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Hablamos con Terry Gilliam, el genio de 'Brazil' y '12 monos'
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Cineasta Terry Gilliam habla de su homenaje en Festival de CartagenaCineasta Terry Gilliam habla de su homenaje en Festival de Cartagena.
Brazil y 12 monos de Terry Gilliam

Universal Pictures

Hablamos con Terry Gilliam, el genio de 'Brazil' y '12 monos'

El Festival de Cine de Cartagena le rendirá tributo a la mente creativa de los Monty Python.

Algunos lo verán como un excéntrico: apilar piedras en una fachada por entretenimiento no es una actividad común a los 80 años. Tampoco lo es para alguien más joven; sin embargo, a Terry Gilliam le produce una emoción indescriptible.
“Disfruto construir muros en piedra. Tengo una casa en Italia, toda en piedra y cada vez que voy pongo una piedra sobre la otra, saber que no se pueden caer me encanta”.

Gilliam no es un hombre promedio: su particular sentido del humor –violento, ácido y transgresor–, sus películas, sus viñetas, las entrevistas que concede; en todo está su sello. Puede haberse alejado de los medios y las pantallas, pero jamás ha perdido su mayor talento: burlarse de él mismo tanto o más que de los demás.

–¿Que quién soy yo? No tengo la menor idea –dice.
No, no. Mi pregunta es qué tan formal es usted, si prefiere que lo llame Terry o señor Gilliam…
–¿Terry o señor Gilliam? No sé, sabes. Prefiero Terry. El señor Gilliam es un viejito cuya carrera está liquidada. Casi no me gusta.

Está sentado en la biblioteca de su casa en Londres. Vive allí desde 1967, luego de dejar su natal Estados Unidos, donde fue atacado por la policía en repetidas ocasiones por su carácter volátil y su cabello largo… era una época convulsionada de luchas raciales y hipismo.

Su imagen es más cercana a la de Papá Noel: bonachón, de saco grueso de lana roja, ha canado por completo y su barba espesa y blanca enmarca un rostro lleno de arrugas. No tenemos mucho tiempo. Terry Gilliam será el gran homenajeado del Festival de Cine de Cartagena, en un tributo virtual que le rendirá el próximo 27 de marzo. Este año, el certamen celebrará una edición que ha bautizado como ‘interruptus’, entre abril y octubre. El homenaje coincide con otro tributo que el director, actor, dibujante y guionista recibirá en el Festival de Cine de Sofía (Bulgaria).

–Todo esto sucede en el mismo año, parece que estoy acabado (se ríe). Es la clase de cosas que pasan cuando tu carrera se terminó, así que no estoy seguro de si esto es bueno o malo –agrega.

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Para los que andan por los 40 o 50 años, Terrence Vance Gilliam –Terry Gilliam– es un nombre fundamental en el cine y la televisión. Sus películas –la mayoría mezclas absurdas de fantasía, humor ácido y profunda crítica social y política– continúan tan vigentes como en sus días de estreno: Brazil (1985) –por la que recibió una nominación al Óscar al mejor guion–, Las aventuras del barón Munchausen (1988), 12 monos (1995), Miedo y asco en las Vegas (1998) y El hombre que mató a Don Quijote (2018), por mencionar algunas.

Nació y creció en un ambiente rural en Minnesota, donde la radio era el único contacto con el exterior y la ida a cine, la única forma de entretenimiento. Durante su adolescencia descubrió el poder de la imagen, y su simple admiración por figuras como Méliès o Kubrick se transformó en una posibilidad real en su vida. Aunque primero pasó por estudios de física y ciencias políticas, antes de graduarse en artes. También fue fotógrafo y trabajó en varias revistas de viñetas, en las que el humor crítico y sin censura era su línea editorial. Estas experiencias impactaron profundamente en Gilliam, que en 1969 se vinculó con el proyecto que mayor reconocimiento le trajo: los Monty Python, el colectivo que partió en dos la forma de hacer humor en el Reino Unido.

Terry Jones

Eric Idle, John Cleese, Terry Gilliam, Michael Palin y Terry Jones, cinco de los Monty Python.

Foto:

EFE

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–Éramos una pandilla de seis personas con la libertad absoluta de hacer lo que nos parecía divertido e interesante. Eso es algo raro en la vida. Éramos todos muy diferentes, pero respetábamos y apreciábamos el talento de los otros, sus sentidos del humor.
Graham Chapman, John Cleese, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin, cinco ilustres (y a veces) desfachatados humoristas británicos se juntaron con Gilliam, el americano del grupo, el menos elocuente, pero a la vez el de la personalidad más irreverente, polifacética y divertida de los Monty Python. Gilliam actuaba y cantaba, aunque prefería dirigir, escribir y animar las viñetas con las que se separaban los sketches. El 5 de octubre de 1969 se estrenó en horario estelar en la BBC el programa Monty Python’s Flying Circus.

–La pasabas pensando, planeando y trabajando, era una locura –recuerda.
¿Me pregunto si extraña esa época?
–No, para nada. Ellos son terribles. Son viejos y miserables. Ya no son divertidos (bromea).

