‘Hermano menor’ volvió para honrar a los hermanos mayores

‘Hermano menor’ volvió para honrar a los hermanos mayores

El reality de Telecaribe se grabó bajo las directrices de las comunidades de la Sierra Nevada.

Los participantes oyen las enseñanzas del mamo. Cada día, para tener el desayuno, debían trabajar.

Los participantes oyen las enseñanzas del mamo. Cada día, para tener el desayuno, debían trabajar.

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Telecaribe

Por: Olga Lucía Martínez Ante
Cultura
08 de junio 2020 , 07:11 p. m.

Si algo ha aprendido Miguel Mendoza de la Sierra Nevada, de su comunicación con las comunidades que habitan este territorio, es a buscar las palabras adecuadas a la hora de contestar. Por eso, interrumpe la entrevista con este diario para cambiar algún vocablo dicho.

También, a entender que cada vez que quiera hacer algo con estas comunidades debe iniciar el proceso desde cero, es decir, volverles a pedir permiso para ir al lugar sagrado.

Mendoza es el director de Hermano menor, el reality de Telecaribe que llega a su segunda temporada y se emite de lunes a viernes a las 8:30 p. m. por el canal regional y que este año ganó el premio India Catalina en este apartado.

Fue grabado en Kantinurwua y Gúnmaku, dos asentamientos arhuacos en el llamado Corazón del mundo. Y, como la primera temporada, “fuimos todos a aprender”, dice Mendoza.

Eso lo ratifica José Raúl Torres Villafañe, indígena arhuaco, sabedor mayor, productor y uno de los presentadores del programa: “Nosotros no vemos Hermano menor como una producción, sino como una forma de enseñar, de hacer que la gente pueda comprender qué es el pueblo que habita la sierra, que no ha perdido ni su identidad ni su lengua, y profundizar más en los conocimientos que nos dejaron nuestros ancestros para que la sociedad no indígena pueda conocernos”, dice en audio de Whatsapp desde algún lugar del territorio sagrado.

Del mismo modo se comunica con Mendoza. “En la primera temporada, él venía mucho a mi casa o al estudio (en Barranquilla) y hablábamos de la edición. Hoy, por la emergencia no se puede, pero pasa algo maravilloso: a veces estoy aquí, concentrado, buscando la mejor manera de presentar los capítulos, y llega un mensaje de él, tranquilizador, porque uno tiene otras claves y él, autoridad arhuaca, me dice que no me ocupe tanto de la forma”.

La comunidad Kantinurwua, cuenta Mendoza, está por los lados de Aracataca (Magdalena), arriba de la sierra, “y es mucho más cerrada que la población donde grabamos la primera temporada, por los lados de La Guajira. Aquí son más tradicionales, están menos permeados por la civilización, menos contaminados de nuestro mundo, conservan mucho más la inocencia y son más espirituales y sorprendentes”, dice Mendoza.

En esta temporada, el lema es ‘Existen otras lógicas’, “que se traduce en otras formas de reflexionar. Entender cómo el pueblo arhuaco vive y eso hace que lo que existe sea más equilibrado”, añade Torres.

“Eso se traduce en el hecho de que si hacemos algo, así no sea con mala intención, puede afectar a los demás. Los juegos con la enseñanza arhuaca nos llevaron a que, en un momento, uno de los equipos se equivocó y se llevó el elemento de otro grupo. En la mitad del camino se dieron cuenta y aunque intentaron regresar, ya el daño estaba hecho. No recordaron que la noche anterior a esta competencia el mamo les había dicho que uno siempre que va a hacer algo piensa a quien va a afectar y luego sí actúa. Fue claro que no hubo mala intención, pero esa acción les hizo perder la prueba”.

Los concursantes, que llegaron por convocatoria pública, son de Atlántico, Córdoba, Sucre, La Guajira, Magdalena y Bolívar, y aunque el equipo de producción ya los tenía más o menos ‘calibrados’ para hacer los grupos, fueron los indígenas, luego de dos días de observarlos y con Torres como traductor, quienes determinaron cómo quedarían conformados.

Además, cuando se pensaba que iban a empezar a grabar un día específico, los indígenas les dieron la pauta para el inicio. Fue después de que el equipo de producción habló con la comunidad (unas 200 personas), en la sede de la escuela, les contó qué iban a hacer y tenían que esperar que los entusiasmara y estuvieran de acuerdo.

“No fue fácil. Así que sacamos la idea de un cuento de un hombre que vive en un mundo de cemento y un día va a la montaña y encuentra un pueblo que tiene otras formas de pensar y actuar de las que debe aprender. Lo logramos, de lo contrario, nos habría tocado devolvernos por la misma trocha que subimos, un camino de tres horas”, dice Mendoza.

En esta ocasión, además, las dinámicas con el mamo cambiaron. En la primera temporada había cierto permiso de hablar con él y en español, pero para la segunda, cada vez que requerían algo tuvieron que pedir permiso y aceptar todas las condiciones.

Además, todos los días los concursantes tuvieron que trabajar al lado de los indígenas en la mañana, en un cultivo de caña, para ganarse el derecho a desayunar. La conexión para ir a este trabajo llegó a través de un niño, que tomó de la mano a uno de los concursantes y sin mediar palabra lo guió hacia este espacio.

A través de los capítulos, los televidentes han ido viendo cómo los participantes han demostrado si están o no conectados con las enseñanzas que deben aprender, con el mensaje que deben llevar al mundo al que regresan, si de verdad quieren cambiar. De hecho, cuenta Mendoza, varios de los participantes de la primera temporada pasaron el fin de año en la sierra nevada, con los indígenas, y la gran mayoría ha seguido conectado con lo aprendido.

Luego de alrededor de un mes en el Corazón del mundo, las 60 personas de producción volvieron al universo del cemento. Y aunque en la sierra oyeron hablar de la emergencia que venía (el programa se grabó en noviembre pasado), ahora entendieron la enseñanza.

“Lo que está sucediendo no es algo para lo que los mamos tengan soluciones. La misma madre tierra venía diciendo lo que iba a suceder. Y pasa tal vez porque nuestra madre quiere limpiarse. Pero esto nos debe llevar a pensar por qué nos creemos superiores, por qué queremos dominarlo todo. Ella nos dice ‘corríjanse’ y tal vez sea su forma de que tomemos conciencia y nos volvamos más humanos”, afirma Torres.

Mendoza agrega que entre las enseñanzas del indígena está no nombrar la enfermedad y en su casa ha hecho la tarea, aunque su esposa trabaja en una ARL y ahora en teletrabajo, su tema principal es ese.

Siempre que está editando espera ese mensaje de Torres, que llega desde algún punto de la sierra que él esté caminando y con el que el director también piensa que aprende cada día a ser un mejor hermano menor. “No veo la hora de que pase todo esto para ir a estar con ellos”, afirma.

¿Quién ganará este año? Ya los indígenas de la sierra lo eligieron, encontraron en el alma de ese concursante las razones suficientes para darle el título y enseñarle el camino para que entienda que hay otras lógicas y otras formas de vida.

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