una mesa de café, cuatro amigos tuvieron la teoría del todo.

NICOLÁS ARTUSI
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @sommelierdecafe

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