Tilda Swinton, la actriz que se volvió un ícono para las artes

Tilda Swinton, la actriz que se volvió un ícono para las artes

Es invitada del Festival de Cine de Cartagena, que empieza este miércoles en el país.

Tilda Swinton

Tilda Swinton fue recibida con una gran ovación en el Teatro Adolfo Mejía, en la ciudad amurallada de Cartagena.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO.

Por: Sofía Gómez G.
02 de marzo 2018 , 06:58 a.m.

Tilda Swinton responde con minucia a qué dedica su tiempo libre. Al leer su ajetreada agenda, queda claro que para ella ‘libre’ significa solamente “no estar de rodaje”.

“No tengo una rutina fija, pero alterno las actividades”, cuenta la actriz británica, de 57 años, ganadora de un Óscar en el 2008, antes de la enumeración:

“Me levanto, saco las gallinas, tomo el té, camino por la playa con los perros, corro al colegio con los chicos, hago mercado, enloquezco con el caos del cuarto de mi hijo, paso horas en el teléfono negociando viajes y financiaciones, respondo correos electrónicos, planeo esos largos y silenciosos tiempos para escribir sin distracciones (algo que nunca se materializa), limpio los armarios y cajones ¡Ah! Alimento a las gallinas, los perros, las tortugas y los niños”.

Un espacio entre un párrafo y el que sigue, en el mensaje que escribió en una enorme letra helvética de puntaje 21, parece el aire que toma Swinton para seguir con su descripción:

“Charlo con mi amor –el artista visual alemán Sandro Kopp, 18 años menor que ella– donde sea que nos agarre el cotilleo: en las escaleras, el jardín, en su estudio... cocino, acuesto a las gallinas, los perros, las tortugas, los niños. Apago las luces, duermo”.

Los detalles son algo muy suyo. Katherine Matilda Swinton es una mujer con profundos matices en su vida personal y profesional, que la revelan como una mujer compleja, analítica y sensible.

Esta británica no cursó estudios formales de actuación, pero sí fue la Universidad de Cambridge, de donde se graduó en Ciencias Políticas y Sociales, el primer lugar en el que actuó. Luego, el teatro fue su espacio –el Traverse Theatre, en Edimburgo, y la Royal Shakespeare Company, en su natal Londres– antes de descubrir el cine, a mediados de los 80.

Swinton apartó unos minutos de su día ‘libre’ para responder este cuestionario en su casa en Escocia, antes de llegar a Cartagena como la invitada principal de la edición 58 del Festival de cine, que se inaugura esta noche.

La proyección de una decena de títulos de su filmografía (que supera los 50) acompañará el conversatorio ‘Producir una belleza convulsiva’, que ofrecerá este viernes en la sede de la Cooperación Española (Aecid), con la presentación del director de actores Juan Pablo Félix.

Más que una de las intérpretes camaleónicas de la gran pantalla, Swinton insiste en proyectarse como ama de casa convencional, madre de familia y pareja amorosa.

Con su rostro andrógino y una capacidad enorme de apropiación de los roles, encarna a una vampira en Solo los amantes sobreviven, de Jim Jarmusch; a la bruja blanca en el éxito taquillero Las crónicas de Narnia, o acompaña en los proyectos más descabellados al polémico realizador Derek Jarman.

Swinton, el ama de casa y también la actriz, nos reveló más detalles de sus sensibilidades y sus gustos.

Tilda Swinton

Tilda Swinton, en el Ficci.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO.

El encuentro con el público en Cartagena será solo de una hora.

Sí, será breve, pero estaré feliz de interactuar de acuerdo con los intereses que vayan surgiendo durante la charla. No tengo idea de lo que hablaré ese día, pero llego feliz a Cartagena. Quiero tener una conversación emocionante y fluida con la audiencia en este, mi primer viaje a Colombia.

Son admirables su relación con el cine independiente y sus aciertos al elegir personajes.

Tuve la buena suerte de aprender eso desde muy temprano en mi carrera, de la mano de un maestro: Derek Jarman (el polémico director de cine, además de su amigo). Hallé la forma de encontrar la satisfacción al trabajar de cerca, en colaboración con los amigos, con quienes logras empatía.

Esto dista mucho de lo que se rige por conceptos atados a cualquier habilidad actoral o de dirección, concepto que puede primar en un sistema de trabajo a través del cual un profesional de altísimas calidades individuales decide colaborar con otro sin un discurso en el que se compartan sensibilidades.

