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1.000 críticas / El otro lado
Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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César Sánchez Carreño

1.000 críticas / El otro lado

En 20 años, ningún directivo de EL TIEMPO me ha dicho qué o cómo escribir. Y eso se agradece.

He llegado a la columna número 1.000 en EL TIEMPO. Veinte años. Y siempre hablando de televisión colombiana. Mil escritos para celebrar el medio que funciona como curador de nuestra identidad. Y, para conmemorar las 1.000, les cuento mis aprendizajes de ‘critiquetas’.

Creo, totalmente, que nadie tiene la verdad sobre la televisión. Por tanto, mis análisis tienen la precariedad de mis ignorancias y las arrogancias de mis prejuicios.

Creo, firmemente, que nadie quiere hacer mala televisión. Ningún canal, realizador, guionista o actor conspira contra los televidentes. Todos intentan hacer lo que consideran es lo mejor. O sea, no hay un deseo perverso de hacer algo que atente contra la calidad.

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Creo, y lo sé, que mis críticas no aumentan ni quitan puntos de rating. Luego son nada más que un ejercicio de goce de escritura para mí y un goce empático para los lectores. He ahí su belleza: su inutilidad.

Creo que mis análisis reciben dos modos de recepción en los canales: si hablo bien, que es como el 30 % de las veces, lo alaban y usan como champú de los egos; si escribo sobre las fallas y debilidades, dicen que no sé, que soy un mala leche, que solo me guía el odio y que me vaya para el infierno.

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Las críticas que les duelen a los canales y los egos son aquellas que hablan del oficio: la estética, la realización, la actuación, el guion, la dramaturgia, el modo de contar. Y es que estas se meten en lo que los egos televisivos se consideran sabios.

Las críticas que no molestan son aquellas que buscan explicar cómo en la pantalla encontramos un espejo de las formas de la cultura colombiana, cómo, para saber quiénes somos, debemos reconocernos en el espejo de la televisión. Y es que eso de la colombianidad es algo que no interesa a los que la hacen o ven, es un asunto de analistas, nada más.

Nunca critico ni hablo de las personas, solo de sus obras: cómo actúan, cómo dirigen, cómo escriben, cómo narran. Me interesa su oficio y sus estilos, para nada me interesan las vidas privadas o los modos personales de ser.

Lo peor de la tele es la falta de autocrítica. Muy a lo colombiano, quienes hacen la televisión no saben verse y autocriticarse, no se acepta el fracasar, no se intenta el análisis riguroso. Se prefiere seguir fracasando “echándoles” la culpa a todo lo accesorio, a lo de afuera, a lo de otros, menos sobre el propio oficio.

Creo que la televisión colombiana es muy buena, experimental y extrovertida en la ficción, muy mala en comedia porque las telenovelas son las que hacen reír y todo se queda en chistes, y muy aburrida y sin recursos en lo informativo.

Afirmo que, en 20 años, ningún directivo de EL TIEMPO me ha dicho qué o cómo escribir. Y eso se agradece: la libertad del pensar.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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