¿Tendrá techo la producción de series de televisión?

¿Tendrá techo la producción de series de televisión?

¿Qué implica para la cultura este fenómeno? Enric Albero, crítico español, le responde a EL TIEMPO.

Enric Albero

El crítico español Enric Albero publica en varios medios especializados y es programador de la Mostra de València-Cinema del Mediterràni.

Foto:

Archivo Particular

Por: Armando Neira
16 de julio 2019 , 06:57 a.m.

“Toca apartarse del ruido, poner las cosas en contexto y preguntarnos si alguien se acordará de alguna de las series de hoy dentro de dos años”, dice Enric Albero (1980, Cocentaina, España).

Albero es una voz autorizada en el análisis del entretenimiento moderno. Licenciado en comunicación audiovisual por la Universitat de Valéncia, estudió guion en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, con máster de crítica cinematográfica de la Ecam, programador de la Mostra de València-Cinema del Mediterràni y miembro del Consejo de Redacción de Caimán Cuadernos de Cine, además de escribir cada semana una columna sobre ficción televisiva en El Cultural, también del país ibérico.

EL TIEMPO charló con él del fenómeno actual del mundo de la cultura: el auge de las series de televisión. El público las recibía a cuentagotas, pero ahora llegan en mayor volumen y con una velocidad frenética. Se estima que cada año se empiezan a emitir unas 500 solo en Estados Unidos.

¿A qué atribuye usted tan tremendo éxito de las series de televisión?

Creo que las series de televisión siempre han tenido éxito y han sido un elemento clave en la construcción del imaginario de la cultura popular. Otra cosa muy diferente es que en los últimos veinte años han conquistado ámbitos que les eran ajenos. Me refiero principalmente a su presencia continuada tanto en los medios de comunicación –desde informativos de televisión o programas de entretenimiento hasta revistas cinematográficas– como en la conversación social y el discurso político.

¿Desplazaron al cine?

Este fenómeno, que explica muy bien la profesora Concepción Cascajosa en su libro La cultura de las series, es estrictamente contemporáneo y parte de la elevación de las series de televisión al primer escalafón de la pirámide cultural. Por resumir: las series han dejado de ser el hermano pequeño de las películas; de hecho, le han arrebatado al cine el primer puesto en la carrera del entretenimiento.

¿A usted qué le dice, por ejemplo, que existan tan pocos textos de algunas de las etapas creativas más ricas de Alfred Hitchcock, en contraste con la avalancha de escritos sobre series ?

Es una consecuencia lógica de lo que explicaba anteriormente. Antes, la producción textual sobre las series se reducía, por lo menos en España y hasta finales de los 90, al ámbito académico. Desde principios del siglo XXI, la repercusión de la teleficción se ha incrementado exponencialmente por diversas causas, vinculadas principalmente a los cambios tecnológicos que afectan los modelos de distribución, exhibición y recepción de las series (pensemos en el streaming).

¿Es la confluencia de varios factores?

Sí. Y si a ello se suma esa nueva percepción respecto a la ficción serial que se produce con la coincidencia en la emisión de producciones como Los Soprano, The Wire, Deadwood o El ala oeste de la Casa Blanca, se crea el caldo de cultivo perfecto para que las series pasen a formar parte del discurso cultural dominante.

En sus escritos habla de que las series de televisión están copando los espacios antes reservados para lo que usted llama “coto privado de la intelectualidad cinematográfica”, ¿le inquieta esto?

No me inquieta; de hecho, me parece fantástico, pero no niego que sea un foco de tensión. De un lado, la crítica cinematográfica –campo del que yo procedo– más tradicional siente que las teleseries son una amenaza, que no solo usurpan el espacio del cine dentro del ámbito de la industria cultural o del entretenimiento, sino que además se infiltran en las páginas de sus publicaciones. Los que, desde siempre, se han dedicado a la televisión, tampoco se sienten cómodos porque observan cómo esos críticos de cine que denostaban la televisión ahora se dedican a escribir de ella (y no siempre en los mejores términos).

Game of Thrones

Daenerys (Emilia Clarke) y Jon Snow (Kit Harington) en una escena de la serie de televisión ‘Juego de Tronos’, basada en una saga escrita por George RR Martin titulada ‘Canción de hielo y fuego’.

Foto:

Cortesía HBO

¿Qué hacer?

En mi opinión, habría que dejar de lado esa batalla estéril y absurda (¿cine o TV?) para analizar cómo, en el contexto actual y en algunos casos, los dos medios/formatos se hibridan, qué influencias hay del uno sobre el otro y viceversa. Eso me parece más productivo.

¿Por qué cree que se llegó a esta etapa?


El dinero está en las grandes plataformas, que son un nicho de mercado muy apetecible (y necesario) para unos medios especializados (o no tan especializados) en una situación cada vez más precaria.

Dice usted que este ‘boom’ audiovisual provoca que haya meses en los que se estrenan más series que días hay en esa hoja del calendario. ¿Así está hoy esta industria del entretenimiento?

Bueno, ahí están los datos. En Estados Unidos se estrenarán más de 500 series a lo largo de este año. Es evidente que existe una demanda y que de momento desconocemos cuál es su techo. A mí me parece una cantidad inasumible.

Las series están en boca de todo el mundo, pero qué significa que en los medios se prescinda cada vez más de la parte analítica para centrarse únicamente en la vertiente de la opinión.

Es más sencillo decir que Chernobyl es la mejor serie de la historia que tratar de explicar por qué. Priman las críticas centradas estrictamente en el gusto personal. Para mí, es valioso que alguien que posee unos determinados conocimientos sobre la materia de la que escribe sea capaz de darme una serie de claves que me permitan leer mejor el objeto al que se refieren.

