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'Luz', una audaz bofetada al fanatismo religioso
Película colombiana Luz

Yuri Vargas, una de las protagonistas de la película colombiana 'Luz', que fue la primera en participar en la selección oficial en el Festival de cine de Sitges.

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Afasia Films

'Luz', una audaz bofetada al fanatismo religioso

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Oriundo de Manizales, Juan Diego Escobar dirige este filme que brilló en el Festival de Sitges. 

Luz: al título de esta película le falta la mitad para tener sentido completo. Todos los personajes la buscan con ansiedad y recorren un camino de sumisión y fanatismo para encontrarla. En ese camino hay dolor, arrepentimiento y un descubrimiento que genera un cambio radical: la ruta hacia la redención se convierte en la autopista al infierno.

Ambigua y simbólica, una bofetada al fanatismo religioso, al sectarismo y a las creencias manipuladoras, así es Luz, la primera película de Juan Diego Escobar, un novel realizador nacido en Manizales y graduado de cine y televisión de la Academy of Arts University de San Francisco, en California.

“Luz es una metáfora de cómo todo lo que tocan el hombre y la religión se corrompe”, asegura el director, que produjo y escribió este filme que se mueve en el campo experimental. “Quería contar una historia sobre ese vínculo en el que todos somos Dios y el diablo, de cierta manera”.

Luz abre el panorama del cine colombiano encasillado en tetas, narcos y violencia

Un arranque luminoso despista al espectador: unos paisajes espléndidos, de planos abiertos y colores saturados que más parecen el trasfondo de una secuencia de Alicia en el país de las maravillas enmarcan la cotidianidad de una familia campesina tocada por un drama –la muerte de la madre–. Pasan solo unos minutos para que algo incómodo, enfermo, siniestro se sienta en el ambiente.

El padre de esa familia es conocido como el Señor en esa aislada comunidad rural donde transcurre la historia, y sus tres bellas hijas son llamadas los ángeles. Ellas, junto con los escasos habitantes de esa inhóspita región, pasan sus días en busca de Jesús y evitando a toda costa cruzarse con el demonio, que se mimetiza de formas inesperadas. El Señor manda y todos obedecen. Un acontecimiento hace que la luz se torne en oscuridad y la cámara se cierre en secuencias angustiosas y de dolor.

“La comunidad de Luz es una metáfora de Manizales. Aquí crecimos bajo el yugo religioso, algo muy complicado en una sociedad tan tradicional en la que la religión es esencial. Crecer como artista en una ciudad tan retrógrada fue muy complejo. Luz es una crítica al tema religioso, al fanatismo y a las sociedades primitivas”, expone.

Conrado Osorio y Yuri Vargas encabezan el elenco de Luz, la cual el año pasado se convirtió en la primera película colombiana en figurar en la selección oficial del festival de cine fantástico de Sitges, en España, donde se proyectó como Luz: The Flower of Evil.

“Eso fue como tocar el cielo, ¡Llegar allá con mi primera película!... Nos trataron como a unas estrellas de Hollywood y nos abrió puertas para otros festivales y la distribución internacional”, recuerda el director que ya está trabajando en su segundo filme, El arcoiris negro.

Película colombiana Luz

Esta película es una crítica abierta a la manipulación religiosa.

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Para Escobar, Luz abre el panorama del cine colombiano, “encasillado en tetas, narcos y violencia”. Su ópera prima –que se puede ver en los autocines de 16 ciudades colombianas y que próximamente estará disponible en la plataforma de streaming Mowies– jamás se concibió como una obra comercial.“Era una película que solamente íbamos a ver mi mamá y yo”, bromea. Pero su paso por Sitges le permitió llegar a otros escenarios internacionales en México y Costa Rica. “De un momento a otro, Luz cogió una fuerza muy berraca; entonces, la va a ver gente en muchos países… además de mi mamá y yo”.

Cabe decir que relatos audiovisuales como este evocan filmes de suspenso y terror psicológico como La bruja y Perros de paja, en los que el miedo es latente en un entorno siniestro que resulta más aterrador que cualquier bestia demoníaca.

“Luz es un viaje al cielo y al infierno, que más que entretener busca cuestionar y ayudar a sanar a través de la poesía”, dice Escobar. Al final del metraje sabemos cuál era esa otra parte que le faltaba al nombre de la película: es la oscuridad, la maldad, inherente al ser humano.

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Sofía Gómez G.
Redacción Cultura
En Twitter: @0f1c1ta

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