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Las turbulentas historias de los grandes 'desaparecidos' de Hollywood
Cameron Diaz acaba de lanzar un vino orgánico

Cameron Díaz brinda por su tranquilidad lejos de las cámaras.

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Avaline

Las turbulentas historias de los grandes 'desaparecidos' de Hollywood

Cameron Díaz brinda por su tranquilidad lejos de las cámaras.

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Avaline

Nicolas Cage, Cameron Díaz o Kevin Costner han visto sus nombres desvanecerse en el cine.

Hollywood tiene el encanto para crear estrellas y el “poder divino” para apagarlas de un soplo. Es una máquina contradictoria que labra talentos, forja fama universal y fortunas increíbles, pero también es capaz de aplastar esas piezas cuando no se acomodan al molde, cuando decide que, por viejos o por feos, tienen fecha de vencimiento, o porque su desempeño, dentro o fuera del plató, puede afectar su implacable línea de producción.

Louise Brooks, quizá la primera gran diva del cine mudo, era capaz de hipnotizar al público con sus gestos exagerados en dramas de amores y traiciones. Convivió entre la fama y el exceso de la época y vio el final de sus días de gloria por una ironía del destino: la aparición del cine sonoro. Hollywood la despidió porque “no tenía voz” en el futuro del cine.

Louise Brooks en una escena del clásico 'La caja de pandora'.

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archivo EL TIEMPO

Otros fueron expulsados por pensar diferente. Fueron perseguidos y acorralados por su ideología política y por su cercanía a un aterrador monstruo que parecía querer devorar a Estados Unidos: el comunismo. A muchos se les acabó la película antes de tiempo en la era del macartismo, entre ellos nombres fundamentales como Dashiell Hammett, Dalton Trumbo o Frank Capra.

Otros simplemente se pasaron de la raya con su genialidad –el caso más emblemático es el de Orson Welles y su Ciudadano Kane: una burla despiadada al gran magnate de los medios de su época– y tuvieron que vivir con el recuerdo amargo de sus días de gloria y una vejez cochambrosa lejos de las luces y el brillo de Hollywood.

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Cameron Díaz, la reina de comedias románticas de principios de los años 90, ahora sonríe más tranquila, fuera de Hollywood, en la grata compañía de una copa de vino de su propia marca: Avaline, un emprendimiento de vino vegano al que le apostó al no aguantar más el sentirse ignorada por esa industria que siempre intentó encasillarla como la rubia un poco tonta, tierna y sexy, capaz de abarrotar las salas de cine.

Al principio se prestó al juego y adobó esa receta con humor y picardía. Fue casi una mujer fatal en La máscara (1994); la antagonista del romance silencioso de Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo (1997) y la fantasía de muchos hombres en Loco por Mary (1998, donde ya se burlaba de su estatus en Hollywood).

Tuvo taquillazos como la saga de Los ángeles de Charlie (2000-2003); Shrek y todos sus derivados (2001-2010) y unas cuantas aventuras sin poco riesgo como Gambit (2012), Bad Teacher (2011) o la nueva versión de Annie (2014), pero cuando se metió en el papel de una mujer desequilibrada de cabello alborotado y rostro lastimado en ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), o el de una guerrera en Pandillas de Nueva York (2002), bajo la dirección de Martin Scorsese, Hollywood no reaccionó tan bien a esa transición que fue vista como una rareza, un capricho.

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Cameron Díaz tuvo su primer papel protagónico en 'La máscara'.

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New Line Cinema

Díaz, ahora de 48 años, dijo que su salida del mundo del cine fue para tener una vida familiar, pero posiblemente la tibia respuesta a sus riesgos en la pantalla la hicieron sentir como un fantasma. Por eso se fue y ahora su carrera en el cine es un valioso recuerdo por el cual vale la pena levantar la copa para un brindis o, como en el caso de Chris O’Donnell, hacer una pizza.

