¿Cómo seguir haciendo televisión en Colombia y no morir en el intento?

¿Cómo seguir haciendo televisión en Colombia y no morir en el intento?

Presidente de Caracol Televisión cuenta por qué son tan necesarias las producciones internacionales.

Gonzalo Córdoba Mallarino,  presidente de Caracol Televisión

Gonzalo Córdoba Mallarino es el presidente de Caracol Televisión desde 2012.

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Néstor Gómez / EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
24 de noviembre 2019 , 11:41 p.m.

Hay agitación en el país y, coincidencialmente, estamos viendo la serie de Caracol sobre Simón Bolívar, con los días tan movidos que antecedieron a la independencia. ¿Hay algo que hoy podamos aprender de ayer?

Mucho. Tanto en los momentos posteriores a la independencia como después de la firma del proceso de paz tendemos a pensar que todo queda hecho con una firma y la proclamación de un nuevo Estado. En ambos casos, los procesos son complejos, y se debe avanzar en medio de las dificultades. El trabajo no terminó con el grito de independencia, como no terminó con la firma de la paz. Ahí empezó. Eso lo tenemos que aprender.

Hay agitación en el país y, coincidencialmente, estamos viendo la serie de Caracol sobre Simón Bolívar, con los días tan movidos que antecedieron a la independencia. ¿Hay algo que hoy podamos aprender de ayer?

Mucho. Tanto en los momentos posteriores a la independencia como después de la firma del proceso de paz tendemos a pensar que todo queda hecho con una firma y la proclamación de un nuevo Estado. En ambos casos, los procesos son complejos, y se debe avanzar en medio de las dificultades. El trabajo no terminó con el grito de independencia, como no terminó con la firma de la paz. Ahí empezó. Eso lo tenemos que aprender.

En Colombia estábamos acostumbrados al género de la historia novelada. Con ‘Bolívar’ pasamos al de telenovela histórica. ¿Cree que ese apelativo la demerita?

No. Por el contrario, trata de ser las dos. Por un lado, nos propusimos contar bien la historia, adentrándonos en la vida de los personajes que fueron protagonistas. Entonces, sí tiene algo de melodrama, que critican algunos historiadores, pero en esencia la historia está y se hizo la investigación rigurosa para darles a los personajes una dimensión y una profundidad que los volviera más reales y los acercara al público.

He consultado con historiadores estrictos e, indudablemente, la serie tiene rigor histórico. ¿Cuántos historiadores asesoraron la producción?

Juana Uribe lideraba el equipo de escritores y es la libretista principal. Y hubo dos historiadores que trabajaron con ella y con los argumentistas. Primero, estuvo Camilo Uribe y luego Isabel Arroyo. Pero fuera de eso había un siquiatra, Ricardo Aponte, porque la idea era estudiar no solamente el tema histórico, sino los comportamientos de cada cual y, sobre todo, tratar de escudriñar cuáles eran los motivos del Libertador, qué lo llevaba a tomar cada decisión.

Una discusión inicial fue entender cómo un niño nacido en una familia inmensamente rica se convierte en el libertador de un continente. Encontramos que la sucesión de abandonos que sufrió y su carácter hiperactivo fueron determinantes. Perdió a su papá siendo un niño y luego perdió a su madre –a quien adoraba– también muy joven. Quedó en manos de su abuelo, quien muere rápidamente, y luego encuentra a Simón Rodríguez, su mentor, quien, por andar conspirando, también se le va.

Luego encuentra a María Teresa, el amor de su vida, se casan a los 18 años y ella también muere pocos meses después. Todo eso, sumado a su temperamento, determinó un desapego y una necesidad de búsqueda constante que no paró hasta su muerte.

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¿Qué le aporta la visión femenina de Juana Uribe a esa reconstrucción de la vida de Bolívar?

Muchísimo. Lo primero es la cercanía al personaje del Libertador y a los hombres, en general, que lo rodeaban. Se pierde un poquito esa prosopopeya con la cual solíamos verlos en los distintos docudramas de los cuales usted hablaba atrás. Lo otro es el trato de las mujeres, especialmente la reivindicación de Manuela, como heroína y no como amante.