Sin embargo, esa clase de compañerismo, el que surge de la sensibilidad, se ha convertido en mi idioma al hacer cine: no imagino trabajar en una película de otra manera.

Hay una frase de La Dolce Vita, de Federico Fellini, que me recuerda mis inicios: “Demasiado serio para ser un aficionado y demasiado aficionado para ser un profesional”.

Con toda humildad te lo digo, y también con algo de risa: he hecho un viaje de 30 años en el cine durante el cual he conocido a unos compañeros excepcionales e inolvidables.

Quiero tener una conversación emocionante y fluida con la audiencia en este, mi primer viaje a Colombia.

Usted se ha convertido en la inspiración para muchas artes, como el cine, la música y la pintura. ¿Qué piensa de esto?

Es hermoso. Esa idea me conmueve mucho, porque el universo de las artes ha significado tanto en mi vida. Me hace feliz ser asociada con ser la inspiración y la influencia de otras personas, tal como lo describes. El arte me ha dado, y continúa haciéndolo, un refugio, una tribu, un lenguaje. Es mi paisaje y yo estoy agradecida cada día por su continuo y confiado abrazo.

Las nuevas generaciones de artistas y realizadores de cine adoran su imagen en la pantalla.

Mencioné el tema de tribu en la respuesta anterior. Tengo la convicción real de que surge a partir de compartir sensibilidad, tal como puede ser transmitida y experimentada a través del arte en todas sus formas; es algo que puede rescatar lo mejor de la conciencia humana.

A través de este reconocimiento y esa sensación de camaradería, tenemos la posibilidad de construir un sentido de comunidad que busca ir más allá de la geografía o de la historia: tenemos conexiones reales en nuestro interior que nos hacen sentir eso, independientemente de dónde estemos en el mundo o cualquiera sea el punto que nos corresponda en la cronología humana.

La energía de esas señales, transmitidas a través del arte, es algo que debemos celebrar cada día en todas partes. Puede ser un pulso vital del cual podemos depender.

¿Es posible para una actriz hablar del personaje más importante de su carrera?

No hago ese tipo de selecciones de esa forma. La historia de mi trabajo ha sido más bien orgánica, que corresponde a las relaciones con otros, que resulta de una conversación que pasa a la siguiente.

A partir de la gente y de esas charlas, empezamos a trabajar juntos en el proyecto, por encima de cualquier consideración o retrato particular que yo haya planteado de un personaje.

Intento mantener para mí la que será mi contribución al personaje hasta el último momento; ese quizá sea un hábito inconsciente que yo misma me juego, en contra, a veces, de mis intenciones, y simplemente acabo actuando de nuevo en otro filme.

Hablando de nuevos proyectos, ¿qué tan importante es el director en el momento de aceptarlos?

Siempre, la gente primero; después viene una conversación acerca del proyecto y, finalmente, mi parte, como ya te expliqué. Hay tantas versiones filmadas de un guion como realizadores en todo el mundo: agregar de entrada lo propio a lo escrito en el guion puede resultar contraproducente. Ese es uno de los principios que afianzan la camaradería y ayudan a que el proyecto crezca. Esta es mi forma de actuar, de servir bien a la película.

¿Cuáles son sus películas favoritas de todos los tiempos?

I Know Where I’m Going, de Michael Powell y Emeric Pressburger, un tremendo clásico producido por un inglés y un húngaro. Es una historia acerca de la naturaleza del romance y la importancia en la vida de permitirse estar volando alguna vez.

Amo Mi vecino Totoro, de Hayao Miyazaki (en general, me gustan todas sus películas) porque habla de los espíritus de la naturaleza en un discurso en el que cada árbol tiene toda la magia posible.

Tokyo Story, de Ozu, un relato sobre nuestros padres que rompe cualquier corazón; y To Be or Not to Be, de Ernst Lubitsch, que resulta más divertido que una maleta repleta de monos al mismo tiempo que critica el fascismo. Esto era rodar una película en plena Segunda Guerra Mundial sin un atisbo de miedo.

Dónde y cuándo

La clase magistral con Tilda Swinton será el viernes 2 de marzo a las 10 a. m., en la sede de la Cooperación Española en Cartagena. Entrada libre. Más información en ficcifestival.com

SOFÍA GÓMEZ G.
EL TIEMPO
En Twitter: @s0f1c1ta

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