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La historia desconocida de ‘La gente de la Universal’
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Homenaje a 'La gente de la Universal', 30 años despuésEl camarógrafo y productor Carlos Sánchez cuenta intimidades de este clásico del cine nacional.
Homenaje a 'La gente de la Universal', 30 años después

FOTO: Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

La historia desconocida de ‘La gente de la Universal’

Se cumplen 30 años desde que su guion fue premiado en Cuba y ahora, se le rinde un homenaje.

Fueron dos separaciones: la crisis de pareja del cineasta Felipe Aljure y la del guionista Manuel Arias encendieron la chispa que dio origen a 'La gente de la Universal', el clásico del cine colombiano cuyo guion empezó a cosechar aplausos hace justamente 30 años.

Aljure, hoy con el pelo encanecido pero todavía largo, lo recuerda así: “Un día, me llamó Manuel para decirme: ‘Hermano, me separé y no tengo dónde vivir’. Yo le conté que también me había separado y como antes los dos habíamos trabajado en un guion y yo tenía una cama libre en mi estudio, Manuel se fue para mi casa”.

En esa convivencia, solo hablaban de cine, las palabras volaban encapsuladas en escenas, tomas y secuencias. Tomaban notas y se retaban mutuamente, entre la curiosidad y la supervivencia, el amor por el centro de Bogotá y la devoción mutua por cierto tipo de humor y cierto tipo de directores. Al cabo de un mes, escribieron la primera versión de 'La gente de la Universal'.

“Hasta en sueños, yo hablaba de la película –responde Arias–. Una vez, Felipe me preguntó algo y yo le respondí estando dormido. Era la fascinación de una historia que queríamos hacer. Nos turnábamos y agregábamos cosas, a veces a cuatro manos, a veces a dos”.

Era 1989. La época de las bombas en las ciudades y la incertidumbre constante. Pero el guion se apartaba de la violencia política del cine nacional y se metía en un drama individual, con un humor negro corrosivo. Quienes lo leían lo alababan, a tal punto que una amiga, Adriana Bernal, funcionaria del extinto Focine (la entidad del Estado que apoyaba el séptimo arte), les propuso enviarlo al exterior para buscar financiamiento.

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Aljure prosigue el cuento: “Yo me iba a Londres a hablar con Alan Fountain, el director de Channel 4 (televisión británica) y a él le gustó, pero quería que le mandaran un guion oficial desde Focine. Le dejé una copia a Adriana, me fui a Europa, pero el guion nunca llegó a Londres”.

Las páginas impresas quedaron engavetadas y Aljure se dedicó a hacer televisión con la programadora Cenpro, la cual estaba experimentando con historias más sociales, gracias a gente de cine y de teatro como Jorge Alí Triana, Pepe Sánchez, Adelaida Nieto y Carlos Sánchez.

Dos años después, Aljure recibió una llamada en Cenpro: “Un domingo estábamos haciendo unos cabezotes para ese experimento, y me avisaron que me llamaban de Focine. Con cierta arrogancia, respondí que estábamos ocupados, que no podía atender. Pero volvieron a llamar varias veces, hasta que aparecieron al otro lado de la línea nuestros ángeles, María Teresa Gutiérrez y Adriana Bernal, para decirme que el guion de nosotros se había ganado un premio en La Habana. A mí me extrañó, porque nosotros no habíamos mandado ningún guion. Pero me insistieron: ‘Usted no entiende: se acaban de ganar 120.000 dólares’. Así comenzó 'La gente de la Universal'". 

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Felipe Aljure dirige al veterano actor vasco Ramón Aguirre, durante el rodaje de 'La gente de la Universal'.

Foto:

Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

'No tenemos un peso'

El guion galardonado en el Festival de Cine de La Habana en 1991 ya había logrado congregar a otros amigos, apasionados por la cinematografía: los productores Guillermo Calle y Carlos Guerrero, así como el director de fotografía Carlos Sánchez.

Para poder reclamar el premio, solo les faltaba un detalle: hacer la película. El dinero se ejecutaba por medio de la Televisión Española, y decidieron agrandar la coproducción con amigos técnicos de Bulgaria y con los inversionistas británicos. Pero en la práctica, aún no tenían dinero para arrancar.