O’Donnell se dio a conocer en el drama Tomates verdes fritos en 1991 y después se convirtió en una estrella emergente en Perfume de mujer al lado de Al Pacino. Todo era perfecto para erigir una carrera de éxito, pero cuando le dijo que no al protagónico de un proyecto llamado Titanic, de un tal James Cameron, para probar suerte como el compañero de aventuras del vengador y héroe más famoso de DC Cómics, empezó su caída.

'Batman y Robin', fue estrenada en 1997.

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Warner

Robin, definitivamente, no fue una buena idea: ¡Su traje tenía pezones en la armadura! Batman y Robin (1997) fue un desastre.

La taquilla y la crítica no simpatizaron con el chico maravilla de Ciudad Gótica. Fue objeto de burlas y los sueños de una aventura de Robin para la gran pantalla (que llegó a pensarse en algún momento) terminó siendo cancelado ante el fracaso estrepitoso de la película“.

Sí, interpreté a Robin dos veces y maté al personaje (bromeó), pero la serie NCIS, Los Ángeles, apareció para darme un poco de tranquilidad (…). A veces extraño las películas y seguro haré algo en el futuro”, recordaba en una entrevista con EL TIEMPO en el 2017. Pero hasta ahora no ha llegado un guion para él, que está terminando la última temporada de la serie policíaca de la pequeña pantalla y fortaleciendo un negocio de pizzas en el que se ha convertido en una verdadera estrella: un delicioso plan B.

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O'Donnell (segundo de derecha a izquierda). en la serie que le devolvió la fama. 

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A&E

Hollywood cambia, se transforma y lanza personajes al olvido, pero a veces también es el escenario para la redención. Brendan Fraser, la estrella indiscutible de clásicos como With Honors, De dioses y monstruos y la famosa saga de La momia, está en ese proceso. El actor lo tenía todo para ganar: experiencia en el drama y el encanto para que comedias ligeras como George de la selva o Al diablo con el diablo, que funcionaron con el público y los puristas del séptimo arte, que al final le perdonaban esos tropiezos y hasta los convertían en placeres culposos.

Sin embargo, el cine drenó su energía. Estaba cansado y adolorido por luchar contra monstruos digitales y no despeinarse en las batallas. Su cuerpo le pasó factura y problemas personales lo llevaron a dejarse llevar por el descuido y ese fantasma frecuente de tomar malas decisiones en algunos de los proyectos en los que participó, sobre todo, en la década del 2000.

Los proyectos grandes comenzaron a escasear y el actor trataba de mantenerse a flote con pequeños dramas o prestando su voz para películas animadas, y protagonizando comedias familiares con osos o perros como coprotagonistas. Algunos medios explotaron ese cambio de estrella de taquilla a actor en decadencia y lo culparon de todo. Además engordó –un pecado que no le perdonaron ni siquiera a Marlon Brando– y se dejó caer. El motivo de su decadencia fue una revelación aterradora: en 2003 fue víctima de una agresión sexual por parte de Philip Berk, de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Berk lo tocó de manera inapropiada en su trasero; prácticamente lo sodomizó con el mayor descaro en una gala. Fraser quedó traumatizado y apenas hace un tiempo pudo salir de la depresión.

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Brendan Fraser tiene nuevos proyectos con  grandes directores.

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Archivo Particular

“Internet te apoya muchísimo. Hay tanta gente ahí fuera que te quiere, y queremos lo mejor para ti y estamos deseando ver qué haces”, le dijo en un video de Tik Tok la usuaria identificada como ‘LittleLottieCosplay’, que habló recientemente con él, tras una pausa en el rodaje del más reciente proyecto de en el nuevo proyecto del realizador Martin Scorsese, con Leonardo Di Caprio y Robert de Niro: Killers of the Flower Moon. Al oír esas palabras Fraser no pudo contener las lágrimas y con voz entrecortada agradeció el apoyo. Ahora espera una nueva temporada de la serie de superhéroes DoomPatrol y el estreno de The Whale, la nueva cinta de Darren Arafnosky (el director de Requiem for a Dream, Black Swan y The Wrestler), acerca de un profesor de literatura que trabaja virtualmente, pesa 250 kilos, y trata de recuperar la relación con su hija.

