‘Toro, torero y Parrita eran una sola danza’

‘Toro, torero y Parrita eran una sola danza’

Alejandra, hija del periodista Iván Parra, recordó con las siguientes palabras a su padre y su vida.

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Murió el reconocido periodista Iván ParraMurió el reconocido periodista Iván Parra.
Iván Parra

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

Por: Alejandra Parra
22 de noviembre 2020 , 09:58 p. m.

Crecí en un hogar de radio. La música, los acetatos y casetes nunca faltaron, mi papa, Iván Parra, nos traía el mundo entero a casa con sus relatos leídos y vividos.

El hogar era una especie de portal hacia cualquier destino. Recuerdo que no había noche sin música, sin historias y con su cultura infinita. No solo respondía cualquier duda, él encarnaba en sus narraciones la historia de la humanidad y qué privilegio era oírlos de esa gloriosa voz.

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Cuando hablamos de ser una persona de la radio, a veces imaginamos a alguien detrás de un micrófono, pero no es así.

Mi papá era la radio en sí, con su voz desaparecían el radio, el micrófono, los audífonos y parlantes.

Él tenía el don de retumbar en el corazón de sus oyentes, de hacerlos sentir una presencia desde una vibración que nos recuerda que todo es energía; y él sí que lo sabía.

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Un psicólogo innato, sabía escuchar, escuchar de verdad, y por esto entendía la naturaleza de la vida; de ahí su pasión por la tauromaquia. La vida es como estar en el ruedo, nos enfrentamos a nuestros más profundos miedos y bestias, es el arte de nacer y morir.

¡Estar en el callejón en las tardes de domingo en la Santamaría era como entrar en una historia al ver los trajes de luces que sutilmente brillaban como luciérnagas y a la vez tan valientes los hombres que los llevaban!

Él me permitió estar ahí, tras bambalinas, donde había caballos, periodistas, varilargueros, la Virgen de la Macarena y uno que otro incluido que, como yo, también se sentía dentro de un relato surrealista de García Lorca, lo cual era poesía de un mundo antiguo en el siglo XXI.

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Pero él pertenecía ahí, le era tan natural cubrir una transmisión como la arena al toro.

Se desenvolvía como el gran profesional que siempre fue. Nunca nervioso, siempre seguro de su talento y dando más de lo que podía dar.

Iván Parra Arriba Bogotá 1

Iván Parra, fallecido este sánado 21 de noviembre, fue presentador de 'Arriba Bogotá', en CityTv.

Foto:

Carlos Julio Martínez. Archivo EL TIEMPO

De él aprendí algo muy importante: se deben hacen las cosas lo mejor que se pueda y siempre apuntar a ser el mejor. Aprendí que el trabajo debe de ser tu pasión, nada menos.

Prender el radio y sintonizar la emisora significaba oír el eco de su voz y qué orgullo saber que todos en la plaza eran sus oyentes, pues su voz y su narración hacían parte de la faena.

Toro, torero y Parrita eran una sola danza. Hoy la fiesta brava celebra el haberte tenido.
Su libreto era la improvisación perfecta; podía trasmitir horas y horas con un lenguaje exquisito, ameno y que cautivaba a toda clase de oyentes, manejando con una versatilidad admirable toda clase de temas.

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Era como si algo se conectara dentro de él, y esto fluía sin ningún impedimento, dejando que su voz viajara por las frecuencias radiales como el río en su cauce. Tengo en mis recuerdos cómo llevaba consigo un cuaderno o agenda donde siempre estaba anotando frases de libros. Él valoraba las buenas ideas y sabía tener también las propias.

Su mente brillante como ninguna estaba repleta de información que podía materializar en programas radiales y contenidos para estos. Su cabeza no solo era ágil, era una biblioteca muy completa. Nunca necesito usar Google, pues él tenía esa respuesta que los otros buscamos en nuestra ignorancia.

Le gustaba mucho hacer entrevistas, no solo por su talento para hacer las preguntas correctas en el momento preciso y saber llevar el interés del entrevistado y oyentes, sino porque siempre estaba ávido de aprender, y él valoraba a todos y sabía que siempre somos estudiantes en la vida. No hay un solo momento en el que no haya algo nuevo disponible para nosotros. Su sentido social, de ayuda y compasión me quedan en el corazón.

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En la noche de mi nacimiento, el sábado 12 de diciembre de 1981, a las 9 p. m., mi papá estaba en Medellín y, en un momento en el que no había a la mano internet ni las facilidades de hoy para comunicarse, le pidió a la señorita de Telecom no cerrar hasta que le pudieran confirmar mi nacimiento. Le dieron la noticia a las 9 y 17 de la noche, y para él fue el día más feliz, el que vino a ocupar el segundo puesto, cuando nació mi hija Luciana, su más grande amor.

Papá, ojalá cada día me parezca más a ti, quiero tu confianza, entrega, pasión, cultura, inteligencia, compromiso, lealtad, honestidad, ternura…

Hoy, viendo todos estos homenajes, me siento la hija más orgullosa del mundo, puedo decir con la frente en alto: Papá, fuiste el mejor.

La Tatana.