“Nos fuimos donde mi tía Ivette Salame –sonríe Aljure al recordar– y le dijimos: ‘Tía, es que estamos haciendo una película y los técnicos ya llegan mañana, pero no tenemos un peso. Queríamos ver si nos podías prestar 2 millones de pesos’. Y ella respondió: ‘Ay, Pipe: ¿2 millones? Muy poquito. Coja 4 más bien’. Y nos prestó los 4 millones con los que empezó la película”. En ese momento, la cifra equivalía a más de 5.000 dólares.

En agradecimiento, la tía Ivette sale en la película, con un parlamento que recita: “Dios lo ama, piense en eso”. La gente de la Universal fue una suma de complicidades, de casualidades y de buena voluntad. Para cada obstáculo, se improvisaba alguna solución, como hacían los personajes en cámara.

Cada semana, los productores tenían que ir en procesión a hablar con el banquero Eugenio Jaimes, a quien Aljure describe como un Woody Allen colombiano, por sus gafas y su actitud. La procesión acudía a pedir un nuevo sobregiro, pues no habían podido cubrir las deudas del rodaje y necesitaban recursos nuevos. Jaimes les escuchaba las novedades de la filmación y gozaba con sus ocurrencias. “Hágale”, era lo único que decía. Dieciséis veces les autorizó el sobregiro.

Otro ejemplo: el personaje del sargento Diógenes Hernández, el investigador privado de la firma La Universal, estaba concebido para César Mora, pero este no pudo hacerlo por sus múltiples ocupaciones. El actor teatral Álvaro Rodríguez comenzó a perfilarse como su reemplazo: “Yo iba a hacer un personaje pequeño, uno de los presos –confirma Rodríguez–. Pero un día me citaron y me pusieron a hacer unas improvisaciones que les encantaron. Entonces, me dijeron que había un problema con César Mora y que habían pensado en darme el papel protagónico a mí. Yo quedé frío. Hasta el estómago se me dañó, porque yo solo había tenido una experiencia pequeña en cine, con un taller de Felipe Aljure, pero no había hecho algo así”.

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El director también recuerda su reacción: “Se quedó aturdido, como si le hubieran metido la cabeza entre una campana y la hubieran golpeado. Empezó a decir: ‘No me hagan eso, no me hagan eso’, porque él tenía esa disciplina actoral del Teatro La Candelaria, y ya estaba metido en otro personaje”.

Finalmente, Rodríguez aceptó el papel, hizo pareja con Jennifer Steffens –quien también entró en reemplazo de una actriz que había declinado el trabajo por estar embarazada– y con otro joven actor teatral, Robinson Díaz. Hoy todos son estrellas y es difícil imaginar la película con actores diferentes.

Igual sucede con el rol de una actriz porno, que lanzó a la fama a Ana María Aristizábal, pese a que su mayor experiencia había sido como asistente de vestuario. Convenció a Aljure, por casualidad, en otra grabación: “Yo trabajaba en una serie de Cenpro llamada Primos, en la que Felipe era el asistente de fotografía. Un día, él estaba iluminando una escena y le gustó mucho cómo brillaba una chaqueta negra de cuero que yo tenía, llena de pines. Me dijo: ‘Quédate y cuadro la luz con tu chaqueta’, y yo me puse a cantar Wish You Were Here, de Pink Floyd, que resultó ser la canción favorita de Felipe. En ese momento, me dijo que yo tenía que estar en su película”.

Ana María Aristizábal hizo el papel de una actriz porno.

Foto:

Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

‘Un absoluto despropósito’

Las escenas del cine porno fueron especiales, dentro y fuera del set, porque despertaban inquietudes en favor y en contra. Carlos Guerrero, otro de los productores, tuvo que padecerlas: “Recuerdo que teníamos que filmar en el Museo Nacional, que había sido una cárcel. Pero la directora del museo pidió el guion y cuando lo leyó, estaba escandalizada. ‘Esto es pornografía’, decía, así que me tocó acelerar la vaina. Cuando me hizo el reclamo, yo le dije: ‘Ah, no, ya no se puede echar para atrás, porque ya le consigné los 4 millones de pesos que nos cobró’”.

