'La película tiene una deliberada visión femenina': Cristina Gallego

'La película tiene una deliberada visión femenina': Cristina Gallego

La codirectora de ‘Pájaros de verano’ reflexiona sobre el empoderamiento de las mujeres en el cine.

'La película tiene una deliberada visión femenina'

La directora y productora Cristina Gallego durante el rodaje de 'Pájaros de verano', cinta grabada en la alta Guajira y que cuenta el origen de la bonanza marimbera.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

21 de agosto 2018 , 09:25 a.m.

Los niños suelen hacer preguntas tan sorprendentes como honestas. Un día Cristina Gallego llegó a la casa y se sentó a conversar con Emiliano, su hijo mayor, de 15 años de edad. “Mamá, tú y papá trabajan igual, muy duro ambos, entonces ¿por qué en los estrenos de las películas el único que sale en las entrevistas es él y no tú?”.

Ella le dijo algo de rutina para salir del paso, pero esa noche se desveló buscando la respuesta. Luego conversó con su pareja, Ciro Guerra, y sentenció que en adelante ella debía tener el mismo papel protagónico.

Hace unos días, durante la premier de Pájaros de verano, codirigida por ambos, fue ella quien hizo la presentación ante el público: “Quiero agradecer la presencia aquí de mi mamá, de mis tías y de todas las mujeres de mi familia que me han apoyado para hacer este trabajo”, dijo.

La obra, sin duda, empodera a la mujer en varios aspectos. “Esta película siempre se está debatiendo entre el conflicto de la fuerza que tienen las mujeres en el interior de la familia y lo débiles que son en público. Quería hacerla porque me sentía completamente identificada con los personajes femeninos. Estaba buscando una voz, alguien que sintiera, que fuera tan fuerte pero tan ausente del público”, dice la directora de su ópera prima, la cinta de moda en el país.

“La película tiene una deliberada visión femenina”, sentencia, encantada. Por el ambiente físico creado, para varios críticos podría ser a la cinematografía nacional lo que Cien años de soledad a la literatura. “Se parece, bebe de esa fuente”, reconoce ella con humildad.

¿Es válida la comparación? “Sí”, afirma. ¿Por qué ? “Es la historia de una tragedia familiar, la cual está metida en un destino del cual no puede escapar”. En efecto, la familia será arrasada, no quedará nada. “En este caso, es una historia contada en clave wayú, en clave de sueños, muertos y espíritus. En el contexto wayú, pero con toda la magia que envuelve la realidad de un territorio fascinante”.

Y, sobre todo, hay un evidente velo femenino que cubre cada decisión, cada toma, cada palabra. “La película es un encuentro de mundos, uno tradicional y otro de un capitalismo salvaje, una lucha de poderes entre el mundo intuitivo y lo real”, explica. ¿Cómo contarla de manera sencilla? ¿Cómo llevar a la pantalla grande la historia de una familia que simbolizaba la hojarasca que azotaría a Colombia? “Creemos que lo que más puede hacer empatía con el espectador es ser contada desde la perspectiva de una mujer, cuyo pilar fundamental es la unión de la familia. Un conjunto social que a su vez es destrozado por la ambición, el poder y el capital”.

Pero, había que hacerlo de una manera distinta. Porque en los relatos del narcotráfico, bien sea en cine, literatura o televisión, hasta ahora abundaban las mujeres que sirven de instrumento de placer a los capos y que, casi siempre, responden a un físico esquemático: pelo liso, rubio, busto exagerado, faldas corticas y lenguaje de tonta.

Ella sabía que todas estas historias de gánsteres, marimberos y el mundo del narcotráfico han sido narrados desde un lugar donde las mujeres no existen o son apenas damas de compañía o accesorios de belleza para los hombres. “Pero cuando uno llega a la sociedad wayú, que es matrilineal, donde las mujeres son fuertes, pero tienen un contexto fuerte de machismo; donde son de hierro, pero también tienen precio; donde las mujeres son intuitivas, pero no tienen voz, los hombres son los que hablan por ellas, la visión es bien diferente”, explica.

Por eso, buena parte de la historia gravita alrededor de Úrsula, la matrona, el pilar de la familia. “La mujer es quien mantiene la unidad, entonces a partir de ella corre la narración. A pesar de que Úrsula no sea un personaje protagónico que tiene el 70 o el 80 % en pantalla, sí es la que dirige y maneja todos los hilos de la historia”.

'La película tiene una deliberada visión femenina'

'Pájaros de Verano'.

Foto:

Mateo Contreras

Desde el lado femenino

Cuando una mujer hace una película con mujeres, ¿cambia en algo la lectura del trabajo final? ¿Qué pasa si la hubiera hecho, por ejemplo, solo Ciro Guerra? Ella, que ha trabajado codo a codo con él y que tienen en su hoja de vida El abrazo de la serpiente, con la que fueron nominados a los Premios Óscar como mejor película de habla no inglesa, es categórica: “Ciro no podía entrar en ese mundo, él y su cinematografía hasta ahora han hablado de la relación de hombres, de la búsqueda del padre, la amistad”. Y hace una revelación: “Yo metí la mano muy fuerte en El abrazo de la serpiente creando el personaje de Karamakate, porque sentía que se vinculaba mucho al lado femenino, con lo intuitivo, el dolor, el silencio y el rencor. Ciro no tenía forma de contarla de esta manera, por eso unimos dos visiones, y ver que lo diferente de esta película a otras de gánsteres es verla desde el lado femenino”.

