La opinión importa más que los hechos / El otro lado

La opinión importa más que los hechos / El otro lado

A mayor libertad de expresión, mejor democracia, más transparencia y menor opacidad del Gobierno.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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César Sánchez Carreño

Por: Ómar Rincón
01 de septiembre 2019 , 10:20 p.m.

Algo raro sucede en el mundo y en Colombia: la opinión importa más que los hechos; a los poderes les molestan más los que opinan que las noticias. Esto significa que hemos llegado a la democracia de opinión, y que ha muerto la política de la información. Esto implica repensar la libertad de expresión.

Gobiernos y poderes se preocupan en exceso por las opiniones, quieren tener a opinadores de medios y redes en su favor; no les importa que las noticias muestren que lo están haciendo mal. Un ejemplo paradigmático: al Gobierno de Colombia lo molesta más los opinadores que los hechos que demuestran en historias periodísticas que el Ejército nacional, institución de alta reputación, está hecha pedazos en sus guerras internas; el hecho de la matanza de los líderes sociales que llevó a la paz al peor de los escenarios, el hecho de que la economía naranja no hace ni dice nada.

En este contexto, si los datos, los hechos, la información y las noticias periodísticas no importan al Gobierno y a los ciudadanos, los opinadores se vuelven la noticia, los hechos, la vida política. Y eso significa la llegada de la democracia de opinión.

Así, la libertad de expresión deja de importar para pasar a la opinión creyente aprobada y la opinión disidente perseguida. Y, entonces, surge la idea de que la libertad de expresión no tiene sentido, es un mal necesario que hay que aguantar porque define la calidad de la democracia.

A modo de nostalgia recuerdo por qué la libertad de expresión es necesaria para la calidad de la democracia: uno, a mayor libertad de expresión, mejor democracia, menos secretismo del poder, más transparencia, menor opacidad del Gobierno.

Dos, la libertad de expresión es la sangre que revitaliza la democracia vía el periodismo libre, la protesta social como expresión de la ciudadanía informada y la libertad de cátedra en colegios y universidades.

Tres, nos protege frente al fomento del odio que incita a la violencia, y promueve la convivencia.

La libertad de expresión es bella porque nos obliga a ser menos racistas, clasistas, machistas y homofóbicas y a respetar el disenso; a apostar porque lo que sabemos, lo sabemos entre todos: ya que todos tenemos un poco de la verdad.

La libertad de expresión aumenta y se expande la diversidad y pluralidad de opinión, y mejora la calidad de la conversación pública.

Todo esto se va al carajo cuando la información, la libertad de expresión, los datos y los hechos no importan, y lo que interesa es tener una opinión mascota y amaestrada que obedezca al amo y sea fiel al poder.

Esta es la realidad comunicativa cuando un gobierno le tiene más miedo a la opinión que a los hechos.

En este contexto somos jurásicos los que creemos que la verdad de la democracia y el periodismo son los hechos, los datos, las noticias y los reportajes, los derechos humanos y una conversación pública con criterio. La verdad política es que de opinión no vive la realidad, requerimos periodismo.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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