La fama escondida de estos actores tras una máscara

La fama escondida de estos actores tras una máscara

Luces y sombras de actores que le dieron vida universal a Freddy Krueger, Chewbacca y Darth Vader.

La fama escondida tras una máscara

Vladimir Furdik (Rey de la Noche); Robert Englund (Freddy Krueger); Peter William Mayhew (Chewbacca); David Prowse (Darth Vader).

Foto:

AFP

Por: Armando Neira
04 de julio 2019 , 10:33 p.m.

Para un actor, el mayor logro profesional es el de representar un papel de manera tan deslumbrante que haga olvidar al público que detrás hay un ser humano de carne y hueso. No hay mayor placer que regresar a la cotidianidad como cualquier mortal. Bueno, sin exagerar. ¿Qué tal que ni el vecino de la esquina reconozca sus méritos?

En ocasiones, esa sensación la han vivido Vladimir Furdik, Robert Englund, Peter Mayhew y David Prowse, entre otros. Nombres que poco o nada les dicen a los lectores. Sin embargo, ellos han tenido en vilo a millones de personas en el planeta.

Han representado a algunos de los personajes más seguidos de la historia de la ficción: el Rey de la Noche en la serie Game of Thrones (Juego de tronos), el asustador Freddy Krueger de la saga cinematográfica Pesadilla sin fin, el simpático Chewbacca de Star Wars y el inigualable y temido Darth Vader de Star Wars (La guerra de las galaxias).

Contrario a sus sólidos personajes, sus vidas están llenas de luces y sombras. En algunos momentos, incluso, han sido tan vulnerables que dolorosamente se han quebrado. No es fácil. En las tramas, la historia gravita a su alrededor, pero fuera del set carecen de brillo.

Hace unas semanas, por ejemplo, en las fiestas de despedida de los personajes de Game of Thrones, la serie más celebrada en lo que va de este siglo, se vio el registro de los rostros de aquellos que estuvieron tentados a sentarse en la poderosa silla de las mil espadas.

Es natural. Fue una década de amores y traiciones, relaciones sexuales y batallas mortales con cambios drásticos, pues algunos de ellos pasaron de la niñez a la madurez ante los televidentes. Pero ¿dónde estaba el Rey de la Noche? ¿Por qué no lo invitaron al ágape?

El desplante es más notorio si se tiene en cuenta que Vladimir Furdik, el actor eslovaco de 49 años de edad y doble de acción que le dio vida, siempre conservó su humildad y una extraordinaria capacidad para ayudar en la producción.

Su compromiso fue tal que en el rodaje de la batalla final con Arya, según le contó a The New York Times, estuvo trabajando más allá de sus responsabilidades. “Hice cada parte de la batalla porque también estaba ayudando a coreografiarla de principio a fin, cada muerte. No solo hacía del Rey de la Noche. Todo lo que pasa en el episodio, yo estaba cerca, detrás de la cámara o con el encargado de sonido, para ayudar. Y así, cuando veía a alguien en el monitor, le podía avisar al director (Miguel Sapochnik): ‘¡Diles que tienen que bajar la cabeza más!’ ”.

Peter Mayhew era el más amable de los gigantes. Un gran hombre, con un corazón incluso más grande, que nunca dejó de hacerme sonreír y un amigo leal a quien quise sinceramente

Furdik regresó a casa para compartir en compañía de sus animales, su pasión favorita. Es un apasionado de los caballos, tal como lo muestran las imágenes que él suele poner en sus redes sociales. En una de las fotos besa a uno de ellos. Escribió bajo la fotografía: “La vista más bonita del mundo está a lomo de un caballo”.

En cambio, quien sí tuvo relativamente más éxito fue Robert Englund, el intérprete de Freddy Krueger. A pesar de estos tiempos en los que el reinado de las redes sociales es efímero y a los millones de jóvenes no les dice nada su nombre, él, sin duda, ha sido una de las caracterizaciones más impactantes en la industria cinematográfica. No era para menos. Un personaje que vino al mundo por una monja violada durante días por 100 criminales dementes, tras quedar encerrada en un psiquiátrico, era predecible que dejara huella.

En su caso, sin embargo, sus movimientos y el paciente y bien cuidado trabajo de los maquilladores lo catapultaron. Era tan terrorífico en la pantalla como querido con la gente. Quienes lo conocen afirman que es “una persona extraordinaria”, “muy simpático” y “atento” con sus fanáticos. Nacido en Glendale, California (EE. UU.), hoy, a sus 71 años, tiene consolidada una carrera como actor de serie B, género en el que cuenta con decenas de películas.

‘El peor tratado del cine’

Un final no tan plácido como el de David Prowse (Bristol, Inglaterra, 1935). Lord Darth Vader, discípulo de Darth Sidious y caballero jedi arrojado al Lado Oscuro en la primera trilogía de Star Wars. Sus inmensos logros contrastan con el desprecio recibido, al punto de que de él se ha escrito que “ha sido el intérprete peor tratado por la industria del cine”.

¿Por qué? La historia dice que George Lucas lo obligaba a recitar los diálogos con la máscara puesta y un sonido que era naturalmente malo. Lucas lo tranquilizaba con el argumento de que después grabarían las voces. Para sorpresa suya, el director utilizó la voz del actor James Earl Jones porque la de Prowse, al que apodaban el Granjero debido a su acento rural, no despertaba nada de miedo.

Para completar, ni siquiera dejaron ver su rostro en la pantalla cuando era obvio. Ocurrió en El retorno del Jedi (1983). Para los fanáticos de Star Wars era un momento trascendental, pues se descubría quién se escondía tras la máscara de Darth Vader. ¡Sorpresa!: Apareció el rostro de su colega Sebastian Shaw, y no el suyo.

El temido villano en la vida real entró en una depresión que debió ser tratada con medicamentos y empeoró cuando Lucasfilms prohibió, en 2010, su participación en una convención oficial de Star Wars. Se quedó fuera mientras miles de fanáticos se peleaban por una entrada para tomarse una foto con Darth Vader. Solitario, con artritis y cáncer de próstata, se retiró a una granja, a la vida natural, lejos de cualquier guerra de las galaxias.

En cambio, Peter Mayhew, el actor original que interpretó a Chewbacca, murió el pasado el 30 de abril “con su familia a su lado”. La gracia de su personaje está precisamente en su dulzura interior. Estaba trabajando en un hospital cuando lo llamaron a hacer un casting por su gran estatura, que se debía a una alteración física.
Fue tan acertada la decisión porque dentro de ese cuerpo completamente velludo vivía un ser dulce, a quien no le interesaba la fama, sino hacer feliz a la gente. De eso quedó constancia en sus dos libros para niños, uno sobre abrazar lo que te hace diferente (Growing up Giant) y otro sobre el acoso escolar (My Favorite Giant).

En la escena final del episodio IV de Star Wars, durante la cual Luke Skywalker y Han Solo obtienen sendas medallas, a Chewbacca no le dan. Sin embargo, él tiene la última línea de diálogo y, entonces, ruge. Se hace sentir detrás de su máscara.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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