La revolucionaria que se encuentra con Bolívar y con quien establece una relación de camaradería que la llevó a ser la mujer que realmente lo acompañó y cuidó durante gran parte de la campaña libertadora. Pero Juana Uribe le dio también un espacio muy especial a todas las demás: a las hermanas del Libertador; a su madre; a María Teresa, su esposa; a las esclavas que lo cuidaron; a las mujeres que lo acompañaron en el ejército y a cada una de sus amantes.

Imagino que tuvieron que evaluar qué era más exigente, si ser fidedignos a la historia de Bolívar o si hacer la cosa amena. ¿Cuál prevaleció?

Discusiones eternas, porque, por supuesto, a algunos les parecía que había demasiado tema político; los españoles esto y lo otro, si era necesario hablar de por qué la conspiración, y qué estaba pasando en Europa. Por el otro lado, estaba el tema de las relaciones personales, y cómo se iba desencadenando. Había que buscar un justo medio, sobre todo para que llegara a la gran audiencia que conoce poco de su historia y no suele interesarse por esos temas.

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Hablemos de Manuela Sáenz. Era una mujer que, en su misma ciudad, Quito, era despreciada socialmente, no solo por ser ‘hija natural’, sino por sus amoríos, la fama de sus tendencias sexuales, en fin…

Manuelita fue uno de los grandes descubrimientos. Por su temperamento, por su gracia y por lo tergiversada que había estado por los historiadores. Desde pequeña, en el convento, donde la tiene su padre de manera casi permanente, es un personaje lleno de picardía y rebeldía. De lo que usted dice de sus ‘tendencias sexuales’, no hay evidencia. Entendimos que era una manera machista de verla, porque no se concebía que una mujer pudiera ser femenina y tener carácter, montar a caballo como un hombre y ser libre, como ella fue. Eso es lo que, aparte de su enorme inteligencia, audacia y coraje, le fascinaba a Bolívar. De ahí para adelante ella se convierte en una compañía, casi que necesaria, para las decisiones que él va tomando. Es como una especie de espejo, en mujer, si usted quiere.

Hemos visto hasta ahora tres Bolívares y tres Manuelas…

Sí. El Bolívar pequeño era caleño. Los otros dos, venezolanos. Las Manuelitas, ecuatorianas.

Y eso me hace caer en la pregunta. Maduro rectificó. Al principio dijo que esta era una producción de la oligarquía colombiana. Después, que le había gustado mucho la serie. ¿Eso es bueno o malo?

No sé. (Risas)

Esta serie parte la historia de la producción audiovisual en Colombia en dos. Hacer una serie con la ambición de reconstruir las batallas es audaz. El cine mundial, en cuestión de reconstruir batallas, tiene versiones inglesas, estadounidenses y alemanas impresionantes, pero a mí me impactó desde hace años la técnica del japonés Akira Kurosawa, con su cine de corte épico: con pocos soldados y caballos sacaba guerras gigantescas por el manejo que hacía de las tomas...

Es importante reconocer la determinación de los socios de Caracol para hacer de esta una producción sin precedentes, que marcará un hito en la industria. Por ambiciosa y por su tamaño. Obviamente, eso tiene una exigencia presupuestal muy grande, pero también una de producción creativa. El productor, Asier Aguilar, tuvo el ingenio de encontrar las locaciones, liderar el ‘casting’ y escoger desde los lentes, las cámaras, las decisiones de arte hasta la cantidad de elementos que tenía a su alrededor, para que se viera lo que se vio. Pero tiene además nuestro esfuerzo en inversión, un elemento muy importante. Por la temática y las dimensiones del proyecto logramos una precompra por parte de Netflix. Esto fue definitivo y lo seguirá siendo para este tipo de series. Si no hubiera sido así, solos no hubiéramos podido con el presupuesto de la serie.

La TV tradicional vive un momento muy difícil. Uno de los mejores noticieros de la televisión, ‘Noticias Uno’, tuvo que cerrar por motivos financieros e irse a otra plataforma. Su rival, RCN, está desempolvando series muy buenas del pasado. ¿Hacia dónde va la televisión?

