'Morir para contar': el peor miedo de un reportero de guerra

'Morir para contar': el peor miedo de un reportero de guerra

Hernán Zin, director del impactante documental que está en Netflix, habló con EL TIEMPO.

Documental 'Morir para contar'

El camarógrafo Miguel Gil corre junto a un combatiente, en una de las fotografías icónicas del cubrimiento de los conflictos armados. Gil moriría después en Sierra Leona.

Foto:

Netflix

Por: Armando Neira
27 de mayo 2019 , 10:57 a.m.

El reportero de guerra, escritor y laureado documentalista Hernán Zin (Buenos Aires, 1971) hizo una dramática pieza visual, 'Morir para contar', que como telón de fondo tiene a varios de los conflictos bélicos en el mundo y que, de paso, es una honesta confesión personal: “Tengo miedo, mucho miedo”.

¿Cuándo? ¿Por qué?, le pregunta EL TIEMPO. “Me pasa en espacios pequeños, encerrados. Por ejemplo, en una avioneta, en un carro o en un ascensor. El pánico me va invadiendo, inmovilizándome, me entra una angustia difícil de controlar”, responde.

Entonces, viaja hacia atrás y recuerda el momento en el que empezó su tragedia: en el cubrimiento de la guerra de Afganistán. “Iba en un blindado cuando empecé a sentir que no podía respirar, que me moría. Tiré las cámaras al piso, me quité el chaleco antibalas y el casco, y salí corriendo, sin importar que afuera había disparos, que me habían podido matar”, recuerda. “La cabeza me jugó una muy mala pasada”, explica.
Esa confesión es el punto de partida de la película, que ha recibido varios premios internacionales y que, esta semana, se estrenó en Colombia, en la plataforma de 'streaming' Netflix.

¿A los reporteros de guerra les da miedo? “Claro. Y mucho”, responde. “Lo que pasa es que es un trabajo de un vértigo tan intenso que nos deja poco tiempo para pensar en nosotros. Además, es incluso injusto ponerse a hablar de los temores individuales cuando uno está viendo a tanta gente sufrir, sobre todo a los niños”.

Precisamente, en 'Morir para contar' hay una escena de una niña, de nombre Maha, que ha sido afectada por un bombardeo en la Franja de Gaza. Está en un improvisado hospital. Paralizada del cuello para abajo. La pequeña, sin embargo, usa sus ojos para comunicarse con sus seres queridos que han sobrevivido. Expresa tantas ganas de vivir, tanta fortaleza que Zin confiesa su vergüenza: “Ante semejante drama, ¿qué va a ponerse uno a contar sus temores?”. En aquella ocasión, él bajó la cámara. “Y me salí a respirar porque no podía contener las lágrimas”.

El miedo es un compañero permanente. Por eso, cuando Zin confirmó que le era difícil vencerlo, optó por hablar con sus colegas para saber cómo les iba a ellos. Buscó, entonces, un puñado de corresponsales de guerra, en este caso españoles, pues reside en España, y los confesó ante las cámaras.

Uno a uno van pasando. Hablan de sus vidas, del oficio, de las dificultades para vivir en las urbes en donde no hay guerras y en las que, en teoría, debería imperar la normalidad. “Uno piensa a veces que va bien, pero vuelves a casa y de repente te despiertas con nervios, con ataque de pánico, pinchazos en el pecho, palpitaciones, taquicardias”, dice el periodista Ángel Sastre, secuestrado por Al Qaeda, en Siria, durante 299 días, junto a sus colegas José Manuel López y Antonio Pampliega. “Ninguna crónica o relato merece el sufrimiento causado a mi familia”, reflexiona Sastre ante la lente de Zin.

Uno piensa a veces que va bien, pero vuelves a casa y de repente te despiertas con nervios, con ataque de pánico, pinchazos en el pecho, palpitaciones, taquicardias

Durante cuatro años, Zin juntó distintas voces para hacer la película en la que expone cómo es el trabajo periodístico en situaciones extremas. Logró que ellos abrieran su corazón para relatar las consecuencias de lo visto (de ver ese dolor ajeno) y respondieran una pregunta que siempre gravita: ¿vale la pena? “Uno piensa que lo pueden matar, secuestrar o herir, pero no se tiene en cuenta el precio psicológico que se paga”, dice Zin.