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El éxito de Monty Python trascendió la TV y protagonizaron obras de teatro, musicales y películas: And Now for Something Completely Different (1971), Monty Python and the Holy Grail (Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, 1975), La vida de Brian (1979) y El sentido de la vida (1983).

Su legado es incalculable, pero hoy probablemente ese tipo de humor crudo que hacían sería censurado.
Las cosas que fueron graciosas en el pasado hoy ya no lo son a los ojos de las nuevas generaciones...
–El problema es que las nuevas generaciones perdieron el sentido del humor y eso es muy triste. Si no te puedes reír de las cosas, nada tiene sentido. La gente se ofende por todo y es ridícula; se preocupa porque puede decir algo negativo u ofensivo. Es una locura. Pienso que no es saludable para una sociedad cuando la gente se pone histérica al hacerse chistes entre ellos… ¡si eso es lo más maravilloso de la vida! Lo de ahora es un nuevo puritanismo. Es una visión muy restringida de la humanidad y de la vida –explica.

Don Quijote de Terry Gilliam

Gilliam comenzó a rodar su versión de la novela en el 2000 pero el rodaje se canceló por varios problemas.

Foto:

Archivo particular

¿De qué se arrepiente?
–Me hubiera gustado haber hecho más películas, porque las que hice me tomaron 4 años cada una, algo así… bueno, con excepción de Don Quijote, que me tomó 30. Eso fue ridículo. Pero al final, no me arrepiento de ninguna. Sí me gustan unas más que otras, pero no me atrevería a decir cuál quiero más en público. Son como los hijos... si son buenos o malos, los quiero. Tengo tres hijos y no te diré cuál de ellos me gusta más (se ríe).

***

Hace un año, Terry Gilliam terminó su participación en el piloto de una serie de televisión basada en su película Time Bandits.

“Aparentemente eso va avanzando –comenta–. Los guiones estaban listos, alcancé a leer un par, pero es una película difícil de replicar en seis episodios. Estuve hablando con Mike Palin (uno de sus excompañeros en Monty Python y coescritor del filme) y recordamos que hicimos esa película muy rápido, se dieron las cosas aceleradamente, nos salió del corazón y ahora que estuve trabajando en los guiones ya no encuentro ese compromiso, esa alegría, ese encanto... es muy probable que haya que reescribirlos. Es muy difícil hacer ese remake, es lo único que puedo decir”.

Time Bandits (1981) empezó lo que Gilliam denominó como la trilogía de la imaginación, que también integra Brazil (1985) y cierra Las aventuras del barón Munchausen (1988).
El fenómeno de Brazil es interesante: la crítica a los gobiernos autoritarios, los sistemas burocráticos e inescrupulosos y la manipulación que ejercen sigue vigente tres décadas luego de su estreno.

–Sigue siendo un referente de lo que sucede ahora. Hace varios años, yo estaba en Estados Unidos en alguna promoción de mis películas y dije que iba a demandar a George W. Bush y Dick Chenney por la ‘versión ilegal’ que hicieron de Brazil. Cuando la filmé estaba muy descontento en la forma como los gobiernos manejaban las cosas con la gente. Había terrorismo, pero el gobierno se comportaba muy mal.

Terry Gilliam

Terry Gilliam.

Foto:

AFP

***

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Los minutos pasan volando. La historia dice que Gilliam no es el mejor conversador, pero hace falta tiempo para escuchar sus historias. “Algún día voy a ir a Colombia, tengo la esperanza”, expresa.

Su última hazaña cinematográfica se estrenó en el 2018 después de muchos reveses y ocho intentos de rodaje. Es verdad que le dedicó tres décadas a El hombre que mató a Don Quijote, un filme que al fin estrenó en el Festival de Cannes de ese año. Después eligió pasar sus días entre esquiar, apilar piedras, leer y atender una que otra entrevista.
Antes de terminar, debería revelar su secreto de la vitalidad y la buena energía...

–Yo solo tengo esta energía cuando me entrevistan, el resto del tiempo me la paso acostado en la cama, siendo un miserable. Mi esposa se queja porque no le ayudo en la casa... así que cuando me entrevistan soy muy feliz y pleno de energía. Hablando en serio, la vida es increíble, extraordinaria. Cuando pienso de dónde proviene mi energía es de la naturaleza: árboles, prados, animales... porque ellos no tienen nuestros problemas, no son conscientes de sí mismos, no se critican entre ellos, simplemente están ahí y viven.

Tenemos que aprender más de ellos…
–Ese es el gran problema y lo que hacemos es ocuparnos en destruir todo. Eso me hace enojar, la falta de respeto por la naturaleza. Pasamos tiempo intentando viajar a Marte... mejor salvemos este planeta, que es único y somos afortunados de estar aquí. Me molesta que invirtamos el dinero en tratar de escapar a un lugar donde no hay agua y que se parece a Arizona. Les resultaría más barato y suficiente con viajar allá –concluye Gilliam.

Sofía Gómez G.
Cultura
En Twitter: @s0f1c1ta

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