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Unos vuelven a la luz y otros definitivamente se van a jugar con otros brillos. Nicolas Cage ha resumido su experiencia en una frase contundente: “Siento que me he ido a mi propio lugar y que he dejado esa pequeña ciudad que es el cine de taquilla (…). No sé si quiero volver y hacer otra película de Disney. Sería terrorífico. Es un clima completamente diferente”, dijo en una entrevista con la revista Variety. El actor, considerado una de las grandes estrellas de su generación, fue alejado del “star system” por su carácter extravagante y algunas malas decisiones en sus proyectos cinematográficos. Hollywood no tuvo paciencia con su frenética energía interpretativa. Pero él no se dejó aniquilar.

Tuvo el mundo a sus pies por su premio Óscar en 1996 en su inolvidable interpretación de un hombre que quiere acabar su vida ahogado en alcohol en Leaving Las Vegas. Tiene en su hoja de vida la experiencia de haber trabajado con su tío Francis Ford Coppola en Cotton Club y un breve papel en El Padrino III, fue un magnífico desequilibrado con David Lynch en Corazón salvaje, deslumbró en dramas como Birdy (1984); tuvo taquillazos de acción como Contracara (1997), La roca (1996) o Con Air (1996), estas últimas con Jerry Bruckheimer, el rey Midas del género en ese tiempo.

“No dejaba de hacer películas de Jerry Bruckheimer, una detrás de otra. Hubo muchos momentos divertidos, pero al mismo tiempo te decían: ‘He escrito esta frase. Tienes que decirla de esta manera’. En las películas independientes tienes más libertad para experimentar y ser fluido. Hay menos presión y hay más oxígeno en la habitación”, agregó Cage, quien también tiene un prontuario de problemas más allá de las cámaras (la bancarrota, su extravagante amor por los cómics y la mala fortuna de haber dado el sí a proyectos de calidad dudosa y, sobre todo, a fracasos de taquilla, otra de las cosas que Hollywood no perdona).

Nicolas Cage siempre ha sido un poco excéntrico.

Foto:

Vincenzo Pinto / Archivo AFP

Ahora eso poco le importa. A sus 57 años le llegan proyectos y guiones todos los días y él no tiene miedo de meterse en historias donde pelea con demonios drogadictos y motorizados como en la trama de Mandy: una deliciosa mezcla de terror y acción en la que se roba todo el show. Tampoco tiembla ante la idea de afrontar una fuerza de otro mundo en Color Out of Space, un viaje casi lisérgico de terror atmosférico, inspirado en el padre literario de ese género: H.P. Lovecraft. Ahora –incluso– tiene tiempo para sembrar trufas y vivir casi como un ermitaño con una pequeña cerdita como amiga.

Ese no es el panorama de su vida, sino el arco argumental de Pig, su más reciente producción en la que un episodio inesperado lo saca de su aislamiento y lo lleva a una aventura mucho más profunda y dramática. Su personaje despierta de su letargo emocional para cumplir con un objetivo claro en una sociedad de la que una vez se apartó. Hay una extraña coincidencia con su travesía como actor de cine.

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La tecnología también ha sido un elemento en la máquina de Hollywood que ha causado el adiós a muchas carreras. Hoy se mantiene vivo el debate alrededor de hacer películas con actores totalmente digitales y extender su campo de acción y espacio dentro del cine. Pero un ejemplo contundente de esa transición fue el paso del cine mudo al sonoro, que dejó sin voz y sin trabajo a muchos intérpretes.

El caso de Louise Brooks (protagonista del clásico de 1929 La caja de pandora) deja claro que los que pueden adaptarse tienen los días contados. No quería oír su voz en el cine. Le ofrecieron guiones, dinero y directores, y no aceptó. Los estudios Paramount le cerraran las puertas y difundieron el rumor de que su voz no daba el nivel.

