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Dos finlandeses miran el acuerdo de paz: de la poesía al caos
Documental Colombia in my Arms

Documental Colombia in my Arms

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Cortesía de la producción

Dos finlandeses miran el acuerdo de paz: de la poesía al caos

Llega a plataformas 'Colombia in my Arms', el profundo  documental de Jenni Kivistö y Jussi Rastas.

Parecía un sueño a punto de ser realidad: volver a caminar por las calles, tranquilo, sin sentirse perseguido por su pasado. Pero eso está por aplazarse para Ernesto. A él, como a muchos otros exguerrilleros de las Farc, esa posibilidad se le ha esfumado entre las manos. La fragilidad de un celebrado acuerdo de paz en Colombia los ha dejado expuestos y a la deriva: un país polarizado y desigual no es el mejor escenario.

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Empieza el 2017. Los documentalistas finlandeses Jenni Kivistö y Jussi Rastas intentan convertir el torbellino de emociones en imágenes. El resultado es Colombia in my Arms. El trabajo no se queda con una sola mirada: además del reinsertado, incluye las voces de la congresista de Cambio Radical María Fernanda Cabal, de campesinos que viven de los cultivos ilegales y de un millonario de raíces españolas que solo se identifica como ‘Pacho’.

Colombia fue nuestra –como se tituló en español este documental– es un retrato íntimo y sincero que refleja intereses y sueños controvertidos que intentan convivir en la sociedad actual, a través de la mirada de este par de finlandeses. “Nuestro deseo es abrir ventanas a realidades distintas y así ojalá disminuir la polarización. Esperamos que este documental se convierta en un diálogo favorable para Colombia”, explican.

Jussi Rastas y Jenni Kivistö recibieron el premio al mejor documental en el Festival de Gotemburgo.

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Cortesía: Jussi Rastas

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Trece premios internacionales y su rutilante paso por varios festivales internacionales han puesto en la cima a la producción del 2020 que ahora llega a las plataformas de streaming Amazon Prime, Apple TV, Google Play, Mowies y Vimeo. Jenni Kivistö y Jussi Rastas conversaron con EL TIEMPO acerca de la visión del país que plasmaron en Colombia in my Arms.

¿Por qué hicieron este documental, qué fue lo que les llamó la atención?

Ambos habíamos vivido en Colombia y Suramérica por varios años, pero nunca pensamos hacer una película sobre el conflicto colombiano. Inicialmente, como extranjeros, ambos sentimos que no teníamos nada que decir sobre un tema tan extenso, que no habíamos vivido personalmente. Sin embargo, por coincidencia, se nos presentó la oportunidad de filmar en un campamento guerrillero, lo que de repente fue posible debido al acuerdo de paz.

Ese momento nos permitió acceder a realidades muy distintas, en puntos extremos de la sociedad. Inesperadamente, las personas que encontramos estaban muy abiertas a discutir asuntos difíciles con cineastas extranjeros, vistos como neutrales y no como parte del conflicto. Nuestra idea original era hacer una película poética y bella sobre la capacidad del ser humano para construir paz y compartir el país. Pero a medida que las personas que conocimos comenzaron a enfrentar desafíos, sentimos que teníamos que seguir su situación. El resultado final es una reflexión mucho más dura de lo que inicialmente habíamos pensado.

“Fue una experiencia única, intensa. Fue algo que nos abrió los ojos. Empezamos a entender la complejidad de
la situación y del conflicto”.

¿Cómo perciben, con ojos de extranjeros, nuestra época de la guerra?

Durante la filmación de año y medio en Colombia percibimos que las múltiples realidades no necesariamente se cruzan ni se entienden profundamente. El país se ve dividido entre diferentes grupos donde supuestamente nadie prefiere la guerra, pero en ciertas circunstancias se encuentran justificaciones para acciones que dividen el país aún más. Parece que hay problemas en el fondo que hay que reconocer para lograr la paz.

Sin embargo, somos cineastas, no investigadores ni historiadores, y preferimos hablar más que todo acerca del documental.

¿Cómo fue la experiencia de grabarlo?

Fue una experiencia única y bastante intensa. Fue algo que nos abrió los ojos. Empezamos a entender la complejidad de la situación y del conflicto, y es algo que quisiéramos compartir con todos los colombianos a través de este documental. También nos preguntamos muchas veces qué decisiones habríamos tomado nosotros si hubiéramos nacido en las circunstancias de nuestros personajes, tanto en la selva como en la ciudad. ¿Quizás las mismas?
El proceso de grabación fue muy intuitivo, de muchos sucesos inesperados. Todos los personajes del documental los encontramos por casualidad mientras filmamos los sucesos en la sociedad. Poco a poco se construyó la historia con base en las realidades de esos personajes.

Grabamos una cantidad extensa de material y con muchos más personajes que al final no cabían en el documental. El proceso de edición fue muy largo. Duramos un año para lograr presentar todo sinceramente tal y como lo habíamos vivido. En el documental estamos siendo fieles a nuestra experiencia y a lo que los personajes nos querían presentar. Fue un proceso complicado porque estuvimos conscientes de que estábamos haciendo una película tanto para la audiencia colombiana como para la audiencia internacional. Queríamos contar historias que se entrelazan, al mismo tiempo dando suficiente información, pero manteniendo el drama en un alto nivel cinematográfico.

¿Ha cambiado la visión de paz que tenían entre el tiempo cuando grabaron el documental y ahora, o sigue intacta?

Nuestra hipótesis en el principio fue que la paz sí se va a lograr. Sin embargo, ya después de un mes de grabación la atmósfera llegó a ser cada vez más tensa. Había mucha incertidumbre, preocupación, confusión y desconfianza, tanto en la selva como en la ciudad. Poco a poco, la paz se alejó y ya no parecía tan obvia. Nosotros no buscamos filmar el conflicto, pero no pudimos evitarlo: llegó a nosotros, a los personajes que ya habíamos grabado. Al final sentimos la responsabilidad de grabar lo que sucedió a nuestro alrededor.

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¿Por qué Colombia fue nuestra? ¿Cuál es el trasfondo del nombre?

Creemos que Colombia debería ser de todos. Sin embargo, parece que existen grupos o burbujas diferentes que piensan que Colombia es, fue o debería ser de ellos. Un partido político puede pensar así; también, un grupo armado; también, los campesinos indígenas que fueron dueños del país antes de la llegada de los españoles, que también pensaron lo mismo. Lamentablemente parece que siempre se divide entre ‘nosotros’ y ‘ellos/los demás’, y viendo la realidad del país es difícil decir ‘Colombia es de todos’.
El título internacional, Colombia in my Arms, contiene un doble sentido de los brazos y de las armas. Enfatiza la responsabilidad personal de cada uno delante del país, y al mismo tiempo contiene cariño y la posibilidad hacia la violencia. Este fue un título que no se pudo traducir al español con ese doble sentido.

¿Le siguen el rastro al posconflicto colombiano?

Estamos siguiendo la situación de Colombia diariamente, como sentimos la región muy cercana. De todas formas, en este momento no estamos planificando otro trabajo acerca de la misma temática. Colombia tiene muchas más caras, historias y realidades, aparte del conflicto armado, que merecen ser contadas.


SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA
En Twitter: @s0f1c1ta

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