'Dolor y gloria': una mirada personal del director Pedro Almodóvar

'Dolor y gloria': una mirada personal del director Pedro Almodóvar

El realizador y el actor Antonio Banderas hablan de este filme, que sigue a un cineasta en el ocaso.

Película Dolor y gloria de Pedro Almodóvar

Pedro Almodóvar, Julieta Serrano y Antonio Banderas, durante el rodaje del filme.

Foto:

UIP

Por: Cultura
13 de julio 2019 , 10:23 p.m.

Un bloqueo creativo y una enfermedad incapacitante son el punto de partida de este relato. El realizador Salvador Mallo no puede mantenerse en pie durante su último rodaje: los dolores de espalda y de cabeza lo superan y solamente un potente coctel de medicamentos, y sus eventuales coqueteos con la heroína, lo alivian, pero al tiempo lo sumergen en un sopor. Pero el cine es su vida, su único aliciente, así que la evocación de algunos momentos que ha intentado evitar en su mente serán, en una suerte de ironía, su salvación.

'Dolor y gloria' resulta un filme intimista y poderoso que aborda estadios naturales como el deterioro físico que llega con la vejez, la fragilidad emocional y la resignificación de momentos claves, desde el primer amor hasta la muerte del ser más amado, como la madre.

“Si uno escribe sobre un director –y tu trabajo consiste en dirigir películas– es imposible no pensar en uno mismo y no tomar tu experiencia como referencia. Era lo más práctico, mi casa es la casa donde vive el personaje de Antonio Banderas, los muebles de la cocina –y el resto del mobiliario– son los míos o se han replicado para la ocasión, los cuadros que cuelgan de sus paredes, la imagen de Antonio, especialmente el pelo, hemos tratado de que se pareciera al mío, los zapatos y mucha de la ropa también me pertenecen. Y el colorido de sus prendas (…) Este es el aspecto más autobiográfico de la película”, cuenta el realizador español Pedro Almodóvar, director y guionista de Dolor y gloria, que acaba de estrenarse en las salas de cine del país.

Para el director, que ha forjado una carrera durante casi cuatro décadas, su más reciente filme cierra una trilogía muy personal que, sin concebir de esa manera, empezó en 1987 con 'La ley del deseo' y continuó en 2012, con 'La mala educación'. Es una terna de títulos que en 32 años han servido como un espejo en el que Almodóvar ha reflejado sus desgracias y alegrías.

“Las tres películas están protagonizadas por personajes masculinos que son directores de cine, y en las tres el deseo y la ficción cinematográfica son los pilares de la narración, pero la forma en que la ficción se entrevera con la realidad difiere en cada una de ellas. Ficción y vida forman parte de la misma moneda, y la vida siempre incluye dolor y deseo”, agrega el realizador que ha construido un estilo muy particular con su cine: todo un universo ‘almodovariano’ de seres excluidos que no encajan en los moldes generalizados; de situaciones que van de lo truculento a lo absurdo, y una visión de la feminidad que cuenta con una pléyade de actrices, conocidas como las ‘chicas Almodóvar’.

Si uno escribe sobre un director –y tu trabajo consiste en dirigir películas– es imposible no pensar en uno mismo y no tomar tu experiencia como referencia

En 'Dolor y gloria', como lo menciona el mismo Almodóvar, Antonio Banderas se convierte en una especie de alter ego, en Salvador, el atormentado protagonista que, a través de distintos reencuentros, unos provocados y otros casuales, revisita apartes de su vida pasada, como su amor profundo por Federico (Leonardo Sbaraglia) o la relación con su madre.

A lo largo del relato vemos a Salvador en tres épocas de su vida: su infancia en los años 60; su edad adulta en los 80 madrileños, pues es un personaje formado en la explosión madrileña de aquella década, y también vemos a Salvador en la actualidad, aislado, depresivo, víctima de varias dolencias, apartado del mundo y del cine. Me identifico con todas esas épocas, conozco los lugares y los sentimientos por los que atraviesa el personaje, pero nunca he vivido en una cueva ni me he enamorado de un albañil cuando era niño, por ejemplo, aunque ambas cosas podrían haber ocurrido”, cuenta Almodóvar en notas de producción facilitadas por el estudio.

Y agrega: “Al principio me tomé como referencia a mí mismo pero, una vez que empiezas a escribir, la ficción establece sus reglas y se independiza del origen, como siempre me ha ocurrido, la realidad me proporciona las primeras líneas, pero el resto tengo que inventarlas yo. Es el juego al que me gusta jugar”.

Banderas vuelve a ponerse a las órdenes de Almodóvar, con quien ha rodado siete películas previamente –La ley del deseo, Matador y ¡Átame!, entre otras–. El intérprete malagueño recuerda en una entrevista con la revista Shangay (un referente de la comunidad LGTBI en España) la ya conocida costumbre del director de recitar los papeles de todos en los ensayos. Sin embargo, hubo un momento en Dolor y gloria, literalmente, lo paralizó, durante la preparación de un diálogo entre Salvador y su madre (la veterana Julieta Serrano).

Gracias a su interpretación, Banderas se quedó con el premio al mejor actor en el pasado Festival de Cannes, un tributo más que merecido, aunque Almodóvar, que competía en sexta ocasión por la Palma de Oro, se devolvió con las manos vacías.

“Pedro ha tenido una lealtad inquebrantable toda su vida a su propia obra. Eso es muy importante, porque ya no quedan tantas personalidades en el cine con esa fuerza creativa. A Pedro le han ofrecido de todo en Hollywood, lo sé, y nunca ha querido aceptarlo porque no se podía ver bajo las órdenes de nadie… Pedro es Pedro. Y es loable que se haya logrado mantener así todo este tiempo”, puntualiza Banderas.

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