La película francesa El artista (2011) reflejó ese proceso en una trama en blanco y negro y muda –que ganó el Óscar– contando la vida de George Valentin, una estrella que descubre que su brillo puede apagarse con la llegada del sonido. Jean Dujardin, el actor que le dio vida al personaje, tuvo sus 15 minutos de fama en Hollywood, pero no cayó en la trampa y prefirió manejar la fama desde su querida Francia.

El sonido o los nuevos tiempos han inspirado libros y películas. Triste, solitario y final del argentino Osvaldo Soriano, por ejemplo, ofrece una trama delirante: un detective –sacado de las novelas de Raymond Chandler– trata de encontrar a los culpables de la desaparición de las pantallas del Gordo y el Flaco.

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Pero las desapariciones rara vez tienen humor. Y mucho menos cuando se trata de asuntos políticos. Entre 1947 y 1957 el senador Joseph McCarthy lideró una férrea campaña contra el avance del comunismo en Estados Unidos, y decidió que la industria del cine estaba llena de “rojos”. Actores, directores y guionistas fueron cuestionados, interrogados y puestos en su famosa lista negra.

La cacería de brujas (como se le conoció a ese proceso) de McCarthy para mantener unos valores preestablecidos llevó a que el mundo del cine fuera testigo (y callara) de la destrucción de carreras consagradas. Grandes estrellas como Charles Chaplin o John Garfield (El cartero llama dos veces) afrontaron audiencias en las que se les cuestionaba acerca de su lealtad. Otros se quedaron sin trabajo o vieron su carrera truncarse, por culpa del Comité de Actividades Antiamericanas.

‘Un rey en Nueva York’ (1957) es una de las pocas películas habladas que rodó Chaplin . Tenía 68 años.

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Attica Film Company

Chaplin no pudo ser anulado, pero Garfield nunca se repuso de ese acoso. También a guionistas como Allan Scott (Imitation of Life) y Donald Trumbo (Espartaco) les tocó hacer malabares para no ver su carrera terminada a la fuerza.

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Sobrepeso, traumas, ideología, vejez, rebeldía… Hollywood, en el fondo, puede perdonar esos “pecados”, pero no puede tolerar los fracasos económicos.
Kevin Costner es el mejor ejemplo. La carrera del actor terminó en los mares del rechazo. Era parte de un club de artistas que parecían tener el aval para hacer lo que les diera la gana en la gran pantalla y triunfar.

La estrella que encantó a la audiencia con el thriller Sin salida, que tocó la cresta del éxito taquillero con El guardaespaldas junto a Withney Houston y que tuvo la libertad creativa para producir, dirigir y protagonizar el drama Danza con lobos (que ganó siete premios Óscar, entre esos el de mejor película y director en 1990) tocó fondo con Waterworld: una trama apocalíptica ambientada en el mar que alcanzó un costo cercano a los 250 millones de dólares en 1995 y fue un fracaso de taquilla y un vómito para los críticos.

Un rodaje traumático en el que las olas y la lluvia destruían frecuentemente los decorados; un guion que se reescribió cientos de veces y al que le metió mano sin piedad el propio Kevin Costner para alimentar su gran ego camuflado en la intragable aventura de un guerrero solitario en un mundo sin tierra firme. Una película digna de Ed Wood. O peor.

Costner siempre ha defendido a Waterworld como una apuesta sorprendente e incomprendida, pero por su cuenta nunca pudo volver a subirse al barco de las superproducciones. Hollywood le sigue recordando los sobrecostos y excesos de su capricho marino que, irónicamente, fue nominada al Óscar en un apartado a mejor sonido.