ALEJANDRA PARRA
Para EL TIEMPO

Una voz privilegiada y una afición marcaron el camino de Iván Parra

Dice su familia que Iván Parra, fallecido el sábado 21 de noviembre a los 63 años, nació con el destino trazado. Era hijo de un abogado importante: Bernardo Parra, a quien le siguió los pasos al estudiar la misma profesión.

De él aprendió el amor por la lectura y la cultura, que a la larga nutrieron su conversación y su capacidad de comunicarse con la gente.

Además, había nacido en Armenia en una época en la que la fiebre taurina vivía su esplendor y nació con una voz prodigiosa, “un vozarrón increíble –dice su hija Alejandra, a quien solía llamar ‘La Tatana’–. La unión con el micrófono llegó en relación con lo taurino. En Armenia, como en muchos pueblos de Colombia, la tauromaquia tenía un lugar muy importante. Todo el mundo quería ser torero y en la familia había toreros”.

Así que Parra creció en ese ambiente taurino, prácticamente en la plaza de toros. Lo prueban las fotos de niño que su familia aún conserva: Parra, muy pequeño –de pantalón corto– con sus padres, acompañando al tío torero, Gabriel Díaz, listo para la fiesta.

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Ese ambiente de toros, sumado a la cultura inculcada por su padre y a la privilegiada voz que ha sido considerada “una de las mejores de la radio hispanoparlante” trazaron el camino de su vida. Tenía 17 años cuando, aún viviendo en Armenia, escuchó una convocatoria en Todelar. “Era una invitación, no un concurso formal –recuerda su esposa, Patricia Albarracín–: quienes quisieran ir a comentar de toros, podían ir a un hotel donde estaban otros grandes de la transmisión radial, como José Pardo Llada o Paco Luna”. Henry Pineda, quien montaba las transmisiones de la cadena en Armenia, hizo esa invitación. “Él acudió y a partir de entonces lo empezaron a llamar como comentarista a las corridas”, agrega.

A los 23 años, seguía en Todelar, donde llegó a ser director taurino, cuando pasó a Cali. Después, trabajó en el Grupo Radial Colombiano en el que empezó a abordar otros temas, distintos de la fiesta brava, primero otros deportes y ya en Caracol Radio, en 1993, temas de entretenimiento. Estuvo en Hola, buenos días, Pase la tarde y La ventana, ya como director.

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Seguía cubriendo la parte taurina y, sin embargo, en esos programas hacía entrevistas de todo tipo –añade Albarracín–. Era muy versátil. Para él ningún tema era poco o mucho, todos los temas eran válidos y los manejaba con fluidez. La capacidad de improvisación era uno de sus méritos más grandes. Podía transmitir por horas, improvisando y la gente preguntaba: ¿Cómo hizo ese libreto tan largo? Pero, estaba improvisando, gracias a la cultura general que tenía, compartía siempre datos y anécdotas. Por eso, a veces encontraba personas que sin ser taurinas lo oían, por el lenguaje tan exquisito que usaba”.

Llegó incluso a narrar desde España, siguió paso a paso la carrera de César Rincón, incluso sus momentos de gloria en Las Ventas de Madrid.

Iván Parra Arriba Bogotá

Clara Estrada Cano e Iván Parra presentaron 'Arriba Bogotá'.

Foto:

Carlos Julio Martínez. Archivo EL TIEMPO

“A César lo vimos crecer desde los 11 años, cuando empezó a ser la revelación –recuerda Patricia–. Vinieron unos franceses y vieron a un niñito muy humilde con grandes habilidades taurinas. Y pues Iván estaba ahí, narrando toda la gloria de César Rincón, toda su trayectoria. Y terminaron transmitiendo juntos en RCN, César Rincón ya como exmatador. Siempre estuvieron muy cerca. Iván transmitió todas sus salidas en hombros desde España, crecieron juntos: Rincón como torero e Iván como narrador”.

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Parra trabajó también en televisión, por muchos años.

Lo llamaban para que cubriera las ferias taurinas para Caracol y cuando lanzaron Arriba Bogotá, del canal Citytv, fue uno de sus presentadores principales.

La salud de Parra empezó a verse afectada desde hace varios años. Primero con una diabetes, después fallaron sus riñones. Desde hacía cuatro años esperaba un trasplante de riñón. Y tenía que hacerse diálisis cada tres días primero y, después, casi a diario. En entrevista con EL TIEMPO, el año pasado, Parra relató que tenía lista la maleta con todo preparado para su traslado al hospital en cuanto le avisaran que el trasplante era inminente: “Como cuando se diseña un plan de emergencia y evacuación”, dijo entonces. Pero esa esperanzadora llamada no se concretó.

Aun así, la afición que marcó su vida desde la infancia era tal que se las ingeniaba para asistir a las ferias importantes en diferentes ciudades del país y narrarlas como solo él sabía.

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“Él en diciembre estaba con Rincón narrando en RCN –cuenta su esposa–. Pero, debido a la diálisis que le tomaba horas del día y cada vez lo debilitaba más, no podía trabajar a diario. Pero hacía las ferias y hacía notas para emisoras”.

Así, lo hizo, el año pasado cuando, además de Rincón, lo acompañaron su hermano Julián Parra y Alberto Lopera.

EL TIEMPO

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