Jota Mario: el adiós a un amigo del alma

Jota Mario: el adiós a un amigo del alma

El experto en liderazgo Jorge Yarce narra los recuerdos de su amistad con el presentador.

Jota Mario Valencia

Jota Mario Valencia estuvo hizo parte del programa 'Muy Buenos Días' durante 16 años.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: Jorge Yarce
12 de junio 2019 , 11:54 p.m.

Lo conocí hace 42 años en Medellín, y desde entonces estuvimos unidos por una amistad inquebrantable y entrañable, con alegrías, luchas y fracasos compartidos. Lo último que tuve de él fue su compañía fiel y cálida a raíz de mi enfermedad, parecida a la suya, que padecí hace 6 meses. Yo pensaba que me iría primero, pero los planes de Dios fueron diferentes.

Jota, como cariñosamente le decíamos, era ante todo un hombre bueno, en el sentido cabal del término: inteligente, de buen corazón, cariñoso, generoso, alegre y positivo a más no poder. De un optimismo arrollador, siempre viendo el lado bueno de las cosas.

Eso fue lo que sembró en su vida, y la cosecha fue muy grande. Hoy nos hace falta a millones de personas, porque su papel de hombre famoso en la televisión colombiana lo convirtió en alguien presente en el corazón de todos. En los que tuvimos la suerte de conocerlo y ser sus amigos; ha dejado una huella profunda que lo convierte en ser inolvidable.

Jota era una persona muy familiar, siempre pendiente de sus hijos y dedicado a los suyos. En él estaba presente la formación recibida de Cecilia y Manuel, sus padres, motores de una familia numerosa, unida e impregnada de valores humanos y morales, que eran patentes en la conducta de Jota. Esposo y padre de familia ejemplar. Me consta, desde que nacieron Simón y María José, su adoración por ellos, que nunca se apagó y fue fuente de felicidad para él y su esposa.

Yo fui quien lo trajo a trabajar en televisión hace 42 años, porque se empeñó en trabajar conmigo en este medio y demostró que no se trataba de una aventura juvenil, sino de una vocación de vida. Los hechos, que hicieron de él uno de los personajes más populares del país, lo demuestran.

También tuvo tiempo para escribir una docena de libros. No voy a relatar sus logros profesionales porque no hace falta. Pero sí voy a decir que Jota era un profesional que se entregaba a su trabajo. Sin Jota Mario, la historia de la televisión colombiana quedaría huérfana.

Jota era un colombiano que pensaba en grande. Su talento e ingenio eran excepcionales, e hicieron de él un promotor único que siempre encontraba la manera de solucionar las dificultades.

Jota Mario fue, igualmente, un ciudadano ejemplarísimo. Desde su trabajo ayudó a construir una nación mejor. Vibraba con los problemas de Colombia y a través de la televisión impulsaba todo lo que podía mejorar la imagen del país y la vida de todos sus compatriotas. No dudó un instante en meterle el hombro a programas que tenían que ver con Valores humanos (espacio con este nombre, que dirigió con gran éxito) y con Colombia (Esta es Colombia y Revivamos nuestra Historia, programa que hizo historia y en cuya producción colaboró de cerca.

Jota era un colombiano que pensaba en grande. Su talento e ingenio eran excepcionales, e hicieron de él un promotor único que siempre encontraba la manera de solucionar las dificultades y de echar para adelante. Sabía tratar a la gente y ayudarle a desarrollar sus capacidades. Tenía tiempo para todos. Doy testimonio de que para mí siempre estaba disponible, y gastábamos largas jornadas hablando de proyectos mutuos: insinuaba, corregía y daba nuevas ideas. Asimismo, sabía aceptar los fracasos y volver a empezar.

Como creía en Colombia y le dolía la patria, no dejó de colaborar generosamente en programas sociales de todo tipo. Como personaje de televisión, y como conferenciante y escritor, deja un testimonio de servicio al bien común. Fueron más de cuatro décadas de un oficio desempeñado con una entrega total y resultados maravillosos. Sobre todo, porque Jota quedó sembrado en el corazón de Colombia para siempre.

Quiero decir que fue Jota Mario un cristiano sincero de fe inquebrantable. Sin aspavientos ni declaraciones llamativas, vivía su fe a diario, de forma sencilla y constante. Así lo heredó de sus padres, y fue fiel a eso hasta el último minuto.

A quienes compartimos esa fe, no nos cabe la menor duda de que Dios lo ha recibido en su seno, y Jota se ha presentado ya a su presencia con las manos llenas de buenas obras. Nuestras almas se tranquilizan pensando que ese era el designio de Dios para él, y lo aceptamos con dolor.

Jota: ¡aquí estaremos, siempre a tu lado con tu recuerdo vivísimo en esta vida, y también más allá de esta! ¡Por favor, sigue ayudándonos a ser mejores seres humanos, mejores miembros de familia, mejores amigos, mejores profesionales y mejores ciudadanos!

Por eso, nuestro adiós a ti, al amigo del alma, es en realidad un hasta pronto dicho con palabras del poeta David Mejía, amigo de los dos: “Queden aquí, / en pie, / los árboles, / Dios sabe/ hasta cuándo”.

JORGE YARCE 
Especial para EL TIEMPO

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