La fe en Netflix / El otro lado

La fe en Netflix / El otro lado

Los medios aman a esta plataforma y le promueven todo como si fuera éxito.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

César Sánchez Carreño

Por: Ómar Rincón
12 de noviembre 2018 , 07:16 a.m.

Llegó ‘Distrito salvaje’, la primera serie original de Netflix producida “íntegramente” en Colombia. Los periodistas, que creen que toda Colombia está viendo Netflix, están muy felices porque nos descubrió Dios.

‘Distrito salvaje’ está muy bien en que se mete con lo que nos toca contar en la Colombia de la paz: la guerrilla. Cuando nos creímos que habíamos superado el narco, comenzamos a hacer narconovelas; cuando imaginamos que la música y el deporte nos sacarían de pobres, nos volvimos especialistas en bionovelas; ahora, con la llegada de la paz, los tiempos son propicios para hablar de la guerrilla en forma de ficción.

Entonces, muy bien que la serie trate sobre los modos como los guerrilleros buscan contar sus historias. Muy bien están las actuaciones de Juan Pablo Raba y Cristina Umaña, ya que los dos están muy lejos del resto del 'casting'.

A Raba se le ve ambiguo, sutil y atrevido; se le cree, se la juega, lo intenta. Nos muestra los sentimientos y los modos humanos de sobrevivir a la propia historia en un contexto donde los buenos se atreven a la discriminación alevosa.

A Umaña se le siente la fortaleza de la mujer colombiana que, a diferencia de los machos públicos, se atreve a creer que la ética, la verdad y la justicia hacen parte del futuro del país.

En lo visual, no parece Netflix. No hay relato visual, la fotografía es plana, todo luce como sin ganas. Si a una cosa nos tienen acostumbradas las series es a que se atreven a narrar en otro ritmo, en otros planos, en otras secuencias; que asumen el relato abierto y de personajes de la televisión pero con la expresión expandida del cine y lo digital. ‘Distrito salvaje’ es, por el contrario, pobre en lo visual y en lo narrativo.

La otra característica de las series es su atrevimiento “moral” y temático: se salen del conservadurismo propio que se impone a la televisión abierta, ya que vale todo tipo de familias, sexualidades, drogas, perversidades y giros narrativos. ‘Distrito salvaje’ es atrevida en hablar de la guerrilla y nada más.

El resto es moralina televisiva y sonsera de diálogos. En consecuencia, ‘Distrito salvaje’ vale la pena por la historia del guerrillero que busca sobrevivir en “la paz” y por las actuaciones de Raba y Umaña. En lo demás, es una historia que no parece de Netflix: una serie igualita, y hasta peor, que las de RCN y Caracol. Si fuera de estos canales sería malísima, pero como es Netflix está muy buena, dicen los periodistas que militan en su fe. Los medios aman a Netflix y le promueven todo como si fuera éxito, hace poco llegó ‘Élite’ y fue anunciada como el último suceso, cuando era apenas un chascarrillo.

Se cree en Netflix y en sus promociones publicitarias sin exigir datos concretos de televidencia. Lo propio de las series de Netflix es, por ahora, el éxito entre los periodistas y el fracaso en público.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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