‘El parque de los sueños’, un tributo a las heroínas olvidadas

‘El parque de los sueños’, un tributo a las heroínas olvidadas

La película de Mina Shum es un relato esperanzador sobre la fortaleza femenina. Entrevista.

Película ‘El parque de los sueños’

‘El parque de los sueños’ se presentó, en 2017, como parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Toronto.

Foto:

Katie Yu / Mongrel Media

Por: Julia Alegre Barrientos
20 de abril 2019 , 10:20 p.m.

‘Nunca es tarde para empezar de cero’, podría ser el resumen perfecto de la más reciente película de la directora y guionista Mina Shum, nacida en Hong Kong, China, y criada en Vancouver, Canadá, donde llegó a vivir con su familia.

Ya en cartelera, ‘El parque de los sueños’ (‘Meditation Park’, en inglés) cuenta la historia de María, una abnegada mujer china de 60 años dedicada en cuerpo y alma al cuidado de su esposo y sus hijos en Canadá y a la que la vida le da un vuelco cuando descubre que su marido le es infiel. Una cinta en la que el drama se entremezcla con la comedia y con notas de esperanza para rendir tributo a esas mujeres amas de casa —muchas de ellas inmigrantes—, cuyos relatos cotidianos de resistencia y superación pocas veces alcanzan la gran pantalla.

‘El parque de los sueños’, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 2017, cuenta con la actuación de grandes estrellas de la industria cinematográfica del país asiático, como la legendaria Cheng Pei Pei en el papel protagonista, y Tzi Ma, quien da vida al arcaico y a veces machista esposo. Junto a ellos, la actriz canadiense de origen surcoreano Sandra Oh, ganadora este año del Globo de Oro a mejor actriz de serie de televisión por ‘Killing Eve’. Es la tercera vez que la actriz canadiense de origen surcoreano protagoniza un filme de Shum (‘Double Happiness’ y ‘Long Life’, ‘Happiness & Prosperity’). EL TIEMPO habló con la directora Mina Shum.

¿Qué la motivó a hacer una película sobre este perfil de mujeres, amas de casa e inmigrantes, que, en muchas ocasiones, están tan olvidadas no solo por la industria del cine sino por la sociedad en general?

Quería hacer un retrato de la impotencia; hablar de los héroes a los que no dedicamos la atención ni el tiempo. También, quería centrarme en las dificultades que enfrentan las mujeres de la generación de María y el contraste con la de sus hijas. Cuando yo crecí mi madre me enseñó a ser autónoma, económicamente independiente, se preocupó porque me educara, pero ella no hizo nada de eso. Quería mostrar el arrepentimiento que pueden albergar estas mujeres y la esperanza que guardan de cara a que la situación de sus hijas será mejor.

¿Es una película autobiográfica? ‘A priori’ tiene muchas similitudes con su propia experiencia…

No, porque ninguno de los acontecimientos específicos que se relatan en la película me pasaron a mí o a mi familia, pero sí hay un tema: cuando lo escribí, cuatro de mis amigas y familiares más cercanas experimentaron el engaño de sus esposos y el dilema de si los perdonaban o no. Reconozco que soy una escritora de ficción perezosa, porque tomo prestado situaciones y emociones de mi vida que me inspiran y las convierto en una historia completa, en vez de escribir algo totalmente ficticio.

La cinta también desarrolla el tema de la inmigración: las dificultades que implica a la hora de socializar, de salir adelante…

Sí, totalmente. Sentirse aislado es una de las peores sensaciones que puedes experimentar como inmigrante. Soy madre y veo que mi vida, la manera en la que me enfrento a la maternidad, todo lo que soy mantiene muchas cuestiones de mi herencia china. Celebro eso en la película.

¿El personaje de María es sumisa por elección, tradición o la vida la ha convertido en lo que es?

Si nunca te dan la oportunidad de brillar, de salirte de tus parámetros, si como mujer te dicen que tienes que quedarte en la cocina desde niña mientras los niños juegan y aprenden, nunca te planteas ser otra cosa que una persona sumisa, servicial… Cuando a María la traiciona su marido, eso se convierte en su motor para cambiar; se ve forzada a salir adelante, a expresarse... Una de las cosas que he tratado de trasladar con la película es que todos tenemos esa capacidad: la de cuestionar el ‘statu quo’. Nunca es tarde para hacerlo; a ella le costó 40 años.

Sandra Oh es una de las mejores actrices que existen hoy. Tengo una relación de amistad y laboral con ella, por lo que siempre le mando los guiones que escribo antes que a cualquier otra persona

Su película habla de mujeres y su estreno coincidió con el 'boom' del movimiento #MeToo en la industria del cine. ¿Cómo lo vivió?

Fue como si el mundo decidiera de repente que no estaba bien ser sexista, acosar a las mujeres, devaluarlas… En mi caso, la única manera en la que he sobrevivido en esta profesión es pensar que no soy diferente a cualquier hombre blanco que trata de hacer películas. Me divierte: parece que el mundo se está poniendo las pilas con algo que siempre ha estado ahí. Pero agradezco que esté sucediendo, no lo esperaba.

Los hechos que se relatan en la cinta son dignos de cualquier melodrama, sin embargo, el tratamiento que usted les da no es para nada dramático. De hecho, la esperanza es el común denominador...

Quería que en la película la esperanza tuviera mucha presencia, es parte de la cultura china. Si miro a las mujeres de mi familia, da igual lo dura que haya sido su vida, siempre te trasladan que todo va a estar bien. Podría haber escrito el guion desde la perspectiva de un drama o tragedia humana, pero quería que fuera accesible a una gran cantidad de audiencia, sin importar la cultura, el género o la edad, y que pudieran identificarse. Quería crear un mundo en el que siempre hay esperanza.

Es la tercera vez que Sandra Oh protagoniza una de sus producciones. ¿Por qué volvió a contar con ella? ¿Cómo es trabajar con Oh?

Ella es una de las mejores actrices que existen en la actualidad. Tengo una relación de amistad y laboral con ella, por lo que siempre le mando mis guiones antes de a cualquier otra persona. Y eso hice con esta película. Me escribió a los días y me dijo que había llorado leyendo el guion y que quería participar. Ella era perfecta para el papel porque también es una mujer moderna con sus luchas diarias, con sus inseguridades, sueños y miedos. Conectó de inmediato con el personaje.

Ella interpreta a la hija del matrimonio, una mujer que se beneficia de más igualdad respecto a la generación de su madre, pero con las dificultades propias de esa libertad. ¿Cómo explica este contraste intergeneracional?

Con el poder y la libertad también vienen las complicaciones. El personaje de Sandra tiene más poder que su madre, pero con eso llegan más cargas y responsabilidades. Las mujeres de mi generación tenemos que lidiar con la maternidad, con ser profesionales, buenas hijas, buenas esposas y amigas… Es una vida estresante. Sin olvidar que aún tenemos que luchar por nuestros derechos, por cómo te ve el resto de las personas, demostrar tu valía... Es una lucha diaria. De hecho, una de las premisas del feminismo es que las mujeres somos supermujeres, poderosas, y por esas presiones, al personaje de Sandra incluso le cuesta aceptar el amor o la ayuda de su esposo en las tareas del hogar, el cuidado del hijo en común… A veces es agotador.

JULIA ALEGRE BARRIENTOS
Redacción Domingo

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