Hasta ahora, en todos sus filmes él figuraba como director y ella como productora. “Es decir, ella se levantaba a las cuatro de la mañana, corría a hacer el desayuno, alistar a los niños para el colegio –tienen dos–, arreglar la casa y salir a buscar la plata para que él creara”, ironiza una amiga que los conoce. Hubo un golpe sobre la mesa para decir: ¡basta! Aunque es un tópico de lo que ocurre en la gran mayoría de los hogares colombianos y de América Latina, en su caso, en realidad, ambos trabajan con una disciplina enorme y se complementan muy bien y siempre se están ayudando mutuamente. De hecho, en esta cinta él se hizo discretamente a un lado para que ella brillara como se lo merece.

Un paso del que ella se alegra, pero confiesa que es el que sueña para las demás colombianas. Habla con la esperanza de que haya un cambio de 180 grados en nuestras relaciones de género. “El 70 % de las mujeres en Colombia son cabeza de hogar, que sacan adelante a sus hijos solas. Mi tía mayor estaba ahí en la premier, ella tuvo cinco hijos. Mi mamá tuvo diez hijos, soy la última, y cuando nací, mi papá tuvo un accidente muy grave y siempre me tocó ver mujeres muy fuertes, que se caían duro, que se levantaban, se limpiaban las rodillas y seguían adelante llevando la familia y manteniendo la unión. Así son nuestras mujeres”.

Esta pareja no solo simboliza lo mejor del talento artístico del país, sino la posibilidad de crecer y vivir con roles más equitativos. “Somos una dupla que ha ido formándose, inclusive, el paso a codirigir la película no era algo diferente a lo que veníamos haciendo. Era una cuestión de nombre y dar cierta claridad y dirección”, explica la joven directora (tiene 39 años), que estudió Mercadeo y Publicidad en el Politécnico Gran Colombiano y Realización de Cine y Televisión en la Universidad Nacional.

Como productora, hizo Los viajes del viento, luego Edificio Royal, el documental El viaje del acordeón, la ya mencionada El abrazo de la serpiente y un documental de Rubén Blades que se estrena dentro de poco, entre otras obras. “Creo que me he asomado a la industria como productora y así la he conocido. Ahora como directora de Pájaros... sí se abrió un camino muy grande para mí”.

Un paso del que ella se alegra, pero confiesa que es el que sueña para las demás colombianas. Habla con la esperanza de que haya un cambio de 180 grados en nuestras relaciones de género

Lo visual y la violencia

Una de las características de esta película es el enorme placer visual por los paisajes, el vestuario, una fantasía para los ojos, pero también es supremamente violenta. ¿Cómo combinar esos dos aspectos? “Esa es la idea, es una película que estremece: puedes disfrutarla desde lo cinematográfico, pero el propósito era estremecer al público”. ¿Por qué? “Es una reacción con nuestra propia violencia y con una historia que hemos dejado que otros nos la cuenten, que es un tabú”. Por eso, se hizo este viaje visual y desde el mundo wayú, que es un mundo bello y colorido que pasó de lo rural a lo opulento de manera desgarradora.

¿Por qué ha sido tan difícil narrar la tragedia del narcotráfico como motor de la violencia que llenó de sangre el país? “Yo creo que hay una cosa muy profunda con el dolor, las personas y las familias, es muy duro tocar eso, es mejor verlas de lejos, con distancia. Aprendimos las narrativas desde lo que nos contaron, desde Miami Vice o con películas norteamericanas que glorificaban el narcotráfico, y el hecho de que Colombia se convirtiera en un país exportador de terrorismo, donde cada vez que alguien se nos acercaba nos pedía cocaína, se volvió un cliché”.

Aquí es una mirada al espejo. La película, que tiene un corte de cine gánster y se grabó en la alta Guajira, se desarrolla entre los años 60 y 80, y cuenta la irrupción de la bonanza marimbera en la familia Pushaina, un clan tradicional wayú.

Finalmente, hay un hecho personal en la vida de Cristina Gallego que la retrata en toda su dimensión. Ella y Ciro Guerra tienen dos hijos, se separaron, pero siguen juntos, trabajando hombro a hombro, con una solidaridad envidiable. ¿Cómo fue eso?

“Creo que uno no se separa porque se deje de querer. La separación fue pensar que estábamos mejor con una distancia para que pudiéramos crecer en cosas que necesitábamos. Pero, sobre todo, porque siempre nos ha gustado crear juntos, es algo que queremos mantener y de lo que nos sentimos orgullosos. En nuestro proceso de vida claramente está la parte profesional y personal. Es algo que queremos seguir compartiendo”.

ARMANDO NEIRA 
EDITOR DE CULTURA DE EL TIEMPO @armandoneira

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