En cambio, Manuel Arias disfrutó esas escenas. “Filmamos en el Teatro Lido, que había sido una sala porno, estaba medio abandonado y tuvimos la suerte de que no lo habían intervenido todavía. Al dueño le pareció excéntrico poner afiches y vestir la fachada como si de verdad se fuera a proyectar una película pornográfica, así que llegamos a rodar y encontramos una fila inmensa a la entrada. Mucha gente se juntó pensando que se había reabierto la sala, y Felipe le dijo al portero que vendiera boletas, para filmar como si fuera real. De pronto, se me acercó un transeúnte y me preguntó si era buena la película, y yo solo atiné a decir: ‘Buenísima, no tiene diálogos’. El tipo se puso en fila de inmediato”.

Tal entusiasmo no fue unánime. Cuando La gente de la Universal se estrenó en el Festival de Cine de Cartagena, en 1994, el enviado de EL TIEMPO Mauricio Silva Guzmán registró la división de opiniones. El célebre crítico Luis Alberto Álvarez, de El Colombiano, le dijo: “Desde el punto de vista de dirección es un absoluto despropósito. La película es fea porque se plantea como fea y en ese sentido decepciona”.
Y el escritor vallecaucano Umberto Valverde no fue menos severo: “Desfigura claramente el relato de la historia y lo inclina hacia una vulgaridad que es propia de las series de circulación negras en España”.

Aljure buscó apoyo para el estreno con RCN y Caracol, pero recibió sendos portazos. Los directivos veían la película con sus familias y terminaban ofendidos. La programadora más familiar, Punch, fue la única que se subió al bus, de manera sorpresiva.

Pese a la polémica (o quizás, gracias a ella), la cinta llegó a las salas del país en marzo de 1995, con apenas 11 copias. “A las 2 o 3 semanas se estrenaron las películas de los Óscar –cita Aljure–, y pensamos que con eso se nos acababa la temporada. Sin embargo, nuestra película solita hacía en taquilla lo que muchas de los Óscar no lograban sumadas. Nos tocó hacer dos o tres copias más en Venezuela, porque no alcanzábamos a pedirlas en Bulgaria, donde se había hecho la posproducción. La gente de la Universal logró 400.000 espectadores con apenas 13 copias. Era una cosa muy sufrida, pero también mágica: siempre encontraba aliados”.

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Aristizábal, en el papel de la estrella porno Margarita Quiroz, comenzó a ser famosa en la calle: “Lo más lindo de todo es que muchos conductores de taxi eran mi club de fans. Me subía a un taxi y por la voz me reconocían de una. Mi hijo tenía un amiguito que había visto la película a escondidas de su mamá y se la contaba. Lo único malo fue que ni mi mamá ni mi papá quisieron verla, porque les dije que iba a salir desnuda. Me reprochaban: ‘Queremos acordarnos de ti en pañales’”.

Esa comunidad de amigos, actores y productores se reunirá el próximo lunes 14 de junio, para celebrar los 30 años del premio al guion original. Será la segunda Gala del Cine Colombiano, organizada por Idartes, la Cinemateca de Bogotá y EL TIEMPO, que contará con transmisión en directo por las plataformas de estas tres entidades.

Dentro de la celebración de los 50 años de la Cinemateca, se revelarán las anécdotas detrás de cámaras, haciendo eco al lema que se repetía en la agencia de detectives La Universal: “Para nosotros, no hay secreto que permanezca oculto”.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
Editor Mesa Visual de EL TIEMPO
En Twitter: @julguz

Carteles como este, en las calles de Bogotá, ayudaron a la promoción de la película, en 1995.

Foto:

Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

Tributo a un  clásico del cine nacional

La Gala del Cine Colombiano tendrá lugar el lunes 14 de junio, a las 4 p. m., en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Se verán imágenes inéditas de 'La gente de la Universal' y su director, Felipe Aljure, compartirá secretos del rodaje y la producción, junto a miembros del elenco y sus compañeros productores. El evento tendrá un aforo limitado y se podrá ingresar reclamando boleta en taquilla, ese mismo día, desde las 10 a. m. También será transmitido por ELTIEMPO.COM, el canal de YouTube de EL TIEMPO, sus redes sociales y las plataformas de Idartes y la Cinemateca de Bogotá, en la celebración de sus 50 años.

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