Un viaje interior

Esta producción es un viaje al interior de la cabeza de famosos reporteros: Gervasio Sánchez, José Antonio Guardiola, Mónica Prieto, Javier Espinosa, Rosa Meneses, Ramón Lobo, entre otros. Y, en paralelo, es un relato de los conflictos armados que han puesto en primera plana: Sierra Leona, Somalia, Bosnia, Ruanda, Irak, Afganistán, Libia y Siria.

El espectador ve, por ejemplo, la historia de Miguel Gil. Un joven abogado que abandonó el confort de la elegante Barcelona y decidió, en motocicleta, irse a Bosnia a ver con sus propios ojos lo que estaba pasando. De frente en frente, de batalla en batalla, con una inocencia solo comparable a su curiosidad. Un día, le dijeron que tomara una cámara y, sin saber muy bien cómo manejarla, empezó a filmar con tanto rigor y respeto que se convirtió en uno de los mejores. El 24 de mayo del 2000, fue asesinado en una emboscada guerrillera en Sierra Leona.

“¿Sabes que él es como un espejo para mí? Yo terminé en este oficio por pasión, como él. Soy politólogo, pero me di cuenta que el periodismo es una herramienta formidable para contar los hechos, para defender los principios democráticos”.

Las lecciones al conversar con Zin cobran vigencia en estos tiempos en los que la mayoría de periodistas se sienten contra la pared por la crisis de los medios y la irrupción apabullante de las fake news. “Por eso, debemos trabajar más, esforzarnos más para hacer bien el oficio”, clama.

“Debemos tener consciencia plena del tremendo peligro de las 'fake news'. Son las nuevas armas que están invadiendo y destrozando los sistemas democráticos”, dice. Y da un ejemplo: “Un continente tan sólido como Europa, tan progresista, está siendo minado, lo están conquistando sin disparar un solo tiro. Solo una prensa libre, seria y profunda puede hacerle frente”, explica Zin.

De hecho, dice modestamente que con su documental busca aportar en esta línea. “Mucha gente cree que se informa hoy por Twitter o por Facebook, y puede ser, pero detrás de cada nota, cada palabra, cada historia, debe haber un responsable que haya contrastado los hechos. Un periodista con rigor. Así, los ciudadanos pueden tomar decisiones a partir de elementos ciertos. En la película muestro a colegas que, incluso, dan la vida por contar lo que sucede. Es el valor del periodismo serio”.

En pleno rodaje de 'Morir para contar', descubrió que él iba a dejar de ser reportero de guerra. “No podía con la claustrofobia. Estar en espacios pequeños es algo constante en una guerra, y dije ‘tengo que parar’ ”.

¿Por qué reivindica tanto el oficio si ya no lo ejerce? “Fui a la guerra por las víctimas, por tratar de que las cosas cambien. Lo que se suele mostrar del corresponsal de guerra es un retrato muy injusto: este trabajo es más un compromiso ético, una vocación, un oficio muy mal pagado, con poco reconocimiento, pero si bien yo no puedo más, hay colegas en el planeta que resisten”.

“Esos periodistas se juegan todo contra la manipulación de redes y de algunos medios. ¿Por qué lo hacen? Porque sin buen periodismo el mundo está jodido”, dice. Por eso, clama para que los ciudadanos se informen en este imperio de las redes sociales a través de periódicos, libros y documentales.

De hecho, él optó por hacer documentales. Y tiene una buena muestra: antes de 'Morir para contar', hizo 'Nacido en Siria', '10 años con Bebe', 'Matadoras', 'Nacido en Gaza', 'Quiero ser Messi' y 'Villas miseria'. Algunos le han significado prestigiosos galardones.

Interrumpe la charla telefónica porque está en Fort Lauderdale, Estados Unidos, donde realiza una serie de seis capítulos sobre Pablo Ibar, un español condenado a muerte por un triple homicidio de 1994.

Hoy es un momento creativo muy importante en el mundo audiovisual, gracias a plataformas como Netflix, que ponen al mismo nivel la última película de Hollywood y el último documental que hago yo solo

¿El documental es la nueva herramienta para comunicar? “Hoy es un momento creativo muy importante en el mundo audiovisual, gracias a plataformas como Netflix, que ponen al mismo nivel la última película de Hollywood y el último documental que hago yo solo con una cámara. Eso es una revolución, sobre todo para el documental, que era un género muy maltratado”.

Es, dice, su forma de comunicar. Su manera de hacer el oficio. “Siempre, siempre con ética y del lado de las víctimas”, insiste.

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Sal de la rutina

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.