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Hay otros que, definitivamente, parecen merecer su suerte.
Hay una nueva revolución. Y su bandera es borrar. El pecado es mortal: los casos de abuso o acoso sexual. El detonante más visible fue el caso del productor Harvey Weinstein, quien afronta al menos siete cargos por delitos sexuales cometidos en California entre 2004 y 2013. Y de esos, cuatro son por violación o por forzar a mujeres a tener relaciones sexuales.

El hombre que se jactaba ser uno de los amos de Hollywood recibió todo el peso del desprecio. Weinstein, parte del éxito de películas como Pulp Fiction, El paciente inglés, Scream y El señor de los anillos: la comunidad del anillo, develó lo peor de su naturaleza y el efecto no fue solo el rechazo. Su carrera acabó, se gestó el movimiento #MeToo para visibilizar otros casos de abuso en el mundo del cine y ahora cumple una condena de 23 años de cárcel por agresión sexual y violación en Nueva York y encara un proceso similar en Los Ángeles por nuevos cargos, que pueden significar una pena de 140 años más de prisión.

Weinstein fue condenado a 23 años de prisión por delitos sexuales. 

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Getty Images

Otro que también salió por la puerta de atrás del cine y de la televisión fue Kevin Spacey, el protagonista de la serie política House of Cards, tras afrontar varias denuncias de abuso sexual. Pero tendrá una pequeña aparición en L'uomo Che Disegno Dio (El hombre que diseñó a Dios), junto a Vanessa Redgrave, esposa de Nero. Un retorno incómodo, aunque se dice que tendrá un papel muy pequeño como detective. La ironía es que investigará a un hombre que fue acusado de abuso sexual de menores.

Kevin Spacey ya tiene un pequeño papel en  una película italiana.

Foto:

AFP

Y la lista negra sigue. El comediante Bill Cosby fue acusado y encarcelado por ser un depredador sexual. El actor y director James Franco, luego del éxito de The Disaster Artist, encaró la demanda de algunas alumnas de su escuela de actuación Studio 4, que lo acusaron de comportamiento inapropiado y de tratar de someterlas a explotación profesional y sexual.

Él salió al paso del problema llegando a un acuerdo extrajudicial y pagando dos millones de dólares. Sin embargo, falta ver el futuro que le espera a su nuevo proyecto cinematográfico, The Long Home, protagonizado por Josh Hartnett: lo más seguro es que no pase nada. La taquilla tampoco perdona a los villanos de la vida real.

Hoy Hollywood sigue promoviendo carreras y buscando a la próxima Meryl Streep y al nuevo Tom Cruise, pero en una dinámica tan cambiante y acelerada en esta era de redes sociales parece una misión imposible. Todos los días aparece una actriz o un actor que responden a la promesa de llegar a ser una estrella, pero los que se han mantenido en el Olimpo de la fama y el reconocimiento siguen en el juego y no parece haber sucesores.

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Megan Fox trabaja en películas de menor presupuesto.

Foto:

Jason Szenes/ EFE

No todos tienen el poder o la solidez profesional de Tom Hanks, Al Pacino, Jodie Foster o Julianne Moore; no todos tienen un ángel como John Travolta: Quentin Tarantino lo rescató de las sombras de Fiebre de sábado en la noche y revivió una carrera atrapada en comedias flojas de bebés parlanchines con el impresionante papel del asesino a sueldo Vincent Vega en Pulp Fiction.

Pero los elegidos también se cansan. Gwyneth Paltrow, la impecable actriz de Shakespeare enamorado, Seven, la profética Contagio y buena parte del Universo Cinematográfico de Marvel, como Peeper Potts, dijo que estaba cansada de la intensidad laboral de Hollywood y decidió alejarse. Sin embargo, la realidad es que la actriz no tiene desde hace años un papel protagónico sólido, ¿también la borraron? Y qué decir de Demi Moore, Jessica Alba o Megan Fox, cuyas carreras están cada vez más borrosas. ¿Hollywood también se cansó de ellas? ¿Y nosotros? ¿Alguna vez nos cansaremos de Hollywood?

ANDRÉS HOYOS VARGAS
@AndresHoy1

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