Los medios de comunicación en general están atravesando un momento de enorme transformación, generado por el tema digital que irrumpió en el mercado sin ninguna de las obligaciones ni regulaciones que tenemos nosotros, y esto generó un cambio de circunstancias en los medios de comunicación que ha sido brutal. Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Disney, todas esas plataformas entraron al mercado mundial sin necesidad de licitar o cumplir cuotas de pantalla. Por esa misma razón, nosotros, que tenemos unas reglamentaciones que son de los años ochenta, quedamos maniatados. Por un lado, pagamos una licencia y estamos regulados por todas partes. Tenemos que reportarles al Ministerio de las TIC y a la Dian, cumplir las regulaciones del Ministerio del Trabajo y pagamos impuestos. Ellos no tienen nada de eso. Todo esto nos pone en una desventaja competitiva gigantesca. Eso está asfixiando a estas compañías.

¿Esa es la razón por la cual Caracol cada vez más se inclina por el cine, y grandes producciones de carácter internacional, por ejemplo?

No necesariamente. La televisión está más viva que nunca y el gran reto es adaptarse a los cambios que están sucediendo. Buscamos aliados en todas partes. Por eso, nos asociamos con Netflix para hacer al año varias series, les hacemos maquila a varias de esas compañías, hacemos documentales porque vemos que por fuera tienen una demanda grande y que nuestro país tiene un enorme potencial. Y en el tema del cine insistimos porque tenemos una experiencia de muchísimos años y con bastante éxito. Y esto no es nuevo. Hemos ido aprendiendo desde la época en que Felipe López incursionó en el cine como productor de ‘La misión’ y ‘El niño y el Papa’ hasta hoy. Hemos invertido cerca de 80 millones de dólares en cine, en distintas películas. A ‘El abrazo de la serpiente’, de Ciro Guerra, la nominaron a un Óscar. Y fuimos socios de ‘Monos’, una película que ha ganado más de 23 premios, entre ellos el de mejor película en el London Film Festival.

Estamos en un momento dificilísimo al que hay que hacerle frente. Ahora, cuando uno se equivoca, se equivoca en grande, y toca reinventarse cada tres o cuatro meses…

¿Qué sigue?

Estamos terminando ‘El olvido que seremos’, basada en el libro de Héctor Abad y dirigida por Fernando Trueba, ganador de un Óscar de la Academia. Pero el gran obstáculo que tenemos en estos momentos es esa desigualdad en las reglas de juego con las plataformas nuevas.

El televidente hoy es el que manda en cuanto a qué quiere ver, a qué hora y dónde. ¿Cree que la legislación colombiana se está quedando atrás?

Por supuesto. Los jóvenes de hoy no llegan a las ocho a ver televisión. La ven cuando les da la gana y en el dispositivo que tengan a la mano. Las ventajas competitivas van a estar no en la ley TIC para nosotros, sino en la ley de Plan Nacional de Desarrollo y sus reglamentaciones, para que podamos competir de manera sana.

¿Cómo ha sido esa lucha a nivel publicitario?

Brutal. Google y Facebook se quedan con una tajada gigantesca de la pauta digital sin que cumplan una regulación local, paguen impuestos y reporten en Colombia, en detrimento de la pauta para los periódicos, la radio y la televisión, que operamos en condiciones reguladas. Los resultados están a la vista.

¿Cómo ve el futuro de los noticieros de televisión en Colombia?

La televisión en vivo la veo con más vida que cualquier otra cosa. Con entretenimiento, deportes y noticieros. Sobrevivirán los que tengan la mejor calidad y hagan el mejor oficio.

Pero eso necesita plata. Y la publicidad está ‘regulimbis’… ¿Usted es pesimista?

Digamos que trato de ser realista. Estamos en un momento dificilísimo al que hay que hacerle frente. El sistema de noticias y el tema de los contenidos tienen que ser de la mejor calidad para poder competir. Ahora, cuando uno se equivoca, se equivoca en grande, y toca reinventarse cada tres o cuatro meses…

Los colombianos hemos visto, al contrario del Netflix extranjero, que soltó toda la serie de una, a ‘Bolívar’ por capítulos. ¿Cuántos nos quedan?

Aproximadamente, veinte capítulos, y cada día se pone mejor… ¿Quiere que le cuente en qué termina?

(Risas).

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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