De hecho, a partir de su aproximación se debería poder inferir si la película, el disco, el libro o la serie le han gustado o no. Pero es más fácil escribir un texto que contenga frases que puedan convertirse en un hashtag.

¿Son los tiempos modernos?

Al final, todo es cuestión de tiempo: desgranar una película o una serie exige horas, a ser posible más de un visionado, y vista la velocidad a la que van hoy los medios, eso es casi imposible.

¿Cree que esta situación se ha hecho extensiva a todo el periodismo?

Creo que el periodismo de facción, el que polariza, ayuda a simplificar, apela a los sentimientos y sirve para canalizar mejor según el tipo de mensajes. Es algo que se observa muy claramente en el ‘hooliganizado’ periodismo deportivo y que se está transmitiendo a la mayoría de los ámbitos de la profesión: desde las tertulias políticas hasta la crítica cultural.

En Estados Unidos se estrenarán más de 500 series a lo largo de este año. Es evidente que existe una demanda y que de momento desconocemos cuál es su techo. A mí me parece una cantidad inasumible

¿Qué consecuencias tiene esto para la información?

La consecuencia es evidente; cada vez es más complicado informarse bien. Por un lado, existe una dictadura del contenido derivada del propio funcionamiento de los medios, que necesitan renovar sus websites cada muy poco tiempo para generar más tráfico –y así atraer más anunciantes–, lo que desemboca en una sobreabundancia de información. Si, además, todos esos contenidos no han sido supervisados/editados, esa sobreinformación es otra manera de desinformar. A ello hay que añadirle que los periodistas ya no formamos parte de las plantillas de los medios, sino que trabajamos por cuenta propia, por lo que para alcanzar unos ingresos mínimos tenemos que “producir” muchos textos en poco tiempo. En esa tesitura, el lector necesita cribar la gran cantidad de información que recibe a diario y encontrar fuentes fiables… y no es nada fácil.

A propósito, dice usted: “Cada vez escribimos más y peor”. ¿Por qué lo cree?

Justo por lo que decía anteriormente. Los medios necesitan contenido, y los periodistas freelance, escribir cuantas más piezas mejor para rozar la decencia salarial; eso deja poco tiempo para la reflexión y para la revisión del propio material (que además debería ser supervisado por otros). Así que, al menos dentro de mi lógica, lo que escribamos va a ser peor que si estuviéramos en un modelo en el que la actualidad y el rigor estuvieran más equilibrados.

Volviendo al tema de las series, hace algunas semanas se dijo que ‘Juego de Tronos’ era la mejor de la historia; de un día para otro se elevó a esta categoría a ‘Chernobyl’. ¿Qué valoración hace de esto?

Es algo coyuntural. Esa necesidad de novedad constante nos lleva a encontrarnos con afirmaciones como esas. Además, esas sentencias deberían venir acompañadas de un puñado de argumentos, cosa que pocas veces sucede. De todos modos, el ranking histórico siempre lo termina regulando el tiempo: cuando se estrenó, The Wire no hubiera estado en ninguna lista de lo mejor de la historia, básicamente porque la veía muy poca gente, y hoy es indiscutible.

Usted, que es un especialista en crítica audiovisual y por su trabajo tiene que ver series, ¿cómo hace para escoger qué ver, porque es evidente que a nadie le alcanza el tiempo para mirar todo lo que se produce?

Es complicado y tremendamente injusto. Sé que hay series de determinados creadores a las que siempre les daré preferencia; también estoy pendiente de la actualidad y de los grandes estrenos, si bien el hecho de que les preste atención no significa que, si no los encuentro interesantes, escriba de ellos. Me interesan las series que, según mi apreciación, son valiosas y han pasado desapercibidas. También he escrito sobre series después de leer a otros críticos que han reparado en producciones que yo no había visto en su momento o se me habían pasado. Veo muchas series al mismo tiempo y eso me da margen de maniobra, y tampoco me preocupa hablar de algo que se estrenó meses atrás; intento huir de esa tiranía de la actualidad, aunque a veces es imposible.

Los periodistas ya no formamos parte de las plantillas de los medios, sino que trabajamos por cuenta propia (...) para alcanzar unos ingresos mínimos tenemos que producir muchos textos en poco tiempo

A propósito, en su concepto, ¿cuáles son las cinco series que uno realmente debe sentarse a ver y por qué?

Ahí hay varias categorías: las series que a mí me gustan o que yo me pondría para disfrutar y las que creo que han tenido una importancia capital en la historia de la televisión o la han ayudado a evolucionar. Creo que la categoría importante es la segunda. Y ahí estarían Alfred Hitchcock Presents, Hill Street Blues, Miami Vice, Twin Peaks o Los Soprano. Y deberían incluirse Dallas y The Wire. De todos modos, este listado incurre en ese error habitual de mirar la ficción serial norteamericana y olvidarnos de otras tradiciones y de otros nombres como los de Dennis Potter o Narciso Ibáñez Serrador, o de los proyectos televisivos de cineastas como Fassbinder, Bergman, Lars von Trier o Bruno Dumont.

Y, al revés: ¿cuáles series usted considera que no valen la pena?

Puede haber series que yo considere poco estimulantes, como Stranger Things, por ejemplo, de las que otros, ya como espectadores, ya como analistas, puedan obtener un placer que yo no encuentro. Como he dicho, prefiero escribir de lo que me dispara el sentido arácnido; para la función destructiva sobran agentes (lo que no significa que, en alguna ocasión, no lo haya hecho).

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura de EL TIEMPO​@armandoneira

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