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Conozca las películas que rinden homenaje a los discos de vinilo
alta fidelidad

Alta fidelidad con John Cusack y Jack Black

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Archivo EL TIEMPO

Conozca las películas que rinden homenaje a los discos de vinilo

Con humor y un poco de drama, estas producciones rinden tributo al amor por la música.

Un cuarto de siglo está celebrando este año la novela Alta fidelidad (High Fidelity), del británico Nick Hornby, quien a través de un sentido homenaje a la música y los vinilos contaba las peripecias emocionales de un treintañero que revela sus altas y bajas en el amor, mientras dicta cátedra acerca de la música y trata de convencer también al lector de la mística que tiene su desordenada y casi en quiebra tienda de discos.

Antes, Hornby ya había experimentado con otra pasión en la obra 'Fiebre en las gradas', en 1992, en la que confesaba su total devoción al fútbol y al Arsenal, en un ejercicio no carente de humor y reflexión; pero 'Alta fidelidad' lo puso en otro plano, y eso se sintió aún más cuando el director Stephen Frears decidió llevarla al cine en el 2000.

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En ese momento fue una apuesta nostálgica protagonizada por John Cusack, ahora es una pieza más que relevante gracias a un renacimiento del disco de vinilo entre las nuevas generaciones.

Hoy, el filme puede jactarse de tener 20 años encima y parecer de menos. De hecho, inspiró el desarrollo de una serie homónima de una temporada que se estrenará en Colombia (a través de StarzPlay) el 10 de septiembre. Pero esa es otra historia.

alta fidelidad

Zoe Kravitz protagonizó la serie de TV, como nueva versión de Alta fidelidad.

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StarzPlay

En la versión original para pantalla grande y que, a veces con un poco de suerte, reaparece en algunos de los canales de la televisión por cable, Rob es la excusa para una compleja búsqueda de respuestas ante una vida que ha sido golpeada con varias rupturas amorosas, situación que afronta en ese pequeño universo de una tienda de discos y una rutina que parece brillar gracias a cosas tan sencillas como los casetes grabados con una precisión casi de ingeniería para lograr una que otra conquista amorosa.

Pero, más allá de una descripción de su trama y sus detalles, Alta fidelidad se convirtió en un referente de la historia de amor entre esos discos grandes, a veces polvorientos y con un sonido ‘crispetudo’ que dieron paso a una especie de subgénero cinematográfico.

Con ejemplos como el de Días de vinilo, producción argentina que no solo le rinde de cierta manera un homenaje a la trama ideada por Hornby (adultos unidos por la música y los discos), sino que se dedica a recalcar la importancia de la amistad.

Damián, Marcelo, Luciano y Facundo convergen en una caricatura amable acerca de la madurez, en un guion que fue escrito en el 2005 y se hizo película siete años después.

Días de vinilo

La película argentina 'Días de vinilo'

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Archivo EL TIEMPO

“Es una comparación que yo me imaginé que iba a suceder porque si ves discos de vinilo, te vas a remitir a un referente. Es como si hacés una película de naufragios, te remitís a Titanic”, explicó en una entrevista con el portal Noticine.com el director de esa producción, Gabriel Nesci, hablando de la clara conexión con el filme de Frears.

Claro que antes hubo historias de tiendas de discos, de melómanos y de música como contexto a otras emociones: como 'Vivre sa Vie' (1962), en la que Jean-Luc Goddard retrataba las batallas de una joven que quiere ser actriz y se va a trabajar a una tienda de discos.

La escritora Susan Sontag la consideró una obra de arte, pero muchos espectadores se enamoraron de las escenas de Anna Karina (su protagonista) entre montones de discos tratando de enderezar una existencia signada por la tragedia.

Tampoco hay que olvidar a Empire Records (1995), en la que un grupo de jóvenes que trabajan en una tienda de discos tratan de impedir que se venda y que pierda su esencia. A pesar de que es más una comedia sin muchas ambiciones, intenta explorar lo mismo: esa relación entre la música, los sueños y las decepciones de sus protagonistas.

Sin embargo, el legado de Alta fidelidad o, mejor, su poder es que le dio un protagonismo especial a la experiencia musical dentro de otros conflictos y el impulso que puede brindar el acetato con surcos para dar el siguiente paso en la vida.

Días de vinilo

Escena de Amor de vinilo.

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Archivo EL TIEMPO

El propio Nick Hornby volvió a usar todo ese contexto en Juliet, Naked, novela que lanzó en 2010 y que también fue llevada al cine con el conveniente título de Amor de vinilo (2018). Esta vez, una pareja está llegando al cuarto piso, y afrontan la sombra de la rutina.

Annie trabaja en un museo, y Duncan es un profesor que está obsesionado con un cantante estadounidense llamado Tucker Crowe.

Eso lo lleva a convertir una parte de su casa en una especie de templo de adoración del artista, con sus discos, sencillos, afiches y toda la parafernalia necesaria para demostrar que es algo más que un fanático. El tributo al disco es, de nuevo, la excusa para narrar con un poco de melancolía y algo de humor la manera como Duncan escapa de otras responsabilidades.

(Lo invitamos a leer: Los Cogelones y el punk en taparrabos)En contraste con Hearts Beat Loud, un drama dulce dirigido por Brett Haley, quien coescribió la historia junto con Marc Basch.

Días de vinilo

Padre e hija hacen música en la película Hearts Beat Loud.

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Archivo EL TIEMPO

Aquí, de nuevo, el dueño de una tienda de discos debe afrontar cambios sustanciales en su vida que lo podrían llevar a tener que despedirse de su tienda de discos, de sus joyas amadas en ese formato físico y de esos pequeños duelos de saber que enfrenta con algunos clientes, tratando de que entiendan la belleza de las canciones y la pureza de una experiencia melómana con los acetatos.

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Esta película ofrece un giro muy interesante, ya que es en realidad la historia de un padre y su hija. El choque generacional entre ambos, que se resume en el contraste entre el amor por lo analógico del protagonista y el talento de la joven creando canciones con herramientas digitales.

Miles de carátulas decoran muchos de los planos de esta producción protagonizada por Nick Offerman y Kiersey Clemons, en una historia en la que el reencuentro y el sacrificio son los elementos que la sostienen, mientras se desarrolla entre ritmos de pop indie y situaciones tan comunes como el reto de un padre para buscar el dinero y pagar la universidad de su hija.

Sumado, obviamente, al retrato de un hombre maduro aferrado a sus discos mientras el destino parece darle señales para escapar de la nostalgia.

En un artículo de la revista Billboard se reconoció a este filme como uno de los ejemplos más interesantes de esa conexión entre el cine y el vinilo, pero valora también el ejercicio de crear canciones encerrados en una habitación entre acordes de una vieja guitarra eléctrica y un computador, que ayuda a que el proceso sea rápido y no menos emocional.

“La colección de discos está teniendo un momento artesanal”, dijo en su momento el protagonista de la película a Billboard (Nick Offerman). “Vas a ver tiendas de discos menos clásicas y colecciones más curadas. No será donde puedas pasar un sábado entero examinando cada caja de discos. Creo que de eso es en realidad de lo que trata esta película (...). Es sobre de cuánto de esa vibra te vas a aferrar de verdad y cuánto serás capaz de abrirte para seguir adelante. Puede haber música hermosa por venir si te permites abrirte y recibirla”, dijo.

En realidad todo gira frente al amor a la música, y la historia no se centra solo en el formato en que se puede oír. Claro, no hay que olvidar que el vinilo es un objeto estéticamente muy cinematográfico, y la cámara lo adora.

La razón por la cual volví a comprar vinilos fue que no creía que me estuviera comprometiendo lo suficiente con la música

“Me gusta, y todavía lo compro, por razones en las que me adentraré. Pero yo solo quería la música. El formato no me importaba. Estos son tiempos maravillosos para ser un fanático de la música: cada pieza musical que se haya hecho, más o menos, está disponible en un dispositivo del tamaño de un paquete de cigarrillos por muy poco dinero o nada. Esto es particularmente útil si ya sabes mucho sobre música. El único límite es su ignorancia, por lo que solo conocer el top 40 es una desventaja”, apuntó Nick Horn-by en una entrevista para el libro Why Vinyl Matters: A Manifesto from Musicians and Fans (2017), de Jennifer Otter Bickerdike.

“La razón por la cual volví a comprar vinilos fue que no creía que me estuviera comprometiendo lo suficiente con la música. Soy un usuario entusiasta de Spotify”, agregó el autor que afiebró a más de uno a comprarse un tornamesa y a ver estas películas.

ANDRÉS HOYOS VARGAS@AndresHoy1

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